El poder de una iglesia que ora

Hechos 4:23-31 

Para que haya una demostración del poder de Dios a través del principio de evangelismo, necesitamos una vida dedicada a la oración. Hechos 4 es la narrativa de una iglesia que oraba. En los versos 23-31 Lucas registra las marcas de una iglesia dedicada a la oración.

Hay cosas maravillosas que acontecían cuando oraba esa iglesia. Cosas extraordinarias sucedían cuando los miembros se ponían de acuerdo en algo y oraban por ello. Porque cuando aquella iglesia oraba, un terremoto derrumbó el edificio. Mientras oraban todos los creyentes se llenaron del Espíritu Santo. Cuando la iglesia oraba podían hablar de Cristo osadamente. Cuando la iglesia oraba tenía gran poder y mucha gracia sobre cada miembro. Cuando ellos oraban cosas maravillosas acontecían.

Creo en el Señor que cuando una iglesia ora el poder de Dios se hace presente entre los miembros. El poder de Dios opera a través de una iglesia que ora. Señales y maravillas o milagros, salvación y saneamiento, loor y adoración, todo eso acontece en el contexto de una iglesia que dedica tiempo a la oración.

Podemos orar, creer y recibir o podemos orar, dudar y no recibir. Pero el poder de Dios opera en y a través de una iglesia que ora.

La Iglesia en Seúl
Hay una iglesia en Seúl, en la Corea del Sur, que ha sido grandemente bendecida por Dios. El pastor de aquella iglesia enseña dos cosas a sus miembros: Orar y dar testimonio. En muchas otras áreas de la doctrina quizás no conozcan bien, pero se dedican de lleno a la oración y a dar testimonio de Cristo. Cada domingo la iglesia está abarrotada desde de las seis de la mañana a la medianoche. Tienen servicios continuos  para suplir las necesidades de todos los miembros. Hay gente de pie en todos los cultos de adoración. Con frecuencia el pastor pide a los miembros que se queden en casa una vez al mes para que los demás puedan asistir a los cultos de la iglesia y recibir la salvación de Cristo. Ese es un testimonio poderoso de lo que puede hacer Dios a través de una iglesia que ora y da testimonio. Dios puede llenar cualquier edificio. Sin embargo, el problema está en nosotros y no en Dios.

Normalmente en nuestras iglesias eso de dar testimonio no es muy bien recibido, sobretodo cuando lo hacen durante el culto. El testimonio lo damos más a los de fuera, aquellos que todavía no hacen parte de la iglesia del Señor. Hay los que creen que no se debe dar testimonio. Sin embargo, el predicador en todos los sermones invariablemente da su testimonio.

Si Cristo no nos ha cambiado la vida, ¿entonces como esperamos ayudar a cambiar la vida a los demás?

El patrón que encontramos en la primera iglesia es que ellos oraban y lo hacían con frecuencia. Ya es hora en que decidamos empezar a orar como iglesia siempre que posible. Así como tenemos instrucción de Dios que cada miembro debe orar, también debemos orar como iglesia. Nos reunimos con frecuencia pero para estudiar y no para orar. Debemos hacer a ambos. Necesitamos conocer la Palabra de Dios. Pero no lo necesitamos tanto como para que el estudio tome el lugar que debe ocupar la oración de la iglesia unida. Hay muchos más mandamientos en cuanto a la oración e inferencia que la iglesia primitiva oraba con frecuencia, que hay mandamientos en cuanto al estudio en conjunto.

Bueno, en la iglesia siempre ha habido problemas y siempre los habrá mientras estemos en el mundo. Por ejemplo:

•    Proclamar el evangelio también es un problema.
•    Callarse cuando llega la hora de hablar de Cristo es otro problema.
•    Lograr resultados espirituales de nuestro ministerio también es un problema. En su mayoría,              juzgamos los resultados por lo que vemos, pero la obra del Espíritu raramente la vemos y eso                también pasa a ser un problema.
•    Encontrar líderes para hacer la obra de Dios y dirigir ministerios en la iglesia es otro problema. Nos      faltan personas capacitadas y con la motivación cierta para que les encarguemos esos puestos en la      congregación.
•    Las finanzas es un problema muy serio: La ofrenda sube y baja; la gente ofrenda según se siente,         según la economía o si les gusta o no lo que se hace en la iglesia o lo que dice el predicador.
•    La falta de unidad en la iglesia también no deja de ser un problema, como lo es discipular nuevos          miembros.
•    Hacer discípulos es un problema porque algunos no quieren ser sumisos, no se entregan a la                  autoridad espiritual, al Espíritu de Dios.

