Cómo ser cartas de Cristo

2 Corintios 3:1-3

Leer el pasaje:

•    "¿Comenzamos otra vez a recomendarnos a nosotros mismos? ¿O tenemos necesidad, como algunos, de cartas de recomendación para vosotros, o de recomendación de vosotros? Nuestras cartas sois vosotros, escritas en nuestros corazones, conocidas y leídas por todos los hombres; siendo manifiesto que sois carta de Cristo expedida por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón". (2 Corintios 3:1-3) 

En este pasaje Pablo advierte a los Corintios que cartas de recomendación no son necesarias para presentar a un cristiano a una iglesia. Su conducta será el barómetro que indicará que tan buen cristiano es la persona. 

Hermanos, siempre que les identifiquen como cristianos, les estarán observando para ver si son cristianos auténticos o si su religión es algo que practica tan sólo los domingos. 

He aqui lo que me refiero: En julio del año 1978 visité la ciudad de Porto Alegre, en el estado brasileño de Río Grande do Sul, en el extremo sur de Brasil. Al llegar, los hermanos me relataron una historia interesante sobre algo que les había pasado. Hacía poco tiempo que les había visitado un tal João Campos, (el nombre es ficticio pero la historia es verdadera) que decía haberse bautizado en Cristo y que había abandonado la carrera de sacerdote Católico para hacerse cristiano neotestamentario. Traía fotos vestido con el atuendo de cuando era sacerdote. João estaba desesperado porque después de haber tomado la decisión de dejar el Catolicismo, según él, le perseguían los líderes Católicos. 

En medio al desespero João pidió a los hermanos de la iglesia de Cristo dinero para cruzar la frontera de Brasil con Uruguay porque al salir del país ya no le podrían agarrar. Los hermanos, sensitivos por la necesidad de João le ayudaron a cruzar la frontera dándole dinero para el viaje. El día siguiente la policía se acercó a la iglesia y preguntó a los hermanos si había visto a un hombre cuya descripción era idéntica a la de João Campos. Al decir los hermanos que sí, se enteraron que aquella misma persona había estado en varias otras iglesias sacándoles dinero con la misma historia falsa, engañando a todos que encontraba. Los hermanos de aquella ciudad se dieron cuenta de que, al dar dinero a Joao, habían caído en la trampa. Pese toda la documentación que les enseñó Joao, la historia era falsa. Aun con carta de recomendación puede haber deshonestidades. Pablo dijo: “Sois cartas de Cristo”. 

¿Y si hiciéramos una encuesta con sus vecinos y les preguntáramos: ¿Qué piensa Ud. de las personas que se reúnen en la iglesia de Cristo? No sé qué dirían pero estoy seguro que dirían algo ya que están siempre observándonos para ver si practicamos o no lo que predicamos. Ya que mucho de nuestro testimonio tiene que ver con la manera en que tratamos a nuestros hermanos, veamos si tenemos o no las características que siguen para ser verdaderas cartas de Cristo.

He aquí como se puede identificar si la carta es de veras de Cristo: leeremos y comentaremos pasajes que tienen que ver con el tratamiento entre hermanos para ver si hemos desarrollado en nuestra vida estas características cristianas.

•    Soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. (Colosenses 3:13)

El respaldo o apoyo
Soportar a una persona cuando todo en su vida esté funcionando a plenitud es fácil. Todos quieren acercarse a una persona exitosa. Ahora, basta la misma persona tener enfermedades cuestionables como el sida o algún problema con la ley de su país, un divorcio, y pronto, ya no tiene más amigos en la iglesia. Pablo dijo que debemos soportarnos aun cuando las circunstancias no sean favorables.

