Con la ayuda de Dios

Enfrentando la vida con la ayuda de Dios

    1 Dios es nuestro refugio y fortaleza,
         nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.
    2 Por tanto, no temeremos aunque la tierra sufra cambios,
         y aunque los montes se deslicen al fondo de los mares;
    3 aunque bramen y se agiten sus aguas,
         aunque tiemblen los montes con creciente enojo. (Selah)
    4 Hay un río cuyas corrientes alegran la ciudad de Dios,
         las moradas santas del Altísimo.
    5 Dios está en medio de ella, no será sacudida;
         Dios la ayudará al romper el alba.
    6 Bramaron las naciones, se tambalearon los reinos;
         dio El su voz, y la tierra se derritió.
    7 El SEÑOR de los ejércitos está con nosotros;
         nuestro baluarte es el Dios de Jacob. (Selah)
    8 Venid, contemplad las obras del SEÑOR,
         que ha hecho asolamientos en la tierra;
    9 que hace cesar las guerras hasta los confines de la tierra;
         quiebra el arco, parte la lanza,
         y quema los carros en el fuego.
    10 Estad quietos, y sabed que yo soy Dios;
         exaltado seré entre las naciones, exaltado seré en la tierra
(Salmos 46:1-10)
Leí hace poco tiempo la historia del peor día en la vida de un niño llamado Alejandro. Alex (su apodo) era un niño de 7 o 8 años de edad y le pasó algo como uno de sus peores días, cuando todo le fue de mal en peor, desastres y accidentes por toda parte. Nada le fue bien.

Por ejemplo, al levantar, Alex se fijó que la noche anterior fue dormir con un chicle en la boca y cuando despertó estaba pegado a sus cabellos. Al levantar de la cama tropezó en uno de sus juguetes y enseguida dejó caer su suéter en la pila con agua corriente. Luego declara con disgusto: “¡Sabía que hoy sería un día horrible!”

Luego Alex va a la escuela y las cosas no cambian. Después de las clases tuvo una experiencia horrible en el consultorio del dentista. Luego, en la hora de cenar había brócoli, algo que detestaba. Al ver la televisión solo había novelas que él no entendía ni tampoco le gustaba.

Fue bañarse pero el agua estaba muy caliente, el jabón se metió en los ojos y perdió su canica que fue agua abajo. Al acostarse se enteró que su hermano mayor le había quitado la almohada predilecta. Y la lamparita de su cuarto, que se quedaba encendida toda la noche, se fundió. Luego mordió la lengua y el gato decidió dormir con su hermano y no con él. En resumen, aquel fue el peor día de su vida. Alex pensó que si tuviese otro día igual, huiría a Australia.

¿Te has sentido así alguna vez? Seguro que sí. Casi todos tenemos días de ansiedad y tensión y necesitamos aprender cómo enfrentarlos. A mi me pasó algo semejante el lunes pasado, que fue día de descanso. Salí por la mañana temprano buscando compañeros para jugar tenis. No encontré ninguno. Empecé a jugar contra el paredón y, como hacía mucho tiempo que no jugaba, me lastimé la espalda. Luego, por la tarde me pidió mi esposa que cambiara de lugar una maceta que parecía pesar media tonelada. Al levantarla perdí el equilibrio y mi pie derecho se atoró en otra maceta en el jardín y en pocos segundos estaba en el suelo. Lastimé ambas rodillas y ambos brazos. Las rodillas estaban tan lastimadas que mal podía vestirme. Al lastimar también la espalda no la podía doblar al bajarme y tenía que doblar las rodillas escoriadas. Era un gran problema moverme ya que ni las rodillas ni las espaldas estaban flexibles. Aquel fue un día difícil para mí.

Mientras leo las Escrituras no encuentro una formula instantánea o un corta-caminos al crecimiento espiritual. Hay muchos buscándolo. Creen que con una oración o algo parecido pueden transformarse inmediatamente de cristiano inmaduro a gigante espiritual. Pero no es tan fácil. El crecimiento lo logramos a través de pruebas, dificultades, mientras intentamos vivir la vida cristiana.

Hace pocos años Tomas Hobbs, un sociólogo de la Universidad de Washington, y algunos de sus colegas publicaron una encuesta acerca del estrés humano. Listaron varias experiencias en común, evaluaron su impacto en el bien estar tanto mental como emocional, y las calcularon según la cantidad de estrés que producían. Ese calculo de estrés lo llamaron “Unidades de Cambio de Vida, o UCV’s”. Cuanto peor el estrés calculado, más alto los UCV’s.

Por ejemplo, divorciarse es equivalente a 73 UCV’s. El embarazo es 40 UCV’s. Remodelar una casa es 25 UCV’s. El estrés de la época de Navidad es calculado a 13 UCV’s. Y la lista continua, cada cosa calculada en UCV’s.

