Dios recuerda sus promesas

En la víspera de la esperanza – Dios recuerda sus promesas


 

 Introducción – Dios recuerda sus promesas y le podemos confiar que las cumplirá. Elisabet declara: “¡Dichosa tú que has creído, porque lo que el Señor te ha dicho se cumplirá!” La contestación de María celebra el hecho de que Dios la consideraba bienaventurada, pero el Señor no tan solo recuerda de ella sino también las promesas que ha hecho a través de generaciones (Lucas 1:50, 55). En épocas de crisis, a veces lo único que tenemos para sostenernos es la esperanza de que Dios cumplirá su promesa. La bendición la recibimos los que creemos que lo que dijo el Señor de veras se cumplirá.

 

  1. Un lamento: “¿Dónde está Dios?” La Escritura es el vocero en las épocas difíciles y también en los buenos tiempos. En Miqueas 5, el profeta predice que aunque un gran líder saldría de Belén, Israel “sería abandonada” (Miq. 5:3 NVI) “les abandonará” hasta que nazca el líder.

 

El poder de Dios no está en dudas. Miqueas mira hacia el futuro con poder, majestad y la grandiosidad del líder esperado (Miq. 5:4). El Salmista Asaf clama a Dios (Sal. 80:4, 7) para despertar su poder (Sal. 80:2). Cuando María reconoce su bendición, exclama: “porque el Poderoso ha hecho grandes cosas por mí. Hizo proezas con su brazo; desbarató las intrigas de los soberbios” (Luc. 1:49, 51.

 

“Abandonados” pero creyendo: En estos textos vemos claramente que el pueblo de Dios tenía que esperar por su voluntad. La espera puede parecer como abandono (Miq. 5:3), y el pueblo clama: “¿Hasta cuándo?” (Sal. 80:4). Las ganas de que el Señor actúe pronto se reconoce en las Escrituras por un pueblo que ora así: “Restáuranos, oh Dios Todopoderoso” (Sal. 80:7). ¡Si ellos no creyesen que Dios era capaz (o valiente), no le pedirían que les salvara!

 

  1. Promesa: De generación en generación. El calendario de Dios no es igual al nuestro. La celebración de María, ella reconoce que su embarazo cumple una promesa hecha desde muchas generaciones anteriores hasta llegar a Abraham (Luc. 1:54-55)

 

Dios vendrá: La promesa sempiterna es que Dios vendría a su pueblo. Miqueas habla a “…Belén Efrata, pequeña entre los clanes de Judá,”(5:2), “Ven” clama el salmista “y sálvanos” (Sal. 80:2). Elisabet dice que su niño saltó de alegría porque “… la madre de mi Señor vino a verme” (Luc. 1:43-44). Y de veras, el cuerpo de María preparó un cuerpo para Cristo, quien dijo: “He venido, oh Dios, a hacer tu voluntad”. Al venir el líder, era el propio Señor quien vino en un cuerpo humano preparado para su venida.

 

Pastor de la paz: El pueblo de Dios sobrevivió los tiempos difíciles con la promesa de que debería venir un Pastor que les guiaría y les cuidaría (Sal. 80:1), uno que les apoyaría en todo (Miq. 5:4) para que viviesen con seguridad. La profecía de Miqueas es esta: “Y éste será nuestra paz” (Miq.5:5 R-V).

 

  1. Santidad: Dios nos hace santo como él mismo lo es . Dios es santo, “tú que reinas entre los querubines, ¡escúchanos!” (Sal. 80:1), y su nombre es majestad (Miq.5:4) y santo (Luc. 1:49)

 

Contrario a la manera del mundo: Una de los significados del “santo” es ser totalmente diferente del pecado humano y de sus debilidades. El canto de María ilustra que la manera de Dios es completamente diferente a las sociedades humanas. Él separa al orgulloso, destruye a los gobernantes, eleva al humilde, satisface al hambriento, pero envía rico vacío (Luc. 1:51-53). Nos hemos acostumbrado y mezclado con la manera del mundo de poder e influencia, pero cuando Dios llegó al mundo, él dio importancia al humilde, al pobre, al hambriento (Luc. 1:48, 52, 53). Sabemos que casi siempre fallamos en eso.

 

El hacernos santos: Sabemos que no podemos vivir en paz con un Dios santo cuando no somos santos; y sabemos que no somos capaces de hacernos santos. Por eso, “Y en virtud de esa voluntad somos santificados mediante el sacrificio del cuerpo de Jesucristo, ofrecido una vez y para siempre” (Heb. 10:10). El Pastor que se ofrece como sacrificio (Heb. 10:8), se hace nuestra paz (Miq.5:5).

 

Creemos que Dios recuerda sus promesas y las cumplirá. Desde que Cristo llegó a Belén, hace mucho tiempo, tomó un cuerpo, y se entregó a si mismo para hacernos santos, y oramos: “Ven, Señor Jesús”. Mientras las personas se hacen santas, vivimos según la manera de Dios, y no la del mundo, entretanto que esperamos su segunda venida.

 

Preguntas para medición y discusión:

 

  1. Da un ejemplo de la diferencia entre la manera en que el mundo demuestra poder y la manera en que Dios lo hace.
  2. ¿A quien esperaba el pueblo en Salmos 80?
  3. ¿Qué es lo que caracteriza el liderazgo del Pastor en Miqueas 5?
  4. ¿Puedes recordarte de una promesa que alguien te hizo y la cumplió?
 

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