Cuando Cristo Edifica una Iglesia

Un Estudio de Mateo 16:13-20

Lección #1  - La gran confesión

Jesucristo preguntó a sus discípulos: “—¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?” (Mat. 16:15). Esa pregunta es de suma importancia en el evangelio de Mateo y es la tesis tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento. Durante más de dos años Cristo estuvo estableciendo, afirmando y edificando la confianza y el compromiso de sus discípulos hasta que Pedro, de parte de los demás discípulos, pudo hacer la confesión suprema al decir: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente —afirmó Simón Pedro” (v.16) Esa confesión incluye la esencia del cristianismo verdadero. Echemos un vistazo más de cerca.

I.      El entorno (v. 13b)

“Cuando llegó a la región de Cesarea de Filipo”

Hacía algunos meses que Cristo estuvo apartado de las muchedumbres mal informadas que querían hacer de él un líder político, desde el rey Herodes, que le quería matar por su ambición celosa, hasta los líderes de los judíos, que le veían con una amenaza a su sistema religioso. El Señor utilizó aquel tiempo para instruir a los doce discípulos acerca de la cruz y de otros temas espirituales de suma importancia.

Durante el tiempo de reclusión Jesucristo y sus discípulos fueran al norte de Galilea en Cesarea de Filipo. Después de orar, Cristo iba caminando con los doce por un camino entre algunos pueblos suburbanos de Cesarea de Filipo (Mar. 8:27; Luc. 9:18). Mientras caminaban el Maestro hizo a sus discípulos dos preguntas.

I.      El examen (v.13b-15)

“Jesús preguntó a sus discípulos: —¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre? Le respondieron: —Unos dicen que es Juan el Bautista, otros que Elías, y otros que Jeremías o uno de los profetas”.

“Hijo del hombre” era la manera más común de designar al Hijo de Dios. Aunque sea un titulo profético referente al Mesías (Dan. 7:13), Cristo usó aquí como una señal de su identificación con los seres humanos. Cristo anduvo predicando, enseñando  y operando milagros hacía más de dos años, revelándose al mundo. A raíz de esa auto revelación, parece que las preguntas del Señor no tenían como propósito el de obtener información, porque él ya sabía lo que todos pensaban. En la realidad, Cristo quería contrastar las opiniones equivocadas de la gente a una confesión verdadera de sus hombres.

  1. Respuestas equivocadas

                                               i.     Juan el Bautista

Respondiendo a la primera pregunta de Jesucristo, los discípulos se fijaron que mucha gente se equivocaba pensando que Jesucristo fuese Juan el Bautista. Mateo 14 dice: “En aquel tiempo Herodes el tetrarca se enteró de lo que decían de Jesús,2 y comentó a sus sirvientes: «¡Ése es Juan el Bautista; ha *resucitado! Por eso tiene poder para realizar milagros.»” (v. 1-2). Esas palabras representaban la opinión popular no tan solo la de Herodes. El rey había decapitado a Juan el Bautista, quien sirvió para preparar el camino de Cristo, y ahora estaba temeroso de que Juan regresaría para vengarse de él.

 

                                             ii.     Elías

Otros creían que Cristo fuera Elías. Muchos judíos esperaban que Elías regresase a ellos antes de la venida del Mesías. Aquella expectativa la basaban en Malaquías 4:5: “Estoy por enviarles al profeta Elías antes que llegue el día del Señor, día grande y terrible”.

 

                                            iii.     Jeremías

Aun otros pensaban que Cristo fuese el profeta Jeremías. Aquella opinión popular la basaban en una narrativa Apócrifa (escritos no bíblicos). Según la leyenda, Jeremías tomó el arca de la Alianza y el altar de incienso del Templo para prevenir su profanación durante el cautiverio babilónico (2 Macabeos 2:1-7). La leyenda también dice que Jeremías regresaría para restaurar las piezas robadas del Templo antes de establecer el reino mesiánico.

Según Macabeos, Jeremías dio una espada de oro a Judas Macabeo, quien la usó para liderar a su pueblo en una revolución contra los griegos (15:15-16). Por esas leyendas, los judíos, en la época de Cristo miraban a Jeremías como su héroe.

 

                                            iv.     Uno de los profetas

La opinión general que Cristo era uno de los profetas también era  muy popular. Quizás pensaban que Cristo fuese el profeta Sofonías por su espíritu de amor, pero no se sabe a cuál de los profetas se referían. Una narrativa paralela en Lucas 9:19 dice que algunos pensaban que él fuese uno de los profetas de la antigüedad que había resucitado. Eso causaba mucha confusión por la habilidad sobrenatural de Jesucristo.

Todas las respuestas incorrectas tienen algo en común: la gente pensaba que Cristo era el precursor del Mesías, y no el propio Mesías. Intentaban explicar sus poderes supernaturales al concluir que era un profeta.  De la misma manera, muchos hoy dicen que Cristo era un gran hombre, pero no lo aceptan como el Salvador ni el Señor. 

 

  1. La respuesta correcta

Tras escuchar las opiniones incorrectas del pueblo en general, Cristo ahora quería saber qué opinaban los discípulos. Y por lo tanto les pregunta: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?” (v.5). La respuesta de Pedro (v.16), fue una confesión formal y oficial de todos los discípulos. Pedro con frecuencia servía de vocero de los doce apóstoles (Mat.15:15; 19:27; 26:35, 40-41; Juan 6:68). Parece que tenía la habilidad de articular lo que los discípulos estaban pensando como grupo.

“Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente —afirmó Simón Pedro”.

La traducción del nombre “Cristo” al griego significaba Mesías o el ungido. La confesión de los discípulos era decisiva, enfática y breve: Cristo es el Mesías. Pero, ¿qué creían los discípulos acerca de Cristo durante la primera parte de su ministerio?

  1. Inicialmente

i.               La afirmación de los discípulos acerca de Cristo

ii.              Inicialmente los discípulos reconocían que Cristo era el Mesías (según Juan 1:41). Creían en el testimonio de Juan el Bautista, que decía: “¡Aquí tienen al Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!.. Yo lo he visto y por eso testifico que éste es el Hijo de Dios.” (Juan 1:29, 34) La creencia original de los discípulos se fortaleció observando de cerca sus habilidades sobrenaturales (v. 47-48). Y si Cristo hubiera planeado destruir el Emperio Romano y establecer su propio reino terrenal, era de esperar que los discípulos le hubieran dado todo su apoyo.

  1. La duda de los discípulos acerca de Cristo

No obstante, cuando a Cristo lo trataban con odio, rechazo y humillación, los discípulos empezaron a dudar si la afirmación inicial de Juan el Bautista era la correcta. Aun Juan el Bautista, el precursor de Cristo, tuvo sus dudas en cuanto a la identidad del Maestro (Mat. 11:1-4)

Durante el inicio del ministerio de Cristo, los discípulos tuvieron sus momentos no solo de gran fe (Juan 6:68) como también de poca fe (Mat. 8:26). Jesucristo reconocía la necesidad de instruirles personalmente para mantener su fe y evitar dudas. Y a eso se dedicó.

  1. Más adelante

i.      Jesucristo es el Mesías

Al llegar en Mateo 16 el Señor ya estuvo enseñando a los discípulos por más de dos años. Ellos habían visto los milagros y escuchado sus enseñanzas profundas. Ahora tenían una creencia genuina acerca de que Cristo era el Mesías. Aunque su entendimiento acerca de su obra expiatoria en la cruz era incompleta, reconocían a Jesucristo como el cumplimiento de sus esperanzas y el origen de su salvación.

ii.   Jesucristo es el Hijo del Dios viviente

En el griego el vocablo “Hijo” comunica más esencia, que servicio. Al decir que Cristo era “el Hijo del Dios viviente”, estaban confesando a Cristo con la misma esencia de Dios. Cristo mismo dijo ser igual a Dios (Juan 5:17-18).  Él es el “Dios viviente”, contrario a los dioses muertos adorados en vano por los hombres.

