Como se parece la fe?

Hechos 14:9 

¿Cuál es la apariencia de la fe?

“Este oyó hablar a Pablo, el cual, fijando en él sus ojos, y viendo que tenía fe para ser sanado, dijo a gran voz: Levántate derecho sobre tus pies. Y él saltó, y anduvo”. (14:9-10)

El apóstol Pablo, se apoyó en la fe del hombre cojo de nacimiento, para sanarle. Creo que eso significa que aquel hombre era digno de un milagro de Dios por su gran fe. También el milagro sirvió para atraer la atención de los habitantes de Listra, una ciudad central de la provincia de Galacia, a dar atención a aquellos forasteros que llegaron con un nuevo mensaje, una nueva esperanza; indudablemente buenas nuevas. Nadie que no tiene fe ha sido bendecido por Dios. Hasta el padre cuyo hijo necesitaba una bendición de Cristo para sanarse, admitió: “…creo; ayuda mi incredulidad”. (Mar. 9:24)

La fe es quizás el elemento más importante y necesario para crecer en la jornada cristiana. Jorge Muller, predicador inglés de la antigüedad, declaró: “El principio de la ansiedad es el fin de la fe; y el principio de fe verdadera es el fin de la ansiedad. En Hebreos 11:6, el autor dice que “sin fe es imposible agradar a Dios”.

Otro grande escritor y comentarista bíblico, A W. Tozer, dijo: “Fe es la vitamina que hace con que todo lo que tomamos de la Biblia sea digerible”.

Caminamos por fe y por la fe agradamos a Dios. Nada lograremos, como cristianos, si no tenemos fe. Aun un hombre cojo de nacimiento, que toda su vida se arrastraba de un lado a otro, quizás en la infancia fuese el hazmerreír de su pueblo, todavía tenía fe en Dios suficiente para que Pablo realizara el milagro.

Fe es la llave que abre el reino supernatural de nuestra existencia natural. La situación en que nos encontramos ahora en nuestra jornada con Cristo es un resultado directo de nuestra fe.

La fe no es un lugar, sino una jornada. Siento mucho por Moisés, por pasar 40 años perdido en el desierto comiendo nada más que pan del suelo y de vez en cuando un ave. Y cada día, casi un millón de personas se le acercaba y le preguntaba, “¿Qué tan lejos está esa tierra prometida?”

Romanos 12:3 dice así: “Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno”. Pablo estaba aconsejando a los romanos a que viviesen una vida santa y que su adoración a Dios no se limitara a las reuniones de iglesia. Que todo lo que hicieran durante la semana fuera para dar gloria a Dios. Esa es la vida santa real.

Aprendemos que a cada persona ha sido dada una medida de fe, o sea, una cantidad de fe. Lo que hacemos con la fe dada por Dios, o cómo la usamos depende de cada uno de nosotros. No podemos agradar a Dios sin ese elemento tan importante. No podemos comparar nuestra fe con la de un hermano o hermana en Cristo. Comparaciones llevan a la división. Sí podemos comparar nuestra fe con la fe de Jesucristo. ¡Qué gran meta la de ser como Cristo!

Cierta vez, tres chiquillos estaban conversando. Uno dijo: “Mi hermano toma clases de equitación, de cómo montar caballo”. Otro dijo: “Mi hermana toma clases de gimnasia”. El tercero, no queriendo ser menos que los demás, dijo: “Eso no es nada, mi hermana toma antibióticos…”

Hay dos cosas verdaderas acerca de la gente de fe:

Gentes de fe tienen autoestima; saben que son como son porque Dios así los hizo; y Dios no comete errores y “porque formidables, maravillosas son tus obras”. Para la mayoría, no es quienes son que les estorba, sino lo creen que no son.

Dos vacas pastaban cuando vieron pasar el camión del lechero. En un lado del camión había letreros que decían: “Pasteurizado, homogenizado, Vitamina A agregada”. Una de las vacas dio un suspiro y dijo a la otra: “Eso nos hace sentir un poco inadecuada, ¿verdad?”

Gente de fe cree que cosas buenas están para acontecer. Tienen esperanza. Un hombre fue en un crucero y después del segundo día se fijó que una mujer le miraba. Finalmente se acercó a ella y dijo: “Señora, ¿será que yo la conozco? Ella le contesta: “Me he fijado como usted se parece a mi tercer marido”. Él admirado le pregunta: “¿Su tercer marido?” “Si”, dijo ella. “Discúlpeme, pero ¿cuántas veces se ha casado usted?” A lo que ella le contesta: “Dos veces”. Anímense, hermanos: mañana será un nuevo día y las cosas serán muy diferentes.

El temor es lo opuesto a la fe, porque siempre cree en lo peor. Fe cree que lo mejor absoluto pasará en cualquier situación. 1 Juan 4:18 dice: “…el que teme no ha sido perfeccionado en el amor”.

¿Cómo se parece la fe?

En el texto de Hechos 14 vimos a un hombre que era cojo desde su nacimiento.  Jamás había dado un paso adelante, jamás caminó descalzo en el césped, jamás sintió el calor de la arena caliente de la playa en sus dedos. Se quedaba sentado donde lo ponían.

Muchas veces la razón porque no tenemos fe es porque todavía seguimos sentados en el lugar donde Dios nos puso hace mucho tiempo. Dios quiere que nuestra fe tenga piernas, que nuestro loor y también nuestras oraciones sirvan para que podamos movernos a niveles espirituales más elevados.

