El escarnio del legalismo

Hechos 15:1-5 

¡Qué evento interesante acerca de la iglesia primitiva! La palabra de Dios apenas había llegado a los gentiles (los no judíos), y ellos habían reaccionado positivamente. Hay en Hechos narrativas excitantes de saneamientos, milagros y de conversiones muy dramáticas. Los nuevos cristianos estaban enamorados de Dios y llenos de gozo porque sus pecados habían sido perdonados, y habían probado la presencia de Dios a través del Espíritu Santo.

También, los gentiles disfrutaban la comunión con los demás que se habían convertido y crecían en la fe con ellos. Aun la persecución que tuvieron que enfrentar no les hizo reconsiderar su decisión de seguir a Cristo. Pero, de repente algo pasó al cual ellos no estaban preparados. Un pequeño grupo de cristianos celosos (convertidos de los judíos), seguían la ley de Moisés y las tradiciones de su antigua religión. Y hasta cierto punto estaban bien, por lo menos en cuanto al código moral, pero la tradición judaica había interpretaba la ley de Moisés a su manera y le había agregado muchas tradiciones. Cuando los cristianos de ascendencia judaica fueron a Antioquia, intentaron imponer esas tradiciones en los nuevos cristianos que ni sabían quien era Moisés. Lo primero que dijeron a los nuevos cristianos fue: “A menos que se circunciden, según la costumbre de Moisés, no pueden ser salvos”. Eso no era, ni es, lo que se entiende por buenas nuevas, sobretodo a los varones gentiles.

En vez de ayudar a abrir el camino hacia Cristo, ellos ponían grandes obstáculos en sus sendas. Hacían con que la voluntad de Dios fuera más difícil seguir, en vez de más accesible. Creaban barreras innecesarias, en vez de removerlas. Eso se pasa con frecuencia en la vida del nuevo cristiano. Algunas personas creen que deben recordarles todas las prohibiciones, o sea, las cosas que ya no pueden hacer. Ponen cadenas en sus pies para que no brinquen de gozo hacia el Salvador que les dio nueva vida. Se transforman en “policías religiosos”, investigando a los nuevos creyentes para asegurarse que no están haciendo nada mal.

Era importante a aquellos nuevos cristianos que entendiesen que la conversión a Cristo implica una manera totalmente distinta de vivir, y que hay leyes morales que son importantes respetar. Pero el peligro estaba en que les persuadían que para estar en Cristo tenían que primero obedecer la ley. Hacían que los nuevos cristianos entendiesen que su comunión con Dios dependía de cuanto obedecían la ley, en vez de la salvación según el don gratuito de la gracia de Jesucristo.

He aquí algunas observaciones en cuanto al legalismo:
•    El legalismo ve la vida cristiana como una lista de cosas que se debe hacer y otra lista de cosas prohibidas. Hacen con que una persona se justifique ante Dios por su obediencia en vez justificarse por el sacrificio de Cristo en la cruz.

•    El legalismo actúa como si la persona recibiese su salvación a través de un sistema de merito, en vez de recibirla como un regalo, o don gratuito de Dios.

•    El legalismo ve la vida cristiana como una lista de reglas en vez de principios espirituales que nos capacitan para la entrada en el la vida del reino de Dios.

•    Para el legalismo lo más importante son las prohibiciones en vez del énfasis en la transformación.

•    Para el legalismo lo importante es la letra de la ley en vez de su espíritu. Dan más importancia a las exterioridades en vez de los cambios en el corazón de cada persona.

•    El legalismo es un escarnio en la iglesia porque no es cristianismo autentico.

¿Por qué es el legalismo un problema en la iglesia? Hay varias razones, pero la primera es esta: Hacen de una comunión basada en el amor una religión de leyes. Primeramente, nuestra comunión con Dios es para ser una de amor en vez de un compromiso a una serie de leyes. Quiero tener mucha precaución, ya que nuestra sociedad vive algo opuesto a lo que estamos comentando. En nuestra cultura, no hemos enfatizado lo suficiente la gracia de Dios. Si lo hacemos, algunos van al otro extremo creyendo que como cristiano, la obediencia no es algo necesario.

