El hombre como líder

 

Algunos comparan el hogar a una gasolinera. Allí llenamos el tanque al saciar el hambre, hacemos las reparaciones sanando al cuerpo, a la mente, al espíritu y nos preparamos para proseguir la jornada. El hogar es mucho más que una casa donde comemos, dormimos y charlamos. El hogar del cristiano es una pequeña sociedad, una institución y sobretodo es una parte del cuerpo espiritual de Cristo. El hogar del cristiano es mucho más complejo de lo que muchos creen.

Casi siempre el hombre se casa pensando que el matrimonio es para su gozo, sin pensar que ha asumido una enorme responsabilidad como líder de su familia. Al casarse se hace el guía de una pequeña institución, de un organismo social que nuestro Señor Jesucristo lo denomina como “la familia”. 

Hay mucha confusión y frustración en los hogares actuales. El problema está en que el hombre, quien debería ser el líder, o la cabeza del hogar, jamás ha reconocido su responsabilidad de liderar. Hay maridos que dicen: “No tengo la capacidad para liderar”. Si eres marido y no eres líder de tu hogar, no estás cumpliendo con tu misión, porque Dios requiere liderazgo de todos los maridos.

La Escritura enseña en Efesios 5:22-23 que el marido es la cabeza de la mujer y la mujer debe someterse a su marido. Muchos principios no detallados son implícitos en ese pasaje. O sea, hay más información de lo que aparenta.

En primer lugar, el pasaje contiene la declaración que hace Dios de que el marido (si quiere o no), es el líder del hogar. La inquietud es esta: ¿Es él el líder que Dios espera que sea?

La familia es como una institución que funciona 24 horas al día y 365 días al año. Se trata de la institución más distinta de todas las demás en el mundo, y también una de las más importantes. Pero cosas extrañas están pasando a esa institución. El hombre promedio llega a la casa del trabajo todos los días, desfruta una buena cena, ve televisión y se va a la cama para el día siguiente empezar todo de nuevo. Esa es la realidad que muchos vivimos.

El presidente de la institución
En un hogar el marido promedio es como el presidente de una institución con muchas divisiones a saber: acomodación, servicio de alimentos, transportación, educación, adoración, recreación, finanzas, consejería, medicinas y mantenimiento (lo que incluye carpintería, plomería, pintura, decoración, servicio de jardín y de basura y quizás los cuidados a una mascota).

Ninguna institución en el mundo intenta operar tantas divisiones sin una secretaria y personal adecuado a tiempo completo. Tampoco hay una institución donde haya un control de calidad tan elevado hacia la armonía, la prosperidad y la estabilidad. Jóvenes pensando en casarse deben pensar varias veces antes de tomar esa decisión. Ser marido y padre cristiano implica enormes responsabilidades.

Los objetivos de Dios
Uno de sus objetivos divinos es que cada persona sea motivada a hacer lo máximo de su capacidad. El marido puede elevarse al máximo como líder de su familia. La esposa puede llegar a ser una “auxiliadora idónea” de su marido, sometiéndose a él “como al Señor”.

La esposa que se queja diciendo: “No me gusta la idea de ser sumisa a mi marido”. Esa mujer se ha rebelado a la guía de Dios. De la misma manera que Dios da al marido la responsabilidad de líder del hogar, deja la esposa libre para que sea la esposa según su guía divino. Si la mujer compite a la misma posición, autoridad, función y responsabilidad que compete a su marido, se está descalificando en la misión de cumplir los propósitos de Dios para una esposa cristiana.

Hay los que creen que el matrimonio es exclusivamente para el placer. Los propósitos de Dios incluye el placer pero el matrimonio va más allá del placer incluyendo una cantidad enorme de responsabilidades que solo con Dios se puede cumplir.

El liderazgo en el hogar
Parte de los problemas actuales se originan del malentendido de lo qué consiste ser la cabeza del hogar. Se habla mucho de la igualdad en el trabajo. Mujeres que trabajan quieren ganar lo mismo que los hombres. Sabemos que hay mucha injusticia en cuanto a eso y es necesario haber un cambio. Hay poco que puede hacer el marido encuanto a eso.

Pero en el hogar Dios no hace el hombre superior ni la mujer inferior. No hay ningún verso en la Biblia que sugiera eso. Cristianos ultra conservadores han sido acusados de tratar a las mujeres como inferiores. Sin embargo, la Biblia dice bien claro que no debe ser así. Escribe Pablo: “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” (Gal. 3:28)  ¿Qué quiso decir Pablo aquí: que ya no había en la iglesia ni judío, ni griego, ni esclavo ni libre; ni varón ni mujer? Claro que no. Todos hacían parte de la iglesia del Señor. Lo que quiso enfatizar es que no debería haber prejuicio o ninguna diferencia en el tratamiento de las personas que menciona.