Hay solo un líder en la iglesia, Jesucristo, pero a veces queremos que nuestra voluntad prevalezca y eso crea problemas de proporciones mayores.

Aunque sean serios, esos problemas no son peligrosos. Los más peligrosos son la falta de oración en la vida de la iglesia; eso sí es un peligro. Si resolvemos el peligro de la falta de oración a nivel iglesia, todos los demás problemas serán resueltos. Las dificultades pronto desaparecerán, barreras serán removidas cuando la iglesia tenga un ministerio de oración que sea poderoso y efectivo.

Dijo un amigo mío predicador de una iglesia de 20,000 miembros: “Cuando trabajamos; trabajamos. Cuando oramos; trabaja Dios”.

La bendición de una iglesia que ora es que se transforma en una iglesia reavivada. Nos apresuramos cuando es hora de congregarnos, intentando no retrazarnos. Al reavivarnos nos apresuraremos. Cuando nos reavivamos nuestras voces cantarán bien alto y en armonía loores a Dios. Nos olvidaremos las voces desafinadas y nos concentraremos en el Señor y le glorificaremos tanto con cantos como con oraciones. Una iglesia que ora unida es una iglesia reavivada.

Una iglesia que ora es una iglesia que adora. La congregación que no adora es una que tampoco ora. Pero si oramos, la oración generará espontaneidad en el culto. Nos olvidaremos la manera de adorar de los demás y nos concentraremos en la adoración en espíritu y verdad, y glorificaremos al Padre celestial. Pero la adoración verdadera solo acontece como resultado de la oración.

La iglesia que ora es una iglesia que se interesa en ganar almas para Dios. El motivo porque no tenemos más conversos al Señor es porque no oramos por conversiones. Una iglesia que ora específicamente por la conversión de ciertas personas llegará a ganar muchas almas para el reino de Dios. ¿Por qué no pedir a los hermanos a que lleven a la reunión de oración nombres de personas que les gustaría se hiciese cristianas? Escribir los nombres en el pizarrón y orar por todas esas personas. ¿Por qué no orar por cada problema o necesidad de cada miembro o visitante?

Cuando la iglesia ora, también ofrenda. Una iglesia que ora no se preocupará en rendirse a si misma y su dinero como ofrendas a Dios. No se preocupará donde viene el dinero o cómo lo usarán en la iglesia. Pero si no oramos tampoco ofrendamos. El corazón de la persona que ora su se ablanda a las cosas de Dios. Las necesidades de la iglesia son cosas que están muy cerca al corazón de nuestro Señor.

Pero sobretodo, la iglesia que ora es una iglesia espiritual, no es carnal. Habrá menos pleitos, contiendas o enfoques en cosas sin importancia, porque la mirada de todos estará puesta en Cristo. Una iglesia espiritual, donde la gente está madurando, creciendo en el Señor, auxiliándose mutuamente es una iglesia espiritual, no es un lugar frío, aburrido y sin vida. No cerrará las puertas como la iglesia de mi ciudad.

Por lo tanto, deducimos que hay un solo problema en la iglesia y que es el siguiente: Motivar a todos los miembros de la iglesia a que doblen sus rodillas y oren a Dios en conjunto. Es muy difícil hacer con que los que dicen ser de Dios participen de la reunión de miércoles o cualquier otro día dedicado a la oración. Dijo Dios: “… si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro…” (2 Crón. 7:14).

Hermanos y amigos éste es el problema. Todavía no hemos aprendido la importancia y el poder de la oración. Si hay reunión de oración en la iglesia los miércoles y si después de la reunión hermanos siguen orando, el poder de Dios estará presente los domingos y habrá conversiones, y personas sanadas. Todo eso porque estaremos activos durante toda la semana orando, en comunión con Dios. Pero si el miércoles hay tan solo estudios bíblicos, en su mayoría repetitivos, no habrá calor en los cultos de domingo. El énfasis debe ser en la oración.

¡Qué hagamos de la oración una necesidad en vez de una formalidad!