IV. El origen (v.17)

“Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás —le dijo Jesús—, porque eso no te lo reveló ningún mortal, sino mi Padre que está en el cielo”.

“Simón” era el nombre de Pedro antes de su conversión, y Cristo lo usó para explicar que tan inadecuada y ciega es la razón humana. No fue a través de intelecto o merito que Pedro confesó que Cristo era el Mesías. Después de todo, “ni nadie puede decir: «Jesús es el Señor» sino por el Espíritu Santo”. (1 Cor. 12:3). Solo Dios puede revelar su Hijo a la mente humana. Jesucristo dijo: “Mi Padre me ha entregado todas las cosas. Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quiera revelarlo”. (Mat. 11:27). Solo por revelación divina podemos conocer a Cristo.

Mientras Cristo instruyó personalmente a los discípulos durante un periodo de tiempo, el Espíritu Santo les reveló que Jesucristo era el Mesías. Hoy el Espíritu Santo continua a revelar el Hijo a aquellos que escuchan las enseñanzas de Cristo en las Escrituras, porque “Así que la fe viene como resultado de oír el mensaje, y el mensaje que se oye es la palabra de Cristo”. (Rom. 10:17). Mientras leemos acerca de la gloria de Cristo en la Biblia, “Así, todos nosotros, que con el rostro descubierto reflejamos como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados a su semejanza con más y más gloria por la acción del Señor, que es el Espíritu” (2 Cor. 3:18)

 

V.   La evidencia (v.17)

Las palabras y las obras de Jesucristo claramente le revelan como Dios.

a.   Las palabras de Cristo

 

i.      Mateo 7:22: “Muchos me dirán en aquel día: "Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios e hicimos muchos milagros?" Jesucristo es Señor del juicio.

ii.     Mateo 5:17: “No piensen que he venido a anular la ley o los profetas; no he venido a anularlos sino a darles cumplimiento.” Tanto la autoridad como las enseñanzas de Cristo son de origen divinos.

a.     Las obras de Cristo

i.      Mateo 8:3: “Jesús extendió la mano y tocó al hombre.  —Sí quiero —le dijo—. ¡Queda limpio! Y al instante quedó sano de la lepra”. Aquí vemos el poder de Cristo sobre las enfermedades

ii.     Mateo 8:26: Cristo Entonces se levantó y reprendió a los vientos y a las olas, y todo quedó completamente tranquilo.

iii.   Mateo 8:32: Cristo expulsó los demonios de dos personas. Cuando los demonios salieron, fueron a una manada de puercos, que por su vez se tiraron desfiladero abajo y en el mar y se ahogaron. Aquí vemos el poder de Cristo sobre demonios.

iv.   Mateo 9:6: “Pues para que sepan que el Hijo del hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados —se dirigió entonces al paralítico—: Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa”. Eso revela el poder de Cristo sobre el pecado.

v.     Mateo 9:25: “Pero cuando se les hizo salir, entró él, tomó de la mano a la niña, y ésta se levantó”. Aquí vemos el poder de Cristo sobre la muerte.

c.  Jesucristo es el Señor

a.     Reconociendo a Jesucristo como Señor, dio a los discípulos un conocimiento más profundo acerca de que él era el Mesías.

b.     Afirmado

Dijo Jesucristo que era “el Señor del Sábado” (Mateo 12:8). Esa afirmación pone a Cristo arriba de Juan el Bautista, Elías, Jeremías o cualquier otro profeta. Pero, para poder comprender por qué, hay que conocer algunas cosas acerca del sábado.

Conociendo los sábados

El sábado, el séptimo día de la semana, era el centro de la vida en Israel. De echo,  el calendario religioso de los judíos estaba preparado en siclos de sietes. La palabra “sábado” traducida del griego significa “descanso” o “acabado”. Primeramente el sábado era tiempo de descanso de la labor física y para adorar a Dios. Habían muchos sábados que los judíos podían guardar.

1.     El sábado semanal (Lev. 23:1-3)

Los judíos creían que el sábado era el séptimo día de la semana. Cada sábado el pueblo descansaba de su trabajo y se reunía para adorar. Aquel día lo copiaran del día que descansó Dios en la creación (Ex. 20:8-11), sirviendo de recuerdo que Dios libró a Israel del cautiverio egipcio (Deum. 5:12-15)

2.     La Pascua (v. 4-8)

En los 14 días de Nisan (el primer mes del año, según el calendario religioso de los judíos), comían una comida especial para celebrar la primera Pascua en Egipto. Inmediatamente después de la Pascua, la nación judaica guardaba la fiesta de los panes asimos, en parte ofreciendo numerosos sacrificios cada día y también por reservar el primer y siete días para el descanso y la adoración.

3.     La fiesta de las primicias (v. 9-14)

Esta ceremonia la llevaban a cabo siete semanas después de la fiesta de los panes asimos, en el 5º. Día. Por ser una observancia que la asociaban con la cosecha, era también llamada la Fiesta de la Cosecha. Ese era un día de observancia. No se permitía trabajar, y se hacía numerosas ofrendas.

4.     La fiesta de la trompetas (v.23-25)

Esa fiesta era en el séptimo mes del calendario religioso judío. Sacrificaban animales y tocaban la trompeta con mucha frecuencia.

5.     El día de la propiciación (V.26-32)

Ese día lo observaban en el 10º día del séptimo mes. Solo en ese día el sumo sacerdote entraba en el Santo de los Santos, simbolizando la necesidad de expiación por los pecados. No permitían que nadie trabajase y debían ayunar.

6.     La fiesta de los tabernáculos (v. 33-43)     

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En esa fiesta el pueblo judío vivía en tiendas (hechas de ramadas) como una celebración a la manera de vida de los israelitas durante la jornada en el desierto al salir de Egipto. Empezaba en el séptimo mes del calendario religioso.

7.     El año del sabático (25:1-7)

Cada siete años le prohibía el pueblo de labrar la tierra o de podar sus viñas. Lo que sacasen de la tierra era para compartir con los pobres, los esclavos y los visitantes.

8.     El año del jubileo (8-55)

Después de siete años de sabáticos consecutivos (49 años) se celebraba un jubileo especial que duraba todo un año. La tierra descansaba nuevamente. Durante el año, las herencias perdidas las restituían, esclavos que querían su libertad la podría lograr, y antiguas propiedades las podían comprar o les regresaban automáticamente.

Los sábados eran simbólicos del descanso y de los días santos de la salvación que vino con Cristo. Igual al Antiguo Testamento, los sacrificios apuntaban al Cordero de Dios, para que también todo el sistema del sábado apuntase a Cristo, quien últimamente da descanso y santidad.

2. Ilustrado

Leer Lucas 4:16-19, 21; según Isa. 61:1-2

Al leer la profecía en Isaías, Cristo decía: “Yo soy el sábado verdadero, él que proclama el jubileo espiritual al libertar a los pecadores de la esclavitud del pecado”. Por eso dijo el Maestro: “Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso” (Mat. 11:28). A través de su obra expiatoria en la cruz, Cristo inició una nueva alianza, que terminó con el mandamiento cuanto al sábado (Col. 2:16-17). El justo ha entrado en la salvación de Cristo y espera el descanso incomparable de su presencia (Heb. 4:9-11)

VI. El resultado (v. 17)

“Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás —le dijo Jesús”

La bendición del Señor es la dádiva de todos sus recursos a los justos. El justo lo bendice “con toda bendición espiritual en Cristo” (Efe. 1:3). Si tan solo confiesas a Cristo como el Mesías, el Hijo del Dios viviente, y lo aceptas como tu Salvador, confiesas tus pecados y te bautizas para el perdón de los pecados y recibir al Espíritu Santo, desfrutarás su descanso santo y eterno.

