Felicidad en la paz

Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.
Mateo 5:9

Siempre que el mundo ha sido mundo ha habido guerras. Todo empezó en las afueras del huerto del Edén cuando Caín, uno de los hijos de Adán y Eva, lleno de envidia, mató a su hermano Abel. Los seres humanos siempre han guerreado tanto antes como actualmente, simplemente porque eso ha sido algo intrínseco del carácter de algunas personas.

Jesucristo profetizó que siempre tendríamos guerras, al decir estas palabras: “Y oiréis de guerras y rumores de guerras...porque levantará nación contra nación y reino contra reino... (Mateo 24:6-7)

Alguien afirmó que en los últimos cuatro mil años ha habido menos de 300 años de paz. Ahora preguntamos, ¿sería esa paz a nivel universal? Casi siempre que vemos el noticiero por la televisión o leemos el periódico nos enteramos de guerras en alguna parte del mundo. Mientras reviso este mensaje estamos en suspenso esperando la decisión de empezar guerra contra Iraque. Debe haber algo equivocado en un mundo que tiene una pasión tan grande hacia la destrucción y la muerte.

El inventor de la bomba atómica, el Dr. Roberto Oppenheimer, dio una entrevista en la cuál le preguntaron: “¿Hay alguna manera de defenderse de esa nueva arma de guerra, esa destructora bomba? El doctor Oppenheimer contestó lacónicamente diciendo: “Sí” Entonces le hicieron otra pregunta: “ ¿Y cuál sería tal defensa?” Las personas presentes aguardaban en suspenso una contestación. “La paz”, contestó el físico.

La paz
Es difícil creer que después de tantos siglos de vivir en la tierra todavía la mentalidad del ser humano, en cuanto a la paz, sea similar a la de los pueblos bárbaros. Todo el mundo está buscando una manera de acabar con las guerras y obtener la paz. Todavía esa meta está muy lejana de ser alcanzada.

Los seres humanos en todo el mundo andan en una búsqueda inefatigable de la paz. Cualquier persona daría cualquier cosa por obtener la paz, una paz satisfactoria que llenaría su vacío interno. También buscan la paz mundial, paz que une a las personas en vez de dividirlas, una paz que pondría punto final a todas las contiendas y peleas.

Hay quienes creen que la paz se logra a través de posesiones, pero la humanidad no ha encontrado la felicidad en el dinero. Otros piensan que habría paz si todas las armas de fuego fuesen destruidas. Entonces, ¿cómo se justificaríamos a Caín, que mató a su hermano sin un pistola o un rifle? El problema es más profundo y se encuentra en los corazones de los seres humanos.

Otros creen que la paz la encuentran en el alcohol o las drogas. Alguien dijo que tanto el alcohol como las drogas son una fuga al vacío, a la nada. Otros aun creen que si acumulan conocimientos podrán disfrutar la paz. Éstos salen a una búsqueda loca de todos los títulos que pueden encontrar, sin el mínimo interés en desempeñar tal función en beneficio de la sociedad.

Existen personas que buscan la felicidad en las grandes religiones del mundo y llegan a participar de las sectas más exóticas o los cultos más excéntricos. Pero tampoco allá alcanzarán la paz. Hemos buscado la paz en los lugares más distantes y más profundos sin encontrar nada satisfactorio. Algunas cosas nos ayudan a olvidar la realidad por algún tiempo, pero al regresar, el sufrimiento es más intenso y el vacío más profundo.

El príncipe de la paz
Jesucristo, descrito en los evangelios de la Biblia Sagrada, es el único que puede obsequiarnos la paz “que sobrepasa todo entendimiento”, nos enseña que sin paz con Dios es imposible obtener la paz en el mundo. Eso es un hecho comprobado.

Cuando la nave espacial Apolo II la enviaron a la luna, su lema era: “Hemos venido en una misión de paz por toda la humanidad”. Este lema está grabado en una placa que los astronautas dejaron en el Mar de la Tranquilidad, en la superficie lunar. Los astronautas encontraron una paz absoluta en la luna por un simple motivo: nadie había estado allá antes de ellos.

Paz a través de la gracia
Escribiendo a la iglesia romana, el apóstol Pablo les recuerda que: “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios” (Romanos 5:1-2 énfasis mío)

Las personas que no conocen la Biblia creen que Dios es un juez tirano y vengativo, siempre buscando cualquier pecado en nosotros para echarnos al infierno. Si tenemos esa idea de Dios no podemos concebir que él nos ama y nos quiere salvar. Él sacrificó a su propio Hijo por nosotros, para enseñarnos su gran amor hacia la humanidad. Todavía no creemos que él nos quiere lo suficiente como para salvarnos sin que tengamos que llegar a la perfección. Eso es algo imposible para nosotros porque somos por naturaleza imperfectos.

