¿Cuál es el veredicto?

Hechos 17:1-12 

En casi toda parte que iba Pablo predicando en las sinagogas causaba reacción negativa. En ese pasaje la gente se alborota porque los celos de algunos de los dirigentes judíos era demasiado grande. Quizás fuese porque el mensaje del evangelio era tan apremiante que muchos se unían a Pablo, bautizándose en el nombre de Jesucristo. Ya que Pablo recibía más atención que los líderes fariseos, éstos solían vengarse de alguna manera.

Al darse cuenta de que estaban perdiendo gentes en las sinagogas, los judíos se valían de cualquier método, por más violento que fuese, para frenar la salida de sus miembros. En Tesalónica, lugar que fue el recipiente de dos cartas de Pablo (I y II Tesalonicenses), hubo mucho alboroto con la presencia de Pablo y de su mensaje de entrega a Cristo.

La bendición del ministerio es que para cada experiencia negativa que pasamos, hay centenas de bendiciones positivas que contrarrestan las crisis y sufrimientos. Si no hay resultados positivos en un lugar, vamos a otro. Eso fue lo que les pasó a Pablo, Silas y demás hermanos al llegar a Berea. Los residentes de aquel pueblo eran personas “nobles”, dice el verso 11, y el tratamiento que recibió el pequeño grupo misionero fue distinto al de Tesalónica. Dicen los franceses “noblesse oblige”. O sea, la nobleza obliga a una conducta singular. Y por ser nobles, los Bereanos tenían la Palabra de Dios como la única autoridad en materia de religión. Leían las Escrituras para comprobar que lo que decía Pablo era correcto. Una vez que establecían que la teología del apóstol coindecía con la Palabra de Dios, estaban satisfechos. Y muchos se convirtieron a Cristo.

¡Cómo me gustaría que hubiera el mismo espíritu en nuestras iglesias! Al escuchar una persona, en vez de juzgarla y dejarla, chequear su enseñanza para ver si proviene de la Palabra de Dios. Hermanos, dejemos los juicios para Dios. Qué seamos simplemente cristianos. Si servimos a la comunidad,a ejemplo dde Cristo, ya hacemos lo suficiente. ¡Qué nuestras iglesias las conozcan por la humildad del servicio que prestan unos a otros en vez del juicio que hacen de todas las personas.

Siempre que nos paramos en frente de un grupo de personas para hablar de la Palabra de Dios, los que nos escuchan están coleccionando evidencias para ver si somos o no quien esperan que seamos. ¿Hablamos de la Palabra de Dios o de nuestras propias ideas de cómo debe ser la iglesia o la fe?

¿Cuál es el veredicto? Igual que Pablo mientras éste hablaba en las sinagogas, nosotros pasamos por el mismo escrutinio hasta que los que nos escuchan decidan si deben o no decir el amén en el final del sermón. Ese es su “veredicto”.

¿Saben que a Cristo le están juzgando cada día? Quiero decir que el mensaje de Cristo, el hecho de que él vivió y murió y luego resucitó de los muertos para borrar nuestros pecados. Ese mensaje lo están juzgando cada vez que lo escuchan. ¿Creen en el mensaje? ¿Cuál es su veredicto?

Otra vez encontramos a Cristo en el juicio aquí en el capitulo 17 de Hechos. Vemos cómo la gente reacciona al evangelio de manera distinta, y por tanto, hay veredictos diferentes. Hay el veredicto de la incredulidad y el de la fe. Mientras consideramos esas opciones, vemos a nosotros, nuestras debilidades y deficiencias. Pero, cómo Dios ve más allá de las debilidades, nos bendice con una fe fuerte y asombrosa.

En Hechos 17 encontramos el apóstol Pablo junto a Silas, su compañero de viaje, cuando llegaron a lo que hoy llamamos Grecia. Estaban involucrados en una misión de compartir la Palabra de Dios. Al llegar a Tesalónica, una ciudad grande e importante de Grecia, Pablo, como era su costumbre, fue a la sinagoga donde se reunían los judíos para discutir el Antiguo Testamento. En aquella época la Biblia se componía solamente de lo que hoy llamamos Antiguo Testamento. Todos le dieron a Pablo las bienvenidas y le permitieron hablar los tres sábados seguidos acerca de las Escrituras. Pero lo que compartió Pablo con ellos fue un mensaje que jamás habían escuchado. Versos 2 y 3 dicen: “Y Pablo, como acostumbraba, fue a ellos, y por tres días de reposo discutió con ellos, declarando y exponiendo por medio de las Escrituras, que era necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos; y que Jesús, a quien yo os anuncio, decía él, es el Cristo”.

