Cuando la mitad no basta

Hechos 18:24-28

Lucas, el escritor de los Hechos, interrumpe el relato del viaje misionero de Pablo para presentarnos a un nuevo personaje en la historia de la iglesia. Se trata de un judío llamado Apolos. Así lo relata: “…un judío llamado Apolos, natural de Alexandría, varón elocuente, poderoso en las Escrituras”. Apolos era recién llegado de Efeso.

Apolos era originario de Alexandría, ciudad ubicada en la costa norte del Egipto y la segunda ciudad en importancia en el Imperio Romano. Alexandría era conocida por su cultura y por ser un centro educacional muy grande. Tenía la biblioteca más grande del mundo de aquella época. Antes que le destruyese un incendio, la biblioteca tenía 700,000 pergaminos y otros documentos.

Apolos era un hombre culto, con una preparación equivalente a la de nivel universitario. Sus credenciales eran impresionantes. También era elocuente, sabía cómo persuadir a las personas con sus palabras sabias. Apolos era “poderoso en las Escrituras”, lo que quiere decir que conocía el Antiguo Testamento, y conocía también el idioma hebreo.

El verso 25 declara: “Este había sido instruido en el camino del Señor; y siendo de espíritu fervoroso, hablaba y enseñaba diligentemente lo concerniente al Señor, aunque solamente conocía el bautismo de Juan”.

Apolos parecía muy entusiasmado al comunicar lo que conocía acerca de Cristo. Era fervoroso. También aprendemos aquí que Apolos había sido instruido en el camino del Señor, aunque solamente conocía el bautismo de Juan. No se sabe exactamente lo que conocía Apolos, pero es obvio que su conocimiento acerca de Cristo era limitado.

Quizás alguno de ustedes conozca la historia de John Wesley, conocido predicador del siglo pasado. Su padre era predicador y su mamá era una mujer consagrada. Fue alumno de la Universidad de Oxford, en Inglaterra, y luego profesor de griego y de lógica en la misma universidad. No tardó en hacerse predicador de la iglesia Anglicana.

Mientras estuvo en Oxford formó un grupo al cual llamó “club santo”, que se reunía para tratar del crecimiento espiritual de cada miembro. Pasado algún tiempo se hizo misionero y vino a los EUA para trabajar con los indios en el estado de Georgia, donde falló totalmente. Forzado a regresar a Inglaterra, escribió: “Fui a América para convertir a los indios; ¿pero quien me convertirá a mí?”

Ni todo estaba perdido, porque en sus viajes Wesley encontró un grupo de personas cuya fe le impresionó profundamente. Así que al regresar a Londres, buscó uno de sus líderes que le convenció de que la salvación consiste en un sistema de fe. Fe para creer en Dios, para confesar sus pecados, para bautizarse y para vivir una vida nueva.

En el día 25 de mayo de 1738, Wesley fue a una junta donde leerían el prefacio del libro de Romanos, cuyo autor era Martín Lutero. Dijo que mientras le describían el cambio que Dios logra en el corazón del creyente a través de la fe en Cristo, sintió como que ardiese su corazón. Luego pasó a confiar solamente en Cristo para su salvación.

Antes de ese evento en la vida de John Wesley, éste confesó que conocía más teología y era más dedicado que la mayoría de los creyentes. Sin embargo, sentía que estaba perdido. Dice un comentarista:“Centenas de personas profesan algún tipo de creencia en Cristo, demuestran reverencia a Dios, van a la iglesia los domingos, contribuyen en la colecta, toma de la Cena del Señor y admira la enseñanza ética del Señor, pero están tan perdidas como John Wesley. No tienen el fuego, no tienen el entusiasmo, no tienen vida porque no tienen a Cristo”.

Volviendo al texto. El verso 26 dice así: “Y comenzó a hablar con denuedo en la sinagoga; pero cuando lo oyeron Priscila y Aquila, lo tomaron aparte y le expusieron más exactamente el camino de Dios”.

Apolos, un judío de Alexandría, era un hombre preparado, era elocuente, poderoso en las Escrituras, ferviente en espíritu, pero asimismo no podía mover las personas más allá de lo que conocía.

Es importante lo que hicieron y, también lo que no hicieron Priscila y Aquila. El verso dice que lo tomaron aparte, y tiernamente le enseñaron la completa teología acerca de Cristo. No le condenaron ni le obstaculizaron su predicación. Esperando hasta que terminase de hablar, le llevaron a otro lugar y allí le explicaron que debería completar su teología, añadiendo el bautismo de Cristo.

Ese verso revela la actitud humilde que caracterizaba a Apolos y debe también ser parte de todo líder cristiano. Aunque fuera una persona formalmente culta y bien educada, humildemente se sentó a los pies de aquellos hacedores de tiendas para aprender acerca de Jesucristo. Él era lo suficiente inteligente como para saber que no conocía todo y como dice el refrán: mientras se vive se aprende. La Biblia es completa pero nuestro conocimiento de la misma no y necesitamos tener la mente abierta para poder continuar aprendiendo. Otro predicador del pasado, D. L. Moody dijo que cada vez que escuchaba predicar Henry Drummond, iba a su casa y quemaba algunos de sus sermones. Consideraba que los sermones del otro predicador eran superiores.