Jesucristo dijo: “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”. (Mateo 5:48) Pero este pasaje se saca fuera de su contexto que es el amor. En los pasajes que preceden Jesucristo está hablando sobre el amor. Siempre que hay un pues en un pasaje debemos leer los versos anteriores ya que esa es la manera que los escritores bíblicos resumen sus pensamientos.

Volviendo al pasaje de Romanos 5, podemos concluir que nuestra salvación es por gracia. Es a través de nuestra fe que Dios nos salvará. (Estoy hablando a los que ya se han convertido, claro). Este pensamiento nos llena de paz.

La ciencia no puede darnos la paz
Conozco a muchos psicólogos y psiquiatras que unen sus conocimientos científicos a sus principios cristianos y han ayudado a mucha gente en sus problemas emocionales y mentales. Un amigo psicólogo dijo que la mayoría de los casos que él trata tiene sus raíces en la falta de seguridad y estabilidad. Sin embargo, ni la seguridad ni la estabilidad pueden sustituir la paz interior que solo Dios puede dar. Alguien dijo que los psiquiatras  que no creen en Dios no tardarán en consultarse unos a otros. Sin paz con Dios no es posible lograr la paz. En Efesios 2:14 leemos que Jesucristo es nuestra paz.

La ciencia ha llevado al ser humano a la luna y ahora está estudiando a los planetas, empezando con Marte, pero con todos sus adelantos no puede darnos paz. El conocimiento de cómo y porqué funcionan las cosas en el universo no es tan importante como el conocimiento de Aquel que creó el universo, el Dios Todopoderoso.

¿Dónde se origina la paz?
La Bienaventuranza dice que la felicidad la tiene los pacificadores. Las Organizaciones de la Naciones Unidas, en Nueva York, ha logrado evitar muchas guerras. A través de personas especializadas que hacen negociaciones entre naciones belicosas se ha logrado la paz en muchas naciones del mundo. Sin embargo, el pacificador, al que se refiere Jesucristo, empieza haciendo las paces con Dios. Las personas que durante gran parte de su vida han luchado para mantenerse alejados de Dios, un día, con el corazón quebrantado concluyen que ya no les es posible vivir sin él.

El conocido rey David, del Antiguo Testamento, también era conocido en su tiempo como un gran guerrero. Muchos reinados se rindieron a la poderosa espada de David y su ejército. Tantas fueron las conquistas de David y tanta sangre derramó él en las guerras que Dios no le permitió que construyera su templo. Pero el mismo David escribió: “En paz me acostaré, y asimismo dormiré; porque sólo tú, Jehová, me haces vivir confiado” (Salmos 5:48)

Vivir sin Dios es como querer tocar un disco musical sin que el orificio del mismo esté bien puesto en el estéreo. Podrá hacer ruidos o rayar el disco, pero producir la melodía grabada originalmente en el disco no se logra. Una vez que centramos nuestras vidas en Dios todo lo demás toma su debido lugar y viviremos en armonía.

Es una entrega total

El conocido autor cristiano escocés, Osvaldo Chambers, aboga que no es posible que un cristiano pueda crecer en la fe sin una entrega total. Es escritor habla de un abandono total en el amor y la gracia de Dios. Como dijo la reina Ester cuando estaba por arriesgar la vida, al intentar salvar al pueblo judío: “...si perezco, que perezca” (Ester 4:16). Se trata de una confianza total e inquebrantable que Dios cuidará a los suyos.

Una vez dispuestos a hacer la voluntad de Dios, entregándonos a Jesucristo, actuaremos como el propio Jesucristo actuaba, pensando como él pensaba. Viviremos haciéndonos esta pregunta: “En mi lugar, ¿qué haría Jesucristo?”

Si todavía no te has entregado, no te has rendido a Jesucristo, no puedes disfrutar la paz ni tampoco ser un pacificador. El verdadero pacificador tiene paz con Dios. ¡Haz la paz con Dios hoy mismo!

Preguntas para la meditación y el repaso:

1. ¿Cómo te sientes al enterarte de que existen guerras?

2. ¿Por qué no hay paz en la tierra?

3. ¿A quien llama la Biblia de “Principe de la paz”?

4. ¿Qué es lo que falta a la ciencia para darnos la paz?

5. ¿Cuándo obtenemos paz en el corazón y tendremos la conciencia tranquila?

6. ¿Hasta que punto debo entregarme a Dios para tener paz?

7. ¿Cuál es la pregunta adecuada cuando no sabemos cómo acatuar?

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