Algo muy importante: La desobediencia es la formula hacia el desastre espiritual. La ley de Dios es el resultado de su amor hacia un pueblo elegido. Cristo clavó dicha ley en la cruz. Dijo Pablo: “… anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz” (Colosenses 2:14).

Sin embargo, no podemos cometer el error de creer o enseñar que la ley de Dios es lo más importante en la comunión que tenemos con el Creador, como tampoco podemos equivocarnos al pensar que nuestra comunión con Dios se hace obedeciendo sus leyes, o reglas agregadas o inventadas por lideres ignorantes de la dispensación de la gracia del Nuevo Testamento de Cristo. Ese es un error fundamental de lo que es la fe cristiana. No nos salvamos por nunca pecar, sino al admitir los pecados, al arrepentirnos es cuando recibimos el perdón de Dios como un don gratuito; no por lo que hacemos, sino por lo que hizo Cristo en la cruz.  Al recibir ese don, encontramos un nuevo amor hacia Dios en nuestro corazón. Esa ha sido la razón principal de la creación del mundo, y la razón por enviar a Jesucristo al mundo.

En Galatas 6:2 leemos estas palabras que definen aunque de manera general, lo que es seguir a Cristo: “Llevad las cargas unos de los otros y así cumplireis la ley de Cristo”. Los que quieren deshacerse del legalismo deben dedicarse a servir a los demás y así agradarán a Cristo.

Todo el evangelio se resume en Juan 3:16: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna“. (Creo que muchos de nosotros no subrayamos ese pasaje porque ese principio se basa en el amor y no en las leyes). Para que vean como el amor de Dios ha sido el poder fundamental de su obra en la tierra. Dios nos ama y nos ha facilitado la salvación sin que tengamos que pagar un centavo. Cristo pagó por nuestra salvación.

Siempre han habido los que no entendieron ni el amor y ni la gracia de Dios. Por lo tanto han hecho esto: toman esa comunión basada en amor y la transforman en una serie de cosas que se permite y que se prohíbe hacer en la iglesia. Los fariseos eran un ejemplo perfecto de ese principio. Un comentario dice así: “Los fariseos estaban sumamente preocupados con la Ley y con la obediencia de sus mínimos detalles. Pero los fariseos enfatizaban más la “Ley Oral” del Torá (los primeros cinco libros del Antiguo Testamento). Esa “ley oral” se componía de un vasto numero de interpretaciones y explicaciones del Antiguo Testamento, que creció a través de los años. Trágicamente, la ley oral enfocaba cada vez más las minucias intrascendentes. Por ejemplo: el mandamiento de no trabajar en el sábado lo expandieron e ilustraron con centenas de explicaciones y excepciones. Según los fariseos, en el sábado, solo permitían escupir en suelo rocoso. El judío no podía escupir en suelo polvoriento; la saliva podía mover el polvo y eso lo consideraban como arar la tierra, y hacer un surco. Si hiciese un surco, consideraban que había arado y arar era obviamente una clase de trabajo”. ¡Todo eso solo por escupir en el suelo!  

Eso es legalismo en su extremo más ridículo. Dijo Pablo a los Colosenses (2:20-22): “Pues si han muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo, ¿por qué, como si viviesen en el mundo, se someten a preceptos tales como: No manejes, ni gustes, ni aun toques (en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres) cosas que se destruyen con el uso?” El principio bíblico lo podemos resumir en estas palabras: Hacer todo con moderación.

No queremos ni podemos cambiar la bella comunión que tenemos el privilegio de desfrutar con Dios y codificarla, reduciéndola a una lista absurda de reglas. Jesucristo ha venido para enseñarnos el amor de Dios y no para transformarnos en autómatas, o sea, todos idénticos.

Las conocidas palabras de San Agustín: “Ama a Dios y haz lo que quieras” han sido mal interpretadas. Con eso no quiso decir que si amas a Dios puedes pecar cuanto quieras. Sí quiso decir que al amar a Dios, nos deleitamos en hacer lo que le complace. Nos agrada hacer lo que agrada a Dios. No es necesaria una lista de reglas para agradar a Dios, se trata de una obediencia que proviene del corazón. El que ama a Dios hace lo que le agrada. Dijo Jesucristo: “Si me aman, harán lo que yo he ordenado”. No es un intercambio, o sea, nosotros seguimos las reglas y cobramos de Dios la salvación. A los que estamos en Cristo, la salvación nos la garantiza el Maestro a través su sangre.

