La preparación para la eternidad

Lou Seckler

Tras la muerte repentina de mi amigo Jack Alderton me quedé perplejo. Jack, uno de los ancianos de nuestra iglesia, murió recientemente en su sueño en una noche de sábado. Aquel domingo cuando dieron la noticia yo está predicando a los Hispanos que se reúnen en la capilla de nuestro edificio, y no me enteré de su muerte hasta el lunes por la tarde. El martes estábamos comentando un hermano y yo, compartiendo mi asombro, cuando él me miró en los ojos y dijo: “Es por eso que debemos estar siempre listos”. Aquello me hizo pensar lo siguiente: ¿Qué podemos hacer para estar listos?

•    ¿Sería más estudios bíblicos? ¿Será que habrá un examen de Biblia en el cielo?

•    ¿Participar de más actividades de la iglesia? ¿Será que seremos juzgados por las muchas veces que vamos a la iglesia?

•    ¿Sería hacer más obra misionera? ¿Debemos literalmente “ir a todo el mundo”?

•    ¿Más obediencia? ¿Será que necesitaré una obediencia perfecta?

•    ¿Será más obras? ¿Será que necesito trabajar más duro para el Señor?

Aunque necesitemos un poco de todo lo que menciono arriba, quizás debemos empezar con lo que sabemos. La Biblia nos dice que aparte del proceso de salvación a que nos sometemos hay algo más que dará un lugar de destaque, por así decir, en el cielo.

I. Lo que sabemos
1. Un día u otro todos tenemos que morir
Hebreos 9:27 dice así: “Y así como está decretado que los hombres mueran una sola vez, y después de esto, el juicio”. El ser humano es carne pero también es espíritu. Fuimos creados por Dios, para su placer y con él iremos pasar la eternidad. Para eso vertió Jesucristo su sangre.

2. Todos seremos juzgados
Así dice 2 Corintios 5:10: “Porque todos nosotros debemos comparecer ante el tribunal de Cristo, para que cada uno sea recompensado por sus hechos estando en el cuerpo, de acuerdo con lo que hizo, sea bueno o sea malo”. El gran trono de Dios estará listo para que nos paremos en frente para oír su veredicto. Estaremos pendiente de su misericordia y su amor hacia nosotros aquel día final.

3. Jesús está haciendo las preparaciones
El Señor nos asegura diciendo: “1No se turbe vuestro corazón; creed en Dios, creed también en mí. 2En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no fuera así, os lo hubiera dicho; porque voy a preparar un lugar para vosotros.  3Y si me voy y preparo un lugar para vosotros, vendré otra vez y os tomaré conmigo; para que donde yo estoy, allí estéis también vosotros.  4Y conocéis el camino adonde voy”. (Juan 14:1-4) Me dijo un hermano que Cristo, como carpintero, está añadiendo cuartos en la mansión de Dios para acomodar a todos nosotros. 

4. No hay disculpa para la indiferencia
En Lucas 16 Jesucristo cuenta la historia del Rico y Lázaro. Aunque la mayoría cree ser esa una de las parábolas, se parece más a una historia verdadera porque, comparada a otras parábolas, esa es la unica cuyos personajes tienen nombre. Esa parábola explica muy bien la falta de interés que tenía el pueblo de Dios de la época por las personas humildes y necesitadas. La descripción del rico, sobretodo su ropa, era precisamente como se vestía un sumo sacerdote judío. Se regalaba con lo  bueno y lo mejor todos los días, incluyendo el sábado, no respetando el octavo mandamiento. En una época en que una persona común comía carne una vez a la semana, y donde trabajaba seis días, el rico es el simbolo de la indolencia y de la glotenería. Mientras que Lázaro espera que cayese migajas de la mesa para matar el hambre. En aquellos d´âs no existía servilletas. Los ricos usaban pan para limpiar su boca. Luego de limpiarse, la tiraban al suelo. De eso se alimentaba Lázaro.

En la historia de Jesucristo hay dos hombres, uno pobre llamado Lázaro, cuyo nombre significa Dios es mi auxilio y el otro rico, cuyo nombre lo omite, aunque algunos lo dicen Dives, el vocablo griego que significa rico. Vivían cerca pero no había interés de parte del rico de ayudar a Lázaro. Ambos se mueren. El rico termina en Hades mientras Lázaro en el seno de Abraham, el lugar más santo para los judíos. Es importante mencionar que el rico no fue a Hades (un lugar temporario para los no creyentes en Cristo), ni Lázaro fue al cielo por ser pobre. El significado del nombre de Lázaro es una indicación de que él creía en Dios.

El pecado cabal del rico fue su indiferencia al pobre Lázaro. No fue a Hades por ser rico no Lázaro al cielo simplemente por ser pobre. Fue la indiferencia del rico culpable de su destino eterno.

II. ¿Cómo podemos prepararnos?
1. ¿Perdonando a todos lo que pecaron contra nosotros? Col. 3:13 dice que es perdonando a otros que Dios nos perdona a nosotros.

2. Pidiendo perdón - Los alcohólicos hacen muchos daños con sus borracheras causando mucho disgusto en sus seres queridos. Los conocidos Doce Pasos del grupo AA (Alcohólicos Anónimos) dice así: “Hicimos una lista de todas aquellas personas a quienes habíamos ofendido y estuvimos dispuestos a reparar el daño que les causamos”. No deja de ser una buena opción, aun para los no alcohólicos. Dijo Pablo a los Efesios: “Que no se ponga el sol sobre vuestro enojo”.