Lucas, el escritor de Hechos, escribe el verso apropiado: “Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios” (4:31). La iglesia que ora es una iglesia poderosa.

He aquí, en seguida, algunas marcas de la iglesia que ora. Si ya existen en la congregación, ¡gloria a Dios! Si no, sería bueno incluirlas. Son 4 las marcas de una iglesia que ora, a saber:

I. Tiene ganas de seguir orando. Una iglesia que ora reconoce la importancia suprema de la oración; reconoce también sus ganas de orar siempre y sin cesar.

La oración de la iglesia es algo así como el oxigeno. Lo necesitamos  para vivir. La iglesia necesita oraciones para llevar a cabo sus metas. Esa importancia de la oración la encontramos en los líderes de la iglesia de Jerusalén. En Hechos 3, tanto Pedro como Juan eran predicadores que oraban aparte de predicar. Es obvio en ese pasaje que ambos conocían la importancia de la oración del pueblo de Dios reunido ya que no faltaron a esa actividad. Ellos asignaban horarios para la oración. Así que, en la hora asignada, Pedro y Juan fueron reunirse con la iglesia para orar - todos unidos.

Ellos sabían cómo orar porque el Señor les había enseñado. Los discípulos le preguntaron: “Señor, enséñanos a orar”. Conocían el modelo perfecto para la oración efectiva ya que el Señor les dio algo así como un patrón de oración. Él les enseñó diciéndoles esto: “Vosotros, pues, oraréis así”. Ellos sabían cómo hablar con Dios; sabían que él estaba presente escuchando sus ruegos y súplicas.

Pocos saben cómo orar, tanto desde el pulpito como desde las bancas. Predicadores suelen predicar cuando deberían tan solo orar. Si el concepto de la oración de parte de los líderes es débil entonces lamentablemente el concepto de los miembros será igual.  Sin embargo, el concepto de la oración a nivel iglesia era importante para dos predicadores Pedro y Juan. Y cuando estaban lejos del cuerpo de Cristo, la iglesia, siempre oraban con suplicas y ruegos en el Espíritu.

En Hechos 4 Pedro y Juan estaban en la cárcel. Mientras tanto, la iglesia oraba por ellos. Cuando sus líderes estaban en dificultades la iglesia oraba por ellos. Me gustaría ver una iglesia que, en la ausencia de su predicador se reuniese para orar. No me refiero que hagan una reunión de negocios u otra actividad, sino reunirse tan solo para orar. No para votar; no para decidir algo. No. Solo para orar.

Luego, al salir de la cárcel Pedro y Juan (v. 23) fueron directamente donde se reunía la iglesia. Fueron a contarles lo que les había pasado. Y cuando los reunidos escucharon todo aquello, “alzaron unánimes la voz a Dios” (v. 24) Cuando los predicadores contaron a la iglesia cómo los sacerdotes paranoicos les amenazaron, la iglesia decidió orar por ellos. ¡Eso es algo maravilloso! Los dos predicadores no necesitaron pedirles que orasen por ellos; la iglesia automáticamente alzó sus voces a Dios y oró.

Niños necesitan que se les digan lo que hacer; adultos no. La iglesia sabía que era hora la de orar.  Hermanos, ahora es hora de orar. Pocos se dedican seriamente a orar por su predicador. Pero aquí en el capítulo 4 encontramos dos predicadores que tenían problemas con las autoridades que les estaban amenazando. (V. 17-20) Al enterarse del maltrato a sus líderes, la iglesia oró.

Aquella iglesia aun tan infante del primer siglo reconocía la verdadera importancia de la oración. Los líderes oraban y la iglesia hacía lo mismo. Dejaron todo lo demás para dedicarse a la oración en favor de aquellos dos valientes predicadores. Otra iglesia buscaría ayuda de abogados o de guaruras para garantizar la protección de Pedro y Juan. Pero el pueblo de Dios conoce el poder protector del Santo de Israel y a él ruega.

Cierta vez, cuando vivía en Portugal, en medio de mi predicación una hermana intentaba tranquilizar su niño llevándolo a la guardería del piso posterior. La pobre resbaló y cayó escalera abajo. Mientras su marido la atendía, interrumpí la predicación para orar por la hermana. Una reunión de predicación se transformó en una reunión de oración. En vez de hablar tan solo a los hermanos, empezamos a hablar a Dios. Eso es espontaneidad; eso es libertad de Espíritu. A veces nuestros reuniones necesitan transformarse en reunión de oración; que todo lo demás sea secundario y que la prioridad sea la de acercarnos al trono de gracia. Como iglesia, debemos reconocer la importancia suprema de periodos de oración que deben suplir la necesidad de todas las personas presentes.