Preguntas para meditación y repaso

  1. ¿Por qué es que Cristo se refugiaba de las muchedumbres?
  2. ¿Por qué es que Cristo cuestionó a los discípulos?
  3. ¿Qué opinaban los discípulos en el inicio del ministerio de Cristo?
  4. ¿Por qué es que Cristo no quería que la fe de los discípulos vacilase?
  5. ¿Cómo fue que Dios reveló a Cristo a los doce? ¿Cómo lo revela hoy?
  6. ¿Qué es lo que simbolizaban los sábados?
  7. ¿Cuál es la bendición específica que Cristo derrama sobre el justo?

 

 

 

Lección # 2 – Cuando Cristo edifica una iglesia

Mateo 16:18

El tema más importante de Mateo 16:13-20 es esta declaración de Cristo: “Edificaré mi iglesia” (v.18). Todo lo demás en el pasaje amplifica esa gran declaración.

Cómo identificar quien edifica la iglesia

Hace años, alguien intentaba investigar por qué es que algunas iglesias gozaban de gran crecimiento. Tal persona visitó nuestra iglesia y dijo: “Por todo el país (EUA) he encontrado que iglesias grandes tienen líderes que de veras quieren edificar la iglesia. Quiero hacerte la misma pregunta que les hice: ‘¿Tienes muchas ganas de que crezca la iglesia?” Le contesté (lo que fue una gran sorpresa a él) que no tenía ningunas ganas de edificar la iglesia porque Cristo dijo que él lo haría. Es confortante saber que la edificación de la iglesia no depende de personas, de manipulaciones ni de actividades. El Señor es el único constructor, y es un gozo para nosotros como cristianos, hacer parte de lo que él está edificando.

  1. El desanimo de los discípulos

La promesa de que Cristo edificaría la iglesia llegó a los discípulos mientras éstos sufrían un gran desánimo. Por su asociación con Cristo, eran objetos de odio de parte de los judíos. Concluían que los líderes de los judíos estarían contentos con la muerte de Cristo y que el pueblo judío en general buscaba en él tan solo un líder político y militar. En vez de aceptar a Cristo como líder del reino que él vino proclamar, los discípulos escuchaba mientras él les explicaba que tenían que “ir a Jerusalén y sufrir muchas cosas a manos de los *ancianos, de los jefes de los sacerdotes y de los maestros de la ley, y que era necesario que lo mataran y que al tercer día resucitaría” (Mat.16:21).

  1. La persecución de los discípulos

Después de comunicarles acerca de su muerte inminente, Cristo reveló que cada uno de los discípulos tendría que llevar su cruz (v.24-28). La persecución del pueblo de Dios no es algo nuevo. En el Antiguo Testamento les persiguieron haciéndoles esclavos en el Egipto y también en Babilonia. A veces su identidad como el pueblo de Dios corría peligro por su apostasía y asociación con las naciones vecinas. El pueblo de Dios parecía que siempre estaba por ser extinguido. Y la iglesia, desde los primeros días hasta la época actual, ha pasado por duras persecuciones.

En medio al desanimo de los apóstoles Cristo les asegura que su programa divino seguía adelante. Lo hacía al prometer que edificaría su iglesia. Aunque aquella promesa la hace en una declaración breve, es suficiente para estimular a todos sus discípulos. Veamos por qué.

I.      La seguridad de la edificación de la iglesia

Edificaré mi iglesia

Es seguro que Cristo edificará su iglesia porque esa es una promesa divina (Isa. 55:11). Cristo es Dios, y Dios no miente. El tiempo del verbo (en el idioma original) enfatiza la continuación de la acción. O sea, Cristo ha estado edificando la iglesia en el pasado, la está edificando en el presente y seguirá edificándola en el futuro.

  1. Por el método divino

Es seguro que Cristo edifica su iglesia dondequiera que vivan los creyentes en obediencia a la Palabra de Dios. Al obedecer a la Escritura, los creyentes se hacen instrumentos a través de los cuales el Señor edifica su iglesia. Cristo no la edificará donde encuentre desobediencia.

Líderes de iglesias están constantemente buscando trucos del oficio para que crezca la iglesia. Con frecuencia me preguntan qué método deben usar. Pero Dios no edifica la iglesia por métodos ingeniosos, solo a través de creyentes comprometidos a la obediencia. Si obedeces a la Palabra de Dios, permitirás que Cristo construya, edifique la iglesia a su manera y en tu ciudad.

  1. Por tener un constructor divino

La Escritura muestra claramente que Cristo es el divino constructor de la iglesia.

  1. Hechos 2:39: "En efecto, la promesa es para ustedes, para sus hijos y para todos los extranjeros, es decir, para todos aquellos a quienes el Señor nuestro Dios quiera llamar”.
  2. Juan 6:37: “Todos los que el Padre me da vendrán a mí; y al que a mí viene, no lo rechazo”
  3. Hechos 2:47: “alabando a Dios y disfrutando de la estimación general del pueblo. Y cada día el Señor añadía al grupo los que iban siendo salvos”.
  4. Hechos 5:14: “Y seguía aumentando el número de los que creían y aceptaban al Señor”.
  5. Hechos 13:48: “Al oír esto, los gentiles se alegraron y celebraron la palabra del Señor; y creyeron todos los que estaban destinados a la vida eterna”.
  6. Hechos 18:10: “pues estoy contigo. Aunque te ataquen, no voy a dejar que nadie te haga daño, porque tengo mucha gente en esta ciudad.»

Las epístolas añaden más detalles acerca de cómo el Señor edifica su iglesia. Por ejemplo, nos instruye acerca de la adoración, oración, enseñanza, santidad, disciplina en la iglesia y características de los ancianos y diáconos. Esas instrucciones apuntan a la necesidad de una vida justa, lo que caracteriza a las personas que Dios utiliza en la edificación de su iglesia. 

  1. Por la meta divina

La iglesia existe para dar gloria, para alabar a Dios. Efesios 5 dice que Cristo está edificando la iglesia “para hacerla santa. Él la purificó, lavándola con agua mediante la palabra, para presentársela a sí mismo como una iglesia radiante, sin mancha ni arruga ni ninguna otra imperfección, sino santa e intachable” (v.26-27). De veras, “a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades” (Efesios 3:21). Esa gloria manifiesta la infinita sabiduría de Dios hasta a los ángeles santos (3:10).

II.    La intimidad entre Cristo y su pueblo

“Edificaré mi iglesia”

La traducción del original griego de “mi” aquí demuestra que Cristo es el propietario, el arquitecto y constructor de la iglesia. Nosotros somos parte de su cuerpo y somos uno con él en comunión (Efe. 5:23). La intimidad la demuestra a través de toda la Escritura.

     A. En el Nuevo Testamento

  1. Hechos 20:28: “Tengan cuidado de sí mismos y de todo el rebaño sobre el cual el Espíritu Santo los ha puesto como *obispos para pastorear la iglesia de Dios,[a] que él adquirió con su propia sangre”.
  2. Hechos 9:4: “Él cayó al suelo y oyó una voz que le decía: —Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?
  3. 1 Corintios 6:17: “Pero el que se une al Señor se hace uno con él en espíritu”.
  4. Juan 10:27-28: Mis ovejas oyen mi voz; yo las conozco y ellas me siguen.28 Yo les doy vida eterna, y nunca perecerán, ni nadie podrá arrebatármelas de la mano”.
  1. En el Antiguo Testamento

El Antiguo Testamento se refiere a los justos como “la niña de los ojos” de Dios (Sal. 17:8; Zac. 2:8). Esa expresión figurada se refiere a la pupila, la parte más sensitiva del ojo. Dios quiere decir que: “si hieres los ojos de mi pueblo sería lo mismo que herir los míos”. Dios la ama tanto porque la iglesia ha sido comprada por la sangre de Cristo (Hechos 20:28). Dios se acerca a su pueblo y es como un amigo que quiere más que a un hermano carnal (Prov. 18:24)

La bendición de la intimidad con Cristo

Hace muchos años mientras regresaba de un viaje, un pasajero me preguntó si yo tomaba. Le contesté que no. Me preguntó: “¿No ha tomado jamás?” Le contesté: “Jamás”. Él preguntó tiene ud. cáncer? Le contesté: “No que yo sepa”.