Al enterarnos de un amigo que está muriendo con cáncer, quizás de nuestra misma edad, cuando vamos al medico y él dice que hay algo preocupante en la radiografía, o cuando nuestros hijos crecen y se mudan; o vendemos la casa y nos mudamos a otra ciudad, o perdemos el empleo, o nos pensionamos. Todas esas cosas son porcentajes considerables de Unidades de Cambios de Vida.

Somos constantemente bombardeados por los UCV’s, y la conclusión del sociólogo fue que, si en el espacio de tiempo de un año pasamos por un total de más de 300 Unidades de Cambio de Vida, algunos no las pueden soportar.

Concluyeron que si pasáramos por tantos UCV’s en un año, que la mayoría tendría un colapso mental o físico porque, hablando del punto de vista humano, no es posible enfrentarse a tantos cambios. Pero nota que yo dije “del punto de vista humano” y quiero enfatizar la palabra “humano” porque nuestra confianza en Dios hace una gran diferencia.

Con eso en mente, leamos el Salmo 46. Este Salmo lo escribieron evidentemente en medio a esas circunstancias. Seguramente hubo veces en que el salmista sintió que estaba bajo inmensa presión y no podía salirse. Al intentar salirse de esa situación, escribió las palabras del Salmo, que conocemos como el 46.

El primer verso dice así:”Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones”. La palabra “tribulaciones” en hebreo significa “presiones”. El autor se sentía presionado por algo que le pasaba.

Cuando estamos presionados buscamos alivio en un Salmo como este porque es un gran consuelo y ministra al lector de manera significativa.

Cuando el gran reformista Martín Lucero estaba cercado por enemigos leyó este Salmo y luego compuso el gran himno “Que gran fortaleza es nuestro Dios”. Lutero se enteró del gran poder de Dios como uno que jamás ha fallado. No importa lo que acontece en el mundo, todavía encontramos fortaleza y el poder en Dios.

Quisiera hacer un resumen del Salmo y luego le trataremos con más detalles. Hay tres partes, a saber:

Versos 1 al 3 trata de los cambios de la naturaleza y dice el salmista: “No temeré. Dios es mi amparo y mi fortaleza; aunque el mundo alrededor de mi tiemble, no temeré”.

Versos 4 al 7 habla de los cambios que suceden en la sociedad. El salmista dice: “No me moveré. Aunque naciones se destruyen  y la sociedad se deteriore, porque Dios es mi refugio y mi fortaleza, no me moveré”.

Finalmente, en los últimos versos (8 al 11) parece que el salmista se tranquiliza después de todo lo que ve en la sociedad y la naturaleza al decir: “No dejaré que la ansiedad arruine mi vida. Me tranquilizaré, transformaré mi vida, me dedicaré a hacer la voluntad de Dios”.

1. ¡No temeré!
Volvamos a los versos 1 al 3 que dicen: “Dios es mi amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, y traspasen los montes al corazón del mar; aunque bramen y se turben sus aguas, y tiemblen los montes a causa de su braveza”.

Tenemos la impresión que el salmista conocía las noticias de los periódicos científicos actuales. Existen muchas inquietudes en nuestro mundo actual. Durante los últimos 20 años, temblores han crecido a un número asombroso. Geólogos apuntan a la brecha de San Andrea y predicen que un día una buena parte del estado de California hundirá en el océano Pacifico. Dicen que en la horda Pacifica los volcanes están a punto de erupción.

Eso sin hablar de los huracanes que golpean la costa Centro Americana paralizando ciudades enteras, sin contar con las sequías que arruinan la tierra imposibilitando la agricultura, más las inundaciones que destruyen puentes y hogares. Tantas han sido las catástrofes de los últimos cinco años que algunos preguntan: “¿Qué está pasando con el mundo actual?”  

Pero como cristianos, ¿cómo debemos reaccionar a todo eso? Dice el salmista: “No tendré miedo. Mi Señor todavía controla los vientos y las olas y los mares y todos los elementos de la naturaleza. Por lo tanto, no temeré. Dios es mi refugio y mi fortaleza”.

2. ¡No me conmoveré!
Ahora echemos un vistazo en los versos 4 al 7 que dicen así: “4Hay un río cuyas corrientes alegran la ciudad de Dios, las moradas santas del Altísimo. 5Dios está en medio de ella, no será sacudida. Dios la ayudará al romper el alba. 6Bramaron las naciones, se tambalearon los reinos; dio El su voz, y la tierra se derritió. 7El SEÑOR de los ejércitos está con nosotros; nuestro baluarte es el Dios de Jacob”.

He aquí una descripción de naciones en conflicto, reinos que se acaban y grandes cambios que suceden a todo momento. Parece los días actuales.