Cuando vivíamos en Portugal en mediados de la década de los ’70, a través de un programa de radio tuvimos acceso a una prisión para dar a los reclusos clase bíblica aparte de mucha amistad y suplir algunas de sus necesidades. Cuando llegábamos en la prisión aquellos hombres se deshacían en abrazos y atenciones. Yo creía que recibíamos tantas atenciones porque éramos comentaristas de un programa de radio en Portugal. La realidad era diferente. Al ser encarcelado en aquel lugar, nadie de sus amigos o parientes quería admitir tener amigos o parientes en lugar semejante. Al tener sus problemas con la ley, tanto sus amigos como parientes ya no les visitaban. Nosotros éramos los únicos que les hacíamos caso y por ello la bienvenida cálida. 

Dijo un predicador que nosotros los cristianos somos un ejercito muy raro pues solemos matar al soldado herido. Hay que soportar o respaldar a la persona cuya vida ha sido salva por la sangre de Cristo.

El perdón
Hay una regla general en cuanto al perdón instituida por Dios que dice así: De tu perdón depende el perdón de Dios. Cada vez que perdonas a alguien, recibes al mismo tiempo el perdón de Dios. El perdón debe ser así como un pagaré, o nota promisoria, pero rasgada, y cuyos pedacitos son quemados y enterrados para que jamás la cobren. Perdonar es borrar de la mente de Dios los pecados que hemos cometido.

Es importante mencionar que perdonar no significa también olvidar. Es imposible olvidar una persona que por veinte años maltrató a su hija. No obstante,  al perdonar, la hija promete delante de Dios que ya no volverá hablar de aquel tema. Al perdonar quitamos un gran peso de encima. Dejamos que Dio se encargue de la persona que hemos perdonado. La Biblia dice que de Dios es la venganza.

 Dios, después de perdonarnos, esconde los pecados en lo más hondo del océano. (Miqueas 7:19)

•    Antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado. (Hebreos 3:13)

La exhortación
El escritor de Hebreos sabía que Satanás estaba, como todavía está, siempre aprovechando una oportunidad de llevarnos al pecado. Por lo tanto, pide a los hebreos que se estimulen y se interesen por las necesidades espirituales de los demás hermanos. Esta es la razón principal que nos reunimos como iglesia: para animar y exhortarnos mutuamente. Al contrario, Satanás endurecerá el corazón y no nos interesaremos más por nuestros hermanos. Hay personas que lo hacen naturalmente y otras tienen que aprender a cómo animar o estimular a los hermanos a que continúen fieles. Se puede animar, o estimular a los hermanos elogiando lo que hacen para engrandecer el reino de Dios. Hay que escribirles una tarjeta o una cartita para fortalecer su fe en el Señor. Basta ya el desanimo que nos dan los de fuera y la depresión que nos causa el maligno. Necesitamos contrarrestar el desanimo del mundo con exhortaciones. Gracias al estimulo de hermanos sinceros y que realmente se interesan en el ministerio, he estado trabajando en el ministerio durante casi 40 años.
 
•    Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho. (Santiago 5:16)

La confesión
Al hacerme cristiano en 1962 me sentía muy feliz. Una de las cosas que me traía la felicidad era que de aquel día en adelante ya no necesitaría confesarme con otro ser humano. Pensaba así: con la confesión a Dios será lo suficiente. Pero al leer Santiago 5:16, contrario a mi pensamiento, me enteré que debo confesar mis pecados a otra persona. No obstante, esta debe ser la parte de la vida cristiana que no se enseña en las iglesias, o tampoco se practica. ¿Por qué? Porque lo que confesamos es pecado y como tal no es nada que nos hace orgulloso. Al contrario, confesamos pecados que ojalá no los hubiéramos cometido. 

¿Por qué no practicamos el mandamiento de Santiago 5:16? No confesamos los pecados a otra persona porque tenemos temor de que nuestra confesión se transforme en chisme y que pronto todos se enterarán que somos débiles. Pablo dijo que el poder de Dios se manifiesta en nuestra debilidad. (2 Corintios 12:10) Mi sugerencia es empezar buscando a una persona confiable y confesarle un pecado no muy serio. Luego llegarás a confesar pecados más serios y no tardarás en confesar todo. Ya no llevarás en tus hombros grandes cargas de pecados no confesados.

