La búsqueda de la felicidad

Mateo 5:1-11 

Leer estas citas:
“Todo el mundo está en una búsqueda loca de la seguridad y de la felicidad”. Filósofo francés

“Todo el mundo está buscando un credo para creer y una canción para cantar”. Rector de la Universidad Harvard

“Siempre pensé que el dinero podía comprar la felicidad – pero estoy miserablemente desilusionado”. Millonario tejano.

“Tengo dinero, belleza, encanto y popularidad. Debiera ser la mujer más feliz del mundo, pero me siento infeliz. ¿Por qué?”
Actriz de cine.

El hombre que fue al consultorio del psicólogo y confesó: “Doctor me siento solo, desesperanzado e infeliz. ¿Puede Ud. ayudarme?” El psicólogo sugirió que él fuera al circo a ver a un payaso famoso que, según los periódicos, hacía reír a la persona más infeliz. El paciente le contesta diciendo: “Doctor, el soy aquel payaso…”

El cristiano, por otro lado, tiene una perspectiva distinta a la felicidad. Declaró Jesucristo: “He venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Juan 10:10). Otra vez dijo: “Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, vuestro gozo sea cumplido” (Juan 15:11)

Buscando la felicidad en lugares equivocados
Hace más de 2.500 años El profeta Isaías miró el rostro de unas personas que anhelaban la felicidad y la seguridad pero la buscaban en lugares equivocados. Corrían a los mercados y a lugares de diversión, gastando dinero en cosas que nos les traían la felicidad. Un día el profeta se paró delante de ellos y les habló la Palabra de Dios, diciendo: “A todos los sedientos: venid a las aguas. Y los que no tienen dinero, venid compra y comed. Venid, comprad vino y leche. ¿Por qué gastáis el dinero en lo que no es pan, y vuestro trabajo en lo que no sacia? Oídme atentamente, y comed del bien, y se deleitará vuestra alma con grosura” (Isaías 55:1-2)

Isaías no habló negativamente ni les exhortó por sus pecados. El no quitó la botella de la mano del borracho, ni les predicó un sermón por sus glotonerías, ni les avergonzó por sus practicas inmorales. Él se hizo vista gorda por un momento, y sólo les preguntó: “¿Están disfrutando la vida? ¿Por qué gastan su dinero en cosas que no es pan diario y por qué su trabajo no les satisface?”

Si viviera Isaías en nuestros días probablemente se pararía en el centro de la ciudad y preguntaría a la gente infeliz a que encontraba: “¿Están disfrutando la vida? ¿Han encontrado la satisfacción de vivir? A las personas que tienen de todo Isaías les preguntaría: “¿Están sacando de la vida lo que quieren?”

Dios tiene la solución
El mundo materialista continua su búsqueda incesante del secreto de la felicidad. Cuanto más conocimiento obtenemos, menos sabiduría parecemos asimilar. Cuanto más seguros estamos económicamente, más aburridos e insinceros nos sentimos.

Mientras hay una vocecita dentro de nosotros que dice: ”No fuiste creado para vivir de esa manera – pero sí fuiste creado para cosas más importantes”. Supe del disgusto de un hombre cuyo perro de raza pura, de fino trato y adestramiento, se rebajó a perseguir a un ratón como un perro callejero. Este es un caso típico. Nosotros fuimos creado para algo superior a una rutina aburrida.

Dos clases de felicidad
Existe dos clases de felicidad. Una, cuando las circunstancias son propicias o cuando estamos relativamente libres de problemas. Ese tipo de felicidad es temporal y superficial. Al cambiar las circunstancias perdemos la felicidad.

La otra clase de felicidad que todos anhelamos es duradera, produce paz duradera, gozo interior y la paz que sobrevive cualquier circunstancia. Ésta es una felicidad que soporta todas las dificultades de la vida y hasta llega a fortalecerse en el sufrimiento. Esta es la felicidad que sólo Jesucristo promete a través de las “bienaventuranzas”. Es una felicidad que se origina de Dios. Al encontrar a Dios encontramos también el consuelo para nuestro sufrimiento.