Para algunos de nosotros un poco mayores, al leer ese pasaje, pensamos en el cantante Elvis Presley. Elvis empezó trabajando como chofer de camión, ganando sueldo mínimo. En su tiempo libre hizo una grabación que pareció atractiva al promotor de la RCA Victor. Elvis no tardó en ser un cantante de fama mundial.

Cuando se murió Elvis un gran número de personas se trasladaron a la ciudad de Memphis, en el estado norteamericano del Tennessee, donde lo sepultaron. Cinco toneladas de flores fueron enviadas al funeral. La gente llenaba as calles solo para ver pasar su ataúd.

Elvis dijo cierta vez: “Daría un millón de dólares por una semana de paz”. Grabó una canción que parecía describir su vida titulada: “Estoy todo agitado”.

Lo mismo pasa con el mundo. La humanidad parece estar en decadencia. Pero nosotros, los cristianos, no necesitamos acompañarles. Podemos mantenernos firmes porque Dios es nuestro refugio y nuestra fortaleza; porque Jesucristo es el rey de reyes y señor de señores. Cristo es el mismo hoy, mañana y lo será eternamente. Y los cristianos nos mantendremos fuertes y fieles, comprometidos en servir a los demás como si estuviéramos sirviendo a Cristo.

3. ¡Ya no tendré ansiedades!
Entonces parece que el autor respira fondo y mira a los cambios que han pasado y refleja en ellos con estas palabras (8-9): “8Venid, contemplad las obras del SEÑOR, que ha hecho asolamientos en la tierra; 9que hace cesar las guerras hasta los confines de la tierra; quiebra el arco, parte la lanza, y quema los carros en el fuego”.
Luego en el verso 10 dice: “10Estad quietos, y sabed que yo soy Dios; exaltado seré entre las naciones, exaltado seré en la tierra”.

¿Sabes lo que está diciendo el autor? Dice esto: “En medio de todo eso he decidido que no llenaré mi vida de ansiedades”. ¿Por qué? Porque “Dios es mi refugio y mi fortaleza”.

¿Será que nos hemos olvidado cómo relajar? ¿Cuándo fue la última vez que te sentiste libre de preocupaciones? ¿Cuánto tiempo hace que no sales a pasear por la tarde solo para ver el poniente, o qué lees un capitulo entero de la Biblia, orando a Dios, sin interrupciones?

Cierta vez participé de un seminario donde al entrar me tomaron el reloj y el celular y los guardaron y solo me los devolvieron en el final, tres días después. No tuve otra alternativa que concentrarme en los temas presentados. A veces es importante salir de la rutina.

Alguien dijo que hay tres palabras que resumen la vida de cada uno de los que vivimos en esta época: apresurarnos, preocuparnos y ansiarnos. Ya es tiempo que llevemos el salmista en serio cuando dice: “Estad quietos, y sabed que yo soy Dios”.

4. Tres grandes verdades
Hay tres verdades que podemos sacar de este Salmo:

•    Dios está siempre cerca y listo para oírnos. Dios siempre nos escuchará. Quizás no nos conteste inmediatamente, pero sí contestará. Dios está siempre interesado en escucharnos siempre que le hablamos. Quizás algunos de los problemas sean frívolos y otros muy serios. El Señor nos escuchará sin excepción. ¡Hablen a él! 

•    El poder de Dios es mayor que cualquier cosa de este mundo. Es mayor que las tormentas, los temblores o los volcanes. No hay poder mayor. El poder de Dios es suficiente para que seamos victoriosos sobre nuestros enemigos. Dice el salmista: “Dios es mi refugio, mi fortaleza en tiempos difíciles”. Por tanto, no temas y pide su auxilio.

•    La ayuda de Dios funciona aun cuando no haya nada que podamos hacer. ¿Te sientes débil? ¿Crees que hay mucha ansiedad en tu vida y estás como para explotar? Siempre puedes depender de la ayuda de Dios.

Conclusión:                                                                                                                                   Si estás aquí sin Dios y sin Cristo como tu Señor y Salvador, sepas que el Señor quiere que te acerques a él, acepte su amor, que te entregues a él por el proceso de salvación que incluye fe en Cristo como el Hijo de Dios, arrepentimiento, que es un cambio de vida y el bautismo para perdón de tus pecados y para recibir el Espíritu Santo de Dios. Qué Dios bendiga tu decisión.

Preguntas para la meditación:

    1. ¿Cómo vive la gente que no tiene a Dios?

    2. ¿Cómo vivíamos nosotros antes de conocer a Dios?

    3. ¿Qué es necesario hacer para saber quien es Dios?

    4. ¿Quién es el refugio y la fortaleza del salmista?

    5. ¿Cómo podemos ayudar a Dios a auxiliar a los demás?

    6. ¿Por qué es que la generación actual no busca la ayuda de Dios?
 

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