No debe haber ninguna necesidad en la iglesia que no la comuniquemos a Dios en nuestras oraciones. Esta iglesia, como todas las demás, tiene sus necesidades. La responsabilidad, la misión de la iglesia requiere que todos los miembros se involucren. Todos reunidos orando y creyendo. Una de las marcas de una iglesia que ora es ganas de orar sin cesar. Otra marca es:

II. Tiene los ojos de la fe y de la expectativa puestos en Dios

Cuando la iglesia de Jerusalén tenía cualquier problema, quitaba los ojos de los seres humanos y de los problemas, y miraban a Dios. Eso es lo que dice el verso 24. Buscaban a Dios porque sabían que él era el único que les podía solucionar el problema. Sabían que él era el único que controlaba, como todavía controla, toda y cualquier situación. Entonces el verso 24 dice: “…alzaron unánimes la voz a Dios, y dijeron…”

Este es el mismo enfoque de David cuando dijo en Salmo 62:5: “Alma mía, en Dios solamente reposa, porque de él es mi esperanza”. Cuando tenemos que enfrentarnos a crisis o pruebas, lo único que importa es nuestra comunión con Dios. Pregúntese: ¿He estado hablando con Dios últimamente? ¿Confío en él como el Todopoderoso? Si mi comunión con Dios está intacta él me ayudará en cualquier dificultad que surja en mi vida. Debo permanecer confiado en su ayuda en cualquier situación por más difícil que sea. Esta iglesia reconoce que la única cosa que importa es su comunión con Dios. Al enfrentarse algún problema sus ojos de fe y expectativa miran a Dios y dicen:

A veces el futuro parece negro; hasta que miramos arriba y nuestros ojos buscan el rostro de Dios. Es cuando “alzamos los ojos a los montes” (Sal. 121:1), mientras enfrentamos alguna crisis encontramos la esperanza que él arreglará todo. Para una perspectiva cristiana, hay siempre que enfocar más en Dios que en el problema. El Señor es mayor que cualquier problema.

Leí cierta vez que en una industria textil había un letrero que decía “Si enmarañas tus hilos, llama al jefe”. Había una nueva empleada que enmarañó sus hilos y no llamó al jefe, intentando sola desenmarañar los hilos. En vez de mejorar, la situación empeoró. Entonces al concluir que no podía resolver el problema, llamó al jefe. Él vino y miró los hilos que estaban todos enmarañados y le preguntó por qué no le llamó cuando vio por primera vez que se enredaron los hilos. Ella contestó que hizo lo posible para desenmarañarlos sola. Entonces le dijo el jefe: “No, no es cierto. Hacer lo posible es llamar por mí”.

Muchas veces nuestros hilos se enmarañan y nosotros no sabemos como hacer para desenredarles. Cuanto más intentamos deshacer los nudos, peor queda. Simplemente no podemos resolver nuestros problemas. No importa que tan insignificante sean, no sabemos cómo resolverlos. Lo único que logramos al intentar resolverlos nosotros es empeorar la situación. Es por eso que el autor de Proverbios instruye: “Reconócele en todos tus caminos, y él enderezará tus sendas” (Prov. 3:6). Siempre que surja algún problema, hay que llamar al jefe. Es por eso que él murió por nosotros. “Echen vuestras ansiedades sobre él” (1 Pedro 5:7). Eso significa que no debemos ni intentar solucionar lo que nos molesta. ¡Qué llamemos al jefe! Y Dios resolverá nuestros problemas antes que nos levantemos de estar arrodillados.

Esta mañana mientras preparaba este mensaje me molestaba el hecho de que mi correo electrónico no funcionaba. Llamé por teléfono a dos técnicos que no pudieron venir para repararlo. Entonces llamé por el Señor y le pedí que me ayudara. En pocos minutos hice algunos cambios en el sistema y todo se solucionó. Dios es el mejor técnico de Internet que existe.