En Brasil, cerca a la casa donde vivían mis abuelos, había un arroyo que nunca variaba el fluir del agua no importaba la estación del año. Tanto en un verano seco como en un invierno lluvioso, poco cambiaba el arroyo. Así es la felicidad que anhelamos.

Tres cosas buscamos los cristianos:
1.    Paz – No la ausencia de guerra, sino la paz que llena el corazón de gozo y felicidad. Esa es la paz proviene de Dios.
2.    Propósito – Hay mucha confusión en el mundo y el ser humano está buscando contestación a preguntas como: ¿De dónde venimos? ¿Qué hacemos aquí? ¿Al dejar la tierra, adónde iremos? ¿Por qué no tengo fe?
3.    Un acercamiento a Dios – Los mismos que niegan su existencia están buscando algo para llenar el vacío que existe en sus almas. Pero es un vacío de la forma de Dios, que sólo él puede llenar. El ser humano busca un acercamiento a Dios pero no lo admite. A veces ni lo sabe.

La clave de la búsqueda
Todo ser humano busca la paz, como busca conocer el propósito de su vida en la tierra. Pero la búsqueda más importante es la de Dios. ¿Cuándo termina esa búsqueda? ¿Cuándo será satisfecha nuestra sed de la felicidad? ¿Será que llegaremos al final de nuestra búsqueda de la felicidad? La Biblia Sagrada contesta todo con un enfático “sí”. Y a través de las Bienaventuranzas Jesucristo enseña el camino hacia la felicidad.

Las Bienaventuranzas, también llamadas “bellas actitudes”, también se traduce con la palabra dichosos y quiere decir feliz, espiritualmente prósperos, o satisfechos. La palabra feliz es la que más se acerca a la idea de dichoso.

¿Será que Jesucristo usaría un vocabulario sin sentido? Para contestar esa pregunta miremos al propio Señor: pese la controversia, el abuso y la injusticia de su muerte, el Maestro era una persona feliz. Él conocía el secreto de la felicidad verdadera y en Mateo 5 él nos la comunica.

¿Quién es Jesucristo?
Las Bienaventuranzas no son la única enseñanza de Jesucristo, ni el sermón del monte. (Para más detalles lee Mateo 5). El Maestro enseñó mucho más durante los tres cortos años de su ministerio público. Pero Jesucristo era más que sólo un maestro o profeta. Era el Hijo de Dios.

Jesucristo nunca salió de Palestina ni escribió ningún libro. Sin embargo, cambió el rumbo de la historia. Algunos creen que el rol del Maestro era el de un reformista social, que vino para cambiar a la sociedad y alertar el pueblo de la injusticia y la opresión. Otros dicen que él vino sólo como un mero modelo, o sea, enseñarnos a través de sus hechos de amor, cómo debemos vivir. Aun otros le acusan de reformista religioso equivocado, sin relevancia a la era moderna y científica.

Pero ninguna de las descripciones arriba llegan a explicar quien fue y es Jesucristo, como lo describe el Nuevo Testamento. La Biblia, en realidad, hace una poderosa afirmación: Jesucristo no era sólo un ser humano, sino el propio Dios, que llegó de la gloria de los cielos a habitar la tierra y enseñar cómo es Dios. Cristo “es la imagen del Dios invisible” (Colosenses 1:15). Más aun, él fue el Salvador divinamente elegido para morir por los pecados de la humanidad. Él murió para salvarte a ti y a mí. Él enseñó que era el divino Salvador del mundo y que vencería la muerte. El evangelio es la buena nueva de Dios acerca de su Hijo Jesucristo Nuestro Señor.

