Felicidad en la pureza

Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.
(Mateo 5:8)

Hace poco tiempo a un amigo mío le hicieron un procedimiento médico en que le abrieron las arterias y ahora su corazón funciona a pleno poder. Al comer alimentos grasosos, poco a poco se pega en las arterias lo que los médicos llaman colesterol, una sustancia que obstruye las arterias impidiendo el buen funcionamiento del corazón. Según el procedimiento médico descrito arriba, mi amigo ahora tiene un corazón limpio.

Pero la Biblia, al referirse al corazón, casi siempre se refiere a algo más complicado que el órgano del cuerpo humano que conocemos. Con frecuencia, al mencionar a una buena persona, decimos que tiene un buen corazón. Eso, obviamente no significa que su corazón físico esté libre de colesterol, sino que trata a su prójimo con consideración y bondad.

Al mencionar el corazón, la Palabra de Dios quiere decir “el origen de nuestros sentimientos, de las emociones”. Es de allí que proviene el amor, el odio, la alegría, la felicidad, la tristeza y todos los demás sentimientos o emociones que experimentamos en la vida. La Biblia no hace mucha distinción entre el corazón y la mente.

¿Qué significa tener un corazón puro, limpio?
El rey David, en el Antiguo Testamento, pidió a Dios que le diera un corazón puro, al pedir: “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí.” (Salmos 51:10). Algunos cristianos dan la apariencia de que llevan una vida modelo al presentarse a las reuniones de la iglesia bien vestidos, sonriendo y listos para adorar a Dios. Pero por dentro están llenos de odio, indiferencia, falsedades, etc. No tenemos el derecho de juzgar a nadie sino a nosotros mismos. Sin embargo, si este es tu caso, caro hermano, quisiera advertirte que es el corazón que Dios escudriña buscando la realidad de nuestra vida. Podemos, al reunirnos con nuestros hermanos, engañarles con nuestras sonrisas y nuestra buena apariencia. Pero a Dios no le engaña nadie porque él sabe lo que pasa en el corazón de cada persona. Dijo Jesucristo: “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.” (1 Juan 1:8-9)
Lo que no significa tener un corazón limpio
Al decir “Bienaventurado los limpios de corazón porque ellos verán a Dios”, Jesucristo no quiso decir que para disfrutar de su promesa de ver a Dios sea vital que seamos perfectos. No. Tener un corazón limpio no significa que debo meterme en una camisa de fuerza para no volver a pecar. Tampoco quiere decir que debo mudarme a un monasterio donde no hay tentaciones u oportunidades de pecar. Lo que necesito es valerme de la sangre purificadora de Jesucristo para limpiar mi corazón.

Jesucristo siempre se peleaba con los legalistas de su época. El Maestro les decía “sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, mas por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia” (Mateo 23:27). Los fariseos eran buenas personas, eran celosos en su fe, se sacrificaban por su creencia pero su corazón estaba lleno de pecado. A Jesucristo no le importaba las exterioridades porque sabía que lo que pasaba en el corazón de las personas. Lo que él detectaba en los fariseos era que necesitaban un cambio radical en su vida, o sea un corazón nuevo. El Maestro les exhortaba que el legalismo y las apariencias no llevaban, como todavía no llevan, a la felicidad completa y duradera, propia de los de corazón limpio.

Antes de su conversión, el apóstol Pablo era un fariseo legalista. Pablo seguía la letra de la ley de Moisés, su religión era superficial, o sea, era el prototipo de los “sepulcros blanqueados” a que se refiere Jesucristo. Pero Pablo sufrió un cambio total en su vida y en su corazón, camino a Damasco, cuando Jesucristo le tiró al suelo y le llamó a la realidad. De ahí en adelante Pablo cambia de rumbo su vida; se arrepiente de sus pecados, se bautiza en el nombre de Cristo, y el odio que tenía hacia los cristianos cambia completamente, haciéndole uno de los más poderosos escritores sagrados del Nuevo Testamento. Ahora en vez de arrestar a los cristianos Pablo pasó a enseñar compasión, amor, dándoles también su apoyo. Pablo, el apóstol, al convertirse se hizo el ejemplo de un creyente de corazón limpio.