La oración eficaz
Normalmente lo que sigue a una confesión es la oración. Raramente confesamos sin orar a Dios pidiendo su perdón y su fortaleza. El poder de la oración es algo que nunca llegaremos a comprender. En la realidad, al orar estamos pidiendo el poder de Dios utilizando la oración como una forma de lograr aquel poder. Muchas veces el dolor que sentimos es tan grande que ni sabemos cómo componer la oración. Hay otras veces en que la noticia es tan buena que hasta nos olvidamos darle las gracias a Dios. Al orar a Dios relatándole lo que pasa con nosotros estaremos involucrando a Dios en nuestra vida, permitiéndole  participar de los altibajos de la vida humana. Siempre nos sentimos mejor después de haber orado. De la misma manera en que siempre nos sentimos mejor después de hacer ejercicios, la oración hace que nuestro espíritu entre en comunión con el Espíritu de Cristo.

•    Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo. (Gálatas 6:2)

Las cargas
Otra característica típica del cristiano es estar al tanto de las cargas que llevan sus hermanos. Lamentablemente estamos tan preocupados con nuestras cargas que se nos olvida la carga de los que sufren. Nadie que sea cristiano debe llevar solos cargas del sufrimiento o de la culpabilidad. Para esto existe la iglesia: para compartir las cargas, para hacer que nuestro sufrimiento sea más ligero. Hay cristianos que no quieren molestar a los demás con sus cargas, y por eso no las comparte. Es imposible ayudar a un hermano llevar su carga si no sabemos que la tiene. Hay también otros que no se interesan por los que sufren en la iglesia. Viven en un egoísmo tan grande que por mantener su comodidad, no suplen las necesidades de los hermanos carentes. Si cada creyente ayudase a llevar las cargas unos de los otros en la iglesia, tendríamos cargas más ligeras y seríamos personas más listas para auxiliar también a los de fuera. La “ley de Cristo”, como dice el pasaje, la cumplimos a hacer a un lado nuestro egoísmo y dedicarnos al hermano necesitado.

•    Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor. 1 Juan 4:7-8

El amor fraternal
Este pasaje nos habla del amor fraternal pero también separa al que es de Dios del que no es de Dios. La diferencia básica es esta: él que es de Dios ama a sus hermanos. Con el tiempo el vocablo “amor” ha cambiado y actualmente significa un sentimiento romántico hacia otra persona. Sin embargo, el amor que encontramos en la Biblia tiene que ver con hacer lo bueno a la otra persona aunque ésta no lo merezca. 

Dicen los historiadores del primer siglo que el apóstol Juan, por su edad avanzada no podía caminar. Los hermanos le cargaban de un lado a otro mientras el apóstol repetía estas palabras: “Hijitos, ámense los unos a los otros”. El apóstol Pablo dice, en el capitulo 13 de 1 de Corintios que sin amor no somos nada, somos como una pieza de metal. Sin amor fraternal dejamos de ser humanos y pasamos a ser maquina.

Amar a un hermano es conocer a Dios. Unos dicen que Dios da amor y otros dicen que Dios ama, y las dos descripciones son correctas. Sin embargo, Juan dice que Dios “es” amor. De la misma manera que yo soy ministro y mi esposa es maestra, Dios es amor. Él es la personificación del amor y lo ha demostrado durante toda la historia de la humanidad. Su anhelo fundamental es tener el mismo acercamiento con el ser humano de hoy que tuvo con Adán y Eva. Sabemos que el amor espontáneo no lo puedes forzar; depende de la decisión de cada uno si quiere o no amar. Sin amor ninguna de las características propias de una “carta de Cristo” tienen valía. En todo lo que tiene que ver con Dios está implícito también su amor.

Si hiciéramos ahora la encuesta sugerida en el principio y preguntáramos a los vecinos:  ¿Cuál es su opinión de los que se reúnen en iglesia de Cristo? ¿Qué contestarían? Si la conducta de cada quien se acerca a los versos arriba entonces son indudablemente cartas de Cristo.

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