¿Está lleno tu tanque?

Hechos 2:1-4 

Mientras los judíos esperaban, como todavía esperan al Mesías, los discípulos de Cristo esperaban la llegada del Espíritu Santo. Y en ese capítulo Lucas lo narra con todo el poder de su pluma. El Espíritu no llegó en silencio. Vino de tal manera que nadie pudo ignorar su presencia.

Los únicos que pudieran participar de aquel momento fueron los discípulos de Cristo, los apóstoles, cuyas vidas fueron radicalmente cambiadas de aquel momento en adelante. Me imagino la sorpresa de aquellos pescadores y obreros sencillos que de repente empiezan a hablar en otras lenguas y llenarse de una energía y un valor como jamás habían experimentado. Ya no habría temor a los judíos, tampoco había en su corazón ninguna duda de que Jesucristo era el Mesías esperado. En contramos al Espíritu Santo a través de todo el libro de Hechos, como personaje central del libro.

Nos rendimos a Cristo al creer en él y al confesarlo como Hijo Unigénito de Dios, nos arrepentimos de nuestros pecados y somos bautizados en el nombre del Padre, Hijo y Espíritu Santo. Al bautizarnos Dios nos quita todos los pecados y el vacío que queda lo llena con el Espíritu Santo. A veces en nuestros sermones damos más énfasis en el bautismo que en el Espíritu de Dios. Sin su Espíritu seríamos cristianos mojados pura e simplemente. Tanto el sacrificio de Cristo en la cruz como la venida del Espíritu Santo definen nuestra vida como cristianos. Basta leer todo el libro de Hechos para ver como el Espíritu de Dios opera como evangelista y también trabaja en el proceso de madurar a los cristianos.

El conocido Movimiento de Restauración, de las iglesias de Cristo, tiene como meta lo siguiente: “Hablar donde la Biblia habla; callar donde la Biblia calla”. Ese es un buen principio. Sin embargo, falta algo de mucha importancia que es: “Enfatizar lo que la Biblia enfatiza”. El Nuevo Testamento enfatiza a Cristo y al Espíritu Santo: su obra y celo evangelístico. En eso debemos centrar nuestra predicación.

Muchos, por temor de ser identificados como pentecosteses, no tocan en ese tema. O quizás porque no lo predican porque no lo conocen. Y como consecuencia tenemos iglesias desprovidas de poder para enfrentar a Satanás simplemente porque se evita hablar en ese tema central del Nuevo Testamento.

Algunos se refieren al Espíritu Santo como una cosa mientras la Biblia siempre le trata como una persona. Así como tratamos a Dios y a Jesucristo como personas de la deidad, también debemos incluir al Espíritu de Dios como parte de la “casa” de Dios. Eso no quiere decir que creemos en varios dioses. No. Nos referimos a Jehová Dios como el Padre, el Creador y sustentador del universo, el que toma las decisiones más importantes; a Jesucristo como el Dios Hombre, que por ser humano, nos identificamos con él y él con nosotros. Cristo tuvo su misión de despojarse de todo lo que era divino, vivir como siervo y morir como criminal. Al terminar su misión Cristo prometió que no nos dejaría huérfanos o desprotegidos. Para eso nos envió el Espíritu Santo que ddebería vivir en nosotros, ayudándonos a hacer la voluntad divina. (Ver Galatas 5:22-23)
 
Por mucho tiempo creí que el Espíritu Santo era algo místico sin saber casi nada acerca de él, y sin planes de investigar su función. Nunca ha sido un tema difundido en nuestro movimiento. Juzgaba que solo pasó a existir después de la ascensión de Cristo al cielo. La realidad es que el Espíritu es Dios (igual que Cristo y el Padre), son las tres características de Dios en una persona. Un comentarista bíblico recomienda esto: “Escribe en letras mayúsculas: EL ESPÍRITU SANTO ES UNA PERSONA, no es una excitación; ni es solo poder; ni es solo energía. No es la personificación de las buenas cualidades de la misma manera que el conejito no es la personificación de la pascua. De verdad, el Espíritu Santo no es la personificación de nada. Él representa individualidad. Él es un ser y nada más; tiene voluntad e inteligencia, puede escuchar, tiene la habilidad de amar, ver y pensar. También puede escuchar, hablar, querer, entristecerse y gozarse. El Espíritu Santo es una persona que siempre existió. En el idioma original, tanto hebreo como griego, la palabra espíritu (pneuma) significa “aliento” o “aire”. En la versión bíblica inglesa antigua del Rey Santiago, lo llaman “Fantasma Santo” (en inglés: Holy Ghost).
Leemos en Génesis 1:2: “Y la tierra estaba sin orden y vacía, y las tinieblas cubrían la superficie del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la superficie de las aguas”. Y en 2:6: “Pero se levantaba de la tierra un vapor que regaba toda la superficie del suelo”.
 

