El Señor es mi pastor

 

    El SEÑOR es mi pastor, nada me faltará. 2 En lugares de verdes pastos me hace descansar; junto a         aguas de reposo me conduce. 3 El restaura mi alma; me guía por senderos de justicia por amor de su     nombre.  4 Aunque pase por el valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estás         conmigo; tu vara y tu cayado me infunden aliento. 5 Tú preparas mesa delante de mí en presencia de     mis enemigos; has ungido mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando. 6 Ciertamente el bien y la         misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa del SEÑOR moraré por largos días.
    (Salmos 23:1-6)

El Salmo 23 es indudablemente el capítulo más amado en toda la Biblia. Con frecuencia lo leemos en épocas de tristeza y de pesar, en los funerales, pero esta vez me gustaría que lo miráramos de manera un poco distinta.

A. El Salmo 23 comienza con estas palabras familiares: “El Señor es mi pastor; nada me faltará”.

Cuando alguien dice que no le falta nada, podemos asegurar que estamos hablando con una persona madura, ya que en nuestra era es raro encontrar a una persona que reconoce tener de todo. La mayoría de las personas jamás parecen estar satisfechas y casi todos quieren más.

He aquí un poema que lo voy a traducir y espero poder transmitir el mensaje original:

    Era primavera. Pero era el verano que yo quería: días calientes y largas excursiones por el campo.
    Era verano. Pero era el otoño que yo quería: árboles cambiando de color, clima templado y seco.
    Era otoño. Pero era el invierno que yo quería: vacaciones, fiestas de Navidad y año nuevo.
    Era invierno. Pero era la primavera que yo quería: la naturaleza en flor, la expectativa de buen tiempo.
    Era niño. Pero quería ser adulto: la libertad, el respeto.
    Tenía 20 años. Pero quería tener 30: ser maduro y sofisticado
    Tenía 40 años. Pero quería tener 20: la juventud, la energía
    Estaba pensionado. Pero quería tener mis 40 años: la presencia de la mente, sin limitaciones.
    Luego mi vida se acabó y jamás logré alcanzar lo que quería.

    •    Un niño quiere más juguetes y ver la televisión por más tiempo.
    •    Un adolescente quiere más libertad y más popularidad.
    •    Los adultos queremos más posesiones y más tiempo libre.
    •    Ciertamente, al envejecer, queremos mejor salud, más amigos y más lealtad de los hijos.

Una vez preguntaron al magnate americano Nelson Rockfeller: ¿Cuánto dinero se necesitaría para ser feliz? Al lo que contestó: “Un poquito más”. La humanidad sin Cristo es generalmente insatisfecha.

Sin embargo, Pablo al escribir estas palabras a los Filipenses, parecía estar contento con lo que tenía: “Sé vivir en pobreza, y sé vivir en prosperidad; en todo y por todo he aprendido el secreto tanto de estar saciado como de tener hambre, de tener abundancia como de sufrir necesidad” (4:11-12).

Obviamente Dios quiere que seamos un pueblo feliz y satisfecho. No debemos ser inquietos ni envidiosos, siempre quejándonos por lo que no tenemos. Lo que necesitamos es desarrollar un espíritu agradecido que nos identifica como pueblo de Dios.

Con el mensaje del Salmo 23 en mente, consideremos tres grandes razones para ser agradecidos:

I. El buen pastor provee todo lo que necesitamos                                                                          Con frecuencia en el Nuevo Testamento a los seres humanos nos comparan a ovejas. Pero todos sabemos que eso no es necesariamente un piropo, ya que la oveja es uno de los animales más tontos y sucios que hay. Por tanto, cuando Isaías dice: “Todos somos como ovejas descarriadas”, no está diciendo: “Eso es bueno”. Lo que sí está diciendo es: “Eso es malo, porque estamos hartos de las ovejas”.

A. Seres humanos comparados con ovejas
Cuando Cristo tuvo compasión de la gente que le seguía, los escritores de los evangelios dijeron: “Son como ovejas sin pastores”. Eso tampoco fue algo positivo, sino una inquietud, ya que las ovejas son inútiles cuando están solas.

Un hombre que trabajó de pastor de ovejas por algún tiempo escribió un libro titulado: “El Salmo 23 visto por un pastor”. En ese libro menciona que las ovejas requieren más atenciones que cualquier otro animal, ya que son inútiles sin el pastor.

A no sea que el pastor las guíe a otras partes, las ovejas permanecen en el mismo lugar hasta que se comen todo el pasto y dejan el suelo finalmente infértil. Las ovejas son miopes y muy testarudas, también se asustan con facilidad. Todo el rebaño puede esparcirse con la aproximación de un simple conejito.

