El gran poder de la resurreción

 

La pascua es una celebración universal. El cualquier parte del mundo libre hay los festejos típicos de esa fecha. Los descendientes de los indios Aztecas en San Diego, California, empiezan el día montados a caballo, cantando una canción especialmente compuesta para la ocasión.

En Bélgica es la costumbre esconder los zapatos de los seres queridos y exigir dulces como paga e su regreso. Los de Bavaria corren alrededor de un poste atrás de sus paisanos.

En Checoslovaquia chicos mojan a las chicas del pueblo. En Austria el pueblo corta ramas y las pega a sus amigos en los hombros deseándoles buena suerte.  En Irlanda es el día de la carrera de caballos más importante. En Escandinava toman una cerveza especial para celebrar el día de pascua. En Río de Janeiro, Brasil, las personas están todavía sufriendo la cruda como resultado del carnaval que precede la pascua. En los Estados Unidos las personas comen conejitos y huevitos de chocolate y ponen sus ropas de primavera y asisten cultos de iglesias especialmente diseñados para la fecha.

Hay una mezcla de paganismo, cristianismo y otras costumbres que son tan viejas que nadie puede explicar su procedencia. La pascua es un sincretismo, una mezcla de pascua judaica y la celebración cristiana de la resurrección de Cristo y los ritos paganos de la fertilidad y la primavera.

Uno de los ritos paganos que se celebra en la misma época de la resurrección era el culto al sol y algunos dioses de la fertilidad. De ahí se origina lo de los huevitos de chocolate. El huevo desde hace mucho ha sido el símbolo de la fertilidad y también del sol por el color de amarillo de su yema.

Cuanto a la tradición de los conejitos de dulce, los egipcios creían que el conejo era el símbolo del nacimiento. Otros pueblos antiguos consideraban al conejo como el símbolo de la luna. Una vez que en la sociedad egipcia el conejo era símbolo de la fertilidad y nacimiento, le conectaran con la primavera, época en que multiplicaba.

Cómo empezó la tradición
Hay una anécdota más moderna que proviene de Alemania. Una señora pobre que consiguió encontrar unos huevos para sus hijos hambrientos. Para que la sorpresa fuera grande, la señora escondió los huevos. En el momento en que escondía los huevos, un conejito saltó de un sitio de su jardín. Entonces, desde aquel momento empezó la leyenda de que los huevos los trajo el conejo para alimentar a los niños hambrientos. Con eso nació la tradición del conejito de pascua.

Todas las tradiciones, algunas bizarras, hacían parte de las fiestas de pascua. Pero en medio de todo aquello, se celebra la asunción de Cristo de los muertos.

 Con este mensaje me gustaría separar la seriedad de la resurrección de Cristo de la tontería de los festejos de pascua tradicionales. Para nosotros la resurrección la celebramos cada domingo al tomar la Cena del Señor. Al recordar la vida, muerte, y sobretodo la resurrección de Jesucristo estamos anunciando también el regreso del autor de la salvación. Cada domingo, durante la cena del Señor debemos meditar en la subida de Cristo al cielo, pues ahí está la base de nuestra fe.

Tema central
No seamos ingenuos, pues el mundo no se interesa por Jesucristo, pero nosotros sí. Porque la resurrección del Maestro es la piedra fundamental de nuestra creencia. El primer sermón de la iglesia de Cristo, en el día de Pentecostés, fue un sermón acerca de la resurrección. Si continuamos acompañando la vida de la iglesia, según leemos en Hechos, encontraremos una serie de sermones acerca de ese tema importante.

En el capítulo 2 de Hechos Pedro predica la resurrección. En el capítulo 7 es Esteban, primer mártir, quien lo predica. En capítulo 10 repite el mismo tema. En el capitulo 8 es Felipe quien predica acerca de a resurrección. En el capítulo 9 y 13 y muchos otros, Pablo predica la resurrección.

Luego pasamos a las epístolas y el tema es siempre la resurrección.

