Felicidad en el sufrimiento

Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación.
Mateo 5:4

Todos los que hemos vivido unos treinta o más años hemos sufrido perdidas de seres queridos. Y como consecuencia, hemos llorado. Pese la alegría que los amigos nos quieren comunicar y animar, en una ocasión de pesar no hay nada que pueden decir que cambie el estado de animo en que nos encontramos. La muerte de mi mejor amigo hace algunos años me causó llanto y mucho pesar. También la muerte de mis padres fueran épocas muy difíciles para mi.

¿Cuántos no han llorado por las victimas de las Torres Gemelas, de Nueva York, en septiembre de 2001? Pudimos acompañar por la televisión, el sufrimiento de los familiares de la victimas de aquel evento horroroso, el resultado de un acto terrorista. ¿Y los daños causados por el temblor en la Cd. México en 1983?
También me recuerdo el ciclón de Matanzas, Cuba, en el mismo año, el temblor de Colima, México, en 2002, y otras catástrofes.

Vivir es sufrir
El sufrimiento es parte integral de la vida humana. Tanto creyentes como no creyentes sufren igual. La diferencia es que Dios da consuelo al creyente. El sufrimiento hace que anhelemos al cielo. Si en la tierra fuera todo agradable y libre de dolor, no anhelaríamos al cielo.

El sufrimiento nos ayuda a identificarnos con otros que sufren y también con el sacrificio de Cristo en la cruz. El sufrimiento quita el orgullo y la arrogancia. Sólo un corazón contrito o quebrantado puede disfrutar el verdadero gozo divino y consolar a otro que sufre.

El sufrimiento hace del cristiano un seguidor fiel a Dios. Así como el oro tiene que pasar por fuego para refinarse, para quitar todas las impurezas, también el cristiano para quitar impurezas como el orgullo y el egoísmo, tiene que pasar por el fuego del sufrimiento (1 Pedro 1:7)

Jesucristo aprendió obediencia a través del sufrimiento (Hebreos 5:8). La obediencia la aprendió como la aprendimos nosotros, de la manera más difícil. El sufrimiento tanto sucede a los ricos como a los pobres. Nadie está excluido del sufrimiento. Alguien ha dicho: “El terreno es parejo al pie de la cruz”. O sea, el sufrimiento es para todos.

Cómo aliviar el sufrimiento

Al auxiliar a otras personas nuestro sufrimiento, nuestros problemas no parecen ser tan serios. Al mismo tiempo, al ayudar a nuestro prójimo, nos deshacemos de nuestro egoísmo personal (Gálatas 6:2). Jesucristo fue un ejemplo perfecto en la compasión. Él era conocido como el “hombre de dolores” (Isaías 53:3) porque podía sentir el dolor ajeno. Ojalá podamos llegar un día a sentir el sufrimiento ajeno.

Uno de los pasajes más cortos de la Biblia es Juan 11:35: “Jesús lloró”. El llanto es el sentimiento más humano que hay. Hay padres que no admiten que sus hijos varones lloren, porque deben aprender desde niños que son “machos”. Mas, ¿por qué lloró Jesús? Jesús lloró al ver a su amigo Lázaro muerto. Pero también por compasión de las  personas presentes.

Hay mucho consuelo para los que sufren al leer los Salmos. David y otros que los escribieron pasaron por mucho dolor y nosotros podemos identificarnos con ellos. Los pasajes de los Salmos que siguen tienen a ver con el sufrimiento: Salmos 6:4-9; 39:12-13.

Sufrir en la tierra es temporal y pasará. Una vez que el sufrimiento es acompañado de oraciones, de meditaciones, de la lectura de la Biblia Sagrada y sobre todo de la compañía de cristianos sensibles, suele ser más fácil soportarlo. Tenemos la promesa que todas las lágrimas que derramamos de noche serán cambiadas en gozo por la mañana (Salmos 30:5). Según el plan de Dios, sus seguidores deben bajar hasta el valle del pesar antes de escalar las alturas de la gloria espiritual. Hay que sentirse cansado y trabajado de vivir sin Cristo antes de buscar y encontrar un grupo de personas que adora al Dios eterno.