Ellos no conocían ese mensaje. Las noticias no se esparcían en el primer siglo con la misma velocidad de hoy. Sabían que el Mesías debería venir, pero siempre creían que sería diferente, que no sufriera ni muriera. Esperaban a alguien que fuera exitoso. Su primera decisión sería librarse de los romanos como líderes de la Palestina. Luego reestablecer la nación judaica, complaciendo así a todos los judíos. Pero, ¿escuchar que el Mesías tuvo que sufrir y morir, y luego resucitar de los muertos? Esa era una idea distinta, muy radical.

Pablo pasó tres semanas seguidas, reuniéndose con ellos los sábados, enseñándoles a través de las profecías acerca del Mesías, su sacrificio y resurrección. Cuando les habló de Cristo y cómo el cumplimiento de las profecías no les gustó lo que escucharon.

Entonces, ¿cuál es el veredicto? ¿Creyeron o no? Verso 4 dice: “Y algunos de ellos creyeron, y se juntaron con Pablo y con Silas; y de los griegos piadosos gran número, y mujeres nobles no pocas”. Así que para algunos, el veredicto fue: “Creo en Cristo”.

Pero no fue así con todos. Algunos no creyeron. En vez de creer, algunos fariseos se llenaron de envidia. No les gustaba que algunos se hicieron cristianos. Tampoco les gustaba oír que Cristo era el Mesías. No era ese tipo de liderazgo que creían que necesitaban. Para ellos el veredicto era: “No lo creo”. Y luego el alboroto. Eran tan mal intencionados que fueron buscar a las peores personas de la ciudad para hacer una demostración. Enseguida las mismas personas fueron a la casa de Jasón, asaltándola y llevando su dueño preso, acusándole de falsedades. Se supone que Pablo y Silas eran huéspedes de Jasón a quien los judíos y sus guaruras le arrastraron y llevaron a las autoridades locales. Fabricaron acusaciones contra Jasón, de que era traidor. Jasón tuvo que pagar fianza para que le libertaran. Aquella misma noche Pablo y Silas huyeran de la ciudad sin que se enterasen los judíos.

Aquellos no creyeron en el mensaje que Pablo les predicó. ¿Por qué? Porque era contra la tradición de los judíos, era también contra la cultura que habían creado. En nuestra época la gente rechaza el mensaje del evangelio por la misma razón.

¿Cuál es el veredicto, cuando una persona escucha el mensaje de Cristo? Algunos sí creen, así como los de Tesalonica. Pero muchos no. Muchos no concuerdan con el mensaje del evangelio; les parece demasiado radical.

Hay casos raros en que la persona conoce lo que dice la Biblia, también conoce la parte de Cristo en el plan de redención, pero asimismo no cree. Cierta vez confesó que no le gustaba la idea de que Cristo fuera el único camino al cielo. En la realidad, lo que no le gustó a esa persona era que al hacerse cristiano tendría que cambiar su vida. No le gustó el hecho de que la Palabra de Dios le acusaba de pecador, que necesitaba el auxilio de Cristo. Que, si vivía de la mejor manera que podía, iría al cielo.

Eso es lo que algunos creen, quizás influenciados por la cultura o la sociedad. ¿Cuál es el veredicto cuando alguien escucha el mensaje de Cristo? Para muchos es: “No creo en eso”. Sin embargo, Jesucristo dijo: “Yo soy el camino, y la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí”. (Juan 14:6) Ese principio de depender de alguien para ir al cielo es contra a la cultura. La realidad es que Cristo es el único camino. Todo eso es figurado ya que el cielo es un reino espiritual. Aun los que somos cristianos, si no tenemos confianza en Cristo, que nos salva, todo acabará en la tumba. Si es algo que no podemos ser autosuficientes es en la salvación del alma.

Todavía eso no le gusta al ego humano y por eso muchos rechazan a Cristo, así como hicieron los de Tesalónica (Hechos 17).

Y tu, ¿cuál es tu veredicto? Ya que al escuchar el mensaje del evangelio no se puede continuar neutral, ¿Recibes a Cristo o lo rechazas? Lamentablemente, muchos no se entregan a Cristo o se rinden a él, o aun obedecen el evangelio por temor a sus amigos y parientes. ¿Cuál será el veredicto de mis amigos o parientes? Temen que les irán ridiculizar y alienar. Eso de verdad ocurre, y ha pasado a muchos. Todos los que fuimos los primeros en nuestra familia a convertirnos pasamos por algo de ridiculo.

