El terreno minado del predicador

No permitas que peligros ocultos destruyan tu ministerio 

De cuando en cuando Dios bendice a un predicador con tremenda e inesperada popularidad. La congregación dónde él predica crece muy rápidamente. Todos quieren ser miembros de su congregación o quieren aprender su método de crecimiento. La gente empieza a hacer predicciones acerca del efecto de su liderazgo en la generación futura. Lo triste es que hombres como eses no pasan la prueba del tiempo. Su ministerio o falla o simplemente poco a poco se esfuma. Después de pocos años, nos preguntamos: “¿Qué pasó con ellos?”

    Líderes jamás planean salir del camino trazado por Dios. Pero Satanás suele engañarles en pensar que es posible seguir orgullosos, autocráticos, aislados de personas a quien deberían prestar cuentas, o secretamente son complacientes acerca de las elecciones que hacen en privado. Pero sufren al separarse del compromiso absoluto de la voluntad de Dios y de su camino.

    Algunas personas creen que el enemigo usa maneras obvias para desviar el curso del predicador hacia una batalla donde tiene su arsenal tenebroso. Pero, la verdad es que la mayoría de su arsenal son minas mortales escondidas. Cuando se desvían de la voluntad de Dios y se encuentran en terreno que está repleto de pecado y corrupción, las minas de Satanás explotan debajo de sus pies dejándolos traumados. Sentimientos de culpabilidad, vergüenza, y pesar rápidamente erigen una barrera entre el predicador y Dios, que eventualmente impiden el desarrollo de su ministerio.
 

Minas espirituales destruyen al predicador
Las minas espirituales que son las más comunes incluyen el orgullo, los celos, la envidia, la inseguridad, las concesiones, el desanimo, el temor, el rencor, la inmoralidad sexual y la pereza. Esas son trampas de Satanás que él pone en el camino para que el mensajero del evangelio no disfrute el amor e Dios.

    En primer lugar Satanás quiere dañar el acercamiento del predicador a Dios. El Señor nos creó para que tener comunión con nosotros. Su gran satisfacción es que nosotros le amemos. Pero eso es imposible si estamos luchando contra pensamientos de concesiones morales, de temores, de inseguridades y de orgullo.

    El orgullo hace con que el predicador ponga su persona en primer lugar, arriba aun de Dios.  El que pisa en la mina del orgullo, no creyendo ser necesario llevar en consideración quien le dio el don para el ministerio. Prefiere enfocar en sus logros y pensar: “¡Miren lo que he logrado!” Y empieza a creer en las alabanzas acerca de su enseñanza, liderazgo, o consejería. La persona que es orgullosa pronto empieza a valorar su ministerio más que su devoción personal hacia al Señor. Dios puede permitirle vivir con su orgullo por algún tiempo, pero todo terminará en catastrofe (Prov. 16:18)

    Segundo, el enemigo quiere desviar el predicador del Señor. Él quiere que enfoquemos tan solo en nosotros, y usará tentaciones de desanimo, de inseguridad, de temores y celos para lograr su propósito. Vivimos en un mundo de comparaciones, donde nos entrenan los medios de comunicación a que miremos a los en frente de nosotros y no los que están atrás. Pensamos: “¿Estoy yendo en buena marcha? ¿Estoy logrando mis metas en el tiempo pré-establecido?

    Dios se interesa básicamente en una sola cosa: Un enfoque correcto. El Señor quiere que el predicador esté enfocado en él y en su voluntad. Cuando los pensamientos están enfocados en el Padre celestial, él provee el discernimiento necesario para encontrar las minas y desarmarlas mientras se apartan de la tentación del pecado. Si un pensamiento viene a la mente, se puede pedir a Dios para que le sea franco y le diga la verdad en nuestro corazón. Por ejemplo, quizás sean tentados a medir su éxito espiritual en el numero de miembros, de bautismos o cuan grande es el edificio, o la ofrenda. La verdad es que la aprobación de Dios él la basa en su amor incondicional hacia nosotros. Nada llena más de gozo el corazón de Dios que cuando le rendimos la vida a él, seguimos su guía, y caminamos íntimamente con él, seguros de que él tiene nuestro destino bajo control.

    Tercero, el Diablo tiene como meta principal el desanimarnos. Él quiere que nos desanimemos. Él nos tienta a que nos entreguemos al pecado. Y si lo hacemos, él susurra acusaciones en nuestra mente, diciéndonos que horrible somos. Él cree que si puede manipular suficiente las circunstancias caeremos en su trampa y nos desanimamos. Una cosa que el enemigo utiliza con frecuencia es el pecado sexual, porque esa trampa detiene el ministerio, lo paraliza. Eso no tan solo provoca vergüenza y tristeza sino también causa sentimientos de inutilidad y aislamiento. El resultado es devastador: no tan solo hacia el predicador, sino a su familia y a la congregación que lidera.