Las ovejas tienen pocos recursos para defenderse. Son criaturas tímidas y débiles. El único recurso que disponen, en el caso de que el pastor no esté presente para protegerlas, es correr. Las ovejas no saben cómo encontrar el camino de su casa, no tienen el instinto. Los gatos, los perros y los caballos sí pueden encontrar el camino de casa, pero una oveja se pierde. Y al perderse, será su fin, excepto si alguien la encuentre.

Por lo tanto, el principio básico del Salmo 23 es que las ovejas no sobreviven sin el pastor. El motivo de que David pueda decir: “Nada me faltará”, es porque le precede la siguiente afirmación: “El Señor es mi pastor”.

B. ¿Qué es lo que hace el buen pastor por las ovejas?                                                                     El verso 2 dice así: “En lugares de verdes pastos me hace descansar”. El buen pastor guía las ovejas a pastos verdes donde encuentran mucho para comer y no tardarán en llenar su estómago. Aquí vemos entonces a las ovejas tan satisfechas que no tienen ganas de nada más. Están tan contentas que se acuestan en el pasto para descansar.

El Señor siempre provee de todo para nosotros. Pocos somos los que pasamos hambre. De hecho, tenemos tanto que algunos tenemos que hacer dietas o vivir en constante disciplina en cuanto a la ingestión de alimentos.

Otra vez llamamos la atención para examinar el estilo con que David escribió el Salmo. “Me hace descansar”: A las ovejas hay que hacerlas que se acuesten.

En el libro mencionado arriba, el autor dice que para que una oveja se acueste o descanse, son necesarias 4 condiciones favorables:

1. La primera: Tienen que estar satisfechas, llenas de hierbas. Ovejas con el estómago vacío se mantienen de pie buscando alimento.

2. La segunda: No pueden tener miedo. Jamás descansarán si tienen temor. A la más mínima sospecha de que hay lobos u osos cercanos, estarán listas para huir.
3. La tercera: Deben estar contentas. Si moscas o pulgas les molestan no descansarán. Deben estar cómodas para poder descansar.

4. Finalmente: Las ovejas no descansarán a menos que haya armonía en el rebaño. Si hay algo de fricción, simplemente no podrán relajarse y acostarse.

Pero Dios nos hace descansar de vez en cuando. Estamos siempre yendo de un lado a otro, con prisa, intentando cumplir con compromisos y obligaciones. En las carreras tendemos a omitir las cosas más importantes. Así que, de vez en cuando, Dios tiene que decirnos: “Debes descansar”, y permite que tengamos una enfermedad, o un disgusto, para detenernos y hacer que reevaluemos nuestras prioridades y encontremos lo que es de veras importante.

C. “Junto a aguas de reposo me conduce”. Hay comentaristas que opinan que las ovejas temen a las aguas corrientes. Son malas nadadoras y se hunden al mojarse la lana. Sería como si intentáramos nadar usando dos abrigos de lana o dos gabardinas. Por tanto, cuando el pastor se acerca a un arroyo de aguas rápidas, no hace que beban las ovejas. Lo que hace es construir un pequeño dique, formar una ciénaga para que beban en “aguas de reposo”.

Dios conoce nuestras debilidades. Él nos guía a aguas serenas. Promete protegernos de tentaciones que no podemos enfrentar solos. Él nunca hace que enfrentemos situaciones que vayan más allá de nuestras fuerzas (1 Cor. 10:13).

Escribió el salmista: “Por eso, que todo santo ore a ti en el tiempo en que puedas ser hallado; ciertamente, en la inundación de muchas aguas, no llegarán éstas a él.  Tú eres mi escondedero; de la angustia me preservarás: con cánticos de liberación me rodearás.
(Sal. 32:6-7)

Hay un drama cristiano que muestra a un niño que trabajaba en un taller de carpintería de su papá en la ciudad de Jerusalén. Él niño se quejaba de sus quehaceres, de la ayuda que daba a su papá para construir una cruz de pino. El papá le explicaba que necesitaba ayuda ya que había recibido un contrato de Roma para la construcción de varias cruces.

En la escena siguiente el niño lloraba. “¿Qué te pasa?” preguntó el papá. Él niño contestó: “Estuve en el mercado y ví a Jesús de Nazaret, el hombre que nos gusta escuchar predicar, y llevaba una cruz, una de nuestras cruces. ¡Le llevaron al Gólgota y le clavaron en esa misma cruz!”

