El estrés y la angustia

Un maravilloso remedio para el estrés y la angustia

 Lecciones del Salmo 4

      1Cuando clamo, respóndeme, oh Dios de mi justicia.
         En la angustia me has aliviado;
         ten piedad de mí, escucha mi oración.
     2Hijos de hombres, ¿hasta cuándo cambiaréis mi honra en deshonra?
         ¿Hasta cuándo amaréis la vanidad y buscaréis la mentira? 
    3Sabed, pues, que el SEÑOR ha apartado al piadoso para sí;
         el SEÑOR oye cuando a El clamo.
    4Temblad, y no pequéis;
         meditad en vuestro corazón sobre vuestro lecho, y callad.
     5Ofreced sacrificios de justicia,
         y confiad en el SEÑOR.
    6Muchos dicen: ¿Quién nos mostrará el bien?
         ¡Alza, oh SEÑOR, sobre nosotros la luz de tu rostro!
    7Alegría pusiste en mi corazón,
         mayor que la de ellos cuando abundan su grano y su mosto.
    8En paz me acostaré y así también dormiré;
         porque sólo tú, SEÑOR, me haces habitar seguro.
(Salmos 4:1-8)

Este Salmo lo podríamos titular: “Un Salmo de David mientras éste huía de su hijo Absalón”.

Aquella misma noche, aún huyendo de Absalón, David compuso el cuarto Salmo. Hay que añadir al estrés y tensión de David, su desgaste físico. Sin embargo, tenemos la impresión de que él parece tener más paz de noche que durante el día.

¿Qué lecciones aprendemos acerca de disfrutar de paz mental cuando estamos bajo presión?

En primer lugar, David pidió la misericordia, el perdón de Dios.

Salmos 4:1 dice: “Cuando clamo, respóndeme, oh Dios de mi justicia.
En la angustia me has aliviado; ten piedad de mí, escucha mi oración”.

El vocablo en hebreo equivalente a “angustia” significa literalmente “angosto”. Asimismo David dijo que Dios le hizo “ensanchar”, lo que quiere decir literalmente: “ampliar, crear más espacio”.

Como respuesta a la oración de David, Dios transformó su ruta de escape de angosta a amplia.

Note que David no pidió tan solo para que le quitara el estrés y la angustia, pidió también misericordia. Eso indica que David, al dialogar con Dios, conocía su lugar en la jerarquía de poder. Quizás David estaba consciente de que sus problemas resultaban de pecados anteriores, y por lo tanto, no pidió a Dios que le diera lo que merecía sino lo que no merecía.

A veces librarnos de nuestra angustia es tan sencillo como decir: “Dios, si yo he causado este problema en mi vida, te pido perdón”. La naturaleza misericordiosa de Dios es inclinada a contestar a esa clase de ruego sincero. Dios se deleita en librar a sus hijos que expresan pesar o tristeza por sus pecados.

Salmos 34:18: “Cercano está el SEÑOR a los quebrantados de corazón, y salva a los abatidos de espíritu”.

Salmos 51:17: “Los sacrificios de Dios son el espíritu contrito; al corazón contrito y humillado, oh Dios, no despreciarás”.

Las pruebas siempre causan un espíritu quebrantado, que nos lleva a buscar a Dios. Y el Señor no rechaza a los que se acercan a él con el espíritu contrito. Él responderá a nuestros ruegos por auxilio.

En segundo lugar, David practicaba la meditación

Salmos 4:2-4: “Hijos de hombres, ¿hasta cuándo cambiaréis mi honra en deshonra? ¿Hasta cuándo amaréis la vanidad y buscaréis la mentira?”Sabed, pues, que el SEÑOR ha apartado al piadoso para sí; el SEÑOR oye cuando a El clamo. Temblad, y no pequéis; meditad en vuestro corazón sobre vuestro lecho, y callad”.  

La meditación es una disciplina muy difícil.                                                                                   Antes de que los discípulos obedecieran el mandamiento de Cristo, cuando dijo: “Id…”, tenían que seguir sus instrucciones de “esperad”. Si ellos hubieran salido a evangelizar el mundo sin esperar la llegada del Espíritu Santo que les auxiliaría, habrían fallado totalmente.

Lo mismo pasó a los hijos de Israel en el desierto. Dios les guió con una muestra espectacular: una nube durante el día y una columna de fuego de noche. Aparte de otras cosas, Dios les estaba enseñando a que dependieran de su liderazgo, que fueran pacientes y confiados.

No te muevas hasta que Dios te mueva. En vez de pensar que debes hacer algo, no hagas nada. Esta es una paradoja de estupendas proporciones.

No vayas muy atrás de Dios, pero tampoco te apresures. Si él dice: “muévete”, hazlo. Pero si dice: “espera”, entonces espéralo.

Salmos 27:14 dice: “Espera al SEÑOR; esfuérzate y aliéntese tu corazón. Sí, espera al SEÑOR. Quizás la única manera de practicar la meditación esperando en el Señor, es programarla en tus actividades diarias. Haz una cita con Dios todos los días y no la cambies. El resultado será grandioso, sobre todo en el alivio del estrés o angustia.

Tercero: el alivio al estrés viene no tan solo por la súplica y la meditación, sino también a través del sacrificio. Salmos 4:5 nos aconseja: “Ofreced sacrificios de justicia, y confiad en el SEÑOR”. Ser justo y hacer las cosas correctamente es un sacrificio en el cual Dios se deleita.

Estaremos agradando al Señor si ponemos nuestra confianza en Él y actuamos según su voluntad cuando estamos estresados. Él nos recompensa por nuestra confianza y vida recta mientras vivimos en su paz.

Así disfrutaremos de satisfacción en lugar de angustia y estrés.
Salmos 4:6-8 afirma: “Muchos dicen: ¿Quién nos mostrará el bien? ¡Alza, oh SEÑOR, sobre nosotros la luz de tu rostro! Alegría pusiste en mi corazón, mayor que la de ellos cuando abundan su grano y su mosto. En paz me acostaré y así también dormiré; porque sólo tú, SEÑOR, me haces habitar seguro”.
Aquellos que en épocas de estrés pierden su esperanza siempre terminan rendidos. Pero si confían en Dios, podrán comprobar que la alegría que Él nos da es más grande que el lucro materialista y los placeres que muchos buscan para sentirse felices.

Cuando encontramos plena satisfacción en Dios y no en las cosas, podremos dormir en paz y seguridad total, aún en medio de las mayores angustias de la vida.

Conclusión:
Aunque depositar toda nuestra confianza en el Señor a veces parezca ser la senda más arriesgada, debemos poner nuestra vida en sus manos. Como un buen Padre, Dios nos guiará a través de los obstáculos de la vida, apoyándonos y regalándonos su paz, que es superior a cualquier otra bendición que pudiéramos recibir de él.   

Preguntas para la meditación:

    1. ¿Qué es lo que haces cuando hay afanes en tu vida?

    2. ¿Cuándo fue que enfrentaste a una crisis con la ayuda de Dios?

    3. ¿Qué dice el salmista que debemos hacer en épocas de angustia?

    4. ¿Cuál es la promesa del salmista para una noche bien dormida?

    5. ¿Cuál es el mejor remedio para las preocupaciones?

    6. ¿Será que no sabemos que hay cosas que solo Dios puede controlar?

    7. Entregar o echar nuestras ansiedades a Dios, ¿es eso una sugerencia o es un mandamiento? (ver 1 Pedro 5:7) 

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