Y hay centenas de otros pasajes que tienen que ver con el aliento y el Espíritu de Dios, por tanto, nos enteramos que estamos leyendo sobre el mismo tema. Las dos palabras son sinónimas de la personalidad de Dios. He aquí informaciones importantes acerca del Espíritu Santo:
•    El Espíritu siempre existió; leímos en Génesis que estuvo presente en la creación.
•    Adán se transformó en ser viviente por el Espíritu Santo que siempre ha vivido
•    Leemos en el Antiguo Testamento acerca de personas que de repente se llenaron del Espíritu Santo
•    El Espíritu del Señor se apoderó de Elías (1 Reyes 18:46) ayudándole a huir de Acab
•    El Espíritu del Señor vino a Sansón dándole poder contra el enemigo (Jueces 15:14)
 

La diferencia entre el pueblo del Antiguo Testamento y los de la dispensación del Nuevo es que en el Antiguo el Espíritu estaba con ellos por poco tiempo y luego se iba. Ahora lo tenemos habitando en nosotros eternamente, con el mismo poder de la época de nuestro Señor Jesucristo. Ese es el Espíritu que vive en el creyente todo el tiempo.
 

El Juan 14:16-18 Jesucristo hace una gran promesa: “Y yo rogaré al Padre, y El os dará otro Consolador para que esté con vosotros para siempre; es decir, el Espíritu de verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque ni le ve ni le conoce, pero vosotros sí le conocéis porque mora con vosotros y estará en vosotros. No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros”.
Las palabras de Cristo en esos versos son muy relevantes al tema. Por ejemplo: Él dice que el Consolador estaría con nosotros para siempre. Viviría en nosotros y estaría en nosotros. ¡Eso significa que el Espíritu vino en Pentecostés para quedarse!
 

Con el poder del Espíritu Santo podremos vivir la vida cristiana en su plenitud, proclamando el evangelio tanto con lo que hacemos (nuestras obras), como con lo que decimos.
Mira lo qué pasó a los apóstoles al recibir el Espíritu. Antes de recibir el Espíritu, anduvieron con Cristo durante tres años: vivieron con él, durmieron con él, platicaron con él, recibieron sus enseñanzas a cada hora del día y noche. Sin embargo, cuando crucificaron a Cristo, ¿dónde estaban ellos? Escondidos, llenos de temor, acobardados. Aun después que Cristo resucitó y apareció a ellos y a centenas de otros, no les vemos sin temor a los judíos, ni apresurándose para ir a todo el mundo y predicar el evangelio a toda criatura.
 

Aquellos hombres eran pobres e ignorantes, no tenían posición de importancia en la sinagoga. No era la clase de personas que hoy reclutaríamos para cambiar el mundo. Con frecuencia discutían entre ellos, se ofendían con facilidad, eran impulsivos y prejuiciosos. No eran la clase de personas que alguien elegiría para una misión tan importante. Pero la historia no termina aquí.
Con la llegada del Espíritu Santo, se llenaron de poder como jamás lo tuvieron. De repente, Pedro, de pie en frente a miles de personas empieza a predicar; luego todos empezaron a hablar en otras lenguas. Les llevaron a los jurados, quienes les amenazaron de muerte. Sin embargo, siguieron predicando las buenas nuevas, sanando a los enfermos y a los cojos. La única diferencia en la vida de aquellos hombres en Hechos era la presencia del Espíritu Santo.
 

Durante tres años los discípulos vivieron con Cristo. Fueran testigos de de un sinnúmero de milagros, de su muerte y resurrección. Sin embargo, necesitaron el poder del Espíritu para transformarse en los líderes que hoy conocemos. Y lo mismo debe pasar a nosotros.
 