Los estudiantes de la Biblia han descubierto nuevamente a través del sermón del monte, las Bienaventuranzas, que no se puede ignorar el hecho de que Jesucristo era el Salvador. Su mensaje fue revolucionario pero entendible. Sus palabras sencillas pero profundas. Él hizo que temblara la gente. Sus palabras tanto provocaron la aceptación feliz como un rechazo violento. Los que le escuchaban nunca permanecían igual que antes: o eran mejores o peores. Mejor es si al oírle le aceptaban. Peor si al oírle le rechazaban. Ellos o le seguían en amor o se enojaban y se airaban. Había algo de magia en su evangelio que llevaba a hombres y mujeres a tomar una decisión. Él mismo dijo: “Él que no es por mi es contra mi”.
(En el próximo capítulo continuaremos las enseñanzas preciosas de Jesucristo)

El impacto de una vida cristiana
El mundo puede estar en contra del cristianismo como una institución, pero nadie puede hablar de un cristiano que, a través del Espíritu Santo, lleva una vida ejemplar de obediencia a Dios y de servicio a la humanidad. Tal persona es una bofetada al egoísmo, al materialismo y a todos los males de la actualidad.

Muchas veces hemos debatido la Palabra de Dios usándola como un juego o una competencia. Eso es más fácil que vivirla como la leemos en nuestra Biblia. Así seremos palabras vivas escritas por el Espíritu Santo -- no en papel, sino en nuestros corazones (2 Corintios 3:1-3)

Los cristianos debemos ser ciudadanos ejemplares tratando bien a las personas que están alrededor de nosotros. Necesitamos que a través del Espíritu Santo el poder de Jesucristo nos transforme para que seamos semejantes al Salvador.

Jesucristo dijo a la mujer Samaritana: “mas el que bebiere del agua que yo le daré no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para la vida eterna” (Juan 4:14). Aquella pobre mujer desilusionada era el símbolo de toda la raza humana. Sus anhelos son nuestros anhelos, sus necesidades también son las nuestras. Su pecado era nuestro pecado. Pero su Salvador también puede ser tu salvador. Su perdón puede ser tu perdón. Su gozo puede ser tu gozo.

Invitación a una jornada

Ven conmigo mientras buscamos la felicidad. Volvamos 2,000 años atrás en Galilea. Por las sendas encontramos a la gente que empieza a llegar, pues todos sabían que el Maestro regresaría a Galilea. Al llegar Jesucristo y sus doce apóstoles pronto se dirige a la cima de un monte seguido de todos los fieles. La expectativa era grande sobre la lección que el Maestro presentaría. Había un gran silencio mientras él se sentaba y se preparaba para hablar.

Las enseñanzas que Jesucristo estaba por compartir, desde el monte, en las tierras lejanas de Palestina, quedarían en la historia como las palabras más profundas, más sublimes que se han dicho. Allí, con palabras reverentes, medidas, sencillas él reveló el secreto de la felicidad – no se trata de la felicidad superficial limitada por el tiempo y el espacio, sino la felicidad que durará para siempre.

Su primera palabra fue “feliz” o “dichoso” o aun “bienaventurado”. Inmediatamente sus oyentes pusieron toda su atención y todo su corazón y empezaron a oírle. Escúcheme mientras leo las palabras de Jesucristo. Leer Mateo 5:2-5.

Preguntas para la meditación y repaso:

1. ¿Por qué es que muchos no encuentran la felicidad?

2. ¿Cuáles serían algunos lugares equivocados donde no se puede encontrar la felicidad?

3. Hay dos clases de felicidad que mencionanos, ¿las puedes citar?

4. ¿Cuáles son las tres cosas que busca el ser humano?

5. Según lo que lees en los evangelios, ¿era Cristo una persona feliz?

6. ¿Cómo son también conocidas las Bienaventuranzas?

7. ¿Qué prometió Jesucristo a la mujer samaritana?

8. ¿Qué quiso decir Cristo con “agua viva”?

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