Donde no hay visión

 

En un proverbio de Salomón (29:18), en la versión inglesa del rey Santiago, traducido, dice lo siguiente: “Donde no hay visión el pueblo perece”. Esto no significa que un ciego no puede tener fe o que al vivir una vida rutinaria el ser humano deja de existir. Esto no quiere decir que un grupo de cristianos no debe vivir toda una generación con una única actividad: reunirse los domingos y en media semana y nada más. No; sí, quiere decir que donde haya pueblo de Dios debe también haber metas, planes y propósitos.

Para Pablo, según Hechos 26:19-20, la visión era la de anunciar el evangelio de Cristo. Leamos:
Por lo cual, oh rey Agripa, no fui rebelde a la visión celestial, sino que anuncié primeramente a los que están en Damasco, y Jerusalén, y por toda la tierra de Judea, y a los gentiles, que se arrepintiesen y se convirtiesen a Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento.

Pablo fue obediente a la visión celestial y apoyó todo su ministerio sobre lo que le dijo el Señor. Jamás se desvió de la misión que le dio Dios de predicar y de vivir el evangelio de Cristo. Aun en la cárcel Pablo continuó su obediencia a la “visión celestial” y en sus cartas, explicó a los cristianos lo fundamental que es creer en Cristo y continuar firme en la fe para la salvación del alma.

La cuna del cristianismo
Muchas veces usamos como comparación a las iglesias actuales, las iglesias del primer siglo porque son el único patrón neotestamentario que tenemos. Sin querer, endiosamos a los cristianos del primer siglo, como si fueran todos angelicales o super humanos. Se nos olvida que por la testarudez de sus líderes, al no tener visión, la gran mayoría de las iglesias mencionadas en las cartas de Pablo y de los demás escritores bíblicos del primer siglo, ya no existen.

Hagamos un crucero a través de la costa del Mar Mediterráneo, donde en el primer siglo se esparció la semilla del evangelio de Cristo:

•    En Italia – La iglesia de Roma, establecida antes de la llegada de Pablo, era una de las más fuertes en el primer siglo. Al escribir a la iglesia, Pablo dijo que tan grande era su fe que la conocían en todo el mundo. Hoy, aparte de lo que han hecho los misioneros americanos, de la iglesia primitiva solo hay un gran imperio religioso, social, político y económico, cuyas oficinas centrales se encuentran en el Vaticano. Es lo único remanente de las iglesias de los tiempos de los apóstoles.

•    En Grecia – Las iglesias que se reunían en las ciudades de:

o    Corinto, que fue el tema de dos cartas del apóstol Pablo. Por encontrarse Corinto en una encrucijada, en una posición estratégica, Corinto presentaba oportunidades magnificas para el crecimiento del evangelio. También era una puerta abierta a todo tipo de cultura y de pecados. Eso sin contar con el templo pagano que se dedicaba a inmoralidades. Dijo el Señor a Pablo: “Tengo mucho pueblo en esa ciudad” (Hechos 18:10). Lastima que los cristianos locales no siguieron el ejemplo de Pablo y hoy de la iglesia primitiva solo restan unas cuantas rocas que formaban parte de los templos paganos y de la ciudad.
o    Tesalónica, en el norte de Grecia, poco se sabe sobre aquella iglesia aparte de las cartas de Pablo a la misma. En la primera carta leemos comentarios halagüeños sobre la membresía de la misma: “...habéis sido ejemplo a todos los fieles” (1 Tesalonicenses 1:7)

•    En Turquía – A los Efesios escribió Pablo palabras animadoras como estas: “No ceso de dar gracias por ustedes” (Efesios 1:16) Lo que era Éfeso ahora es un lugar donde sólo hay escombros, y la única importancia del lugar es la arqueológica. De la iglesia no hay nada. Estos tampoco mantuvieron viva la visión de anunciar el evangelio de Cristo. Turquía hoy es un país mahometano.

•    En Asia Menor – (Entre Turquía y Grecia) estaban las conocidas siete iglesias de Asia Menor mencionadas por Juan en Apocalipsis. Parecía desanimado Juan al escribir a algunas iglesias la revelación que recibió del Señor mientras estuvo exiliado en la isla de Patmos. El Señor estaba disgustado con la conducta de los cristianos que vivían allá. Y como resultado en Asia Menor no hay ningún vestigio de la iglesia del Señor.