¿Puedes recordarte de alguien, de un predicador o maestro de escuela dominical o de un amigo que te ha desafiado a avanzar más tus conocimientos? He tenido a muchas personas así en mi vida que me han desafiado y empujado a conocer más, confiar más y tener más fe.

Uno de ellos fue Glenn Owen, hermano que me bautizó en Brasil, donde sirvió como misionero, y jamás me dejó, ayudándome en el conocimiento de la Palabra de Dios a la medida que la aprendía. El otro fue Lynn Anderson, quien siempre estuvo listo para aclarar ciertos puntos en la fe que para mi parecían obscuros. 

¿Quién no ha tenido en su vida a alguien que le ha animado cuando más lo necesitaba? Todos. ¿Hay alguien que conoces y que necesita que le estimule a aumentar su fe?

Podemos hacer estas preguntas: ¿Quién enseñó la teología a Martín Lutero para que éste tradujera el Nuevo Testamento? ¿Quién fue a la tienda de zapatos y habló de Cristo a D. L. Moody? ¿Quién fue el misionero que persuadió a Juan Monroy acerca de Cristo? ¿Quién enseñó a J. W. Treat a escribir himnos? Probablemente no lo sabemos. No fuera por esas personas desconocidas, un gran número de personas importantes serían olvidadas. También muchas almas serían intocadas. Pero esas personas son comunes y corrientes iguales a nosotros y Dios las utilizó para animarnos y fortalecernos y, como resultado la historia de la iglesia ha cambiado. Dios puede utilizarte para fortalecer y animar a otras personas.

Quisiera compartir tres puntos importantes en cuanto a animar a alguien a servir a Cristo:

1. Orar y pedir a Dios para dirigirte a alguien que necesita estimulo. Esos están en toda parte y quizás no necesites este primer punto porque ya conoce a alguien en esa condición. Igual que Pricilla y Aquila hicieron en la vida de Apolos, Dios tiene a alguien para que le animes.

2. Buscar personas con potencia de crecer más en la fe. Priscila y Aquila no rechazaron a Apolos solo porque su teología era incompleta.

3. Dedicar tiempo para hacer una inversión en la vida de alguien que necesita de fortalecimiento en la fe. Decidir ahora mismo que iras animar a una persona. Hacer un plan y ponerlo en practica.
En el verso 27 leemos que: “Y queriendo él pasar a Acaya, los hermanos le animaron, y escribieron a los discípulos que le recibiesen; y llegado él allá, fue de gran provecho a los que por la gracia habían creído (28) porque con gran vehemencia refutaba públicamente a los judíos, demostrando por las Escrituras que Jesús era el Cristo”.

En los versos 27 y 28 nos enteramos de que Apolos fue de gran beneficio a los que creyeron. Apolos refutaba a los judíos y probaba la deidad de Cristo usando las Escrituras. Apolos fue uno de los mejores comunicadores de su época. Todo porque unos hacedores de tiendas, Priscila y Aquila, le dedicaron su tiempo.

La conversión de Wesley empezó un movimiento comparable a la revolución francesa o la revolución industrial, como un fenómeno histórico del siglo 19. Opina un comentarista que la predicación de Wesley puede haber salvado Inglaterra de una revolución semejante a la francesa. 
 
Conclusión:
No subestimes la influencia que puedes ejercer sobre otras personas. Había un predicador en Inglaterra en el siglo 19 parecido a Apolos que conocía la Biblia, hablaba con elocuencia y denuedo y tenía mucha influencia en las personas por ser un obispo. Pero estaba perdido. Había un predicador, de baja estatura, que le quería hablar pero no sabía cómo hacerlo con diplomacia. Entonces empezó a orar y finalmente tuvo una idea.

El predicador decidió ir al confesionario cuando estaba allí dentro el obispo, para que escuchara su confesión. Fue allí cuando el predicador “confesó” al obispo el evangelio de Cristo. Le dijo que era pecador y que no podía salvarse a si mismo y como Jesucristo había muerto por sus pecados y cómo él había sido bautizado y como la fe le sostenía durante su jornada cristiana. Eso fue lo que el predicador confesó al obispo, y también la primera vez que el obispo escuchó una presentación del evangelio y se salvó. Ese fue un momento importante en la Reforma Inglesa. El antiguo obispo, ahora creyente, sufrió como mártir por su fe, y le quemaron vivo. El día de su muerte consiguió energías suficientes para fortalecer al hombre que moriría con él aquel día. Él le dijo al condenado: “Se fuerte y valiente, enfréntales como hombre. En este día será de triunfo y gloria para Dios”.

Jamás te enterarás en la tierra los réditos que recibirás de las inversiones que has hecho en alguien.
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