Para algunos hombres latinos (¿conocen el dicho?) la mujer debe estar descalza, embarazada y en la cocina. Eso es un exagero solo para probar el punto de vista que la mujer la consideran una sirvienta y nada más. Pero gracias a Dios eso no sucede, o por lo menos no debe suceder, a las mujeres que hacen parte del reino de Dios, la iglesia de Cristo.

Si Dios ha designado al marido como cabeza de la esposa, el Señor no quiso hacer el marido superior a ella. Algunos varones pueden promover esa interpretación y algunos predicadores pueden dar a entender que es así. Pero gracias a Dios, el Señor no la apoya.

La necesidad de un líder
¿Por qué es que necesitamos un líder en el hogar? Algunos pueden preguntar. “¿No pueden ser líderes la esposa juntamente con su marido? ¿No somos libres para elegir?” La respuesta es sencilla: ¿Conocen algún proyecto desarrollado por un equipo de personas, por más simple que sea, que no ha requerido un líder? En todos los campos de actividad humana desde el kindergarten hasta las campañas políticas necesitan un líder reconocido por todos. ¿Por qué es que en una institución tan compleja como el matrimonio eso sea distinto?

La estructura de la familia es diseño de Dios para alcanzar sus objetivos y metas. Esa estructura designa autoridad igual que una organización o un negocio. El presidente de una compañía no es necesariamente superior al vise-presidente en habilidad, pero para el beneficio del vise-presidente y otros subordinados colaboran con el liderazgo que viene desde arriba.

Diseño bíblico
Tanto 1 Corintios (11:3) como Efesios (5:22-24) habla de una jerarquía que empieza con Dios: “…Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo”.  “Esposas, estén sujetas a sus maridos… “

Aquí vemos la incongruencia en anhelar independencia y autoridad a la esposa. Si decimos que la Biblia está mal al poner el hombre como autoridad sobre la mujer, entonces tendremos que decir que Cristo no es el líder designado de la iglesia, tampoco el Dios Padre es líder de la deidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo). Sin embargo, el resto de la Escritura afirma que el Padre es el líder de la deidad y que Cristo es la cabeza de la iglesia.

Esa realidad establece el resto de la jerarquía creada por Dios que sigue este orden: Padre, Hijo; hombre y mujer.

Aunque tengan roles distintos en la jerarquía divina, el Padre y el Hijo son iguales. Jesucristo declaró su igualdad con estas palabras: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Juan 14:9) “Yo y el Padre somos unos” (Juan 14:30).

El ejemplo de la obediencia
Cuando Cristo vivió en la tierra fue totalmente obediente al Padre. En ningún momento vaciló en hacer su voluntad. De la misma manera nosotros debemos ser obedientes a Cristo, y también la esposa debe ser obediente a su marido. Es importante mencionar que la mujer es sumisa a su marido y no a todos los hombres de la iglesia. También, el plan de Dios no funcionará si el marido no ama a la esposa de la misma manera que Cristo amó a la iglesia (y se entregó por ella).

El marido como líder no significa que es el “cacique de la tribu” y que todos tienen que postrarse en frente de él. No es así. La mujer es sumisa porque al someterse a su marido está obedeciendo la voluntad de Dios. La mujer se somete al marido de la misma manera que la iglesia se somete a Cristo.

Jesucristo pidió a los discípulos que fuesen obedientes pero siempre les consideró importantes al punto de contestarles todas sus inquietudes y respetar todos sus sentimientos. Cristo vivió una vida perfecta de obediencia a Dios y esperaba lo mismo de sus discípulos. No les amó menos cuando le desobedecían. Al contrario, les afirmó su amor y su perdón siempre que fallaban.

Mujeres desilusionadas
Jamás he conocido a una mujer que quisiese dejar su marido porque ser éste un líder según la voluntad de Dios, cuyo liderazgo se originase de su fe y respeto a Cristo, que crecía y trataba a todos con amor no fingido.   

Mujeres desilusionadas con el principio divino para el matrimonio están resistiendo al propio Dios. Al no querer hacer la voluntad de Dios, tampoco quieren obedecer a nadie a no sea para manipular a a alguien para su éxito personal. Un espíritu de sumisión a Dios capacita a la sumisión a otros conforme el plan de Dios.