El corazón de un niño

Para ilustrar su lección en cuanto a la pureza de corazón, Jesucristo llama un niño y al acercarse éste a los discípulos les dice: “Así que, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos”. (Mateo 18:4) Ojalá pudiéramos mantenernos como niños durante más tiempo, con la pureza, la inocencia y los sueños de la infancia. Pero muy pronto nos hacemos adultos y los sueños dan lugar a la realidad de la vida. Jesucristo demostró que conocía los corazones humanos al decir: “Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez”. (Marcos 7:21-22) Nuestro corazón es impuro, lleno de orgullo, frustración, confusión y otras enfermedades espirituales.
Obviamente es imposible que un hombre, con todas sus vivencias, sus vicios, sus tradiciones, su rutina, pueda tener un corazón limpio como el de un niño. Sin embargo, el corazón del hombre lo limpia Jesucristo, con su sangre preciosa. Entonces sí es posible que sea puro. Dijo un niño a su papá: “Papá, ¿sabes cuál es la única cosa que Dios no puede ver?” Su papá, un creyente de muchos años, estaba convencido de la capacidad de Dios de ser omnisciente, contestó al niño que no había nada que Dios no pudiese ver. El niño explica a su padre: “Dios no puede ver nuestros pecados a través de la sangre de Cristo”. Y eso es verdad; a través de la sangre de Cristo somos puros. 

Un corazón nuevo
Tenemos la promesa de Dios de un corazón puro: “Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra. (Ezequiel 36:26-27) La pureza de corazón sólo no la puede dar Dios como resultado de un renacimiento, de un milagro, de una nueva creación. También, un corazón nuevo puede resultar de varios años de lectura de la Biblia y oraciones y de anhelar la presencia de Dios. Al fijarnos que el Todopoderoso está presente en nuestra vida, cambiamos la manera de vivir por respeto y obediencia a él. Nos es posible vivir una vida limpia sin un corazón limpio.

El testimonio de Yuri

Muchas veces perdemos la paciencia con nosotros mismos porque no logramos vencer un pecado por nuestras propias fuerzas. Vi por la televisión una entrevista con la cantante mexicana Yuri, que hace un par de años se convirtió. Yuri confesó su debilidad y dijo que no la podía controlar hasta que hincó sus rodillas y pidió a Dios que él la quitase. Con lágrimas en los ojos Yuri dijo que Dios atendió su pedido y le limpió el corazón. Así como Yuri, tú puedes estar luchando con un pecado que no lo puedes controlar. ¿Por qué no te humillas delante de Dios en oración, pidiéndole que se lo quite?

Un hombre estaba visitando una mina de carbón cuando se enteró de que una linda flor blanca había florecido entre las montañas de desperdicios de aquel mineral. Al preguntar como era posible algo así, un minero le pidió que tirase un poco de carbonilla (polvo de carbón) por encima de la flor. Él hombre lo hizo y quedó asombrado al ver que los pétalos de la flor eran tan suaves que el polvo negro se escurrió sin manchar la flor. Nuestros corazones pueden actuar de la misma manera cuando detectamos una tentación. Vivimos en un mundo pecaminoso y difícil de esconderse de todas las tentaciones. Pero Dios puede mantenernos con un corazón tan limpio que las tentaciones no nos molestan. Como la flor blanca permanecía intachable en medio del carbón, también nosotros permaneceremos limpios con la gracia de Cristo.

Preguntas para meditación y repaso:

1. ¿Conoces a alguien que tenga un corazón puro?

2. ¿Cómo se puede limpiar el corazón?

3. ¿Qué hay de diferente en los niños para que Cristo les diera el reino de los cielos?

4. ¿Cuál es la frecuencia en que debemos limpiar el corazón?

5. Para evitar el pecado, ¿sería preferible no hacer nada, o arriesgar y hacer algo productivo?

6. ¿A quien debemos pedir un corazón limpio?

7. ¿Quién es nuestro modelo de tener un corazón limpio?
 

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