Intimidad con Dios

Lecciones del Salmo 27

    4 Una cosa he pedido al SEÑOR, y ésa buscaré:
         que habite yo en la casa del SEÑOR todos los días de mi vida,
         para contemplar la hermosura del SEÑOR,
         y para meditar en su templo.
   
    5 Porque en el día de la angustia me esconderá en su tabernáculo;
         en lo secreto de su tienda me ocultará;
         sobre una roca me pondrá en alto.
   
    6 Entonces será levantada mi cabeza sobre mis enemigos que me cercan;
         y en su tienda ofreceré sacrificios con voces de júbilo;
         cantaré, sí, cantaré alabanzas al SEÑOR.
   
    7 Escucha, oh SEÑOR, mi voz cuando clamo;
         ten piedad de mí, y respóndeme.
   
    8 Cuando dijiste: Buscad mi rostro, mi corazón te respondió:
         Tu rostro, SEÑOR, buscaré.
   
    9 No escondas tu rostro de mí;
         no rechaces con ira a tu siervo;
         tú has sido mi ayuda.
         No me abandones ni me desampares,
         oh Dios de mi salvación.
   
    10 Porque aunque mi padre y mi madre me hayan abandonado,
         el SEÑOR me recogerá.
   
    11 SEÑOR, enséñame tu camino,
         y guíame por senda llana
         por causa de mis enemigos.
   
    12 No me entregues a la voluntad de mis adversarios;
         porque testigos falsos se han levantado contra mí,
         y los que respiran violencia.
   
    13 Hubiera yo desmayado, si no hubiera creído que había de ver la bondad del SEÑOR
         en la tierra de los vivientes.
   
    14 Espera al SEÑOR;
         esfuérzate y aliéntese tu corazón.
         Sí, espera al SEÑOR.
(Salmos 27:4-14)
 

Nuestro Dios no tiene una sociedad de amigos íntimos. Somos tan íntimos con él cuanto nos guste serlo. Una escritora cristiana, Marlene LeFever, escribió un libro titulado: 100 maneras de fomentar nuestro acercamiento a Dios.

He aquí las primeras 10:
1. Enseñe a un niño de edad preescolar a cantar un corito acerca de Cristo.
2. Escriba una carta a Dios loándole por lo todo lo que hace.
3. Lea la biografía de un misionero o predicador del pasado.
4. Llegue a la iglesia 10 minutos antes. Pase el tiempo orando a Dios para que todos sientan su presencia durante el culto.
5. Cante un himno a Dios; preste atención a las palabras.
6. Memorice un capítulo de la Biblia.
7. Tome apuntes durante el sermón. El domingo por la tarde léalo y hágase esta pregunta: “¿Qué es lo que Dios quiso decirme esta mañana? ¿Cómo espera que yo responda al mensaje?”
8. Ore diariamente por alguien que no le agrade.
9. Empiece un estudio bíblico con sus vecinos, o abra su casa para dicho estudio.
10. Escriba una carta de amor a Dios. 

Leer Salmo 27

David empieza confirmando quien es Dios y lo que representa para él. La respuesta es: Esperanza, salvación y protección. David tenía todo lo que necesitaba. No lo logró él mismo, sino lo recibió de la bondadosa mano de Dios.

Por lo tanto, David expresa que tenía un anhelo que era el más importante para él: Habitar en la casa de Dios. En el verso 4 David dice que le gustaba lo que Dios le había concedido y quería más.

Leí un articulo en un periódico cristiano titulado: “Matrimonios para empezar”. Trata sobre parejas muy jóvenes que se casan, no tienen hijos ni la esperanza de que su matrimonio dure toda la vida. Así como cuando compramos el primer carro y tenemos la esperanza de que un día, al mejorar las finanzas, compraremos uno mejor, esos jóvenes esperaban encontrar otra pareja que les conviniera más y entonces hacer el cambio. Lastimosamente eso es así, porque es en el matrimonio donde dos personas pueden tener una verdadera intimidad y donde tienen la oportunidad de crecer emocionalmente al hacer a un lado el egoísmo.

En esos matrimonios provisionales no hay intimidad porque tampoco hay seguridad. Sin seguridad la pareja no se hace vulnerable y no abren su corazón el uno para con el otro.
David declara que sus ganas de habitar en la casa de Dios no era “para empezar”. Él no dice: “Habitaré en la casa de Dios mientras quiera”. No, su compromiso era para todos los días de su vida.

Juan 14:23 dice: “Jesús respondió, y le dijo: Si alguno me ama, guardará mi palabra; y mi Padre lo amará, y vendremos a él, y haremos con él morada”. 

¿Visitaste alguna vez la casa de alguien que te hizo sentir incómodo? Después de una cirugía muy seria por la que pasó mi esposa, en un hospital en Dallas, pasamos una noche en la casa de unos amigos antes de regresar a la ciudad donde vivimos. Las personas eran muy amables, pero las camas eran duras y la casa muy fría. Ambos extrañamos el ambiente hogareño y de madrugada nos marchamos. No les despertamos cuando salimos y les llamamos cuando estábamos a medio camino hacia nuestra ciudad. Aunque salimos sin despedirnos, nos disculparon ya que mi esposa estaba muy incómoda por la cirugía y anhelaba llegar a nuestro hogar.