Me dijo, como si estuviera predicándome: “Yo tomo todos los días. Llegará un día en que ud. envejecerá y qué hará? Toda la alegría se acabará. Debe tomar ahora mientras está joven”.

Le contesté: “No tengo ningunas ganas de tomar absolutamente nada”.

Entonces me miró y me preguntó: ¿Qué es lo que tiene que no necesita tomar? Le contesté: “Que bueno que me pregunta. Tengo paz y felicidad”. ¿Dónde la ha sacado? Me preguntó. Mi respuesta fue así: “Conozco a Jesucristo”.

Hubo un momento de silencio. Luego me preguntó incrédulo: “¿Conoce a Jesucristo?” Le dije: “Correcto. Conozco a Jesucristo”. Me miró admirado y dijo: “Frecuenté una escuela donde nos hablaron de Cristo, pero no le conozco”. Le contesté: “Bien puedes conocerle”. Luego tuve la oportunidad de explicarle el evangelio.

Regresó a su asiento, y yo tomé un asiento atrás de él. Luego él dijo a su amigo al lado: “No creerás pero ese caballero sentado atrás de nosotros de veras conoce a Jesucristo”. Y su amigo, da la vuelta hacia atrás, me mira, diciendo a su amigo: “¡Estás bromeando!” Él también estaba asombrado que alguien podía conocer a Cristo personalmente. Es increíble que como creyentes podemos conocer a Cristo. Pero lo que es aun más increíble: ¡es que él nos conoce a nosotros!

III.  La identidad de los de la iglesia

“Edificaré mi iglesia”

La palabra iglesia en griego significa “los apartados”, y se refiere a una asamblea. En los evangelios ese vocablo ocurre solo en Mateo 18:17. Lo usa el autor en el sentido general a cualquier agrupamiento de personas. El significado original de la palabra sinagoga también se refiere a una reunión general de personas. Desde que es probable que Cristo habló el arameo, probablemente usó la palabra kahal, que quiere decir “congregación”, o “asamblea”, o “muchedumbre”. Solo más tarde en las epístolas encontramos ekklesia usado en su significado más completo. Por tanto, Cristo hablaba de una asamblea, congregación o comunidad de personas redimidas. Aquel significado general también es evidente en otras Escrituras.

    1. Hechos 7:37-38 - Este Moisés les dijo a los israelitas: "Dios hará surgir para ustedes, de entre sus propios hermanos, un profeta como yo." [a]38 Este mismo Moisés estuvo en la asamblea en el desierto, con el ángel que le habló en el monte Sinaí, y con nuestros antepasados. Fue también él quien recibió palabras de vida para comunicárnoslas a nosotros.
    2. Hechos 19:32: Había confusión en la asamblea. Cada uno gritaba una cosa distinta, y la mayoría ni siquiera sabía para qué se habían reunido.
    3. Hebreos 12:22-23 Por el contrario, ustedes se han acercado al monte Sión, a la Jerusalén celestial, la ciudad del Dios viviente. Se han acercado a millares y millares de ángeles, a una asamblea gozosa,23 a la iglesia de los primogénitos inscritos en el cielo. Se han acercado a Dios, el juez de todos; a los espíritus de los justos que han llegado a la perfección;

Igual que Hebreos 12:23, “iglesia” in Mateo 16 se refiere a todo el pueblo de Dios. Y “reino celestial” en Mateo 16:19 usado como un sinónimo de la palabra iglesia. Mientras caminaban los apóstoles por el camino a Cesarea de Filipos, entendían el significado de ekklesia del mismo sentido general, no en un templo. Aquellos tiempos no habían la denominaciones, ancianos, diáconos o congregaciones como tenemos hoy. Aunque Cristo se enfrentaba hostilidades y rechazo, continuaba a juntar a sus redimidos, así como siempre lo hizo y sigue haciendo hasta hoy.

Conclusión

Muchos imaginan: ¿qué pasará con la iglesia si la economía americana fallar? La edificación de la iglesia no depende de los Estados Unidos porque solo el Señor es quien puede edificar su iglesia. Una vez que Cristo construye solo donde hay gente justa, es importante para nosotros vivir una vida justa. Comprometerse a su Palabra y permitir que su Espíritu cambie tu vida. Así manifestarás su gloria en la iglesia.

 

Preguntas para meditación y repaso:

    1. ¿Cuál es la declaración más importante de Mateo 16 y por qué?
    2. ¿Por qué andaban desanimados los discípulos de Cristo?
    3. ¿Dónde tenemos la seguridad de que Cristo edificará su iglesia?
    4. ¿Para qué existe la iglesia?
    5. ¿Qué es lo que revela la expresión “mi iglesia” en Mat. 16:18 con respeto a los creyentes?
    6. Según Hechos 9:4, ¿a quien estuvo persiguiendo Saulo?

 

 

 

Lección #3 –Cuando Cristo edifica una iglesia  – Parte 2

Introducción:

  1. Un vistazo a la vida
    1. Desde la perspectiva de los perdidos (La mentalidad de los no cristianos)

A través de la historia, filósofos e historiadores han meditado acerca de la existencia del ser humano. Por ejemplo, el autor moderno francés André Maurois escribió un libro acerca del tema titulado: Relativismo. El autor cree que el universo estaba indiferente, concluyendo que no es posible llegar a la verdad absoluta de ninguna clase. Muchos filósofos griegos antiguos tenían la misma visión, viendo la vida como una constante repetición de siclos sin propósito ni meta. El conocido autor Jean-Paul Sastre sostenía la opinión de que cada persona existe como un individuo aislado en medio a un universo sin propósito. El biólogo francés Jacques Monod escribió que el ser humano existe por casualidad y vive sin deber ni destino. Con esa clase de filosofía no es por menos que las personas han llegado al punto de la desesperación y la sociedad está llena de violencia, destrucción y hedonismo.

  1. Desde la perspectiva de las Escrituras

Según las Escrituras, el ser humano existe para glorificar a Dios. Por eso dice la Biblia que debemos “confesar que Cristo es Señor, para la gloria de Dios” (Fil. 2:11). Y “todo lo que hagamos, que lo hagamos para la gloria de Dios” (1 Cor. 10:31). Dios es digno de recibir gloria y ha creado al hombre para reflejar su majestad y esplendor eterno. Desde esa perspectiva, Dios está salvando un pueblo redimido del mundo pecador.

       B.  Un vistazo a los discípulos

    1. Sus expectativas (lo que esperaban de su asociación con Cristo)

En Mateo 16 Cristo quiso asegurar a sus seguidores que los eventos que estaban por acontecer continuarían dándole gloria. Ellos anticipaban la venida del Mesías quien reinaría como Rey terrenal, librando al pueblo judío de la esclavitud y de la opresión, mientras les traía justicia, paz y prosperidad. Trágicamente, la mayoría de los judíos ni mismo reconoció a su Mesías. Pensaban que era Juan el Bautista, Elías, Jeremías o uno de los profetas. Además, los líderes judíos odiaban a Cristo y querían matarle. Así la expectativa de los discípulos de un rey que conquistaría a los romanos quedó insatisfecha.