Todos conocemos el canto que dice así:
   
    ¿Qué me puede dar perdón?
    Sólo de Jesús la sangre;
    ¿Y un nuevo corazón?
    Sólo de Jesús la sangre;

    Precioso es el raudal
    Que limpia todo mal;
    No hay otro manantial,
    Sólo de Jesús la sangre

    Veo para mi salud,
    Sólo de Jesús la sangre;
    Tiene de sanar virtud,
    Sólo de Jesús la sangre.

Cantamos sin poner atención a la letra. Tengo la impresión de que no creemos en la letra o mensaje del canto que es: la salvación del alma humana solo se logra por la sangre de Cristo. El Señor ha hecho su parte en el plan de salvación del ser humano. Ahora falta que creamos en el hecho de que la sangre de Cristo garantiza nuestra salvación. ¿Creen en eso?
 
El segundo problema del legalismo es este: El legalismo transforma en policías de la iglesia a los que deberían animar a los hermanos. Conozco a cristianos que jamás van a un cine, o toman un vaso de vino, pero no hacen otra cosa que no sea criticar y echar pleitos. Son orgullosos y arrogantes y causan conflictos dondequiera que vayan. Esa no es una manera de agradar a Dios. Esa tampoco es una manera de atraer nuevas personas al reino de Dios. El mundo ve a los evangélicos como acusadores, jueces. Dicen que los creyentes hacen que las personas se sientan culpables, encontrando siempre defectos, en vez de ser personas que imparten la gracia de Dios. Tengo que admitir que encontramos gentes así en la iglesia de Cristo.

Deberíamos ser personas interesadas en auxiliar a los demás, en transformarnos en el pueblo que Dios espera que seamos. Sin embargo, preferimos ser los policías de la religión semejantes a los líderes de la Inquisición. Las personas del mundo tienen un concepto de nosotros como si fuéramos personas rígidas, sin gozo, tristes y sombrías. Creen que no sabemos o no nos permiten divertirnos. Pero esas caricaturas del cristianismo tienen mucho de correcto. Estamos siempre listos para acusar a las personas del mundo en vez de auxiliarlas y llevarlas a Cristo.

El legalismo hace con que sus seguidores se transformen en personas rígidas, que quitan el interés que pudieran tener los de fuera en seguir a Cristo. Nuestra misión es animar, estimular. Dejemos el juicio para Dios.

¿Cómo es que se puede vivir amargado cuando la Biblia instruye muchas veces: “Gozaos en el Señor. Otra vez os digo: Gozaos. Que su gentileza sea evidente a todos. El Señor se acerca”? (Fil. 4:4-5) Deberíamos ser reconocidos por el gozo de tener a Dios, y no por nuestra critica y espíritu juicioso que muchos reputan como ignorancia. 

Si leemos todo el capitulo 15 de Hechos, hay la contestación de Santiago a los legalistas que se habían metido en la iglesia, diciendo: “Por lo cual yo juzgo que no se inquiete a los gentiles que se convierten a Dios”. (Hechos 15:19) Él nos diría lo mismo hoy: “No hagan difícil para que la gente se acerque a Dios”. No permitan que al convertirse una persona, haya mucha ansiedad en hacer con que observe leyes o reglamentos o meramente tradiciones inventadas por nosotros. Hay que abrir camino hacia el amor de Cristo, en vez de estorbar con la lista de reglas.

La ley moral es importante, y no tardarán los nuevos conversos en adoptarla. Pero los líderes de la iglesia, más comúnmente los predicadores, no necesitan hacer la obra del Espíritu Santo por esas personas. Si creemos en la teología del Espíritu Santo nos enteraremos que uno de sus propósitos es cambiar a las personas. Y eso lo hace muy bien el Espíritu sin la interferencia de los predicadores profesionales. Digo profesionales por que se les pagan para servir a la iglesia y en vez de servir, se hacen dictadores o policías de la misma.