El papá replicó diciendo: “Oh no, hijo, aquella no era nuestra cruz. Otras personas en Jerusalén también construyen cruces. Aquella no la hicimos nosotros”. “Sí, papá, la hicimos” -afirmó el niño- “Mientras no me mirabas, esculpí mi nombre en la cruz que hacíamos. Cuando Cristo llevaba su cruz, cayó muy cerca de mí. ¡Cuando le miré vi que mi nombre estaba grabado en la cruz!”

Mi nombre y el tuyo también estaban en aquella cruz. Él murió en nuestro lugar. Él fue a la cruz para restaurar nuestra alma.
Es eso lo que escribe el apóstol Pedro: “…y Él mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre la cruz, a fin de que muramos al pecado y vivamos a la justicia, porque por sus heridas fuisteis sanados. Pues vosotros andabais descarriados como ovejas, pero ahora habéis vuelto al Pastor y Guardián de vuestras almas” (1 Pedro 2:24-25).

E. “me guía por senderos de justicia por amor de su nombre”. Un pastor descuidado puede guiar su rebaño a sendas muy inclinadas y peligrosas donde pueden caer las ovejas. Pero un pastor cuidadoso guía su rebaño por caminos seguros.

La Biblia enseña claramente que hay dos sendas, o caminos, que podemos tomar. Uno lleva a la destrucción y Satanás intenta llevarnos por ese rumbo. Es un camino derecho y plano; con frecuencia parece ser el camino lógico que debemos tomar.

El otro es la senda de la justicia que lleva a la gloria que Dios está preparando para nosotros. Con frecuencia ese camino es angosto y lleno de obstáculos. Pero el buen pastor conoce el mejor camino para guiar sus ovejas al camino de justicia.

Por lo tanto, esto es un acto de amor que le debemos agradecer. Agradezcamos a Dios porque Él nos provee de todo lo que necesitamos, inclusive un camino seguro.

I. Al enfrentar la muerte, el buen pastor nos protege de todo mal                                               Seamos agradecidos porque en la última hora de vida, el buen pastor nos protegerá para que el maligno no nos lleve al lugar de sufrimiento eterno.

A. “4Aunque pase por el valle de sombra de muerte,
no temeré mal alguno”. El temor a la muerte puede perturbarnos en gran manera. Hebreos 2:15 habla de “…librar a los que por el temor a la muerte, estaban sujetos a esclavitud durante toda la vida”.

La Biblia declara en varios pasajes que la muerte es un arma de Satanás, el último enemigo a ser vencido. Pero David dice: “4Aunque pase por el valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno”. ¿Por qué?: “…porque tú estás conmigo”.

Un niño del primer grado se paró en frente de los alumnos de su clase e hizo un discurso titulado: “Lo que quiero ser cuando sea grande”. Lo empezó así: “Quiero ser un domador de leones y tener varios leones feroces. Entraré en la jaula y los leones rugirán“. Hace una corta pausa pensando en lo que había dicho y agrega: “Claro, tendré a mi mami a mi lado todo el tiempo”.
 
Estoy convencido de que cuando la muerte ruja hacia nosotros, no tendremos miedo porque nuestro Salvador estará con nosotros. Aun si tan solo lleguemos a la orilla del valle de muerte o de veras lo crucemos, estaremos seguros porque podremos decir como David: “Tú estás conmigo”.

B. De hecho, David continúa diciendo: “5Tú preparas mesa delante de
mí en presencia de mis enemigos”. ¡Piensa en esto! En el momento en que Satanás esté preparando lo peor, que es la muerte, Dios estará preparando una fiesta de bienvenida en el cielo. ¡Es la victoria del cristiano fiel!

Siempre que nos detenemos para dar las gracias a Dios, hay que estar agradecido que al enfrentarnos a la muerte el buen pastor garantiza nuestra protección del maligno.

II. En el juicio, el bueno pastor promete vida eterna                                                                       A. Finalmente, escucha esto: “…has ungido mi cabeza con aceite;
 mi copa está rebosando. 6Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa del SEÑOR moraré por largos días”.

¡Qué cuadro maravilloso! Cuando nos paremos frente a Dios en el día del juicio, su misericordia estará presente. Ya que Dios es un Dios de justicia, deberíamos ser castigados por nuestra desobediencia. Sin embargo, gracias al sacrificio de Cristo confiamos en su misericordia y su perdón.