Mi pregunta a esas personas queno quieren someterse al ridiculo es esta: ¿No sufrió el ridículo Cristo al salvarnos? Todo el escarnio por que pasó Jesucristo fue en obediencia al plan de Dios para salvar a los pecadores. La vergüenza fue tanta que todos sus discípulos le abandonaron. A los que temen el ridículo de sus parientes y amigos, pregunto: ¿Serán tus parientes o familiares los responsables por tu vida eterna? La respuesta es negativa. Dijo Cristo él y solo él es el camino hacia Dios. No nos salvarán los parientes ni los amigos, que en realidad, si se burlan de nosotros porque nos convertimos, entonces no son amigos verdaderos.

Cuando Dios mira en el corazón de cada uno y ve que queremos obedecer su Palabra, ¿cuál es el veredicto? Sabemos que Dios puede ver nuestros pecados, como nos desviamos de cuando en cuando. Sabemos que su veredicto debería ser “culpable”, que Dios debería castigarnos por nuestra actitud muy pobre en cuanto a su palabra.

Pero el veredicto de Dios es “Inocente”. ¿Cómo puede ser? Aunque hemos pecado, Dios no nos castiga por eso. Al contrario, nos declara: ¡Inocentes! ¿Cómo puede ser eso? Es por lo que Jesucristo hizo por nosotros hace 2,000 años, muriendo en la cruz. Cristo sabía que descuidarías su Palabra y que merecerías castigo. Pero él no quiere que vayas al infierno, sino que vayas al cielo. Así que Cristo tomó sobre sí nuestros pecados y decidió recibir el castigo que nosotros merecíamos. Con el sacrificio de Cristo tenemos entrada en el cielo.

Ya que Cristo sufrió por nuestras transgresiones, el veredicto de Dios para nosotros es: Inocente. Dios mira cada uno de nosotros y decide que no nos castigará porque Jesucristo tomó nuestros pecados y murió en la cruz por nosotros. No entramos en el cielo tan solo por lo poco que hacemos aquí en la tierra, aunque tengamos que hacer algo como los cinco pasos hacia la salvación. Pero después de eso nuestra eternidad es regalo de Dios por los meritos de Cristo.

Ese fue el mensaje que Pablo compartió con los de Tesalónica y la mayoría no aceptó por estar muy apegados a sus tradiciones, por temer qué dirían sus parientes o amigos, o aun hermanos judíos. Esa decisión no es fácil tomarla. Pero con la ayuda de Dios es posible. Algunos decidieran aceptar el mensaje de Pablo. Pero la mayoría tanto rechazó el mensaje como a Pablo y todos los que le acompañaban. También arrestaron a Jasón, en cuya casa Pablo se hospedaba.

Aquella misma noche, Pablo, Silas y Lucas (el autor de Hechos) fueron a Berea, una ciudad que quedaba a unos 75 kilómetros de Tesalónica. ¡Qué diferencia! Los judíos de aquella ciudad eran totalmente distintos a los de Tesalónica. Escucharon el mensaje y, después de confirmar en las Escrituras lo que oyeron, obedecieron lo que Pablo les proponía. Es interesante que a los Tesalónicos, que habían rechazado el mensaje Pablo escribe dos cartas. ¡A los bereanos que recibieron el mensaje y la obedecieron, no hubo carta! Tan solo una observación.

Había mucho entusiasmo de parte de los de Berea después de que aceptaron a Cristo como su salvador. Hay dos cosas que quisiera mencionar acerca de ese pueblo:

I. Recibieron la Palabra de Dios con toda solicitud.
Estaban animados por el mensaje que escucharon. Conozco a un hermano en Sao Paulo, Brasil, que en el día de su bautismo hizo una gran fiesta, invitando a todos sus parientes y amigos para que compartiesen la alegría de la conversión. También vemos que Mateo, después de encontrarse con Cristo, comparte su gozo con muchos de sus colegas colectores de impuestos invitándoles a su casa, para que conocieran a Jesucristo. Es probable que Zaqueo, que también era publicano, estuviera presente en la fiesta de Mateo. (Mateo 9:10) También estaban presentes los fariseos criticones.