•    En Romanos, Jesucristo es levantado de los muertos por el poder del Padre.
•    En 1 Corintios, Pablo escribió nuevamente que Jesucristo resucitó en el tercer día según las Escrituras
•    En 2 Corintios escribió Pablo que aquel que resucitó al Señor Jesús nos resucitará también a nosotros.
•    En Gálatas leemos “por Dios Padre, que lo levantó de los muertos”
•    En Efesios “Dios ejerció en Cristo cuando lo resucitó de entre los muertos
•    En Filipenses “el poder que se manifestó en la resurrección”.
•    En Colosenses “es Dios, quien lo resucitó de entre los muertos”.
•    En 1 Tesalonicenses es “su Hijo a quien resucitó”.
•    En 1 Pedro “nos ha hecho nacer de nuevo mediante la resurrección de Jesucristo”.
•    En Apocalipsis el propio Jesucristo dijo: “Yo soy el Alfa y la Omega, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso”.

Desde el inicio de la iglesia, en Pentecostés hasta el último libro de la Biblia, el tema constante es el de la resurrección. No podemos dejarnos engañar por la manera del mundo en celebrar la pascua.

En vez de predicar acerca de la resurrección, examinemos otro sermón acerca de ese tema que tenemos registro, que lo predicó Pedro y se encuentra en Hechos 2.

Los discípulos
El escenario que se encuentran los discípulos de Cristo es conocido, pero vale la pena repetir. El Señor había muerto y resucitado de los muertos. Más de 500 personas lo habían visto. Luego, después de 40 días de aparecer a aquellas personas subió al cielo. Al llegar al cielo Jesucristo envió a los suyos el Espíritu Santo el día de Pentecostés, que llegó como el ruido de un viento fuerte o “una ráfaga de viento”, según Hechos 2. El Espíritu llenó la casa donde estaban reunidos los discípulos. En Jerusalén, donde estaban presentes miles de personas, los discípulos empezaron a hablar de las obras de Dios, pero hablaban en las lenguas de los pueblos representados en la gran fiesta judaica, cuyas lenguas ellos mismos no conocían. Aquello que pasaba con los discípulos era algo sobrenatural, un fenómeno que atrajo a miles de personas hacia ellos.

¿Cómo podían hablar en lenguas? ¿Qué significa aquel sonido de ráfaga de viento que hemos escuchado? ¿Qué  pasaba? En medio de tanta confusión, el apóstol Pedro se levantó y predicó un sermón acerca del tema que sería una constante en todos los sermones del Nuevo Testamento: La resurrección.

La realidad de la resurrección
22Varones israelitas, escuchad estas palabras: Jesús el Nazareno, varón confirmado por Dios entre vosotros con milagros, prodigios y señales que Dios hizo en medio vuestro a través de El, tal como vosotros mismos sabéis, 23a éste, entregado por el plan predeterminado y el previo conocimiento de Dios, clavasteis en una cruz por manos de impíos y le matasteis, 24a quien Dios resucitó, poniendo fin a la agonía de la muerte, puesto que no era posible que El quedara bajo el dominio de ella. (hechos 2:22-24)

Este fue el primer punto en el sermón de Pedro: La realidad de la resurrección de Jesucristo. Qué esta sea una lección a todos nosotros, pues no se logra mucho explicar lo que significa la resurrección a menos que creemos que ese evento de veras aconteció. Debemos afirmar nuestra creencia en la resurrección y eso es lo que se refiere Pedro en su sermón.

Los que la niegan
Siempre ha habido personas que han negado la resurrección, tanto en la época de Jesucristo, sobornando a los soldados romanos para que mintiesen cuanto a lo sucedido. Fue tan obvio que el Maestro se levantó de los muertos que pronto todos estarían al par de aquel evento tan vital, que hasta le dieran dinero a los soldados para que no dijeran la verdad.

Un escritor cristiano dijo que nosotros, los cristianos creyentes vivimos entre dos pascuas: la pascua cuando Jesucristo subió al cielo y la pascua en que nosotros subiremos. Pedro afirma que la resurrección de veras sucedió. Teólogos mal informados, personas celebres como también gentes comunes han negado la resurrección. Algunos han dicho que Jesucristo jamás resucitó porque tampoco murió. Dicen que Cristo entró en una especie de coma y las especias le reavivaron y él salió de la tumba. Otros dicen que él jamás resucitó pero su espíritu vive en los corazones de aquellos que creen en él. Otros aun dicen que los discípulos tenían tanta fe en Cristo que sufrieron alucinación y lo que vieron fue algo que estaba presente en sus imaginaciones.