    Nadie es una isla espiritual. Necesitamos unos a otros. Mi oración, predicador hermano, es que encuentres a un cristiano maduro con quien puedas confesar tus pecados y tener una amistad intima. Pide a Dios para proporcionar en tu vida un amigo que es más cercano que un hermano carnal, que te puede animar cuando estés débil (Prov. 18:24). Cualquiera que sea el problema con que luchas ahora, no estarás solo. Busca la ayuda que necesitas antes que el desanimo mine tu ministerio.

    Finalmente, Satanás quiere que el predicador tenga dudas y temor. Una persona temerosa es presa fácil para el enemigo. He tenido mis épocas de pesar profundo. La tentación de dudar la bondad de Dios es enorme. Dios en su fidelidad me recordó una Escritura que conocí de joven: “¿No te mandé yo? Sé fuerte y valiente. No temas ni te desmayes, porque el Señor tu Dios estará contigo dondequiera que vayas”. (Josué 1:9) Jamás tenemos razón para llenarnos de temor porque el Dios soberano del universo nos ama con un amor eterno, tiene un plan para nosotros y está comprometido en vigiarnos.

Cómo detectar y descubrir las minas de Satanás


1. Entrega tu vida al Señor. Un acercamiento íntimo con Dios es la línea de defensa más importante que tienes. Si todavía quieres controlar ciertas partes de tu vida, entonces ya estás parado en medio del terreno minado. Tu próximo paso puede ser mortal. Sin pensar en las consecuencias, las personas se hacen celosas, controladoras y rencorosas. Comprometen sus convicciones, abren la puerta a la inmoralidad, o se hacen perezosas en el corazón y en la mente, y luego imaginan por qué la vida se hizo oscura y tormentosa. En el campo de batalla de Dios, rendirse no es menear a bandera blanca de la derrota. Sí ese es el paso osado hacia la victoria, paz y bendición. Amigo mío, decida ahora mismo someter diariamente tu voluntad a Dios.

2. Pídale a Dios que te revele su verdad. En Efesios 6, Pablo lista las varias partes de la armadura de Dios. Creo que todas mas mañanas poner la armadura es una parte esencial de hacer parte de las fuerzas armadas de Dios. Hay una sola arma ofensiva que él nos ha dado y es que estemos firmes en la fe, mientras nos enfrentamos a los ataques de Satanás. Es la misma arma que Jesucristo usó cuando enfrentaba la tentación del enemigo: la Palabra de Dios, que es la verdad eterna revelada al hombre. El tiempo que dedicas a solas con Dios casi siempre eso se transforma en la preparación de sermones. Por eso, intenta leer una versión diferente de la Biblia, o la parafraseada. No importa la versión que lees. Lo importante es que la leas.

3. Comprométete seguirle, aun en tiempos de dificultad. No hay maneras de escapar la desilusión y el dolor en esta vida. Todo predicador pasa por épocas difíciles, pero eso no debe desanimarte. La adversidad es una herramienta poderosa en las manos de Dios. Casi siempre, las dificultades que nos enfrentamos ofrecen  oportunidades para que Dios ponga a la prueba nuestra fidelidad. Dios sabía cómo usar la desilusión personal y la frustración en la vida de Moisés para entrenarle a liderar a los israelitas. Todos aquellos años que pasó en el desierto sirvieron de preparación para algo más grandioso. No desperdicies ni la vida ni el tiempo llenando tu corazón de sentimientos de rencor y de celos. Al contrario, sé agradecido mientras Dios te permite esperar por tus bendiciones. Podrás sentirte como si Dios se haya olvidado de ti, o que te ha hecho a un lado, pero Dios aun no ha terminado contigo. Si le confías, probarás su bondad en la hora correcta y de la mejor manera.

4. Pídale a Dios discernimiento y sabiduría divina. La oración es absolutamente esencial si quieres evitar las minas de Satanás. Pide a Dios que te enseñe más acerca de él mismo para que así conozcas su manera de ser y evitar las trampas satánicas. Dios conoce a cada una de las minas que el enemigo ha escondido en tu camino. Confía en el Espíritu Santo para que Dios limpie tu camino y te enseñe a seguir su voz. Entonces, sí estarás listo a obedecer su llamada. La obediencia a Dios no tan solo expone las minas escondidas en tu camino sino que te prepara una senda segura para seguir adelante sin dificultades. Las tácticas del enemigo no tienen con que destruirte. En Cristo Jesús eres más que vencedor (Rom. 8:37). 

    El blanco más fácil de Satanás es un predicador o líder cristiano que cree poder controlar totalmente su vida, que raramente hace un balance espiritual o emocional. Admitir a Dios tu debilidad es permitir que su poder opere en tu vida. Dijo Pablo: "Cuando soy debil, entonces soy fuerte". No andes solo. Qué diariamente cuentes con la protección de Dios en tu caminar buscándole  en oración y en su Palabra. Así, al llegar la hora de  la tentación basta con que te decidas ir por el camino de Dios y él te dará las fuerzas para lograr una victoria segura.

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