Su nivel de anticipación ciertamente no se elevó cuando Cristo dijo que debería ir a Jerusalén y sufrir muchas cosas… y que allá le matarían” (Mat. 16:21). De hecho, su sentimientos eran tan al revés que Pedro dijo sin pensar: “¡De ninguna manera, Señor! ¡Esto no te sucederá jamás!” (v.22) Al que Cristo contestó: “Si alguien quiere ser mi discípulo, tiene que negarse a sí mismo, tomar su cruz y seguirme.25 Porque el que quiera salvar su *vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa, la encontrará”(v. 24-25). La muerte llegaría no solo a Cristo, sino también a sus seguidores. Pero pese toda la tristeza, los seguidores confesaron: “Tú eres el Cristo, el hijo del Dios viviente” (v.16)

  1. Su perplejidad

Aunque los seguidores unidos hiciesen aquella confesión, todavía estaban perplejos acerca de reino mesiánico por venir. ¿Qué le pasaría? En respuesta a lo que podían estar pensando. Cristo prometió lo siguiente: “…y sobre esta piedra edificaré (seguiré edificándola) mi iglesia, y las puertas del reino de la muerte no prevalecerán contra ella? (v.18). Sin dudas que la promesa les llenó de confianza y estimulo.

Siempre que tienes dudas si la historia esté glorificando a Dios, encontrarás seguridad en aquellas palabras. A través de la historia Dios sigue llamando a una asamblea de redimidos para alabar su gloria. Qué continuemos nuestro estudio de la asamblea divina que llamamos iglesia.

REPASO

I.      LA SEGURIDAD DE LA EXISTENCIA DE LA IGLESIA

II.    LA INTIMIDAD ENTRE CRISTO Y SU PUEBLO

III.  LA IDENTIDAD DE LOS EN LA IGLESIA

Lección

IV.   LA FUNDACION DE LA IGLESIA

“Yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y las puertas del reino de la muerte no prevalecerán contra ella”.

“Esta piedra” identifica la fundación sobre la cual Cristo construiría la iglesia. Hay varias opiniones acerca de la identidad de aquella fundación. Algunos dicen que es la confesión del apóstol Pedro, y otros dicen que son todos os apóstoles.

A.¿Sería Pedro “esta piedra”?

Muchos creen que la iglesia la construyó sobre el apóstol Pedro, que él es el padre o fue el primer papa de la iglesia. Esa es la posición tradicional de la iglesia Católica. Los que abogan esa posición dicen que el nombre de Pedro, en el griego, quiere decir roca o piedra. Enseñan que la autoridad de Pedro la transfirió a su sucesor con la misma autoridad que el apóstol. Consideran esa autoridad tan importante como la de la Biblia.

Sin embargo, las Escrituras revelan que Cristo, y no Pedro, es la cabeza de la iglesia (Efe. 5:23). En Mateo 18 los discípulos fueron a Cristo y le preguntaron: “¿Quién es el más importante en el reino de Dios?” (v.1)  Caso les  fuera obvio que el más importante era Pedro, no habría por qué preguntar.  Por tanto, las llaves del reino de Mateo 16:19 no puede ser de Pedro. Al comparar la grandeza con la humildad de un niño, Cristo no reveló nada que dijera ser Pedro la “piedra”.

En Mateo 20:21 encontramos algo semejante. La madre de Santiago y Juan preguntó a Cristo si él permitía que sus hijos se sentaran uno a cada lado del Maestro en el reino venidero. Esa fue otra indicación de que ni Santiago ni Juan conocían la supremacía en el reino que Cristo hubiera concedido a Pedro. Al contrario no habría necesidad de que la madre le hiciera esa pregunta

¿Será que el propio Pedro sabía que él era el papa o la cabeza de la iglesia? En su primera epístola él escribió estas palabras: “A los ancianos que están entre ustedes, yo, que soy anciano como ellos” (1 Pedro 5:1). Pedro reconocía a los ancianos de la iglesia como iguales y así se dirigía a ellos. Él conocía que era importante para los ancianos no abusar de su autoridad, pero aun más, que fuesen “revestidos de humildad” (v.5)

B. ¿Sería la confesión de Pedro?

La opinión tradicional evangélica es que “esta piedra” se refiere a la confesión de Pedro: “Eres el Cristo, el hijo del Dios viviente (Mat. 16:16). El significado de Pedro en griego (petros) es roca, pero “esta roca” (petra, una forma distinta de la misma palabra), se refiere a una roca mayor así como una fundación o un cerro rocoso. Eso hace con que algunos crean que “esta roca” es la confesión de Pedro, que Cristo dijo que edificaría la iglesia sobre la confesión de Pedro  acerca de la realidad de la divinidad de Cristo. Esa parece ser una interpretación razonable porque hay una distinción en el significado entre las dos palabras.

C. ¿Sería los apóstoles?

Creo que la mejor interpretación de “sobre esta roca edificaré mi iglesia” es ver a los apóstoles como la fundación de la iglesia. Efesios 2 dice que la deidad de Dios (La iglesia): “edificados sobre el fundamento de los apóstoles y los profetas, siendo Cristo Jesús mismo la piedra angular” (v.20). Es importante recordar que Pedro, como vocero de la los discípulos, hizo su confesión acerca de Cristo (Mat. 16:16). Concluimos que no hay problema en ver a Pedro como representante de los discípulos en verso 18.

Esa no fue la única vez que Pedro sirvió de vocero para los doce (Mat. 15:15; 19:27; Juan 6:68). Además, tenía una posición de líder en hacer ministerio de parte de los discípulos en el inicio de la iglesia. Por ejemplo, él Señor usó su predicación para añadir a más de 5 mil personas a la iglesia (Hechos 4:4). Fue por el testimonio de Pedro que sanaron a un cojo (3:4-6). Pedro tuvo una parte de liderazgo. Pedro tuvo una parte en el liderazgo en el proceso de reemplazar el lugar de Judas y en la elección del nuevo apóstol (1:15-22). Y fue delante del sanedrín que Pedro proclamó a Cristo de manera heroica. (4:8-12)

La iglesia la edifica Cristo no por la posición de los apóstoles, sino sobre su enseñanza. Los apóstoles pusieron la fundación para la iglesia al proclamar la Palabra de Dios y, de muchas maneras al proclamar la Palabra de Dios y de muchas maneras eran inseparables de sus mensajes. Hechos 2 dice que la iglesia primitiva “Se mantenían firmes en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en el partimiento del pan y en la oración. (v.42). La fundación de la iglesia es la revelación de Dios, como la dio a los apóstoles.

En 1 Corintios 3:11 Pablo dice: “porque nadie puede poner un fundamento diferente del que ya está puesto, que es Jesucristo”. Eso complementa lo que él escribió en Efesios 2:20: los apóstoles y profetas fueron elegidos para ser las rocas de la fundación porque confesaban a Cristo como la fundación verdadera. Estaban íntimamente conectados a Cristo y a su Palabra. Decir que la iglesia la edifica sobre la fundación de los apóstoles es lo mismo que decir que la edifica sobre Cristo.  Y hoy Cristo sigue edificándola sobre personas que, igual que los apóstoles, consideran a Cristo como su Señor.

 

V.   LA INVENCIBILIDAD DE LA IGLESIA

“Las puertas del reino de la muerte no prevalecerán contra ella”

“Puertas” usado aquí en el sentido de mantener a las personas en la parte interior, igual que las puertas de una prisión. El “Hades” o “el reino de la muerte” es una referencia general a la tumba, no al tormento eterno del infierno. En el griego el significado de “prevalecerán” es conquistar. Según Hebreos 2:14 Satanás tiene poder para matar, y por tanto intenta matar a los cristianos con la intención de destruir a la iglesia. Pero jamás prevalecerá porque ”Dios lo resucitó (Cristo), librándolo de las angustias de la muerte, porque era imposible que la muerte lo mantuviera bajo su dominio” (Hechos 2:24).

