El chisme

Un destructor de vidas y de amistades

No andarás chismeando... (Levíticos 19:16)
Consciente de las palabras de Santiago (5:16), hace más o menos un mes Pepe abre su corazón a Raúl, un hombre que juzgaba ser confiable, confesándole sus fallas. El día siguiente el director de la empresa fue a hablarle, pidiéndole más información sobre su vida y sus responsabilidades, diciéndole que una persona le había contado cosas sobre su persona que le preocupaba. Inmediatamente conectó Pepe la visita del director con lo que había confiado al hermano Raúl el día anterior. Hubo una violación en su vida privada y  una traición entre hermanos. ¿Por qué le confesó Pepe sus debilidades? Lo hizo porque es la voluntad de Dios que confesemos. Pero es también importante que el que escucha la confesión tenga conciencia de la seriedad de la confesión, que tenga también buen juicio como para no compartir con nadie lo que ha escuchado. Creo que este es el motivo principal de no obedecer al pasaje en Santiago 5:16 - tenemos recelo que nuestra confesión será transformada en chisme.

Dios condena chismes                                                                                                                                                                                                                                                                           •    Levitico 19:16: “No andarás chismeando entre tu pueblo. No atentarás contra la vida de tu prójimo. Yo Jehová”.
•    3 Juan 10: “Por esta causa, si yo fuere, recordaré las obras que hace parloteando con palabras malignas contra nosotros; y no contento con estas cosas, no recibe a los hermanos, y a los que quieren recibirlos se lo prohíbe, y los expulsa de la iglesia”.
•    1 Pedro 2:1: “Desechando, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias, y todas las detracciones (chismes, calumnias)”

El chisme distorsiona la realidad
Un predicador vino a quejarse conmigo diciéndome lo siguiente: “Cuando a los miembros les gusta lo que hago, me lo dicen a mi; cuando no les gusta, lo dicen a los ancianos.” Tanto los ancianos como el predicador, en este caso, tienen ideas distorsionadas de la realidad de aquella iglesia.

La raíz del chisme
¿Por qué es que la gente chismea? Los entendidos en la sicología dicen que los chismes suceden cuando una persona no tiene las cosas o habilidades de otra persona. Es una especie de envidia. También cuando a una persona le falta talento, o cuando tiene talento pero no tiene ganas de trabajar para perfeccionar su talento; cuando le falta cierta ropa, u otra necesidad que tenga, pero no quiere esforzarse para conseguirla, entonces lo que hace es rebajar a la persona talentosa o pudiente. Dicen que criticar es la manera indirecta de alabar a si propio.

La parábola que usó Cristo para explicar ese tipo de persona, la del fariseo que oraba en voz alta diciendo estas palabras: “El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; (Lucas 18:11) Estudiemos este pasaje:
¿Qué pretendía el fariseo de la parábola?
•    Exageraba a Dios los defectos del publicano y, al mismo tiempo disminuía o escondía los suyos.
•    Él no quería que se fijasen demasiado en sus defectos y por lo tanto ponía en evidencia los defectos del publicano.
•    Al juzgar a su hermano parecía agradarle el usurpar el lugar de Dios, porque es Dios quien juzga el carácter de cada persona y no los hombres.

La palabras de Santiago son siempre duras y directas. Dice así el apóstol: “Hermanos, no murmuren los unos de los otros. El que murmura del hermano y juzga a su hermano, murmura de la ley y juzga la ley; ¿y tú, quien eres para que juzgues a otro?” (Santiago 4:11) Este pasaje es claro: si juzgamos a nuestro hermano, no tan solo pecamos contra nuestro hermano sino también contra Dios. Es como tomar el lugar de Dios.

El chisme es un problema del corazón                       
En Mateo 15:19-20 así lo explica Jesucristo: “Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias. Estas cosas son las que contaminan al hombre;” Hay que decidir, cada día, como vamos vivir: si guiados por Dios o por nuestra voluntad; con el corazón puro que nos da Dios o con los hábitos y prejuicios de la vida antigua. Hay algo muy serio en un cristiano o una cristiana que anda chismeando entre el pueblo de Dios.