Hay estudiantes de teología que dicen que Cristo sí resucitó no en la historia humana sino en la historia espiritual que va más allá del tiempo y espacio. ¡Todo esto es ridículo!

Pedro niega todas esas opiniones falsas y enfoca en la verdadera historia de la resurrección.

El ascenso
He aquí cómo Pedro explica el ascenso de Cristo: En Hechos 2:22 pedro se refiere a Cristo como un “hombre” o varón. Le identifica de la manera en que le conocían. Las personas que escuchaban a Pedro no podían negar lo que le decían. Cuando murió Jesús, el letrero sobre su cruz decía: “Jesús de Nazaret, Rey de los judíos”, había mucho sarcasmo y burla en todo aquello. Era una manera de las autoridades romanas burlarse de los judíos. Pedro menciona en su sermón el mismo título que le dieron los romanos en tono de burla para reafirmar la historia de Jesucristo. El era hombre y no un fantasma o tan solo un espíritu.

Pedro, más adelante en su sermón histórico diciendo: “Acreditado por Dios ante ustedes con milagros, señales y prodigios, los cuales realizó Dios entre ustedes por medio de él, como bien lo saben”. Ustedes lo conocieron, quiso decir Pedro. Pero Jesús era más que un simple hombre porque Dios puso su “sello de aprobación” sobre él. Dios tomó aquella persona y la confirmó como el verdadero Mesías esperado, a través de los milagros que hizo.

Según el verso 23 (Hechos 2), Pedro dice a sus oyentes que ellos tanto le conocían como habían convivido con él. No solo fueron testigos sino también verdugos. Todo lo que decía Pedro era parte importante de la historia de Cristo y cómo los judíos estuvieron involucrados en casi todo.

El sufrimiento
Pedro menciona en el verso 24 la agonía, o la angustia de la muerte, con todo y dolor, sufrimiento, etc. Y los que escuchaban lo sabían. Pedro afirmó la vida, la muerte del Maestro como algo real, que realmente aconteció. Este es un dato histórico que Pedro establece con el primer punto de su sermón. Pero el autor de aquel maravilloso sermón va más allá de lo que los que le escuchaban conocían y habló de la resurrección. Cristo fue un personaje histórico, pero jamás una victima de la historia. Cristo era tan real como Nazaret, como sus milagros, como su vida de servicio a la humanidad, y tan real fue también su resurrección.

Jamás hemos encontrado os escritores sagrados, los que escribieron el Nuevo Testamento, echando pleitos acerca de la resurrección. No. Ellos la confirman por ser un hecho histórico. Más de 500 personas lo vieron.

En Hechos 26:23 Pablo presenta su defensa ante Festo y el rey Agripa y una de las cosas que afirma es la resurrección de Cristo. No intentó probar la verdad acerca de la resurrección, sino solo la comunicó a los que e escuchaban. En 1 Corintios 15:5-6 dice que Cristo resucitó de los muertos en el tercer día, apareció a Pedro y también a los doce apóstoles, después apareció a más de 500 personas, a Jacobo y también a él.

El ejemplo de los escritores sagrados
Por lo tanto, Pedro y Pablo y todos los demás escritores sagrados escriben acerca de la resurrección igual que cualquier otro tema en la historia de la humanidad. Tanto a las autoridades como los deseas que lo vieron estaban de acuerdo cuanto a la ascensión de Jesucristo. Una de las grandes pruebas de la resurrección fue la transformación por la que pasaron los apóstoles yendo por toda parte a predicar el evangelio llegando a morir como mártires por Cristo.