Hay muchos que temen compartir el evangelio. Dijo un hombre: “El predicador nos dice a que vayamos compartir la fe todos los días. No hay nada que me llene de temor más que compartir la fe con un extraño”. El temor es una trampa de Satanás para evitar que compartamos la fe. Si tenemos temor de compartir la fe con extraños entonces que lo hagamos con personas conocidas.

El cojo escuchaba a Pablo mientras éste hablaba y cuando el apóstol “fijó sus ojos” en él, todo parecía desenfocado excepto lo que veía en sus ojos. La fe siempre hace con que nos concentremos. ¿Qué vio Pablo en los ojos del cojo?

1. Pablo vio expectativa y entusiasmo

2. Pablo vio que en su espíritu el hombre corría

3. Pablo vio un hombre que en su interior brincaba

                        Fe es algo como el entusiasmo sin control.

A Pedro, en Lucas 5, le pidió Cristo que lanzara la red en la parte más honda del lago. Pedro había pasado toda la noche trabajando sin pescar nada. Probablemente lo que anhelaba era ir a su casa, comer algo e ir a dormir. Sin embargo, al echar su red en lo más hondo, según instrucciones de Cristo, sus barcos se llenaron de peces. Quizás Cristo le instruyó a lanzar la red en la parte honda del lago porque estaba limitando su pesca a la parte rasa. También podemos inferir que Cristo le desafiaba a que fuera más allá de lo rutinario y de lo cómodo, que arriesgase un poco. Al limitarnos, también limitamos a Dios. La fe sabe que si nos acomodamos y no nos arriesgamos, jamás lograremos nada.

Hay un grupito de personas de nuestra iglesia que en mes de noviembre de cada año viaja a una ciudad distinta en México para animar a los hermanos y ayudarles a contactar personas nuevas. Hace unos 10 años que hacemos juntos ese viaje. A veces vamos en avión, pero la mayoría de las veces vamos en vagoneta. Hay muchos estadounidenses que jamás viajarían a México o a cualquier otro lugar en América Latina, sin importar su edad. El grupito que me acompaña cada año son todos pensionados y juntos confiamos nuestra vida a Dios y hasta hoy solo tenemos recuerdos agradables de nuestros viajes. ¿Por qué lo hacemos? Porque queremos compartir la fe. Y eso implica riesgos. Hay que arriesgar. La fe arriesga.

Más adelante en Lucas 5, el Señor estaba enseñando a un grupo de fariseos y maestros de la ley de toda Galilea, Judea y Jerusalén. La Biblia dice que el poder del Señor estaba presente para que sanara a los enfermos. Algunos reunieron sus amigos o parientes enfermos para llevarles a Jesucristo. Había mucha gente en aquel lugar. Quizás otras personas desistirían, e intentarían acercarse a él en una próxima oportunidad en que el Maestro regresara a aquel pueblo. Sin embargo, aquellos hombres no desistían tan fácilmente, y concluyeran que la única manera de acercarse a Cristo era por el techo y bajar el enfermo para que el Señor le sanara. Siempre he admirado la tenacidad de aquellas personas. Cuando queremos acercarnos al Señor no hay barreras que nos detengan. Dice la Escritura que, “cuando Cristo vio su fe, miró al paralítico y dijo que sus pecados habían sido perdonados”.

La impresión que tenemos es que aquel paralítico estaba viviendo en pecado de tal manera que Cristo necesitaba tratar primero su alma y luego a su cuerpo. También Cristo quiso comunicar a los líderes religiosos que él era Dios, ya que solo Dios puede perdonar pecados.

                La fe se parece como recursos espirituales que no se puede cambiar.

En Marcos 5 había una mujer que hacía 12 años que estaba enferma y había gastado todo el dinero que tenía para sanarse. Lo único que le decían era que seguiría enferma. En verdad, en vez de mejorar, empeoraba. Al enterarse de que Cristo estaba presente, le siguió (aunque fuese contra las leyes judaicas aparecer en público) porque pensaba que si pudiese acercarse al Maestro lo suficiente como para tocarle, sanaría. Estaba lista para arriesgar todo.

La fe es la fuerza que nos hace arriesgar todo para lograr nuestro intento. La fe es una voluntad sinfín.

La fe no es solo creer que Dios puede lograr algo. Es tener la certidumbre que él puede.

Hebreos 11:1 dice así: “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”.

La fe implica acción. Hebreos 11:33 dice que la fe que es sumisa, que es trabajada y obtenida puede hasta “tapar la boca de leones”.

¿Cómo se parece la fe? Al encontrar a Jesucristo, encontraremos el autor (creador) y el que da el acabado (completa) nuestra fe. Cristo en nosotros la esperanza de gloria.

 Preguntas para la meditación y repaso:

1. ¿Has tenido alguna vez que tomar una decisión que necesitase mucha fe?

2. Ya que la fe es la “convicción de lo que no se ve”, ¿cómo podemos asegurarnos de que alguien tiene fe?

3. ¿Cómo se puede aumentar la fe?

4. ¿Qué tan importantes son las promesas de Dios en la fe de un cristiano?

5. ¿Cuál es la causa del temor de nuestra vida?

6. ¿Cuál es libro y capitulo de la Biblia en que encontramos pruebas de fe?

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