En el final de Hechos capítulo 15, los ancianos de la iglesia escribieron una carta a un nuevo converso de los gentiles diciendo: “que se abstengan de lo sacrificado a los ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación; de las cuales cosas si guardaren bien lo hacen. Pasen bien”. La última sentencia de ese verso, son solo dos palabras y algo que raramente se menciona: pasar bien, desfrutar la vida. Lastima que los pobres miembros tengan que pagar por la ignorancia de sus líderes. Los líderes parecen querer mantener la iglesia triste y amargada para poder así controlar mejor a los miembros. Eso, hermano mío no es ni bíblico ni pagano. Es algo que podemos tachar de: ignorancia del Nuevo Testamento y del amor de Cristo.

Cuando la iglesia pasa a ser el lugar lleno de policías religiosos, ya no es posible que sean genuinos y auténticos. Los miembros pasan a fingir que son alguien que en realidad no lo son, usando mascarillas para no ser juzgados por los “policías”. ¿A quién creen estar engañando? A Dios nadie engaña. Están engañando a los miembros y a si mismos.

Jesucristo nos advierte que el legalista también es hipócrita, al decir: “¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano”. (Mat. 7:3,5)

La tercera manera en que el legalismo es un problema es: Enfatiza la conformidad exterior en vez de la transformación en el hombre interior. He aquí el problema real del legalismo – pierde la meta verdadera de la vida cristiana. El cristianismo es para ser una comunión con Dios, y no una serie de reglas que seguir. En el centro de la fe cristiana está un Dios amoroso que quiere tener comunión con nosotros. Pero una comunión no basada en el temor, sino en el amor y la confianza. Dios nos ama aun si fallamos. Pero su propósito es cambiarnos internamente para que nuestra obediencia venga desde el corazón.

En la Escritura de hoy, los legalistas que llegaron a Antioquia instruían a todos a que guardasen la ley de Moisés. Ellos ignoraban el hecho de que Dios había cambiado la mente de aquellas personas. Ellos demandaban que hubiese una conformidad exterior y no veían que la parte interna Dios la había transformado.  

El propósito de Dios siempre fue crear una mente y un corazón dentro de nosotros que le amase y que estuviese listo para hacer su voluntad. Dijo Jehová, por el profeta Jeremías: “porque este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días--declara el SEÑOR--. Pondré mi ley dentro de ellos, y sobre sus corazones la escribiré; y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo”. (Jeremías 31:33)
Es muy difícil para nosotros meter en la cabeza que no arreglamos todo con Dios por ser “buenas personas”. Si pudiéramos hacer eso, no necesitaríamos un Salvador; nos salvaríamos nosotros mismos. Arreglamos nuestra vida según Dios quiere gracias la muerte salvadora de Jesucristo en la cruz y nada más. Nada que podamos hacer sería tan bueno como para merecer el perdón y el ingreso en el cielo. El cielo es de Dios y para entrar es necesario que actuemos como él quiere. 

Dijo Jesucristo a personas oprimidas por los legalistas: “Y conocerreis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:32) Hay dos traducciones del vocablo “verdad”. Puede ser el propio Jesucristo ya que él mismo dijo ser “la verdad”. Puede también ser “la Palabra”. No se dejen llevar por el legalismo leyendo la Biblia regularmente y orando en el nombre de Cristo por nuestros predicadores y líderes. 
La Biblia lo explica de esta manera a los convertidos: “8Porque por gracia habéis sido salvados por medio de la fe, y esto no de vosotros, sino que es don de Dios; 9no por obras, para que nadie se gloríe”. (Efesios 2:8-9) Escribió Pabló a Tito: “5El nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino conforme a su misericordia, por medio del lavamiento de la regeneración y la renovación por el Espíritu Santo”. (3:5)

Jesucristo no está interesado en nuestra conformidad exterior a un código moral; él sí esta interesado en transformar nuestro corazón. Es una obra interior. Y cuando el corazón se haya transformado, te enamorarás de Dios y querrás hacer su voluntad. No será una carga, sino un deleite. Demandar que las personas obedezcan leyes ni se acerca a lo que Dios de veras quiere hacer a cada uno de nosotros. Guardar la ley pierde totalmente el punto principal de la voluntad de Dios en la era cristiana. 