En los últimos 2,000 años nadie jamás ha podido rechazar la resurrección

Pedro cambia de la realidad de la resurrección hacia el resultado de la misma. Empezando con el verso 25. El resultado de la resurrección, lo que causó aquel fenómeno, hay cuatro grandes verdades que podemos sacar del discurso de Pedro:

1.    La muerte ha sido conquistada (verso 24)
Dios lo levantó, le libró de la angustia de la muerte. Porque no era posible que Jesucristo fuera vencido por la muerte. La muerte no lo pudo conquistar. Cristo conquistó la muerte para que nosotros no tuviésemos que morir, sino que tengamos acceso a la vida eterna. Todos tememos a la muerte. Recibimos consuelo con las palabras de Cristo: “Porque yo vivo, ustedes también vivirán”. La tumba es un túnel que nos lleva al Dios eterno. El sepulcro no representa el fin, sino el inicio. No debe ser un elemento de tristeza sino de gozo porque vive Cristo.

Por eso podemos preguntar con Pablo: “¿Dónde está, oh muerte tu victoria? ¿Dónde está muerte tu aguijón? ¡Pero gracias a Dios que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo!”

Luego Pregunta Pablo: “¿cómo dicen algunos de ustedes que no hay resurrección?” Y luego lista siete desgracias:
    1ª. Cristo no ha ascendido
    2ª. El evangelio es inútil
    3ª. La fe es vacía
    4ª. Los apóstoles son mentirosos
    5ª. Persiste el poder del pecado
    6ª. Los muertos son malditos
    7ª. Los cristianos son las personas más apenadas

Pablo arremata con el verso 19 diciendo: “Si la esperanza que tenemos en Cristo fuera solo para esta vida, seríamos los más desdichados de todos los mortales”. La verdad fundamental es la que Cristo resucitó y, por vivir el Señor, nosotros también viviremos. ¡Qué gran esperanza!

2.    La palabra de Dios es confirmada
La Palabra de Dios confirma a sí misma a través del cumplimiento de las profecías. Dios hace una promesa o profecía y luego leemos que ha sido cumplida. Concluimos que la Palabra de Dios es verdadera. Hay más de 1,000 profecías en la Biblia que Dios ha cumplido a través de los tiempos. Todas ellas, sin excepción, han sido cumplidas y confirman la historia de la humanidad.

Continuando con hechos 2:25 leemos:
    25Porque David dice de El: VEIA SIEMPRE AL SEÑOR EN MI PRESENCIA;
    PUES ESTA A MI DIESTRA PARA QUE YO NO SEA CONMOVIDO.

Dijo David que el Mesías llegaría y todo su ministerio sería enfocado en el Padre. Cristo siempre tuvo al Padre en mente. Y Dios siempre tuvo a su mano derecha para asegurarse de que nada mal le pasara. El corazón del Mesías se gozará. El Mesías estaría dispuesto a sufrir y morir par disfrutar el gozo que le esperaba en el futuro. Según verso 27, he aquí la promesa de Dios acerca del Mesías: “No dejarás que mi vida termine en el sepulcro; no permitirás que tu santo sufra corrupción”. La Palabra de Dios dice que el Mesías resucitaría y no pasaría por el mismo deterioro como los demás cuerpos humanos, porque se levantaría de los muertos.

Luego dijo: “Me has dado a conocer los caminos de la vida; me llenarás e alegría en tu presencia” (v.28). Jesucristo sabía que su cuerpo no sufriría la descomposición y entraría de lleno al pleno gozo de Dios. Entraría en la tumba y luego saldría para estar en compañía del Padre de la misma manera que se encontraba en el inicio antes de que el Salvador bajase a la tumba.

David hizo la profecía de la resurrección del Mesías. David no estaba prediciendo  su propia resurrección. El verso 29 lo explica: “9Hermanos, del patriarca David os puedo decir confiadamente que murió y fue sepultado, y su sepulcro está entre nosotros hasta el día de hoy.

David seguía muerto. En el verso 30, Pedro continua enfatizando su punto acerca de la resurrección diciendo: “0Pero siendo profeta, y sabiendo que DIOS LE HABIA JURADO SENTAR a uno DE SUS DESCENDIENTES EN SU TRONO,

No era para ser David , sino su descendiente quien resucitaría. Y era para ser Jesucristo y no David quien era para subir y sentarse a la derecha del Padre. Su Palabra ha sido confirmada.