•    En Jerusalén – Quizás fuese la ciudad más importante de la era cristiana porque “millares de los judíos se habían convertido” (Hechos 21:20). Fue en esta gran ciudad donde llegó a los apóstoles el Espíritu Santo, el día que celebraban la fiesta de Pentecostés. También fue en Jerusalén que la iglesia de Cristo tuvo sus primeros conversos. Más de 2,000 judíos se bautizaron aquel día tan importante de la era cristiana. Hay una gran confusión religiosa en Jerusalén en este siglo y del primer siglo sólo hay historia.

Del Mediterráneo pasemos al continente americano:

•    En los Estados Unidos – El movimiento de restauración, en 1890, creció tanto que hasta eligió a un presidente de la república, el Presidente Garfield. El 20º. Presidente de los Estados era miembro de la iglesia de Cristo. Hoy del movimiento de restauración hay muy poco y no hay casi ninguna iglesia en el proceso de restauración, según los moldes del Nuevo Testamento. La falta de visión también existe en los movimientos modernos.

Los ciclos de una iglesia
Por lo general una iglesia tiene su período de crecimiento en el inicio. Luego, hay tantas actividades internas y problemas entre los cristianos que se olvidan de ir en búsqueda de los que todavía se encuentran perdidos. También, una vez que la iglesia se acostumbra con la compañía de los miembros existentes, forma grupitos y es difícil integrar a los miembros nuevos. Frustrados por no poder participar de la vida social de la iglesia, los nuevos miembros se van.

La iglesia de Jerusalén, en el primer siglo, tenía tantos miembros (de 3,000 a 5,000) que “no podían enumerar”. Crecía porque había visión y ganas de compartir o anunciar el mensaje de las buenas nuevas sobre Jesucristo. Según la carta a los Hebreos, escrita en año 70 de la era cristiana, indica que la iglesia de Jerusalén se había estancado y ya no crecía. Una prueba de eso  está que “ya no soportaban la sana doctrina” (Hebreos 5:12). A la iglesia le habían llenado tanto de las cosas del mundo, de tradiciones, de confusión doctrinal que ya no era posible que escuchasen un buen sermón y como consecuencia hubiese un cambio radical en la manera de ser de los miembros. Deducimos que si las personas que existen en la iglesia se rehúsan cambiar es imposible que hagan cambiar a los de fuera.

También la iglesia de Efeso, cuyo establecimiento tuvo lugar en 54 d.C. por el apóstol Pablo. El apóstol de los gentiles, como era conocido Pablo, no cesaba de dar gracias a Dios por los Efesios, por su espiritualidad reflejada en su conducta cristiana.

Es cuando leemos Apocalipsis vemos que algo había pasado con aquella iglesia. Juan la caracteriza de la iglesia que “había perdido su primer amor” (2:4). Entre la carta a os Efesios, escrita en 54 d.C. y Apocalipsis, escrito en 95 d.C., hay un periodo de 41 años. Efesios tardó 41 años para perder su primer amor, o sea, para perder el empuje, el entusiasmo de anunciar el evangelio de Cristo.

En el primer siglo, mientras crecía la iglesia de Jerusalén, Efesios ya había perdido su motivación.

Iglesias muertas
Entre las siete iglesias que describe Juan en Apocalipsis hay Sardis. Esta iglesia se caracterizaba por estar muerta espiritualmente aunque físicamente estuviera viva. Iglesias son diferentes de las personas, pues al morir un ser humano es sepultado y todo se acaba. Con las iglesias es diferente. Hay muchas iglesias muertas que todavía existen, que todavía se reúnen regularmente. Pero no hay fraternidad, hay hermanos que no se hablan, son pocas y superficiales las actividades. Falta amor y perdón en los miembros. La predicación es negativa o legalista. El predicador, por falta de valor de enfrentar al pecador, utiliza el pupito para agredir a algunos miembros. Los demás cristianos, al enterarse que está predicando solo a una persona, son forzados a no hacer caso a su predicación. Las iglesias están muertas cuando los miembros rechazan la presencia del Espíritu Santo en su vida diaria, por querer controlar ellos mismos sus acciones y sus palabras.

Para un visitante quizás no aparente, sin embargo, a los miembros locales la iglesia está muerta.