También nosotros tenemos acceso al mismo poder. Los que creemos en Jesucristo como Señor y Salvador y le hemos confesado como el Hijo de Dios, nos hemos arrepentido y fuimos bautizados, tenemos el Espíritu Santo. Eso es promesa de Dios. (Hechos 2:38) El mismo poder que motivó a los discípulos en el primer siglo también mora en nosotros. Asimismo pocos sabemos cómo valernos de ese poder para que nuestra vida y ministerio sean fuertes y efectivos.
Hoy, mientras manejaba rumbo a la oficina, me fijé que había una lucecita encendida en el tablero del carro. La luz tenía la forma de una bombita de gasolina, lo que indica que el tanque estaba casi vacío. No importa la buena marca del carro ni los caballos de fuerza que dice tener el motor. Tampoco influye el hecho del tener un buen aparato de sonido. Sin gasolina no lo puedo usar. Puede ir cuesta abajo por un tiempo, pero al acabar el impulso, necesitará gasolina. Así es el creyente que ignora la importancia del Espíritu. Puede vivir bien mientras su vida sigue sin crisis, como el auto cuesta abajo. Pero al llegar una crisis, ¿cómo la podrá enfrentar?
 

El Espíritu Santo puede auxiliarnos de muchas maneras. Los que practican medicina saben que algunas enfermedades son curables y otras no. Los que hablamos otras lenguas sabemos cuanto nos ha  costado aprenderlas. Sin embargo, todo es más factible con la ayuda del Espíritu Santo que fortalece al creyente y su fruto en mi vida es amor, gozo, paz, bondad, etc. según leemos en Gálatas 5:22-23.
Mientras Cristo es hijo de Dios, el Espíritu Santo es poder de Dios. Ambos son Dios pero con propósitos distintos. Tanto Dios como Cristo están en el cielo; solo el Espíritu Santo está cerca, habita en nuestro corazón y nos asegura que no estamos solos. (Juan 14)
 

También, es a través del Espíritu Santo que somos capaces de amar a los no amables, a ministrar a los marginados, servir a los que nos rechazan, y también a edificar el reino de Dios. (Rom. 5:5)
Otro día pasé por una iglesia que se reunía en las afueras de la ciudad adonde vivo. El edificio sencillo casi no se distinguía de las viviendas de aquel lugar. No fuera por el letrero en la fachada sería imposible saber que allí en el pasado se reunía la iglesia de Cristo. Al acercarme me fijé que estaba cerrada y ya no la utilizaban. Al mirar el edificio casi en ruinas imaginé qué pasaría ya que no había más el grupo de cristianos a quien muchas veces prediqué y desfruté su comunión. ¿Por qué estaría abandonado? Me pregunté. Puede que omitieron el poder del Espíritu Santo, optando hacer la obra con sus propias fuerzas. El resultado ha sido fatal.
 

Conclusión:
Traje un foco conmigo esta mañana. Pensemos en este foco como algo como nosotros los creyentes. Somos la luz del mundo. Todo en este foco parece funcionar bien. La lámpara esta bien, el interruptor funciona correctamente, todo está debidamente ensamblado como debería estar. Sin embargo, no funciona. ¿Por qué? Porque se me olvidó poner las baterías. Ése pudiera ser el foco más caro posible, bañado a oro, con una lámpara de 3,000 voltios, pero sin baterías no sirve para nada. Quizás lo podríamos usar como martillo, pero no es esa la misión del foco.
Son las baterías que dan a ese foco poder para iluminar el camino en la oscuridad. Son las baterías que hacen con que haya luz.  Y es el Espíritu Santo quien nos da poder, nos permite trabajar a nivel óptimo. Mientras usamos el poder del Espíritu Santo podemos hacer todo para Cristo. Necesitamos llenarnos del Espíritu Santo. Sin él nada somos y sin él podremos hacer muy poco. Solo con el Espíritu Santo podremos revolucionar el mundo con el mensaje de Cristo. Con él podremos iluminar un mundo en tinieblas.
Cuando estamos llenos del Espíritu Santo, podemos ser como pequeños Jesucristos en el mundo. ¿Tiene tu vida el poder del Espíritu Santo para que puedas brillar la luz de Dios en tu mundo? Sino estás como un carro con el tanque vacío.
Oración: “Señor, en el nombre de Cristo, dame un poco más de tu Espíritu para llenar el vacío de mi vida”. Amén.
 

Preguntas para meditación y repaso:
1. ¿Se te ha acabado la gasolina del carro alguna vez cuando estabas lejos de una gasolinera?
2. ¿Cuál es la meta del Movimiento de Restauración?
3. ¿Qué es la tercera cosa que falta a ese Movimiento?
4. ¿Es el Espíritu Santo algo que existió solo en el Nuevo Testamento?
5. ¿Qué fue que hizo que los discípulos llevaran a cabo los propósitos de Dios?
6. ¿Cómo es que recibimos el don del Espíritu Santo?
7. ¿Cuál es el fruto del Espíritu Santo?
8. ¿Cómo es que el Espíritu Santo auxilia al cristiano en su misión de agradar a Dios?

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