La mano del Padre 


Hechos 11:19-21 

El texto arriba narra la historia de la iglesia en Antioquia, que creció en seguida a la persecución de los cristianos que vivían en Jerusalén. Por temor a los judíos, cuyo líder era Saulo, él de Tarso, huyeran a esa ciudad que en el futuro se transformaría en un centro misionero. De allí salieron varios a predicar en otras tierras y a plantar nuevas iglesias. Los cristianos de Jerusalén dejaron todas sus pertenencias y huyeron de Jerusalén para salvar la vida. En el camino limitaron la predicación de las buenas nuevas exclusivamente a los judíos. Sin embargo, como es imposible mantener callados a los nuevos cristianos, conversos de Chipre y Cirene fueron más allá de los de Jerusalén, compartiendo las buenas nuevas con los gentiles (v. 20) Luego, la segunda parte del verso 21 dice: “y gran numero creyó y se convirtió al Señor”.

Aun Saulo, que en parte había causado la persecución en Jerusalén, poco tiempo después de su conversión, se empareja con Bernabé y los dos se transforman en el primer equipo misionero de la iglesia a visitar Europa. Salen de viaje predicando las buenas nuevas por toda parte.

Todo eso sucedió no porque aquellos hombres fuesen grandes evangelistas o predicadores de renombre. El resultado asombroso aconteció porque “la mano de Dios estaba con ellos”. Fue en Antioquia que por primera vez llamaron a los conversos “christianos” o cristianos, que quiere decir: “semejantes a Cristo”.

En el verso 21 leemos que “la mano del Señor estaba con ellos”. Era difícil para los primeros cristianos creer que el Señor les protegía. Padecían persecuciones, sufrían con la muerte de sus líderes y con el arresto de algunos apóstoles.  Sin embargo, Lucas el escritor de Hechos, varios años después, asegura a sus lectores que durante aquellos tiempos difíciles el Señor no les había abandonado.

¿Qué quiso decir con “la mano del Señor estaba con ellos”?

1. Tener la mano del Señor quiere decir tener su poder. Hechos 1:8 dice asi:

    pero recibiréis poder cuando el Espíritu Santo venga sobre vosotros; y me seréis         testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra.

Han pensado, ¿para qué era el “poder” de que habla el pasaje? Era poder sobre el pecado, para empezar. Poder sobre las tentaciones de Satanás, poder sobre otros que no conocían ni aceptaban a Cristo.

2. Tener “la mano del Señor” significa tener la protección y guía de Dios hasta terminar la misión que el Señor les había confiado. En Juan 10:28-29 vemos la protección de Dios hacia los suyos en este pasaje:

y yo les doy vida eterna y jamás perecerán, y nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano del Padre.

Eso quiere decir que estamos en manos de Jesucristo. Cristo y nosotros estamos en las manos de Dios Padre. También hemos sido sellados con el Espíritu Santo, según dice Efesios 4:30:

Y no entristezcáis al Espíritu Santo de Dios, por el cual fuisteis sellados para el día de la redención.

Nunca me había fijado en la segunda parte de este pasaje. Siempre me detengo en la primera parte por lo intrigante que es. Pero es importante saber que el Espíritu Santo nos ha sellado. Eso significa que Satanás no penetrará en nosotros a menos que lo permitimos. Nadie nos hará ningún daño. Nadie es tan poderoso como Dios, Jesucristo o el Espíritu Santo; los tres nos protegerán. “Y la mano del Señor estará con nosotros”.

3. Quiere decir que Dios suplirá todas nuestras necesidades. “Mi Dios, pues suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús”. (Fil. 4:19) Pablo aun encerrado en un calabozo frío y hediondo, reconocía las enormes bendiciones de Dios en su vida. A veces enfocamos tanto en el problema que nos molesta que casi siempre éste pasa a ser mayor que Dios. Creemos que si concentramos todas nuestras fuerzas en resolver la crisis, Dios nos ayudará con más rapidez. Sin embargo, al esforzarse por mantener la mente y el corazón enfocado en Dios encontraremos tanto consuelo como un acercamiento aun más profundo hacia el Creador.

4. La mano del Señor está con todos aquellos que comparten su Palabra tanto desde un pulpito como en las calles con personas sedientas de Dios. Tenemos promesa de Cristo, en el pasaje conocido como la gran comisión, que él mismo estará con nosotros mientras seguimos obedientes compartiendo las preciosas promesas que hizo el Señor Jesucristo.

Por tanto id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, Hijo y Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.

Esa es la promesa a las personas que se dedican a compartir la Palabra, o se dedican a plantar semillas de amor, preparándoles para que reciban la Palabra. Quizás Cristo parezca muy lejano de nosotros porque no estamos compartiendo nuestra fe. Para que tengamos la seguridad de su presencia, de su mano fuerte, necesitamos hacer nuestra parte en la gran comisión.