Conclusión:
Había un piloto que llevaba su familia pasear en un hidroplano en la Colombia Británica, provincia de Canada. Al intentar aterrizar en el océano, los flotadores se atoraron en y el avión volcó en las aguas frígidas del Pacífico norte. El piloto y su familia lograron salir del avión. Pero tuvieron que ir nadando casi un kilómetro de distancia hacia una pequeña isla. Estaban heridos por el accidente, y tuvieran que sobrevivir tres días de frío intenso hasta que les rescataron. Un avión les vio, casi por accidente, mientras volaba sobre ellos. Una búsqueda oficial se inició en la hora del accidente porque recibieron en tierra una llamada de socorro. Pero solo llegaran a la escena poco antes que hundiese el avión, deduciendo que nadie sobreviviera. La persona encargada de la búsqueda puso un fin en todo casi inmediatamente. Cuando finalmente la familia regresó en tierra, el oficial encargado de la búsqueda y rescate, defendió su decisión de detener la misma diciendo: “Ellos (la familia cuyo avión se había estrellado) hicieron todo mal; salieron de la escena del accidente y no dejaron ninguna indicación de qué rumbo llevaron”. He aquí una persona que podía seguir reglas, pero no podía seguir la guía de su corazón. Técnicamente, había seguido las reglas y hecho todo correctamente (ya que había leído el manual que decía que no se debe dejar la escena de un accidente, y no salir sin dejar alguna información acerca del rumbo que lleva), pero nadie en su mente sana creería que él hizo lo correcto. 

Conozco a varias personas en la iglesia que se esmeran en seguir todas las reglas, poniendo los puntos en las “I’s” y cruzando las “T’s”, pero pierden la mejor parte, la de la bondad, amor y decencia. Podrás estar totalmente correcto en cuanto al cumplimiento de las reglas, y totalmente equivocado en cuanto al agradar el corazón de Dios. Jesucristo nos advirtió diciendo: “De modo que haced y observad todo lo que os digan; pero no hagáis conforme a sus obras, porque ellos dicen y no hacen. Atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre las espaldas de los hombres, pero ellos ni con un dedo quieren moverlas”. (Mateo 23:3-4). 

Yo he visto y vivido mucho legalismo. Creo que todos, al empezar la vida cristiana, por el celo que sentimos, nos hacemos legalistas. Me duele al pensar en los daños que causé por mi legalismo. Pero con el pasar de los años, con mucha lectura Biblia, oraciones, comunión con hermanos maduros, y muchas ganas de aprender cómo agradar a Dios, no he podido seguir como legalista.  

Siempre he sido amigo de los predicadores y seguiré siendo. Sin embargo, quiero apartarme de los legalistas que aparte de inventar sus propias reglas, las imponen en los hermanos que humildemente las aceptan. Otros, al ver el ejemplo del predicador, creen que ser cristiano es ser legalista y se convierten también en policías de la iglesia. He aquí lo que dice el Señor: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque recorréis el mar y la tierra para hacer un prosélito, y cuando llega a serlo, lo hacéis hijo del infierno dos veces más que vosotros”. (Mateo 23:15) 

Preguntas para la meditación y repaso:
1. ¿Cuál ha sido tu experiencia con el legalismo? ¿Cómo reaccionaste?
2. Leer Galatas 5:1 y 13. ¿Cómo puedes encontrar equilibrio entre legalismo (tengo que merecer mi entrada en el cielo por mis buenas obras) y la gracia mal entendida (vivo por gracia y así no necesito preocuparme en obedecer mandamientos)
3. Leer Galatas 2:4. ¿Qué es libertad espiritual? ¿Crees que la mayoría de los cristianos viven esa libertad?
4. ¿Por qué es a veces difícil no juzgar?
5. ¿Es juzgar reconocer que alguien está viviendo al contrario a la ley moral? ¿Cuál debe ser nuestra actitud hacia ellos?
6. ¿Cómo es que la iglesia se hace un lugar donde todos sean bienvenidos sin comprometer su posición moral?
7. La gracia permite que seamos auténticos y dejemos de usar mascarillas para impresionar a los demás. ¿Cómo podemos ser un grupo de personas más autenticas?
8. Con frecuencia el mundo ve a los creyentes con una lista de cosas que no deben hacer y las quiere imponer también a los no cristianos. ¿Cómo se puede ayudarles a comprender la realidad positiva de ser un cristiano verdadero?

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