También hay el conocido pasaje del eunuco etíope, que después de su encuentro con Felipe, quien le bautiza, sigue su camino lleno de gozo. (Hechos 8 26-40) Hay gozo al encontrar la perla de gran precio. Hay gozo cuando decimos a Dios y ala gente: “Creo e todo corazón que Cristo es Hijo de Dios”.

II. Escudriñaban cada día las Escrituras
Cada día examinaban las Escrituras, o sea, lo que hoy llamamos Antiguo Testamento, ya que el Nuevo Testamento no estaba terminado. Las personas más seguras de su salvación son las que leen la Biblia regularmente. Las mayores barbaridades ocurren cuando en la iglesia sus líderes desconocen la Palabra de Dios. Aplican castigos a los miembros, cosas que deciden ellos mismos sin respaldo bíblico. Someten a los miembros a castigos, algo que no existe en la Palabra de Dios. Basta ya el castigo de Cristo por nuestros pecados. Lo único que podemos hacer hacia un hermano pecador es darle misericordia. Solo una persona que lee y medita la Palabra de Dios y vive en oración puede actuar como Cristo. Un torpe, ignorante de la verdad de Dios se hace déspota en la iglesia e impone su voluntad. El que escudriña la Palabra hace con que se cumpla la voluntad de Dios en vez de la suya.

No creo que el hecho de que los de Berea escudriñaban la Palabra de Dios para confirmar lo que decía Pablo molestaba al apóstol. Al contrario, eso aumentaba aun la fe de Pablo. Los que llevamos Biblias a la iglesia debemos estar siempre atentos a lo que dicen desde el pulpito para que no lleguen a predicar su palabra en vez de proclamar la Palabra de Dios.

Mi esperanza es que los miembros de la iglesia de Cristo actúen como los de Berea. Que cada uno al escuchar la Palabra de Dios lo hagan con “solicitud”, con muchas ganas de aprender. Y en segundo lugar, que se familiaricen con la Biblia Sagrada para asegurarse de lo que se predica o enseña es la verdad. Así nuestro veredicto será: Creo y me gozo y quiero aprender más. Esa no es una actitud de las personas de fuera de la iglesia – leer la Biblia, estudiarla, servir a las personas no es algo que promueve ninguna sociedad pagana. Pero eso es lo que significa ser cristiano: creer en la Palabra de Dios y actuar como Cristo sirviendo a la gente.

Anoche, como hago todos los martes, di la clase a los presos que están encarcelados en las afueras de la ciudad donde vivo. Me alegra ver como han crecido aquellos hombres que antes de que les arrestasenhace nunca habían visto una Biblia ni conocían a Dios. Ahora saben que sus pecados han sido perdonados y que a la medida que crecen en la fe conceden el perdón a los demás. Aquellos hombres, por estar encerrados tienen mucho tiempo para estudiar y hasta memorizar la Palabra de Dios. Ellos hacen los cursos por correspondencia, que para los libres necesitan varios meses para completar, los internos los hacen en pocas semanas. Grande es su alegría por ser cristianos. Su libertad, aunque estén encarcelados, es más evidente que en los creyentes que encuentro fuera de las rejas de la prisión. Aunque su veredicto secular haya sido “culpable”, a través de la sangre de Cristo son “inocentes”.

Conclusión:

Antes de regresar al Padre, Jesucristo prometió a sus discípulos que cada persona tendría su morada en el cielo. (Juan 14) Nuestra esperanza no está en lo que podemos hacer por nuestra salvación tanto como lo que puede hacer Cristo. Si él promete moradas en el cielo es porque así será. Si queremos conocer un poco más acerca de esas moradas, necesitamos leer los evangelios de Cristo, las epístolas, en fin todo el Nuevo Testamento. Esperamos que, por los meritos de Cristo tu veredicto sea: Inocente.
 
Preguntas para meditación y repaso:

1.    ¿Han alguna vez acompañado el juicio de alguien famoso?

2.    ¿Creen que todavía puede una persona sufrir persecución por su fe?

3.    ¿Cuál erea la diferencia del mensaje de Pablo cuando éste predicó en Tesalónica, comarado con la predicación en Berea?

4.    ¿Por qué dice la Palabra de Dios que los bereanos eran personas nobles?

5.     ¿Al detectar que alguien en la iglesia está enseñando mal la Biblia, qué debo hacer?

6.    ¿Cómo te sintirías si estuvieras en la misma situación que Pablo, tener que cambiar de ciudad por la persecución de gentes de otra religión?

7.    ¿Qué se puede hacer para cambiar la actitud de la iglesia de ocupar el lugar de Dios mientras juzgan a las personas?
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