·         Jamás encontrarías a un Pedro quejándose de que no sentía la presencia del Señor. Con el Espíritu Santo en su corazón Pedro desafiaba a los líderes religiosos más poderosos con el mensaje de Jesucristo. No; para Pedro no había eso de falta de fe o sentir que el Señor estaba lejano. Los líderes judíos le libertaron de la cárcel con una condición: que no predicase más a Cristo. La reacción de Pedro fue: “porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído” (Hechos 4:20)

·         Tampoco encontrarías a un Esteban deprimido porque su fe estaba débil. O le faltaría valor de seguir adelante como diácono, “lleno del Espíritu Santo y sabiduría”, enfrentándose a personas, sus supuestos hermanos judíos, que contestó su sermón matándole a pedradas. Tampoco le faltaba conocimiento bíblico ya que al defenderse de sus atacantes les narra toda la historia de la humanidad hasta Cristo (Hechos 7)

·         Jamás te toparías con un Silas disgustado o inconforme con su situación, aunque se encontrase en la cárcel por el simple hecho de predicar a Cristo. Junto con Pablo (probablemente haciendo la segunda voz) en la prisión cantaba himnos. Al contrario, se sentían privilegiados por sufrir por Cristo. (Hechos 16)

·         ¿Y qué diríamos de un Bernabé, cuyo nombre significa “hijo del estimulo”? Parece que este pasaje lo escribió el autor de Hebreos pensando en Bernabé: “Anímense unos a otros…“ (3:13) La satisfacción de estar haciendo una obra que está tan cerca al corazón del Señor hacía con que aquellos hombres prefirieran sacrificar sus vidas que hacer otra cosa.
 

5. La mano del Señor está con los que le adoran. La adoración la rendimos a Dios al reunirnos los domingos. Los cantos, las oraciones, la lectura y estudios de su palabra son nuestra adoración como iglesia, como un grupo de creyentes. Pero hay la adoración personal e individual que hacemos a Dios del lunes a sábado, según el libro de Romanos 12, que está involucrada en todo lo que hacemos y decimos. Todas nuestras actividades pueden ser una adoración a Dios si nuestra conducta es comparable a la de Cristo. Ahora que somos cristianos, ya no nos comportaremos como paganos maltratando e ignorando personas que viven alrededor de nosotros, sobretodo las más humildes. Las trataremos con respeto, de la misma manera que lo hizo Jesucristo.

Es importante también adorar a solas. La mejor oración que podemos hacer es la que hacemos encerrados en nuestro cuarto donde podemos tener comunión sin interrupciones entre nosotros y Dios. Cantar himnos de alabanza a Dios mientras estamos solos nos acerca mucho a nuestro Creador. Debemos hacer los dos, tanto la adoración en conjunto, con toda la iglesia, como a solas con Dios en nuestra casa o en cualquier otro lugar donde no nos interrumpan.

Conclusión:

A través de toda la Biblia vemos la mano del Señor actuando. En el Antiguo Testamento la vemos escribiendo en las paredes advirtiendo a un pueblo que había olvidado a Jehová. (Daniel 5:25) En el Nuevo Testamento vemos el dedo de Cristo escribiendo en la arena probablemente los pecados de aquellos que le trajeran la mujer adultera. (Juan 8:6, 8) En las dos situaciones la mano de Dios estuvo advirtiendo. Sin embargo, en el caso de Hechos 11:21, la mano de Dios tenía otra misión que fue la de proteger y fortalecer a sus obreros. Podemos elegir cuál de las manos del Señor queremos. Si no hacemos caso a las exhortaciones e instrucciones para vivir una vida santa, será la mano fuerte y reprendedora. Por otro lado, si decidimos diariamente seguir la misericordia y bondad de Cristo, entonces sus manos nos bendecirán con su amparo en todo y cualquier lugar que vayamos. La elección es nuestra. ¡Qué la mano protectora de Dios esté sobre todos ustedes, es mi oración!

Preguntas para meditación y repaso:

1. ¿Qué hacen para protegerse cuando van a lugares peligrosos?

2. ¿Cómo se protegían los apóstoles de sus perseguidores?

3. ¿Qué significa: “y la mano de Dios estaba con ellos”?

4. ¿Cómo podemos asegurarnos de la presencia de Dios en nosotros?

5. Según Efesios 4:30, ¿cuál es otra bendición del Espíritu que recibimos?

6. ¿Con quienes está la mano del Señor?

7. ¿Cómo es posible adorar a solas?

 (Para regresar a "Sermones y seminarios haz click aqui: www.louseckler.blogspot.com