Escuchando voces

El reino del Ungido del SEÑOR

 Lecciones del Salmo 2  

    1¿Por qué se sublevan las naciones,
         y los pueblos traman cosas vanas?
    2Se levantan los reyes de la tierra,
         y los gobernantes traman unidos
         contra el SEÑOR y contra su Ungido, diciendo:
    3¡Rompamos sus cadenas
         y echemos de nosotros sus cuerdas!
    4El que se sienta en los cielos se ríe,
         el Señor se burla de ellos.
    5Luego les hablará en su ira,
         y en su furor los aterrará.
    6Pero yo he consagrado a mi Rey
         sobre Sión, mi santo monte.
    7Ciertamente anunciaré el decreto del SEÑOR
         que me dijo: "Mi Hijo eres tú,
         yo te he engendrado hoy.
    8"Pídeme, y te daré las naciones como herencia tuya,
         y como posesión tuya los confines de la tierra.
    9"Tú los quebrantarás con vara de hierro;
         los desmenuzarás como vaso de alfarero."
    10Ahora pues, oh reyes, mostrad discernimiento;
         recibid amonestación, oh jueces de la tierra.
    11Adorad al SEÑOR con reverencia,
         y alegraos con temblor.
    12Honrad al Hijo para que no se enoje y perezcáis en el camino,
         pues puede inflamarse de repente su ira.
         ¡Cuán bienaventurados son todos los que en El se refugian!
(Salmos 2:1-12)

Un entrenador de béisbol de las ligas mayores llamado Casey Stengel, que vivió de 1890 a 1975, por mucho tiempo fue apoderado de los Yankes de Nueva York. Casey también formó parte de la mesa directiva de un banco en California. Así acostumbraba describir sus deberes de director: “Es muy fácil. Vas a un salón de reuniones muy bien decorado y al llegar todos empiezan a charlar. Si no dices nada, nadie se entera si eres inteligente o necio”.

Stengel tenía razón. Si no abrimos la boca la gente no se enterará si somos inteligentes o no. Lamentablemente, con frecuencia abrimos la boca y pronto se enteran de nuestra necedad. Prov. 10:19 dice: “En las muchas palabras, la trasgresión es inevitable, mas el que refrena sus labios es prudente”.

Una de las maneras más rápidas de meterse en problemas es abriendo la boca, hablando demasiado, diciendo cosas inadecuadas.

Un historiador norteamericano, Hill Durant, dijo: “Hablar es barato porque la cantidad excede a la demanda”.  Prov. 11:2 afirma: “Cuando viene la soberbia, viene también la deshonra; pero con los humildes está la sabiduría”. En tanto, Prov. 18:7 dice: “La boca del necio es su ruina, y sus labios una trampa para su alma”.

Hablar no es nuestro problema más serio; creo que escuchar sin interrumpir es un problema aún más serio. Siempre estamos escuchando a alguien, escuchamos sus voces, ¿pero que voces escuchamos con más detenimiento? En Éxodo 19 leemos que Moisés escuchaba a Dios en el monte Sinaí y eso fue bueno, muy bueno. Mientras, leemos en Éxodo 32 que en el valle, Aarón escuchaba a la gente y eso era malo, muy malo. Prov. 8:34-35, en cuanto a la sabiduría, asegura: “Bienaventurado el hombre que me escucha, velando a mis puertas día a día, aguardando en los postes de mi entrada. Porque el que me halla, halla la vida, y alcanza el favor del SEÑOR”. La sabiduría de Dios dice: “Escúchame, escucha mi voz y serás bendecido”.

Satanás también habla. Fue él quien habló a Judas Iscariote. Debe haber hablado directamente a su corazón, estimulando su avaricia, y mira lo que aconteció a Judas… Probablemente Satanás también habló a un hombre llamado Demas. En II Timoteo 4:10 dijo Pablo: “…pues Demas me ha abandonado, habiendo amado este mundo presente, y se ha ido a Tesalónica; Crescente se fue a Galacia y Tito a Dalmacia". La indicación es que Demas abandonó a Pablo por el mundo al dejar también a Cristo. Demas escuchó a Satanás en vez de escuchar a Dios. Lo escuchó a través del mundo.