Un predicador comparó nuestra necesidad de la misericordia de Dios a un marido descuidado. Él relató: “Imaginen maridos que estén en el centro comercial con sus amigos y se distraen en una tienda de deportes y uno de ellos se le olvida mirar el reloj. De repente se acuerda que debería haber buscado  a su esposa en la peluquería a las 2:30, pero ya son las 4:00 horas.

“Corre al primer teléfono y llama la peluquería preguntando si su esposa todavía se encuentra allí. La persona que contesta dice que salió hace tiempo. El marido piensa: ‘¡Estoy perdido!’ Los amigos preguntan: ‘¿Qué pasó?’ El marido contesta: ‘Se me olvidó buscar a mi esposa hace una hora y media. Mis cuñados cenarán con nosotros y esta era para ser una noche especial. Pero se me olvidó buscarla y eso arruinará todo’.

“Entonces el marido regresa al teléfono y habla a su casa y le contesta su hijo a quien le pregunta: ‘¿Está tu mamá?’ El hijo contesta: ‘Papá, de ninguna manera debes venir a la casa ahora. Mamá apenas llegó, vino a pie. ¿Has mirado a la calle? Está lloviendo. Empezó a llover cinco minutos después de que ella empezó a caminar hacia la casa”.

“¿Que tal se ve?’ pregunta el marido más arrepentido que nunca. A lo que el niño contesta: ‘Bien, papá, ¿has visto al perro cuando entra en la casa en día de lluvia? Ella se parece a algo así como a un perro mojado. Adiós papi, te quiero mucho’.

“El marido sabe que está metido en un mundo de problemas. De todas maneras se va a la casa. Al llegar a la casa, se da cuenta que los cuñados también están llegando. El marido se apresura para tratar de arreglar las cosas con la esposa antes que entren sus familiares.

“El pobre marido abre la puerta e intenta asumir la expresión más humilde posible: hombros caídos, cara de pordiosero, pálido. La esposa lo recibe en silencio y con pensamientos de muerte y le increpa: ‘Prometiste ir por mí a las 2:30. Yo caminé media hora bajo la lluvia con tacones altos para llegar a la casa. ¿Adónde estuviste?”

“¿Qué puede decir el marido en su defensa? ¿Decirle que se dio un golpe en la cabeza en la tienda, que le dio amnesia y se olvidó de la cita? ¿O que unos terroristas atacaron la tienda y le detuvieron como rehén durante varias horas? No. Busca dentro de sí todo el valor que todavía le queda y dice la verdad: ‘Cariño, lo siento pero se me olvidó. No tengo ninguna excusa, simplemente se me olvidó’. Finalmente la esposa le contesta: ‘Ya sabía que te habías olvidado. Anda, dame un beso y olvidemos lo que pasó’.

Ahora me pregunto si fuera yo: ¿Qué clase de beso le daría a mi esposa en una ocasión como esa? Obviamente un beso prolongado y un abrazo como el que solo le damos a nuestra esposa. Luego le diría: ‘Cariño, eres la mejor esposa del mundo. Te quiero mucho. Gracias por perdonarme y por comprenderme’.

B. La próxima vez que escuches hablar de la bondad de Dios, o cuando le adoras con cantos y oraciones, o aun cuando en la iglesia te recuerdan de la misericordia y la gracia de Dios, ¿le darás tan solo un frío beso en la mejilla? ¿O le abrazarás, le amarás y le agradecerás por ser tan comprensivo y misericordioso? La respuesta es obvia.

Conclusión:
En este momento, si el Señor es tu pastor, quiero que sepas que él está buscando a la oveja perdida. Si no puedes encontrar el camino de casa, necesitas tomar la mano de Dios, porque Él conoce el camino. Él te regresará y te limpiará todos los pecados. Él te pondrá en la senda de justicia, hará que rebose tu copa y su bondad y misericordia te acompañarán todos los días de tu vida.

Y en un futuro no muy lejano, “en la casa del SEÑOR moraré por largos días”. ¿Estás preparado para eso? Entonces te invito a que respondas a la invitación de Dios mientras nos ponemos de pie y cantamos.


Preguntas para la meditación:

    1. ¿Cuándo fue que el Salmo 23 te sirvió de consuelo?
    2. ¿Dónde fue que escuchaste el Salmo 23 por primera vez?
    3. ¿Por dónde puede pasar el ser humano sin temor alguno?
    4. ¿Cuándo tenemos a Jehová como nuestro pastor, qué nos faltará?
    5. ¿Dónde podemos ir para consolar personas angustiadas o enfermas?
    6. ¿Cómo evitar platicas superficiales y consolar al hermano que sufre?
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