El indiferente y el dictador
La imagen del padre de familia como autoridad en el hogar ha sufrido dos distorsiones muy serias. Una es el hombre que quiere ser el jefe pero, al mismo tiempo, no quiere ninguna de las muchas responsabilidades que acompaña esa posición. También, en muchos casos, el hombre es insensitivo o indiferente a las necesidades de su familia y evita tomar decisiones importantes.

La falta de participación activa en el hogar crea inseguridad en su esposa e hijos. La familia no sabe hasta que punto puede contar con él y su idea de la autoridad paterna es de mucha habla y poca acción.

La otra distorsión es la del padre que domina su familia como un dictador, o sea, un líder autocrático que no permite que cuestionen sus ordenes. Su dominio es supremo, pero no en los corazones de su familia. Se jacta al decir que domina su familia, pero todos saben que solo le respetan cuando está presente. Por detrás le ignoran de la misma manera que él ignora sus sentimientos y opiniones.

Cuando un hombre es el líder real de su familia, no necesita probar a nadie su supremacía. Calladamente obedece a Dios y desfruta los resultados.

Un padre dictador puede ser muy rígido y sin misericordia, cuya palabra es la ley. Pero no puede decir que esa autoridad proviene de Dios. Jesucristo era paciente, manso y amoroso. Dios dice que debemos liderar la familia de la misma manera que Cristo lidera la iglesia. Aunque sus mandamientos sean firmes, él siempre actúa con amor.

El hombre que toma todas las decisiones sin permitir que nadie opine, estará perdiendo una de las grandes oportunidades de guiar sus hijos hacia la madurez y su esposa a ser una auxiliadora contenta.

La participación de la familia en el proceso de toma de decisiones permite a los hijos tener un buen sentido de confianza, cualidad esencial para ser un adulto responsable y productivo.

Conclusión:
Basada en Proverbios 31 como guía, una hermana escribió el siguiente tributo al líder del hogar según los preceptos de Dios:

“Marido virtuoso, ¿quien lo hallará? Pues su valía es mucho mayor que la de un carro del año.

El corazón de su esposa está en él confiado, ya sea si viaja a negocios o llega tarde del trabajo.

Intenta hacer lo mejor por ella y su familia mientras vive.

Aprende a usar herramientas y no teme siquiera un día de trabajo duro.

Conoce la situación mundial y la usa en beneficio de su familia.

Despierta temprano para hacer su devocional y pide sabiduría para cumplir con sus quehaceres diarios.

Considera inversiones con mucha precaución y adquiere casa, propiedad y negocio mirando hacia el futuro.

Cuida su salud, haciendo ejercicios necesarios para mantenerse físicamente sano.

Su trabajo es de alta calidad, aun si tiene que trabajar horas extras para terminarlo.

Jamás descuida su hogar.

Está al tanto de los problemas sociales e intenta ayudar a los necesitados.

No teme los días difíciles porque ha aprendido a confiar en Dios y ha hecho lo posible para proveer para su familia.

Fortalece a sí y a su familia tanto física como espiritualmente.

Su esposa es conocida en el lugar donde viven porque él jamás la menosprecia.

Tiene un pasatiempo que le ayuda a relajar y a recrear.

Es fuerte y honrado y es una persona contenta, fácil de tratar.

Abre su boca con sabiduría. Su conversación es sabia y estimulante. Habla siempre con bondad.

Está interesado en todas cosas que conciernen a su familia y no es perezoso ni indiferente.

Sus hijos le aman y le admiran, y su esposa tiene orgullo de él y dice: “Muchos hombres han tenido éxito en este mundo, pero tu eres el mejor de todos. Si tuviera que empezar de nuevo todavía me casaría contigo”.

Engañosa es la gracia y vana la hermosura, pero un hombre que ama y teme a Dios debe ser alabado.

Trátenle bien, como si fuera un rey, porque su vida comprueba que lo que él cree es real”.


Preguntas para repaso y meditación:

1.    ¿Cuál programa de televisión familiar se compara a un hogar cristiano?

2.    ¿Hasta que punto Efesios 6:21 se refiere a la relación entre marido y esposa?

3.    ¿Por qué usa Pablo un lenguaje tan fuerte al dirigirse a los maridos?

4.    ¿Cuál es el diseño de Dios para el hombre en el matrimonio?

5.    ¿Qué sucede al hombre que no se interesa en cumplir la voluntad de Dios como marido?

6.    ¿Hay mujeres que no estén conformes a la jerarquía según la voluntad de Dios (Padre, Hijo, marido y esposa)?

7.    ¿Cómo se puede detectar a un dictador en el hogar?

8.    ¿Cuál es el resultado de un padre tirano o dictador?


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