El mundo está constantemente hablándonos por la televisión, por las películas, libros, periódicos, etc. ¿Le escuchas? De cierta forma sí. ¡Toma precauciones en cuanto a quién escuchas! De la misma manera que la fe viene por el oír la Palabra de Dios, podemos asegurar que la duda viene al escuchar exclusivamente fuentes de información no bíblicas.

Hay voces hablándonos constantemente. ¿A quién escuchas?  ¿A quién escuchas con más frecuencia? Necesitamos tener precaución acerca de las voces que escuchamos. Necesitamos discernir las voces alrededor de nosotros.

Basado en el Salmo 2, he aquí algunas voces que debemos llevar en cuenta ya que pueden influenciarnos tanto negativa como positivamente:

    1.    La voz de la provocación
    2.    La voz del escarnio
    3.    La voz de la declaración
    4.    La voz de la decisión

1. La voz de la provocación                                                                                                             El presidente Bush padre dijo cierta vez: “No me gusta el brócoli, como jamás me ha gustado. De niño mi mamá me forzaba a que lo comiera. Ahora que soy el presidente de los Estados Unidos, no comeré brócoli”.

Hay cosas peores contra los cuales rebelarse que el brócoli. Lo peor sería rebelarse en contra del Creador del brócoli. Todos pasamos por un período de rebeldía en nuestra adolescencia. En esa época cambiamos la opinión de nuestros padres por la nuestra. En el proceso casi siempre hay algo de rebeldía; unos adolescentes se rebelan más que otros, dependiendo de su personalidad. Si los padres toman el tiempo necesario para explicarles que ese es un fenómeno de la adolescencia, entonces su transición a la vida adulta es menos difícil.

Sal. 2: 1-2 dice: “¿Por qué se sublevan las naciones, y los pueblos traman cosas vanas? Se levantan los reyes de la tierra, y los gobernantes traman unidos contra el SEÑOR y contra su Ungido, diciendo: La voz de la provocación proviene de las naciones que no permiten el control de Dios”.

El faraón de la antigüedad endureció su corazón en contra de Dios y del pueblo de Israel. En Éxodo 5, cuando Moisés y Aarón se presentaron a él, les dijo: "El Dios de Israel dice, ‘Deja ir a mi pueblo’ pero el faraón provocó a Dios y sus mensajeros diciendo: ‘¿Quien es Dios para que obedezca y deje ir el pueblo de Israel? No conozco a Dios y no permitiré que se vay“a el pueblo de Israel”’. Pero finalmente dejó a que fuese el pueblo de Israel. Hay en toda parte líderes de naciones que provocan a Dios.
El gigante Goliat provocaba al pueblo de Dios. I Samuel 17:10 dice: “De nuevo el filisteo dijo: Hoy desafío a las filas de Israel; dadme un hombre para que luchemos mano a mano”. Al provocar el ejército de Israel, Goliat estaba provocando al propio Dios. 

Poco tiempo después, en I Samuel 17:26 se nos narra: “Entonces David habló a los que estaban junto a él, diciendo: ¿Qué harán por el hombre que mate a este filisteo y quite el oprobio de Israel? ¿Quién es este filisteo incircunciso para desafiar a los escuadrones del Dios viviente?” Conocemos el resto de la historia. Solo un necio provoca a Dios; tampoco es sabio provocar a su pueblo, a su iglesia y a sus líderes.

Líderes que provocan                                                                                                                     El pueblo alemán, bajo en mando de Hitler provocó a Dios con sus actos de crueldad al pueblo judío. Aunque Hitler decía ser algo semejante a un cristiano, nada estaba más lejos de la verdad. Su provocación le costó bien caro.

Dicen que en fines de la Segunda Guerra Mundial, Hitler se hizo prematuramente senil o loco. En 29 de abril de 1945 se casó con Eva Braum y dictó su testamento político en defensa de sus actos. El día 30 del mismo mes, dijo adiós a unos cuantos militares, se fue a su recamara y allí se pegó un tiro, mientras su esposa, en otro cuarto se envenenó.