El lloro del arrepentimiento

Como seres humanos no tenemos control sobre el pecado que existe en todo el mundo. Pero como individuos dotados del libre albedrío somos responsables cuando el pecado entra en nuestra vida. Porque “todos hemos pecado y necesitamos la gloria de Dios” (Romanos 3:23). Todos lamentamos cuando somos victimas del pecado.

El cuarto paso de los Alcohólicos Anónimos dice que debemos hacer un inventario de nuestra vida, una lista de las cosas buenas y todos los pecados. Luego, el séptimo paso, dice que debemos entregar todos los pecados que hemos cometido a Dios quien nos limpiará todas las fallas. Se siente un gran alivio tras haber confesado todos los pecados que nos recordamos y luego pedir que Dios nos los limpie antes de empezar una vida nueva en Cristo. Dios dijo: “... convertíos a mí con todo vuestro corazón, con lloro y lamento” (Joel 2:12)

El llanto del arrepentimiento no es una manera de apenarse por algo que hicimos, sino un llanto que nos lleva a Dios para que nuestros pecados nos sean perdonados. Cuando Pedro predicó sobre Jesucristo, recordando a los presentes de la muerte del mismo, sus corazones fueron quebrantados profundamente. Luego preguntaron: “¿Qué haremos? Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados y recibiréis el don del Espíritu Santo” ( Hechos 2:38). Nuestro deber es arrepentirnos. Dios hará lo demás: la conversión, la transformación y el perdón.

Es difícil hacer que las personas cambien, sobre todo en lo que concierne a la voluntad que es tan terca y tan habituada a una vida diferente a la que Dios espera de cada uno. Pero cuando eso sucede es como si una vértebra que estuviese fuera de su sitio volviera al lugar original. En vez de tensión hay una perfecta armonía con Dios y la serenidad de la reconciliación.

La promesa de consuelo
He aquí unos pasajes sobre el sufrimiento para tu meditación:
Salmos 23:1-4  “Jehová es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar; Junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma; Me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre. Aunque ande en valle de sombra de muerte, No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; Tu vara y tu cayado me infundirán aliento”.
Salmos 71:20-21 “Tú, que me has hecho ver muchas angustias y males, volverás a darme vida, y de nuevo me levantarás de los abismos de la tierra. Aumentarás mi grandeza, y volverás a consolarme”.
Salmos 121:2 – “Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra”.
¿Tienes esperanza en tu corazón? ¿Estás seguro de que, si murieras ésta noche irías al cielo a vivir con Cristo para siempre? Eso es posible, si confías en el Señor; él te llevará al Padre después de tu ultimo suspiro aquí en la tierra. Jesucristo fue al cielo a prepararnos lugar para que estemos con él en la eternidad. (Juan 14:2-3)
“Bienaventurados o dichosos los que lloran”. Ellos son felices porque saben que su porvenir está asegurado. El dolor que ahora sienten es como el dolor de parto, que es una preparación para un nuevo nacimiento en un nuevo mundo. Están felices o alegres porque dice la Palabra de Dios que: “si somos muertos con él también viviremos con él; si sufrimos también reinaremos con él” (2 Timoteo 2:11-12)
Conclusión
Mientras Dios nos da un poco de tiempo, por su misericordia, espera que tomemos una decisión: seguirle a él y su Palabra o rechazarle a ambos. Quizás ese tiempo sea corto, lleno de frustraciones e iras, amarguras y temores, pero hay tiempo. Es el tiempo de pensar en Dios, en su amor a un pueblo desobediente; en el envío de su Hijo Jesucristo que sufrió en la cruz por nosotros. Tiempo de acercarse a él a través de un cambio de vida, una confesión, un bautismo y una vida nueva. Jesucristo tiene el poder de transformarte y de darte una vida eterna. ¡Decide ya!

Preguntas para meditación y repaso:

1. ¿Cómo se puede encontrar la felicidad en el sufrimiento?

2. ¿Qué es el sufrimiento?

3. ¿Cómo se puede aliviar el sufrimiento?

4. ¿Por qué solemos esconder las lágrimas?

5. ¿Qué debemos hacer cuando alguien arrependido llora en la iglesia?

6. ¿Cuál es la promesa de consuelo que encontramos en la Biblia?

8. ¿Qué clase de esperanza encontramos en 2 Timoteo 2:11-12?
 

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