¿Qué especie de acercamiento a Dios tendrá la persona que chismea? Yo diría que el que chismea raramente abre su Biblia y cuando la abre es para obtener información para debatir a otras personas. Utiliza la Palabra de Dios como una plataforma donde obtiene informaciones prejuiciosas y nada más.

Aprendí de niño que cuando no podía decir nada positivo de una persona sería preferible callarse. Por ejemplo: Había en un pueblo un hombre muy malo que no respetaba ni las personas y ni a Dios. Durante el curso de su vida solo hizo daño a los demás semejantes. El día de su muerte el predicador no sabía que decir sobre aquel hombre que fuera positivo. Después de pensar detenidamente concluyó que aquel hombre malo silbaba bien y eso lo mencionó varias veces a predicar su funeral. Siempre hay algo bueno aun en los hombres más malos.

El chisme siembra la desconfianza
Lo único que se logra al chismear es causar la desconfianza y el odio entre los hermanos. Piénsalo bien: ¿Después de escuchar un chisme, puedo todavía confiar en el chismoso?

Pablo recomienda lo siguiente a los Gálatas en 5:13-15: "Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino sirvan por amor los unos a los otros. Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Pero si os mordéis y os coméis unos a otros, mirad que también no os consumáis unos a otros.” ¡Ojo! No permitas que Satanás se apodere de tu corazón. Hay que luchar contra él, luchando contra el mundo sin permitir ser controlado por el maligno.

Países, naciones y gobiernos se han destruidos por la corrupción interna. Roma es un ejemplo típico. No fueron los enemigos externos que derrumbaron el imperio más poderoso del primer siglo. Fueron las inmoralidades, las facciones y los grupitos que formaron en el país y en poco tiempo todo se acabó, restando tan solo la historia. 

El chisme sirve para desanimar
¿Que es lo que se logra al chismear o al calumniar? Eso produce en la iglesia un sistema papal, o sea, una jerarquía. Al ser el objeto de un chisme la persona se ofende y deja de hacer la obra que antes hacía. El que servía a los necesitados o el que evangelizaba ya no lo hace por sentirse disminuido en su función. Y es precisamente esto que pretende el calumniador; es esto lo que quiere que creamos: que no somos competentes para hacer la obra que nos ha sido confiada por Cristo.

Pero es dictar, es hacer la obra de un dictador como también es ir en contra de lo que el Señor ha aconsejado. Al fin y al cabo, Jesucristo es nuestro Señor y no debemos permitir que otros puedan tomar su lugar en la iglesia. Jesucristo, y no el chismoso, es la cabeza de la iglesia.

La solución para el chisme
Hay algunos principios que podemos implementar en el proceso de erradicar el chisme de nuestro medio. Siempre que hay una plaga, gracias a Dios que por mucho investigar, los médicos logran desarrollar una vacuna. Y con esa vacuna inocula a todos en contra de la enfermedad. Cuando la poliomielitis empezó a alastrarse por todo el mundo, Jonás Salk, se puso a trabajar y no se detuvo hasta lograr encontrar la vacuna en contra de aquella enfermedad deformante.

De la misma manera en que se puede controlar las enfermedades, hay también maneras de erradicar los chismes de las iglesias. He aquí algunos principios:

•    Enfrentar al chismoso diciéndole estas palabras: “Supe que has hablado mal de mí y quisiera aclarar las cosas”. Esto surtirá buen efecto pues será como cortar el mal por la raíz, como dar una vacuna a un enfermo.

•    Jamás debemos vengarnos del chismoso, pagándole con la misma moneda. Eso de “ojo por ojo, diente por diente” es cosa condenable y no lo debemos utilizar. Hay que tener el valor de enfrentar al chismoso, cara a cara.

•    Dijo Jesucristo: “Si un hermano pecar contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos” (Mateo 18:15) Palabra de Dios.

•    Rehusar escuchar el chisme y decírselo a otra persona porque no lo hace. Consejo bueno tanto para el que chismea como para el que escucha un chisme o una calumnia.

•    Rehusar escuchar un chisme es no permitir que suceda un pleito. En el momento que nos damos cuenta que lo que nos dicen es un chisme, debemos detener a la persona que habla, para que no continúe.