Desde que la muerte no pudo mantener a Cristo cautivo, el creyente también está libre de la esclavitud de la muerte. Cristo dijo: “porque yo vivo, también ustedes vivirán” (Juan14:19). En 1 Corintios 15 dice así: “«¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón?» ¡Pero gracias a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo!” (v.55, 57)

Por lo tanto, la declaración de Cristo en Mateo 16:18 es la promesa de la resurrección. Eso se encaja en el contexto del pasaje porque Cristo les diría pronto que no tan solo acerca de su muerte y resurrección (v.21), pero también de la persecución y muerte de sus seguidores que estaba por venir (v.25). La muerte no detendrá a Cristo de edificar su iglesia. Todos los que aman a Cristo dejan este mundo para entrar en el mundo glorioso de Dios para la asamblea general, “a la iglesia de los primogénitos inscritos en el cielo”. (Heb.12:23). Dijo Cristo “Yo soy el Primero y el Último, y el que vive. Estuve muerto, pero ahora vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del infierno. (Apoc. 1:18). Cristo tiene autoridad completa y control sobre la muerte. Él pasó por la muerte “él también compartió esa naturaleza humana para anular, mediante la muerte, al que tiene el dominio de la muerte —es decir, al diablo” (Heb. 2:14)

VI. LA AUTORIDAD DE TODOS LOS CREYENTES (V.19)

“Te daré las llaves del reino de los cielos; todo lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo”.

Aquí Cristo daba a sus seguidores autoridad de aprobar (atar) o no aprobar (desatar) las acciones de los demás. Cristo habló de la misma autoridad en Juan 20:23: “A quienes les perdonen sus pecados, les serán perdonados; a quienes no se los perdonen, no les serán perdonados”. En Mateo 18:18 Cristo dio a toda la iglesia la autoridad al decir: “Les aseguro que todo lo que ustedes aten en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desaten en la tierra quedará desatado en el cielo”. Por tanto la clase de autoridad de que habló Cristo en Mateo 16 no la dio tan solo a Pedro y los demás apóstoles, sino también a todos los creyentes.

  1. Basado en la Palabra de Dios

Todo creyente tiene esa autoridad porque la Palabra de Dios revela la clase de conducta que Dios aprueba y desaprueba. Si preguntamos si el quiere someterse a Cristo como su Salvador y Señor y él dice que sí, después de su bautismo podemos decir sin vacilar: “Tus pecados han sido perdonados”. Pero si dice NO, podemos decirle: “Tus pecados no han sido perdonados”. Si nos pregunta: ¿Con que autoridad dice eso?  Con la autoridad que me da la Biblia Sagrada. La Palabra de Dios es nuestra autoridad y es importante que no comprometamos la verdad que ella enseña.

  1. La responsabilidad de la iglesia

Dios ha confiado su Palabra a la iglesia para que la misma brille como una luz en el mundo (Mat. 5:14). Cuando la iglesia predica la Palabra, la voluntad de Dios la hacemos en la tierra como en el cielo (Mat. 6:9). Así la iglesia sirve como un patrón divino para que lo vean los perdidos en el mundo. La iglesia tiene la responsabilidad de hablar a los perdidos acerca del pecado, de la justicia y del juicio. Al enseñarles lo que dice la Palabra de Dios, escucharán lo que dice el cielo, o el propio Dios.

Desde que Dios ha dado su Palabra a la iglesia, la iglesia es su autoridad en el mundo. Con una autoridad divina, no hay nada que temer en cuanto a la reacción del mundo en cuanto al mensaje del evangelio. Aunque muchos rechacen a Cristo, la iglesia jamás debe comprometer la verdad. Manteniendo siempre la importancia de que la Palabra otorgará a él la gloria que le cabe.

VII.        LA ESPIRITUALIDAD DE LA IGLESIA (V.20)

“Luego les ordenó a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era el Cristo”.

Una vez que la mayoría de los judíos estaba esperando el Mesías para ser una figura política y militar, Cristo sabía al escuchar que él era el Mesías solo aumentaría su odio hacia él (Mat. 7:6). É estaba recordando a sus discípulos que la iglesia es una entidad espiritual y no un reino político o militar. Más adelante les dijo que “esperasen la promesa del Padre” (Hechos 1:4), promesa esa de recibir poder del Espíritu Santo para atestiguar acerca de Cristo en “en Jerusalén como en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra. (v.8) Cuando cumplió la promesa el día de Pentecostés, el testimonio de los discípulos se hizo osado y claro: “Por tanto, sépalo bien todo Israel que a este Jesús, a quien ustedes crucificaron, Dios lo ha hecho Señor y Mesías.» (Hechos 2:36).

 

Preguntas para meditación y repaso

  1. Resumir la manera en que el perdido mira la vida
  2. ¿Por qué es incorrecto decir que la iglesia es edificada sobre Pedro?
  3. Explicar la opinión tradicional de los evangélicos en cuanto a “esta piedra”
  4. ¿Cuál es la opinión más bíblica acerca de “esta piedra”?
  5. ¿Sobre quien está Cristo edificando hoy su iglesia?
  6. “Las puertas del reino de la muerte no prevalecerán contra ella” es una promesa de que ____________________________________________

 

 

Lección # 4  - cuando Cristo edifica una iglesia

UNA OFENSA A CRISTO

 

I.      EL PLAN DE DIOS (v.21)

“Desde entonces comenzó Jesús a advertir a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y sufrir muchas cosas a manos de los *ancianos, de los jefes de los sacerdotes y de los *maestros de la ley, y que era necesario que lo mataran y que al tercer día resucitara”.

 

       A. La revelación (v.22 a)

“Desde entonces comenzó Jesús a advertir a sus discípulos”

La sentencia “desde entonces” traducida del griego marca una transición clave en el libro de Mateo. En Mateo 4:17 la misma sentencia significa el inicio del ministerio público de Cristo a Israel. Aquí quiere decir el inicio del ministerio privado de Cristo a sus discípulos. Cristo empezó el proceso de revelación a sus discípulos que él debería morir y resucitar de los muertos.

 

B.   La necesidad (v. 21 b)     

“…que tenía que ir… “

En el original griego la traducción de las palabras arriba revelan la necesidad divina de la muerte de Cristo y la resurrección. Su obra expiatoria la empezó antes de fundación del mundo y necesaria por cuatro razones. La primera: Era necesario por la necesidad humana. El ser humano es pecador y no puede recibir la vida eterna a menos que alguien pague por sus pecados (Rom. 5:6-8). La segunda, era necesario por el requisito de la redención. Hebreos 9:22 dice que no hay remisión de pecados sin derramamiento de sangre. Tercero,  era necesario porque así decían las Escrituras. Según la decisión y el plan de Dios, Cristo vino al mundo para morir y después resucitar (Hechos 2:23). Cuarto, era necesario para cumplir los mensajes proféticos acerca de la venida del Mesías (Mat. 26:53-54; Luc. 24:25-26)

No hay alternativas o opciones al plan eterno de Dios. Nadie tiene el derecho de decir: “Señor, tengo un plan superior y me gustaría cambiar tus planes”. Eso parece ridículo, sin embargo, somos tentados a pensar en eso cuando las circunstancias difíciles se nos acercan.

 

  1. Su contenido (v.21 c)

“ir a Jerusalén y sufrir muchas cosas a manos de los *ancianos, de los jefes de los sacerdotes y de los *maestros de la ley, y que era necesario que lo mataran y que al tercer día resucitara”.

1.     La jornada de Cristo a Jerusalén

Era necesario que Cristo fuese a Jerusalén, la ciudad de los sacrificios, para ser el cordero pascal (1 Cor. 5:7).  Por el momento, el Señor estaba protegido en compañía de sus discípulos en Cesarea de Filipos, pero su llegada a Jerusalén le expondría a mucha oposición y peligro. Por eso dijo Tomás a los demás: “Vayamos también nosotros, para morir con él” (Juan11:16). Los líderes judíos de Jerusalén instigaron la mayoría de los problemas en contra de Cristo (según Mat. 15:1-2). Ellos odiaban a Cristo porque el Señor les declaró hipócritas y de corazón duro.

