Felicidad en la persecución

Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. (Mateo 5:10)

A un soldado, después de hacer el servicio militar le preguntaron si sufrió alguna persecución por ser cristiano. El dijo que no. ¿Por qué? Porque no dijo a nadie que era cristiano. Si vamos hablar de manera realista, la persecución es algo que todos evitamos. Sabemos que la persecución, aun la más suave, es siempre algo desagradable.

Al principio no podemos entender cómo puede Jesucristo hablar de persecución y felicidad en la misma oración. ¿Cómo es posible ser feliz durante una persecución? Mientras en algunos países ser cristiano es algo que facilita la vida en la sociedad, en la mayoría de las naciones la fe en Cristo provoca persecuciones.

Podemos llegar a creer que si el creyente sufre persecución, es porque hay algo grave en su vida, algún fanatismo que causa el odio en las demás personas. No es así. La persecución viene por el simple hecho de ser cristiano.

Países donde abunda las persecuciones
    •    En Irlanda, por ejemplo, ha mucho odio entre protestantes y católicos.
    •    En Israel hay mucho terrorismo entre judíos y musulmanes. Así la religión, en vez de unir a los                 pueblos, les divide.
    •    En España, en México, como en otros países Latino americanos, hubo la despreciada Inquisición                 donde miles de personas torturadas perdieron sus vidas por su creencia.
    •    Países en África y Oriente Medio,  donde la mayoría de los habitantes son musulmanes

Muchos de nuestros hermanos han sido perseguidos sencillamente por ser creyentes. Juan Antonio Monroy, después de su conversión a Cristo, tuvo que hacer el servicio militar en España. Por ser un evangélico no podía hincarse delante de la virgen, como los demás soldados. Juan llegó a desobedecer a un sargento con pistola en mano, arriesgando su vida, pero no se hincó.

Al hermano Pedro Rivas, pionero de las iglesias de Cristo de México, no le permitieron que continuara trabajando como editor de un periódico en Torreón, en la década de los 1940, por no ser católico. El verano de 1995 no nos permitieron predicar la Palabra de Dios en un salón de conferencias de un hotel en Saltillo, México, por no tener permiso. (Mientras un representante de la Amway reunió un buen grupo de personas en el mismo lugar para promover sus productos, obviamente sin tener permiso).

A los hermanos de Cuba no les permiten construir edificios para los cultos de la iglesia. El gobierno comunista local decidió prohibir la construcción de nuevos edificios a fin de desanimar la proliferación de nuevas religiones y el crecimiento de las religiones existentes en el país. Gracias a la astucia de nuestros hermanos que viven en la isla, un gran número de iglesias se reúne en casa privadas. En vez de mermar el crecimiento de la obra, ese sistema hizo que el numero de creyentes se triplicara desde entonces.

Jesucristo y la persecución

A Jesucristo lo persiguieron aun antes de su nacimiento. Herodes, al enterarse de la misión del Mesías, empezó a buscarle para matarle y así evitar que alguien usurpara su posición de poder. Al empezar su ministerio la gente se mofaba de él diciendo: “¿De dónde tiene éste estas cosas? ¿Y qué sabiduría es esta que le es dada, y estos milagros que por sus manos son hechos?¿No es éste el carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo, de José, de Judas y de Simón? ¿No están también aquí con nosotros sus hermanas? Y se escandalizaban de él”.(Marcos 6:2b-3) Siempre que tenían oportunidad, tanto los fariseos como los saduceos se burlaban de Jesucristo, intentando incriminarle en algo.

El Maestro nunca escondió el hecho de que sus seguidores serían perseguidos. En casi todas sus enseñanzas el Señor advertía a sus discípulos lo que les pasaría se ellos se convertían en sus seguidores fieles. Ser un cristiano fiel es arriesgarse la vida. Jesucristo dejó bien claro a sus discípulos que el cristianismo incluía una cruz. La cruz del desprecio, del odio, de familias divididas y mucho disgusto. Jesucristo previó lo que pasaría a los que serían partícipes en su reino, o sea: que serían odiados, arrestados, martirizados, etc. Serían como corderos entre lobos. Muchos se acobardaron y le abandonaron (Juan 6:66). Sin embargo, sus discípulos verdaderos no le dejaron.

Los primeros cristianos y la persecución

Los apóstoles y los discípulos fueron perseguidos y luego sacrificados. Esteban fue el primero en ser apedreado por el simple hecho de creer en Jesucristo. Saulo, el que después pasó a ser el apóstol Pablo, atribuye su conversión a la ferviente fe y testimonio de Esteban (Hechos 22:20).

Tácito, un historiador romano del primer siglo, tiene esto que decir sobre los mártires: “Burla de todo tipo les añadían a sus torturas. Les cubrían con pieles de animales, les tiraban a los perros salvajes o eran clavados en la cruz, eran quemados para servir de antorchas en las noches de orgía romana. Con razón dijo Pablo a los primeros cristianos:
“Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios” (Hechos 14:22) Leemos en los libros de los mártires del pasado que ellos encaraban sus muertes con gozo, como si fueran a una boda. Un historiador describiendo el heroísmo de los mártires dijo: ‘Al llegar el día de la victoria los cristianos marchaban en procesión desde la prisión al circo, como si estuviesen caminando rumbo a los cielos, con rostros alegres en vez de temerosos’”.