•    Proverbios 26:20 dice así: “sin leña se apaga el fuego, y donde no ha chismoso, cesa la contienda”. Si hay una chispa de chisme y tu no lo quieres oír entonces no habrá el fuego destruidor de la calumnia. Sin leña se apaga el fuego. De igual manera, si no hay quien se interese por los chismes no habrá pleitos.

Hablar de cosas trascendentes
Dicen que personas de mentes grandes hablan de ideas, de sueños de metas. Y las de mentes pequeñas hablan de otras personas. Al hablar de otras personas casi siempre hay chismes. He aquí algunas cosas que podemos hablar con nuestros hermanos:

•    Hablar de cómo Dios te ha bendecido al contestarte las oraciones
•    Hablar de cómo ciertos versos de la Biblia te fortalece la fe en Dios
•    Hablar de un sermón, o ilustración que has escuchado o de un libro que has leído y que te ha ayudado en tu caminar con Cristo
•    Hablar de la ultima vez que compartió tu fe en Cristo con otra persona
•    Hablar no es tan importante como escuchar a tu interlocutor que quizás esté pasando por una crisis y necesita a un hermano misericordioso que escuche su confesión.

A los calumniados
Si has sido calumniado o si has sido el objeto de un chisme, queremos animarte a que no te detengas, y que continúes viviendo para Cristo, sirviendo como siempre lo hiciste. Ten en mente que el que hace los chismes, sin saberlo, está operando según poder de Satanás y no de Dios. Si te dedicas a dar clases, o a dirigir himnos o a hablar de Cristo a los no cristianos, no te detengas. Sigue el consejo de Pedro: “ Y quien es aquel que os podrá hacer daño, si vosotros seguís el bien. Mas si alguna cosa padecen por causa de la justicia, bienaventurados son”  (1 Pedro 3:13-14)

En el libro, conocido por todos como Don Quijote de La Mancha, hay un capítulo en que tanto el Quijote como su escudero Sancho Panza pasaban por un pueblo. Un dado momento Don Quijote se da cuenta que Sancho ya no le acompañaba y se había estancado en la entrada del pueblo. Don Quijote le pregunta porque se distanció tanto Pancho de su amo. Sancho contestó que no podía proseguir por los perros. Don Quijote, en su sabiduría le dice que siguiera caminando. Sancho contestó que no podía caminar porque habían perros que ladraban. Al detenerse Sancho ya no ladraban los perros. La moraleja que le quiso enseñar Don Quijote a Sancho fue esta: “Siempre que te decides caminar habrán perros que ladran”. Una persona que no tiene interés en lograr nada para el Señor jamás tendrá oposición. No obstante, el que quiera hacer algo importante en la iglesia siempre tendrá alrededor perros que ladran. ¡Qué ladren los perros! Continuar la obra para la gloria de Dios es lo más importante.

Otra manera de acabar con el chisme
Una segunda manera de exterminar los chismes en la iglesia es exponer al chismoso o calumniador. Hay un hermano que me han advertido que no confíe en él, porque es chismoso. A ese hermano hay que tener mucha precaución de lo que se dice en su presencia, pues en su juicio pobre y necio lo menciona a otros con la intención de destruir credibilidades. Si al criminal o el adultero lo exponen, ¿por qué no el chismoso?

Conclusión:
Habían dos exploradores que se habían separado del grupo de hombres que hacía investigaciones en el polo norte. Como había mucha nieve, estaba oscuro e imposible encontrar tanto los demás exploradores como la tienda adonde pasarían la noche. Uno de los dos hombres que se habían separado sentía que le congelaban los pies. El otro, no perdió tiempo y le sacó las botas y empezó a frotarle los pies y por unos treinta minutos se ocupó de ello. Como resultado, no tan solo salvó la vida de su compañero como, al frotarle los pies de su compañero activó su circulación de sangre en las manos logrando salvar su propia vida. Basta ya que Satanás quiera destruir la iglesia de Cristo. Si los miembros no se dedican a edificar unos a otros no faltarán las divisiones en las iglesias, contradiciendo los mandamientos de Cristo en su oración en Juan 17.

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