La muerte de una iglesia
Lamentablemente muere una iglesia no necesariamente por sus miembros, sino por sus dirigentes. Les falta visión; no reconocen que no tienen la vocación para liderar pero por su cabeza dura, no permiten que otros miembros capaces lo hagan. He aquí, a continuación, una lista de lo que caracteriza una iglesia muerta:

•    La iglesia pasa a ser un monumento y nada más. Igual que los monumentos de Europa y de América Latina que antiguamente eran iglesias y ahora por estar vacías son tan solo monumentos de arquitectura: bonitos pero vacíos.
•    Cuando el liderazgo se contenta con muy poco. Cuando no hay una visión a nivel nacional porque con llenar su pequeño edificio con 30 o 40 personas ya se considera realizada la meta. No hay una visión más amplia de establecer otras obras en la misma ciudad o enviar misioneros a otros pueblos para ganar más almas para Cristo.
•    Cuando la iglesia se satisface con la mediocridad. Con esto quiero decir que el líder espera tan sólo tres cosas de los miembros:
o    Que estén presentes en el culto
o    Que ofrenden
o    Que no le causen problemas

•    Cuando su mensaje no es trascendente a la sociedad. Son pocos los que se interesan en una iglesia cuyo mensaje es negativo y juicioso. Al contrario, los mensajes tienen que ayudar a los hermanos y a los de fuera a acercarse más a Dios. La iglesias que tienen asistencia muy baja es porque la predicación no les llena, no les auxilia, no les enseña. La predicación tiene que ser vibrante, poderosa e importante a los miembros. (Es por ese motivo que he escrito los libros de sermones: para auxiliar a las predicaciones a que sean trascendentes). El evangelio es “nuevas de gran gozo” y no nuevas de aburrimiento.

•    Cuando el líder o los dirigentes son pesimistas. Cuando, para justificar su falta de actividad presentan excusas, como por ejemplo: “Este lugar es muy difícil”, o “este lugar es muy pequeño (o muy grande). La realidad es que la obra de Dios jamás ha sido fácil. No fue fácil para Cristo ni para los apóstoles ni para los discípulos como tampoco será para nosotros. Dios llama a hombres no a robots para hacer su trabajo.  Si el predicador se queja que la ciudad es muy grande sería preferible que se cambiara a un más chica. Y si se queja que la ciudad es muy chica, entonces que se cambie a una ciudad más grande. Pero, que no se esconda atrás de esas excusas que denotan falta de interés en la obra de Dios.

•    Cuando falta autoridad en la iglesia. Los dirigentes de una iglesia no deben ser dictadores imponiendo su voluntad en los miembros. Si quieren influenciar a los miembros entonces que prediquen buenos sermones y vivan una vida de acuerdo a la voluntad de Dios. Pero tampoco deben permitir a los miembros que se apoderen totalmente del liderazgo, sobre todo si es para enseñarles algo contrario al buen desarrollo de la obra. Cuando en una familia falta la autoridad los hijos se hacen pandilleros, inmorales. Un cuerpo sin cabeza no vive por mucho tiempo.

•    Cuando el líder, o el predicador, tiene la mentalidad empresarial. Llega al estudio a las 9 de la mañana y regresa a la casa a las 5 de la tarde. Hay algunos que ni eso hacen, pasando la mayor parte de su tiempo en su casa viendo televisión y cuidando a sus hijos. Un misionero amigo, que por muchas décadas trabajó en Brasil, decía que la obra del Señor la podemos explicar con una sola palabra: trabajo. Si hay trabajo, por peor que lo haga, hay también resultados positivos y la iglesia continuará viva.

Alguien preguntará: ¿Por qué insistimos tanto que la iglesias sean exitosas? Es porque a través de la iglesia es que somos salvos. La iglesia no salva; quien nos salva es Jesucristo. Sin embargo, es por la iglesia que aprendemos sobre Cristo y es en la iglesia que aprendemos a ser cristianos, a adquirir la nueva mente, la mente de Cristo.

Hay una pieza teatral escrita por un dramaturgo belga, que se titula: El niño de los ciegos. Hay un capítulo en que, en un hogar para ciegos salen un día a pasear por la playa. Mientras están disfrutando la brisa del mar, le da un ataque cardiaco al director del hogar y este, el único vidente del grupo, se muere instantáneamente. Los ciegos intentan, por respiración artificial reavivar a aquel hombre que les había llevado a la playa. No obstante todo lo que hicieron, no pudieron reavivar al director. El problema ahora era de cómo regresar al hogar ya que había muerto el único vidente del grupo. Entonces escuchan a la distancia un niño llorando. Pronto empiezan los ciegos a llamarle hasta que el niño se acerca a los ciegos. Todos se acercan al niño y repetidamente le preguntan si él les puede llevar de regreso al hogar. El niño en vez de contestarles continua llorando. Finalmente el niño les contesta a los ciegos que no les puede llevar al hogar por un simple motivo: él también es ciego.

De igual manera, una iglesia sin visión jamás podrá llevar alguien al hogar celestial, a la salvación (Efesios 3:10). Que desarrollemos una visión en la iglesia del Señor.
 
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