Pero Cristo se ofreció a sus enemigos. Él dijo: “Por eso me ama el Padre: porque entrego mi vida para volver a recibirla.18 Nadie me la arrebata, sino que yo la entrego por mi propia voluntad. Tengo autoridad para entregarla, y tengo también autoridad para volver a recibirla. Éste es el mandamiento que recibí de mi Padre” (Juan 10:17-18). Poco antes de su crucifixión el Señor dijo al procurador romano Poncio Pilato: “No tendrías ningún poder sobre mí si no se te hubiera dado de arriba —le contestó Jesús—. Por eso el que me puso en tus manos es culpable de un pecado más grande” (Juan 19:11).

Jerusalén, Jerusalén

Jerusalén quiere decir:  “fundación de paz”. La ciudad tiene aproximadamente 30 millas al oriente del Mediterráneo, 10 millas al poniente del Mar Muerto, elevada a una meseta de cerca de 25 pies arriba del nivel del mar. Su punto más elevado es el Monte de los Olivos.  Por brillar en el sol también la laman la Ciudad Dorada.

La primera referencia a Jerusalén la encontramos en Génesis 14:18, cuando todavía la llamaban Salén y la administraba Melquisedec, quien es el retrato de Cristo. El área de Jerusalén incluye a Monte Moriat, el lugar donde Abraham fue para sacrificar a su hijo Isaac. Fue el lugar donde Dios providenció el animal para  el sacrificio, otro retrato de Cristo, que tomó el lugar de Isaac. Más tarde, David la capturó de los Jebusitas, nombrándola la Ciudad de David y haciéndola capital de Israel (2 Sam. 5:5-9). Más tarde llevaran a aquel lugar el arca de la alianza (el lugar simbólico donde vivía Dios), y eventualmente se quedó conocida como la ciudad de Dios (Sal. 87:3). El rey Salomón, describiendo la ciudad como “de desear” (Cantares 6:4), construyó allí el templo (2 Cro. 3:1)

Jerusalén era el centro sagrado de adoración del pueblo judío. Tanto en prosperidad y destrucción, permaneció como la ciudad de Dios en el corazón de su pueblo. El salmista se expresó así: Ah, Jerusalén, Jerusalén, si llegara yo a olvidarte, ¡que la mano derecha se me seque! Si de ti no me acordara, ni te pusiera por encima de mi propia alegría, ¡que la lengua se me pegue al paladar!” (Sal. 137:5-6). En aquel entonces el pueblo judío de veras amaba la ciudad, y todavía la aman,

En la practica, Jerusalén no era ni ciudad de Dios ni una fundación de paz. En la época de Cristo la ciudad era de hecho extremadamente hostil a Dios. El rey Herodes intentó matar a Jesucristo cuando éste era niño (Mat.2:13). A Cristo le odiaban por limpiar el templo que estaba profanado (Mat. 21:12-15) y sanó al cojo en el sábado (Juan 5:16). Más adelante en el año en que estuvo en la fiesta de los tabernáculos, los líderes religiosos intentaran arrestarlo (Juan 7:32). En Juan 8 la gente intentó apedrearle por enseñar en el templo (v.59). Otra vez, mientras estaba enseñando en el pórtico de Salomón, tuvo que escapar para no perder la vida (10:39). Y en el futuro, cuando volvió para la ultima pascua, le mataron.

No es difícil ver porque Jerusalén recibió un nombre nuevo, otorgado en Apoc. 11:8: “Sus cadáveres quedarán tendidos en la plaza de la gran ciudad, llamada en sentido figurado Sodoma y Egipto, donde también fue crucificado su Señor”. Sin embargo, Jerusalén recibiría de vuelta su nombre apropiado y ser una fundación de paz cuando Jesucristo regresar para establecer su reino. (según Zac. 14)

2.     El sufrimiento de Cristo

Además de ir a Jerusalén también era necesario para el Cristo “sufrir muchas cosas a manos de los *ancianos, de los jefes de los sacerdotes y de los maestros de la ley” (Mat.16:21). Los tres grupos constituían el Sanedrín, que era un jurado legal en Israel. Los ancianos les respetaban como líderes de tribus que pasaran a ser líderes y jueces en todo el país. Los sumos sacerdotes eran casi todos saduceos, y los escribas eran casi todos fariseos. Esos fueran los líderes religiosos de Israel que juzgaran a Jesucristo. De hecho, su juicio fue una farsa, pero desde su punto de vista fue un juicio formal que le llevó a la condenación.

  1. La muerte de Cristo

Era necesario que Cristo fuera muerto, un vocablo griego que quiere decir asesinado, que le quitasen la vida, que le exterminasen. Esa palabra no implica un castigo justo por un delito. Los discípulos anteriormente habían escuchado el propio Jesucristo hablar de su muerte de manera indirecta, cuando él dijo: “Destruyan este templo —respondió Jesús—, y lo levantaré de nuevo en tres días”. Juan el Bautista dijo así: “¡Aquí tienen al Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!” Pero aquí en Mateo 16:21 la declaración de Cristo acerca de su muerte es tan explicita que los discípulos finalmente entendieron que les comunicaba que estaba por morir. Les llamó la atención de tal manera que parecían no haber oído acerca de su resurrección.

  1. La resurrección de Cristo

El Señor declaró claramente que era necesario que “ el tercer día resucitaría”. Poco antes él hizo esta declaración a los escribas y fariseos acerca de su resurrección: “Porque así como tres días y tres noches estuvo Jonás en el vientre de un gran pez, también tres días y tres noches estará el Hijo del hombre en las entrañas de la tierra” (Mat. 12:40). Quizás él fuese específico acerca de los tres días porque no quería que sus discípulos pensaran como Marta, que dijo esto acerca de su hermano Lázaro: “Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día final —respondió Marta” (Juan 11:24). LA resurrección de Cristo era sui generis y ocurriría en tres días, y no el último día cerca al final de los tiempos.

Aunque la declaración de Cristo fuera explicita, los discípulos no entendían completamente lo que el Señor decía.  Sabían que Cristo había resucitado a la hija de Jairo (Marcos 5:22-24, 35-42) y el hijo de la viuda en el pueblo de Naín (Lucas 7:11-16). Pero quizás estuviesen pensando, si matan a Cristo, ¿entonces quien le resucitará? Quizás esperaban que acabarían con un Mesías muerto. Cualquiera que haya sido su razonamiento, Pedro aprovechó la oportunidad para oponer a lo que dijo Jesucristo. El atrevimiento de Pedro es chocante sobretodo cuando Cristo apenas había mencionado que las puertas del infierno no estorbarían los planes de edificar su iglesia.

  1. La presunción de Pedro (v.22)

“Pedro lo llevó aparte y comenzó a reprenderlo: —¡De ninguna manera, Señor! ¡Esto no te sucederá jamás!”

a.     Pedro llevó el Señor aparte (v.22 a)

“Pedro lo llevó aparte”

Pedro llevó al Señor aparte para reprenderle y supuestamente corregir su manera de pensar. La palabra “llevó” en el griego sugiere que Pedro le agarró y le forzó a que saliera para fuera.  La acción de Pedro acentúa no tanto su atrevimiento, sino también la humanidad de Cristo. Porque Dios condescendió en revelarse en la carne en la persona de Cristo, Pedro podía hablarle así como se habla a un amigo.

Aunque la reacción de Pedro fuera presuntuosa, tú y yo podremos responder de la misma manera. En medio a una circunstancia difícil has dicho alguna vez: “¿No entiendo por qué debo enfrentar estas pruebas y sufrir tanto?” Quizás la prueba es la pérdida de un ser querido o de un empleo. Cualquiera que sea, es una tentación ofrecer Dios una alternativa, un plan que eliminaría todas las dificultades. Casi siempre nuestro plan es desfrutar total gozo y felicidad, no dolor ni sufrimientos. Pero debemos pedir la ayuda de Dios y someter nuestra voluntad a la suya para lo que es mejor para nosotros a largo plazo.

b.     Pedro lo reprendió (v.22 b)

“(Pedro) comenzó a reprenderlo: —¡De ninguna manera, Señor! ¡Esto no te sucederá jamás!”