3. Reparar una situación que conocemos y que podrá influir en nuestra eternidad con Dios. Orar a Dios para que nos recuerde de alguien con quien no nos llevamos bien y ver si podemos reparar la situación. Si esa persona  vive lejos o no nos quiere escuchar, escribirle una carta. Si no nos perdona el problema sería suyo, ya no sería nuestro.

4. La confesión.
Al convertirme a Cristo pensaba que ya no tenía que confesar mis pecados a un hombre, como lo hacía antes cuando era católico. Bastaba confesar mis pecados a Dios. Luego descubrí ese verso en Santiago 5:16. Dicen que la confesión es buena para el alma.
Santiago 5:16 declara: “Por tanto, confesaos vuestros pecados unos a otros, y orad unos por otros para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede lograr mucho”.
¿Será que debemos jugar con nuestra eternidad con Dios teniendo pecados no confesados? ¿Será que nuestros seres queridos pueden sobrevivir la prueba de la confesión? Eso solo tú puedes contestar.

III. ¿Será que las obras también cuentan?
Obras son un subproducto de nuestra fe. Una fe robusta siempre tiene como resultado las obras. Si no hay obras entonces la fe no es una fe viva. Es como inhalar y exhalar: inhalamos fe y exhalamos obras.

1. Cómo mantener viva la fe
Santiago 2:14-26 dice que fe sin obras es muerta. No importa cuantas veces vamos a las reuniones de la iglesia. No importa cuantos pasajes bíblicos hemos memorizado o cuanto tiempo pasamos en oración. Si no hacemos obras de amor en reconocimiento a la gran salvación que recibimos gratis de Dios, según Santiago, no tiene valía.

2. El ministerio a Jesús
En Mateo 25:31-46 Jesucristo dice que en su regreso hará la separación de los que hacen obras de amor a los necesitados y los que no las hacen. Cuando ayudamos a alguien estamos indirectamente ayudando al propio Jesucristo. Al visitar un enfermo, un preso o agasajar a una persona con frió, alimentar a un hambriento, dar de beber a un sediento, lo estamos haciendo al propio Cristo. Verso 42 dice claramente que si lo único que damos a un sediento es un vaso de agua fría, “jamás perderemos nuestra recompensa”. Con esas obras de amor podemos estar seguros que tendremos un lugar cerca al corazón de Dios. Aparte de garantizar la salvación, sentimos una gran satisfacción cuando ayudamos a alguien necesitado.

 
IV. Cosas practicas
1. Un testamento notariado y actualizado.
Por no dejar testamento mi papá ha dejado para mi un gran problema. Su casita en Brasil hace cuatro años que están para pasarla a mi nombre y todavía nada. He gastado mucho dinero con abogados, he perdido mucho tiempo y hasta ahora muy poco se ha hecho. Todo eso  no tendría porque si hubiera dejado un testamento notariado diciendo claramente quien o quienes recibirían sus respectivas partes de su pequeño patrimonio.

2. Un testamento vivo
En los Estados Unidos hay lo que llaman de “Living Will”. Eso se puede bajar del Internet llenar los blancos y dar una copia al medico de la familia. Ese documento cuando lo llenamos nos asegurará que no pasaremos largos tiempos en las máquinas de respirar, cuando podríamos descansar en paz en los brazos de nuestro Señor. Al no dejar un Testamento Vivo, el paciente estará exponiéndose a costosos tratamientos que serán onerosos a los hijos y a la esposa por el tiempo prolongado que pasaría “entubado”.

3. Cuentas bancarias
A las cuentas bancarias (de cheques y de ahorros) las debemos incluir las firmas de los seres queridos que serán los ejecutores de nuestro testamento. Casi siempre la esposa tiene su firma en la cuenta del marido, pero no es siempre así. La segunda persona que tiene su firma en la cuenta podrá sacar dinero para el funeral, para otros gastos como de hospital, impuestos etc. También en el caso de mi padre he estado pagando los gastos de la casa cuando en su cuenta hay dinero para ese fin.

5. Señas o Passwords
En nuestra época la computadora es más una necesidad que un lujo. Muchos pagamos nuestras cuentas a través del Internet. ¿Si nos morimos inesperadamente, será que la esposa o nuestros hijos tendrán acceso a nuestras cuentas? Hay que confiarles las señas para evitar grandes problemas con cuentas que pagar.

6. Arreglos para el funeral
Un amigo que estaba enfermo planeó todos los detalles de su funeral. Especificó quienes irían dirigir oraciones, quienes iría hacer la predicación, dirigir himnos y cuales quería que cantasen. Su viuda sacó la información de su computadora y hicimos un funeral muy bonito y a su gusto.


Conclusión
En junio de 1832, una epidemia masiva de cólera atacó los Estados Unidos, proveniente de Europa. Más de 3,000 personas murieron con la epidemia. Una de la ciudades donde hubo las mayores perdidas fue en Washington , D.C., la capital

Cerca al final de su cuatrienio el presidente Andrés Jackson, cuya salud ya era pobre, a los 65 años, le advirtieron que se fuera de la capital y regresara a su hacienda en Tenesí hasta que se acabara la epidemia. No tardó y Jackson regresó al Tenesí.

Antes de marcharse, Jackson escribió una carta a su amada nuera Sara, para tranquilizar sus temores acerca de su salud. En aquella carta escribió estas palabras: “Mi querida Sara, sabiendo que moriremos, debemos estar preparados para morir bien, y entonces, dejar que la muerte venga cuando quiera y nosotros la encontraremos sin alarde, y estaremos listos para decir: “Hágase la voluntad de Dios”. (Del libro titulado Remini, Pág.387)

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