Prov. 16:18 afirma: “Delante de la destrucción va el orgullo, y delante de la caída, la altivez de espíritu”.

¿Y Saddam Hussein? ¿Qué clase de hombre fue él? ¿Qué tipo de líder? La CIA dice que él no era un líder cualquiera. Lo que le hacia diferente fue su crueldad: mataba a miles de sus conciudadanos a sangre fría y luego disfrutaba ver grabaciones de las matanzas. El autor Dr. Khidhir Hamza dice: “Saddam es mentalmente enfermo. Le da mucho placer causar dolor a la gente. Siempre ha sido un carnicero”. Saddam es provocador que provoca tanto a la creación como al Creador. Su tiempo llegará. Ahora lo están juzgando y pronto recibirá el castigo por sus crímenes. 

Naciones que provocan                                                                                                                Las naciones pueden provocar cuanto quieran, pero llegará un día en que tendrán que pagar por lo que hacen. Esas naciones pronto se desintegran y el pueblo inocente sufre las consecuencias.
Salmos 107:10-11 dice de ellos que son “Moradores de tinieblas y de sombra de muerte, prisioneros en miseria y en cadenas, porque fueron rebeldes a las palabras de Dios y despreciaron el consejo del Altísimo”. No es sabio provocar a Dios de ninguna manera. La voz de la provocación un día se callará.

2. La voz del escarnio
Sal. 2:4 afirma: “El que se sienta en los cielos se ríe, el Señor se burla de ellos”. Oí decir que según encuestas llevadas a cabo por la Universidad de Michigan, un niño se ríe un promedio de 150 veces al día, en tanto que el adulto se ríe un promedio de 15 veces. Prov. 17:22 compara: “El corazón alegre es buena medicina, pero el espíritu quebrantado seca los huesos”. Si un corazón alegre o la risa son buenas medicinas, ¿cuál sería el resultado de un corazón triste o enojado?

Dicen los entendidos que la risa es uno de los tónicos más conocidos por el hombre. Es también una de las emociones más poderosas que una persona puede expresar. La otra es el amor. La risa puede curar la ansiedad, controlar el estrés, la depresión, el temor y la preocupación. También puede estimular el proceso de sanar. La risa tiene grandes beneficios médicos, sicológicos, sociales y aun espirituales. La risa es como un ejercicio emocional.

Un estadounidense, al saber que tenía un cáncer incurable, empezó un tratamiento un poco diferente. Compró (antes de los videos), películas del Gordo y el Flaco, de los tres necios, y de Carlitos y hasta de Cantinflas, y las veía todos los días. En el inicio tuvo que forzar la risa, pero al pasar el tiempo se entretenía riéndose de las peripecias de los cómicos. Poco a poco el cáncer desapareció de su cuerpo. La risa constante le sanó.

Si esta información es correcta -y estoy seguro que la es-, entonces ¿por qué no nos reímos más?
Salmos 2:4-5 dice: “El que se sienta en los cielos se ríe, el Señor se burla de ellos. Luego les hablará en su ira, y en su furor los aterrará”. El Señor de los cielos se ríe. Estoy convencido de que Dios se ríe de nosotros en el cielo. Él es el creador de la risa. Debe ser su voluntad que nos riamos. 

Adolfo Hitler, Saddam Hussein, Osama Ben Laden y muchos otros, de estos se ríe Dios. Todo ellos creen ser dioses. Pero Dios se ríe de su conducta, ya que sabe lo que pasará con ese pueblo cuya risa es escarnecedora. Dios se ríe y dice: “Pueden salirse con la suya ahora. Pero no tardará mucho cuando verán, con gran sorpresa, a quien de veras controla el mundo”. 