Siempre que salgo de viaje me hospedo en hoteles. Pero cierta vez, para ahorrar, me hospedé en la casa de unos misioneros conocidos. Por la noche no podía dormir porque su bebé lloraba sin parar. Desde entonces raramente me quedo en casa de amigos; prefiero el cuarto de un hotel. Así, si no estoy cómodo busco otro hotel. Pero en el caso de David y la casa de Dios, el compromiso no era provisional sino total y para siempre.

Siempre es seguro confiar en el Señor. A veces pensamos que si somos muy buenos alguien nos engañará, pero eso no sucede con Cristo. Su morada es un lugar donde todos somos bienvenidos. (Leemos en Juan 14 que Cristo está preparando nuestra morada en el cielo.)

Jesucristo no nos desilusionará. Al saber que el Maestro está preparando un lugar para nosotros hace que anhelemos el cielo. En la casa de Dios o en la presencia del Señor podremos desarrollar comunión intima con él. Eso es importante por lo siguiente:

1. Para aprender de Dios (v. 4). David dijo que su anhelo era ver la belleza del Señor y buscarle en su templo. O según dice el mensaje: “…para contemplar la hermosura del SEÑOR, y para meditar en su templo”.

David sabía que una visita corta no bastaría. Necesitaba aprender mucho de Dios para continuar expandiendo su entendimiento y conocer su voluntad.

2. Para adorar a Dios (v. 6): “Cantaré, sí, cantaré alabanzas al SEÑOR”
David quería ofrecer alabanzas a Dios. Todos sabemos que David era músico y con su música muchas veces alivió la depresión del rey Saúl. También era cantor y lo hacía con gusto. Al habitar en la casa del Señor, David le adoraría el resto de su vida.

Pablo concuerda con ese pensamiento al decir a los Romanos: “Por consiguiente, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo y santo, aceptable a Dios, que es vuestro culto racional” (12:1).

La adoración y el conocimiento del Creador resultan en intimidad con él. 

3. Para orar a Dios (v. 7): “Escucha, oh SEÑOR, mi voz cuando clamo; ten piedad de mí, y respóndeme”.

David veía la oración como una manera de pedir a Dios piedad, misericordia. Estar con el Señor y entablar conversación es mejor que solo mencionar una lista de necesidades, lo que normalmente se hace en las oraciones. Orar a Dios va más allá que pedir y agradecer. Orar a Dios es convivir con el Creador. Como padre, no me gustaría que mis hijos solo se acercasen a mí para pedirme algo. No me importa que me pidan, sin embargo, prefiero mucho más convivir con ellos que solo darles lo que me piden.

4. Para obedecer a Dios (v. 11). He aquí el ultimo compromiso de David en ese pasaje que fue para decir lo siguiente: “Enséñame tus caminos, y guíame por senda llana por causa de mis enemigos”.

David parece decir: Tan pronto que yo sepa lo que hacer, empezaré mi jornada. Mantenme en la senda que me lleva a ti.

El gran predicador de la antigüedad, Carlos Spurgeon, dijo que nuestras visitas en la casa de Dios deben ser reuniones inquisitivas en las que preguntamos cuál es la voluntad de Dios y cómo obedecerla. Parece que con frecuencia preguntamos a Dios cuál es su voluntad y luego dependemos de la gente para saber cómo obedecerla.

Uno de los versos más sucintos acerca de la intimidad con Dios se encuentra en Juan 14:21 y dice así: “El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama será amado por mi Padre; y yo lo amaré y me manifestaré a él”.

Si yo quiero compartir los secretos de su promesa, entonces optaré por mantener una vida pura. Esa decisión de ser íntimo con Dios afectará los libros que leo, las películas que veo, la música que escucho y los programas que veo por televisión. Vivir en su presencia alterará el rumbo de mi vida, cambiando mis actividades y mis amistades. Mi manera de hablar y mis actos deberán ser para dar honor y reverencia al nombre santo de Jesucristo.

Si deseamos tener:
1. Una lluvia de bendiciones 
2. Más confianza en el Cristo vivo
3. La llenura del Espíritu Santo

Lo lograremos si:

•    Aprendemos
•    Adoramos
•    Oramos
•    Obedecemos

Hay mil y una maneras de acercarse a Dios. Podemos pasar el resto de la vida estudiando todas las maneras o podemos decidir hacer algo por ello. La decisión es de cada uno si quiere o no mantener el acercamiento a Cristo. La oración, el estudio y  de la Palabra de Dios, auxiliar a los necesitados: todo colabora para que nos acerquemos a Dios.

Puede empezar con cualquiera de las cuatro disciplinas que listamos arriba (aprender, adorar, orar, obedecer), pero lo importante es que haga algo pronto.

¿Cuál será el resultado? La promesa de Dios es maravillosa:

Los versos 13 y 14 dicen que veremos la bondad del SEÑOR
         en la tierra de los vivientes.
   
Sigamos las palabras del salmista, que nos exhortan así:
         Esfuérzate y aliéntese tu corazón.
         Sí, espera al SEÑOR.

Preguntas para la meditación:
    1. ¿Qué quiere decir “tener intimidad con Dios”?

    2. ¿Conoces a alguien que viva cerca de Dios?

    3. ¿Cuál fue la parte de la oración de Cristo a sus discípulos y todos los que creen en él?  (Juan 17:25-26)

    4. ¿Qué pidió David al Señor en el inicio del Salmo 27?

    5. ¿Vamos con o sin ganas al culto de la iglesia los domingos?

    6. ¿Qué podemos hacer para ser más íntimos con Dios?

    7. ¿Si mal conocemos a Dios, cómo le podemos confiar nuestra vida?
 

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