Jesucristo fue exaltado
Cuando Jesucristo salió de la tumba y luego subió al cielo, Hebreos 1 dice que Dios le puso a su mano derecha y Filipenses 2 dice que Dios le otorgó o dio un nombre que está sobre todo nombre para que ante el nombre de Jesucristo se doble toda rodilla en el cielo y en la tierra y debajo de la tierra y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre. En Efesios 1 Pablo escribe que cuando Dios levantó a Jesucristo de os muertos le dio un lugar más alto que todo gobierno y autoridad, poder y dominio. Cristo ha sido exaltado y está sentado a al diestra de Dios. También es él quien Dios ha confiado las llaves de la muerte. Él es aquel a quien los ángeles se someten. Él es aquel cuyo poder destruye a los demonios. Él es aquel que tiene a su mando a todas las criaturas del universo.

David no subió al cielo, aclaró Pedro (Hechos 2:34). Pedro dijo: “Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies”. La promesa no era para David sino para el Mesías. Jesucristo es exaltado.

Si Jesucristo estuviera todavía en la tumba y Satanás en el trono, el maligno ganaría. Pero Jesucristo destruyó aquel que tenía el poder de la muerte (Hechos 2:14). Ya no hay maldición de la muerte eterna sobre nosotros.

El destructor de la muerte
2 Timoteo 1:10 dice: 10y que ahora ha sido manifestada por la aparición de nuestro Salvador Cristo Jesús, quien abolió la muerte y sacó a la luz la vida y la inmortalidad por medio del evangelio,

A Cristo sea la gloria, pues él es digno de gloria. Según verso 33 Pedro dice que el Espíritu Santo ha llegado a nosotros porque Jesucristo no había sido exaltado. La obra del Espíritu dependió de la resurrección. La resurrección fue elemento clave de todo lo que tuvo a ver con el tiempo y la eternidad. Si no hubo la resurrección, entonces estaríamos muertos en nuestros pecados y perdidos para siempre. La Palabra de Dios no sería la verdad absoluta. Si no fuera por la resurrección Jesucristo estaría muerto, y Satanás sería en vencedor y no tendríamos el Espíritu Santo en el mundo. Pero sí hubo la resurrección
y a todo lo conquistó.

En el verso 36 (Hechos 2) , pedro concluye con estas palabras: “6Sepa, pues, con certeza toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.

3.    La respuesta a la resurrección
Quizás ustedes, los que han escuchado hasta este momento, estén de acuerdo con todo lo que se ha dicho. Quizás sea grande su creencia en la resurrección, pero eso no basta, necesitamos que ustedes reaccionen, así como reaccionaron los que escucharon a Pedro. En verso 37 leemos lo siguiente: “37Al oír esto, compungidos de corazón, dijeron a Pedro y a los demás apóstoles: Hermanos, ¿qué haremos?

¿Por qué creen ustedes que tuvieron esa reacción? En primer lugar, sabían que habían muerto al Mesías. En segundo lugar sabían que él había resucitado de los muertos y en tercer lugar tenían temor de su venganza. Y pedro les contesta: “38Y Pedro les dijo: Arrepentíos y sed bautizados cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de vuestros pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo.

Si usted no ama a Jesucristo entonces no tiene esperanza. También, escritor de Hebreos dijo: “¿Has crucificado al Hijo de Dios? ¿Se sienten culpables de la muerte de Jesucristo? Si su corazón anhela la victoria sobre la muerte espiritual; si es así, Pedro le dice: “Arrepiéntase y bautícese cada uno de ustedes en el nombre de Jesucristo para perdón de sus pecados – les contestó Pedro – y recibirán el don del Espíritu Santo”. 

En Romanos 10:9-10 dice así: 9que si confiesas con tu boca a Jesús por Señor, y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo; 10porque con el corazón se cree para justicia, y con la boca se confiesa para salvación.

Después del bautismo hace falta una vida de fe y entrega a Dios, siempre confesando su fe en el Señor Jesucristo


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