Dios se ríe de nuestros planes                                                                                                          Una vez me retó un hermano a que orase a Dios pidiéndole algo que solo él podía hacer. Muchos de nuestros planes son tan raquiticos que no necesitamos a Dios para llevarlos a cabo. Basta un poco de planear, una buena administración de las finanzas,  ¡ y presto! lo logramos. Debemos pedir a Dios por cosas que solo él las puede lograr. A Dios no le importa épocas de crises financieras en la tierra, no le importa si el gobierno es de derecha o de isquierda, si hay hartura o si falta trabajo. La promesa que tenemos es que las puertas del infierno no prevalecerán contra la iglesia o reino (Mateo 16:18) Lo que pedimos a Dios para bendecir su reino él no lo concederá. Gloria y honor a él.

Hermanos, Dios todavía es Dios. No tengan miedo, ni se preocupen. No anden ansiosos por nada. Dios continúa en su trono y continuará por siempre. Jehová es Dios, Cristo es Dios y el Espíritu Santo también es Dios. El Señor puede resolver cualquier problema. Nada o nadie es más poderoso que Dios.
Dios es todopoderoso y se ríe de los supuestamente poderosos del mundo. Así como Dios puede reírse con risa burlona, nosotros también podemos reírnos con él. ¡Únete a Él con tu risa! Levanta la cabeza y ten siempre en mente que Dios es quien gobierna.

3. La voz de la declaración
Salmos 2:7-9: Ciertamente anunciaré el decreto del SEÑOR que me dijo: ‘Mi Hijo eres tú, yo te he engendrado hoy. Pídeme, y te daré las naciones como herencia tuya, y como posesión tuya los confines de la tierra. Tú los quebrantarás con vara de hierro; los desmenuzarás como vaso de alfarero."
Cuatro predicadores conversaban acerca de temas de la Biblia. Dijo uno: “Eso es lo que dice la Biblia, no es lo que quiere decir”. Una niña se acerca y dice: ‘Hermano, si Jesucristo y sus apóstoles no sabían lo que quería decir, ¿cómo se ha enterado usted?”’ 

Hermanos, no tenemos el derecho de decirle a Dios lo que él cree y lo que no cree. Dios gobierna por decreto y no por democracia. No tenemos el poder de votar en lo que Dios hace en ninguna hipótesis.
Dijo un joven universitario a su madre: “He decidido que quiero seguir la carrera de la ciencia política porque deseo limpiar la corrupción en el mundo”. Al que le contesta su mamá: “Haces bien. Puedes empezar limpiando tu cuarto”. 

A veces nos encontramos en una discusión acalorada o en un debate con alguien, ya sea un amigo, un enemigo o un familiar. Pero hay alguien con quien no se puede discutir: con el Dios todopoderoso.
La Palabra de Dios es la Palabra inspirada de Dios. Los decretos de Dios son finales. Él siempre tiene la palabra final en todo. Podemos tener nuestras ideas, opiniones o interpretaciones, pero la Palabra de Dios debe ser la autoridad final en cualquier tema. Alguien dijo: “Revelación es lo que dijo Dios. Interpretación es lo que creemos que dijo Dios”. Y a veces nuestras interpretaciones no son correctas.
La voz de la declaración, es la voz de Dios. Y su voz declara que Jesucristo es su Hijo y salvador del mundo. Punto final.

Juan 14:6 dice así: “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí”.
Hechos 4:12 dice: Y en ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres, en el cual podamos ser salvos”.
1 Juan 2:22-23 dice: “¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Este es el anticristo, el que niega al Padre y al Hijo. Todo aquel que niega al Hijo tampoco tiene al Padre; el que confiesa al Hijo tiene también al Padre”. 

Esos son mandamientos de Dios. Dios ha declarado muchas cosas en su Palabra que la gente, para su propio beneficio, debe escucharle. Contaba un viejo predicador: “Hace un tiempo, un director de una escuela dijo a sus maestros: ‘No le digan a los alumnos que obedezcan. Eso es anticuado. Díganles que colaboren’. Colaboración es una palabra que mi papá no usaba cuando yo era niño. Si no colaboraba, él se encargaba de asegurarse que lo hiciese”. Los mandamientos de Dios son finales. Si la gente no quiere colaborar, él mandará el castigo que les corresponde.