Debemos siempre consultar al Maestro; él nos manda que lo hagamos y también se deleita en auxiliarnos. La iglesia del capítulo 4 de Hechos es una prueba de eso. Pedro y Juan ni intentaron tratar el problema con los sacerdotes o ancianos; sencillamente “llamaron al jefe”. No intentaron “desenmarañar” los nudos; simplemente dijeron: “Bien, Señor, tu eres Dios y estamos persuadidos de que puedes resolver nuestro problema porque hiciste el cielo y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay. Por lo tanto, desenrédalo”.

Aunque eso sea algo sencillo, es una de las lecciones más difíciles de aprender ya que veces tras veces intentamos resolverlos sin la ayuda de Dios. La realidad es que solo Dios lo puede resolver. No importa que tan listos creamos ser, no somos capaces de resolver. Lo mejor que podemos hacer es someterlo a la sabiduría de Dios para que lo cuide. Él nos salvó de nosotros mismos porque estábamos perdidos en nuestros pecados. Y cuando admitimos que no había nada que pudiésemos hacer, rogamos: “Sálvame, Señor”. Hay que llamar al jefe.

Los ojos de una iglesia que ora están siempre puestos en Dios. Así que no tenemos porqué buscar ayuda en otra parte. Siempre que no podemos resolver nuestras dificultades tendemos confiar en otro ser humano que nos dará la solución.

En el verso 28 la iglesia resume todo al decir: “…para hacer cuanto tu mano y tu consejo habían antes determinado que sucediera”. Lo que traducido quiere decir: “Ya que tu eres Dios, soberano y poderoso, no nos importa lo que aquellos sacerdotes quieran hacer, porque ellos solo pueden hacer lo que tu les permite. Tu eres Dios y puedes atar sus manos; por tanto esperamos en ti”. Nueva Sión, necesitamos ir al lugar en nuestra jornada cristiana donde nos enteraremos lo que pasa con nosotros ahora mismo. El consejo de Dios lo ha determinado de antemano para que lo hagas. Cualquier cosa que Dios ha decidido hacer, lo hará y no lo podemos impedir. Jesucristo dijo que debemos orar así: “Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”.

Los ojos de una iglesia que ora están puestos en Dios porque él es un Dios vidente. El ver 29 empieza así: “Señor, mira sus amenazas…” No estaban concentrados en el problema sino buscaban el poder del Dios todopoderoso. “Señor, tú puedes ver”. Ellos no consideraban la posibilidad de que Pedro y Juan podían regresar a la prisión, pero esperaban en Dios, que el todopoderoso hiciera algo importante.

Espero que Dios haga algo importante por mí porque sé cómo actúa y he visto lo que ha hecho. Sé lo que está haciendo ahora mismo, pero espero que haga algo aun más grandioso. Y por lo tanto, ellos esperaban. Ellos dijeron: “Dios, esperamos que hagas algo grandioso. Los enemigos creen que estás muerto. Creen que al librarse de su Hijo, al crucificarle, también se han librado de ti. Así que debes atacarles de sorpresa, pero haz algo grandioso ya que los ojos de nuestra fe y expectativa están enfocados en ti. Algunas personas nos han marginado y han dicho que estamos muertos y sepultados y han puesto punto final en tu plan”.

Cuando la iglesia tiene ganas de orar sin cesar y los ojos de su fe y expectativa están sobre ti, entonces…

III. Tiene que evangelizar

Ya que en verso 29 ellos oraron así: “Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra”.

Mientras los discípulos loaban a Dios por la libertad de Pedro y Juan, el peso de sus oraciones no se transformó en un ruego para que él protegiera a Pedro y a Juan. Porque con frecuencia, eso es donde termina nuestra oración; decimos: “Dios, nos has librado del enemigo, ahora mantennos seguros”. Pero no era ese el enfoque de su oración. Ellos rogaban al Señor por valor para seguir predicando el evangelio con más osadía o denuedo. No oraron así: “Señor, no permitas que eso se repita”. Sí oraron: “Señor, que vuelva a suceder. Pero esa vez, danos más valor para que les hablemos tu Palabra”.

Hermanos y amigos, debemos echar ganas para que la salvación en Cristo llegue a todos los pecadores. Y la única manera que los pecadores se enterarán de la Palabra será que si alguien abre la boca y proclama osadamente que Jesucristo les puede salvar.