No nos sorprende que los primeros cristianos se gozaban en el sufrimiento, porque lo veían en el contexto de la eternidad. Cuanto más temprano muriesen, más temprano disfrutarían la compañía del Señor en los cielos.

Confiados durante la persecución
En su sermón del monte, al terminar las Bienaventuranzas, Jesucristo anima a sus discípulos diciendo: “Gozaos y alegraos, por que vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros” (Mateo 5:12). A los pioneros del cristianismo era como un privilegio ser perseguido por su fe en Cristo. Pablo y Silas, en su viaje misionero se detuvieron en Filipos. Pronto empezaron a hablar a la gente sobre Jesucristo, convirtiendo a algunos. Una chica, cuyo espíritu reconocía a Pablo y a Silas como los que querían convertir al pueblo, molesta a Pablo y éste cambia a la chica y ella ya no profetiza. Sus “amos”, como habían perdido sus ingresos, los que venían de la chica adivina, tuercen la verdad y los dos misioneros son azotados y echados a la cárcel. Todavía adoloridos de los azotes, los dos misioneros cantaban himnos.

Poco antes de Pablo y Silas, a Pedro y a Juan les dieron muchos golpes, prohibiéndoles hablar de Jesucristo. Cuanto se libertaron, los dos apóstoles salieron “gozosos de haber sido detenidos por dignos de padecer afrenta por causa del Nombre”. Y su predicación se hizo aun más poderosa (Hechos 5:40-41). El libro de los Hechos está lleno de relatos sobre el poder de Dios a los que eran perseguidos. Pablo nos recuerda que los cristianos, aunque perseguidos, somos más que vencedores”. (Romanos 8:37)

Una cruz en nuestro futuro

Durante mi visita a Brasil en la semana santa, vi por las carreteras a varios hombres que llevaban cruces enormes sobres sus espaldas. Según los noticieros de la televisión, llevaban las cruces para pagar promesas. ¿Será que aquellos hombres tomaron literalmente el pasaje que dice: “... y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí”? (Mateo 10:38). No lo creo. En este pasaje Jesucristo menciona en sentido figurado, la realidad del sufrimiento del cristiano. Sabemos que Dios tomó todos nuestros pecados y los clavó en la cruz con Jesucristo. Pero de la misma manera que Cristo sufrió persecución, también nosotros sufriremos si seguimos sus pasos, si nos dedicamos de lleno a su obra.

Ahora que estamos en Cristo, toda la persecución, toda la burla y la blasfemia que el mundo arrollaría en Cristo, la recibimos nosotros. Jesucristo sufrió la vergüenza de la cruz por todos nosotros y ahora nos toca a nosotros sufrir tal persecución.

Para el apóstol Pablo el ser perseguido por la causa de Cristo era un privilegio, al decir: “Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo”. (Gálatas 6:14) Pablo se gloriaba de ser perseguido por la causa de Cristo por que así estaría compartiendo, en menor escala, el sufrimiento de Cristo.

Ya no nos pertenecemos

Uno de los líderes de la iglesia del primer siglo que más sufrió persecución fue el apóstol Pablo. Si quieres saber más detalles acerca de las persecuciones de Pablo, lee 2 Corintios 11:22-29. Las persecuciones no hicieron de Pablo un cristiano amargado y frustrado. Al contrario, fue en la cárcel que Pablo compuso las obras más impactantes de toda su vida, las epístolas o cartas, a las iglesias. Si todo lo que nos pasa lo aceptamos con fe en Dios, podrá resultar en gloria al Padre.

Conclusión

Un misionero se fue a un país lejano a predicar el evangelio. Uno de sus primeros convertidos fue torturado y muerto por su fe. Pocos años después se murió el misionero. Ambos se encuentran en el cielo y el misionero pregunta al converso cómo se sintió al ser torturado y muerto por su fe. “Sabes”, dijo el hombre encogiendo los hombros, “ya ni me acuerdo”. Tan grande será la gloria que disfrutaremos en le cielo que el sufrimiento de la tierra ya no hará parte de nuestros recuerdos.

Preguntas para meditación y repaso:

1. ¿Haz oido hablar de personas perseguidas por su fe?

2. ¿Cuál es la manera de evitar la persecución?

3. ¿Fue Cristo bien claro con sus discípulos en cuanto a la persecusión?

4. ¿Cuál era la reacción de los cristianos cuando les perseguían?

5. ¿Cómo es que tenemos todos que cargar nuestra cruz?

6. ¿Qué quiere decir: “tomar la cruz y seguir” a Cristo?

7. Si soy cristiano y no me persiguen, ¿qué clase de cristiano soy?

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