La palabra “reprender” en griego significa que las palabras de Pedro estaban llenas de impetuosidad. Demostró su gran celo al corregir a Cristo. Quizás lo hizo por su amistad intima con el Señor. Pedro, como discípulo había convivido mucho con él, y Cristo le dijo: “Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás —le dijo Jesús—, porque eso no te lo reveló ningún mortal, sino mi Padre que está en el cielo” (Mat.16:17. Quizás sintiéndose algo orgulloso por su amistad con el Mesías, Pedro creía ser más privilegiado que los demás. Cualquiera que haya sido la razón, Pedro quiso instruir a Cristo a entender mejor lo que significaba ser un Mesías.

El plan de Pedro era para que el Mesías gobernara con poder, gloria, suntuosidad y majestad. Pero el plan eterno de Dios era para que Cristo sufriera, muriera y resucitara de los muertos. Por haber tal discrepancia, Pedro dice a Cristo: “de ninguna manera”, una expresión que quiere decir: “Qué lastima”. “Dios puede darte su gracia” o “Claro que no” Hoy diríamos algo así como: “No lo lleve tan en serio”. Pedro le dije “Señor”, sin embargo, le estaba dando órdenes. Luego añadió: “¡Esto no te sucederá jamás!” Esa fue obviamente una represión.

III. LA PROTESTA DE CRISTO (v. 23 a-b)

“Jesús se volvió y le dijo a Pedro: —¡Aléjate de mí, Satanás! Quieres hacerme *tropezar; no piensas en las cosas de Dios sino en las de los hombres”.

Indudablemente la respuesta de Cristo fue un choque para Pedro. A primera vista la reprensión de Pedro parecía algo noble porque no quería que Cristo sufriera tanto dolor y luego la muerte. Desde que el plan de Dios no era igual al de Pedro, Cristo tuvo que contestar como lo hizo.

A. En contra de Satanás (v.23 a)

“—¡Aléjate de mí, Satanás!”

La traducción del griego de “aléjate de mí” es “vete” o “lárgate” o aun “déjame en paz”. Verso 22 dice que Pedro estaba iniciando la reprensión a Cristo. Aquí vemos el Señor quien ponía punto final a la reprensión. Él sabía precisamente lo que estaba pasando: la táctica de Satanás era similar a la que usó en contra de Cristo en el desierto, es decir, intentaba seducirle a evitar la cruz (Lucas 4:4-13). Pero Cristo sabía que era en la cruz que pagaría por los pecados del mundo. Tras la tentación en el desierto, el diablo se apartó de Cristo, pero solo por poco tiempo (v.13). Él insistía en disuadirle de la cruz. El corazón pesado con que Jesucristo anticipaba la cruz fue claramente evidente en el Huerto del Getsemaní, donde Cristo oró así: “Padre, si quieres, no me hagas beber este trago amargo; pero no se cumpla mi voluntad, sino la tuya.» Pero, como estaba angustiado, se puso a orar con más fervor, y su sudor era como gotas de sangre que caían a tierra” (Lucas 22:42, 44). Satanás sabía que la cruz aplastaría su cabeza (Gén. 3:15; según Rom 16:20) y acabaría su control sobre el poder de la muerte (Heb.2:14). Él también sabía que era en la cruz donde pagaría los pecados y la humanidad sería trasladada del dominio de las tinieblas a un reino de luz. Por tanto, Satanás odiaba a la cruz.

B. Jesucristo estaba en contra de Pedro (.23b)

“Quieres hacerme tropezar”

Esas palabras las dirigió a Pedro. Con sus apartes presuntuosos Pedro era para Cristo una piedra de tropiezo. El significado de la palabra “tropezar” (skandalon), habla de llevar a alguien a su propia destrucción. Es también la raíz etimológica de la palabra “escándalo”. La seducción era como una carnada para poner fin en la ruina o destrucción de alguien. Por tanto Cristo reconoció las palabras de Pedro acerca de la cruz como una trampa satánica. Lamentablemente la cruz sigue siendo una piedra de tropiezo para muchos (1 Cor. 1:23)

Pedro no se fijó que su tentativa de disuadir a Cristo de la cruz era así como poner una flecha en el arco de Satanás para que éste tirara en el Salvador. Satanás es tan listo: con ganas de amar y proteger al Señor, de hecho Pedro estaba tomando la posición de Satanás.

IV. EL PRINCIPIO PARA NOSOTROS (V.23 c)

“no piensas en las cosas de Dios sino en las de los hombres”

La traducción del idioma griego “no piensas” (phroneo) quiere decir “pensar”. Cristo puso la acción de Pedro en la misma categoría en que nos encontramos de cuando en cuando: razonamos como hombres en vez de cómo razona Dios. Parte del plan eterno de Dios era que su Hijo sufriría y moriría. Según el pensamiento humano aquel plan era incomprensible. Sin embargo, los pensamientos de Dios no son como los nuestros (Isa.55:8). Romanos 8 dice que “La mentalidad pecaminosa es enemiga de Dios, pues no se somete a la ley de Dios, ni es capaz de hacerlo” (v.7). Pedro solo veía la crucifixión, pero no la resurrección. A veces creemos de la misma manera. El dolor es tan desagradable que estamos listos para ver tan solo el sufrimiento presente, pero no el beneficio espiritual que era por venir (1 Ped.1:6-7). Buscamos una salida para las pruebas que Dios utiliza para perfeccionar y conformarnos con la imagen de Cristo (Rom. 8:26-29; Stgo 1:4)

Conclusión:

De las palabras de Cristo podemos aprender dos lecciones distintas. La primera es que Cristo es el Mesías, el cumplimiento del plan redentor de Dios. Pero buscar al Mesías alienado de su muerte, sepultura y resurrección es ir en contra el plan de Dios. Pedro entendió más tarde y escribió así: “¡Alabado sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo! Por su gran misericordia, nos ha hecho nacer de nuevo mediante la resurrección de Jesucristo, para que tengamos una esperanza viva” (1 Ped.1:3; 18-21)

La segunda lección es que Dios nos refina a través del sufrimiento. Seguir a Cristo significa tomar la cruz y perder la vida en ese proceso (Mat. 16:24-25). No hay cruces sin espinos. Dios nos refina como el oro, quemando las impurezas del pecado para hacernos más espiritualmente puros. Por tanto, al llegar las pruebas, debemos orar así: “Señor, ayúdame a aceptar tu voluntad como si fuera mi voluntad”. Esa es la oración de Pedro para todos nosotros: “Y después de que ustedes hayan sufrido un poco de tiempo, Dios mismo, el Dios de toda gracia que los llamó a su gloria eterna en Cristo, los restaurará y los hará fuertes, firmes y estables.11 A él sea el poder por los siglos de los siglos. Amén” (1 Ped. 5:10-11).

Preguntas para meditación y repaso

b.     ¿Qué es lo que los discípulos no podían comprender acerca del Mesías?

c.     ¿Por qué fue necesaria la muerte de Cristo?

d.      ¿Debemos pedir a Dios para someter nuestra voluntad? ¿A quien?

e.      ¿Cuál fue el propósito de la reprensión de Pedro a Jesucristo?

f.      ¿Qué es lo que todavía representa una piedra de tropiezo a muchos?

g.     ¿Qué es lo que Dios utiliza para perfeccionar y conformarnos a la imagen de Cristo?

h.     ¿Cuáles son por lo menos dos lecciones que podemos aprender de Mateo 16:21-23?

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