4. La voz de la decisión
Salmo 2:10-11: Ahora pues, oh reyes, mostrad discernimiento; recibid amonestación, oh jueces de la tierra. Adorad al SEÑOR con reverencia, y alegraos con temblor”. Un jugador de golf profesional jugaba en un torneo con el ex presidente de los Estados Unidos, Gerald Ford, con Jack Nicklaus y con Billy Graham. Después del juego, otro jugador preguntó: “Oiga, ¿qué tal fue jugar con el presidente y con Billy Graham?” El jugador numero uno contestó disgustado: “No me gusta que Billy Graham me haga tragar su religión contra mi voluntad”.  Y luego se fue.

Su amigo le siguió y le preguntó: “¿Cómo se portó Billy Graham mientras jugaban?” El profesional se detuvo y contestó un tanto avergonzado: “No, él no mencionó nada de religión mientras jugábamos”. 
Billy Graham no había dicho nada acerca de religión, no obstante, después del juego el jugador profesional le acusaba de querer forzarlo a escuchar acerca de religión.

Quizás la mera presencia del predicador cerca del profesional de golf le hizo sentirse forzado a mencionar religión. Puede que el Espíritu Santo le tocó el corazón y reaccionó como hacen los paganos.
Y a ustedes, ¿será que el Espíritu Santo les está tocando profundamente en el corazón para que tomen la decisión de seguir a Dios? 

El Espíritu Santo convenció a los que estaban presentes en Jerusalén el día de Pentecostés cuando Pedro predicó estas palabras: “Sepa, pues, con certeza toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo” (Hechos 2:36).
Pedro les dijo que se arrepintieran, que cambiaran de forma de vida y que se bautizaran en el nombre de Cristo. Y acto seguido, el Espíritu Santo de Dios se movió y les motivó a que decidieran: “Entonces los que habían recibido su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil almas” (Hechos 2:41).

¿Cómo es que el Espíritu Santo se manifiesta en tu vida? ¿Será que su poder te mueve a seguir a Cristo y servir al Maestro? El lunes pasado caminaba hacia la tienda. Antes de entrar en la tienda me fijé que había un carro parado frente a la puerta, esperando por alguien. Al acercarme al carro, vi a una anciana que se dirigía al carro, cargada de bolsas llenas de alimentos. Iba a pasar de largo, pero me detuve y ayudé a la anciana a poner las bolsas en su carro. Creo que fue el Espíritu de Dios que me movió a hacer lo que hice. 

La voz de la decisión es la voz del Espíritu de Dios que nos habla: “Ven a Cristo, ríndete a él, ámale y sírvale”.

Conclusión:
Escuchar con atención es como sintonizar una emisora de radio. En la radio solo escuchamos una emisora cada vez. Y si estamos escuchando la radio y la esposa empieza a hablar, sería mejor apagar la radio y escuchar a la esposa. Si es el marido que está hablando, la esposa debe hacer lo mismo.
Hay voces que nos hablan y vienen de todas partes. Hay voces que debemos ignorar y no hacerles caso. No hacer caso a la voz desafiante y provocadora del mundo será para nuestro propio bien.  Pero cuando habla Dios, debes escucharle.

Mateo 7:24 aconseja: “Por tanto, cualquiera que oye estas palabras mías y las pone en práctica, será semejante a un hombre sabio que edificó su casa sobre la roca”. Y Cristo, en Mateo 11:15, nos ordena: “El que tiene oídos, que oiga”. 

Preguntas para la meditación

    1. ¿Qué es lo que te hace sentir perplejo?
    2. Cuando ves las noticias, ¿qué es lo que más te molesta?
    3. Según Salmo 2 ¿Qué es necesario para que un líder de una nación tenga éxito?
    4. ¿Qué más es importante para ser un líder exitoso?
    5. ¿Es posible ser creyente en Cristo y aun ser un líder exitoso? ¿Cómo?
    6. ¿Cómo se puede tener al Señor como nuestro refugio?
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