Cuando hablamos a parientes no creyentes, a vecinos no cristianos acerca de Jesucristo, muchos se rinden a Cristo. Y en una iglesia que ora habrá personas cuyo corazón estará sediento mientras alzamos nuestros ojos a los campos y vemos que está listo para la cosecha. Nos transformaremos en ganadores de almas no solo por hacer algo bueno sino porque queremos que se salven las personas.

Una iglesia que tiene la inquietud de las almas perdidas quiere hacer a Cristo conocido. Por tanto ora así: “Señor, no nos aparte de la lucha, sino danos más poder para que podamos, con más osadía, hablar un poco más fuerte acerca de Cristo. Pueden cerrar la puerta en nuestra cara; nos dijeron que no habláramos más acerca de Cristo. Por eso rogamos a Dios: “Danos más valor, Señor, para que regresemos al mismo lugar y proclamemos el mismo mensaje, y esa vez qué lo hagamos con más poder. Señor, danos el valor de dar testimonio de Cristo.

IV. El Espíritu Santo manifiesta su presencia y poder
El verso 31 dice que Dios manifestó su poder y tembló el lugar. Cuando Dios hace temblar algo, quiere decir que está presente y está manifestando su poder. Cuando Dios está presente en algún lugar, nos hará saber de manera sobrenatural.

La oración es el secreto de toda bendición. Algo pasó en el capítulo 4 y no fue Pentecostés porque tanto la llegada del Espíritu, el sermón de Pedro y los 3,000 bautismos los encontramos en el capítulo 2. Aquellos cristianos (cap. 4) no oraban pidiendo que les llenara del Espíritu Santo, pero sí oraban por más valor y denuedo. Asimismo les llenó el Espíritu Santo. Lo que anhelaban era ser obedientes a la gran comisión, pero Dios les llenó del Espíritu Santo.

En el verano de 1995 estábamos reunidos en el sexto piso del Hotel San Jorge, en la ciudad de Saltillo, Coahuila, México. El grupo que me acompañó a aquella ciudad y yo orábamos porque enemigos de la fe nos prohibían que predicáramos en el salón de dicho hotel. Toda la publicidad de la campaña evangelística la hicimos esperando poder reunirnos en ese lugar tan estratégico en aquella ciudad. Algunos de los que oraban también lloraban. En un dado momento uno de los hermanos llegó a mi habitación, donde estábamos reunidos, y aun faltándole el aliento por subir por las escaleras, nos dio la buena noticia: “Conseguimos permiso para reunirnos en el salón del hotel”. Dios se había manifestado y con gran poder y tuvimos reuniones preciosas en aquella ciudad. No tan solo se convirtieran varias personas al Señor, sino una mujer se convirtió y a través de su obra evangelística, otras 20 personas también se entregaron al Señor.

El Espíritu Santo hará lo imposible en cualquier iglesia. Porque cuando Dios está presente, algo milagroso acontece. Y cuando Dios hace morada en nuestra congregación, irá asombrar a mucha gente. Cuando empezamos a orar según la voluntad de Dios, empezaremos a ver milagros en el ámbito espiritual. No sabemos lo que de veras es una iglesia ya que al entrar Dios en el medio de su pueblo cosas maravillosas suceden. Veremos centenas de personas salvándose, y no una que otra.

Conclusión:

La única pregunta que hace Dios es esta: “¿Hay algo imposible para mí?” Cuando Dios se presenta la obra prospera y ya no seremos iguales. Por lo tanto, que dediquemos por lo menos una noche a la semana a la oración a nivel iglesia. Y en la noche asignada a la oración, que vayan todos preparados. Porque si oramos también adoraremos. Si oramos también daremos testimonio de Cristo. Si oramos también ofrendaremos. Si oramos también creceremos espiritualmente. Si oramos también envangelizaremos. 

Preguntas para meditación y repaso:

1. ¿Conoces a alguien que se dedica a la oración?

2. ¿Cuál es el ejemplo de la iglesia primitiva en cuanto a la oración?

3. ¿Por qué es que, al reunirnos, preferimos estudiar en vez de orar?

4. ¿Por qué falta poder de Dios en los miembros de las iglesias de Cristo?

5. ¿Por qué es que hay tantos problemas en la iglesia?

6. ¿Qué es lo que cambia cuando una iglesia se dedica a la oración?

7. ¿Qué es lo que hace posible lo imposible?
   
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