Cómo manejar un texto bíblico

Hebreos 4:12 

Hay varias maneras de manejar un texto bíblico. ¿Cuál es la correcta?

A un predicador le gustaba predicar acerca del bautismo. Seleccionaba textos bíblicos acerca de ese tema en cada mensaje que predicaba. Los ancianos de la iglesia se cansaron de escucharle hablar del bautismo. Entonces decidieron que la única manera de resolver el problema sería sugerir el texto del cual debería predicar. Así, le pidieron que predicase acerca de Apocalipsis 9:1-12 (Ese texto no menciona ni bautismo ni agua). El domingo siguiente, el predicador se para en frente a la congregación, lee Apocalipsis 9:1-12, y empieza su mensaje diciendo: “A propósito, ¿se han fijado que éste es uno de los pocos textos en la Biblia que no menciona bautismo? Y por hablar en bautismo, quisiera decir estas palabras…”

Un evangelista que maneja bien la Escritura no debería usar mal o abusar el texto. Tampoco debería seleccionar un texto y usarlo como plataforma de un sermón que sea desconectado del pasaje. No debemos predicar una palabra de la Biblia, sino predicar la palabra de Dios.    

En Romanos 10:17 leemos: “Por tanto, fe viene por oír, y oír la palabra de Dios”. Dios está diciendo: “Usaré mi palabra”. Es a través de la predicación de toda la palabra que Dios ha prometido convencer al perdido y traerlo hacia él. La Biblia, propiamente interpretada, es la base, no el entorno, del mensaje. En Hebreos 4:12 hay una explicación: “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón”.

La predicación eficaz en el evangelismo de hoy se conoce como evangelística expositiva. Esa es la predicación que reparte la Escritura de tal manera que los oyentes no tan solo saben lo que dijo el predicador, sino que saben donde en la Biblia dijo Dios lo mismo, muy antes que el evangelista. Al predicar así, no estará comunicando sus pensamientos acerca de Dios sino los pensamientos de Dios hacia nosotros.

Para hacer predicaciones expositivas, ¿en qué debe el evangelista ocuparse mientras predica la palabra?

I. Asegurarse de que su mensaje es el mensaje de Dios 
Un evangelista expositivo, al predicar la palabra, debe tener tanto respeto al texto que siempre que lo lee, lo explica. En vez de predicar “alrededor” del texto, predica desde el texto bíblico. Podemos decir que usa el texto bíblico. Si el texto es Juan 3:1-15, la historia de Nicodemo, él explicará claramente Juan 3:1-15. Si su texto es de un verso, como Romanos 4:5, el oyente comprenderá Romanos 4:5. Su mensaje y el mensaje del texto son idénticos. Y si una persona no concuerda con el contenido del mensaje, su desacuerdo será, en realidad, con Dios. El evangelista meramente repitió lo que dijo Dios.

II. No quitar Escritura fuera de su contexto
Supongamos que un amigo te dijo tres cosas, por ejemplo:

1) “Estuve en la casa de José”

2) “José tenía la chimenea encendida”

3) “Eso me recordó al infierno”

Si tan solo repitiése la primera y la tercera cosas, diría que estuvo en la casa de José y que la casa le recordaba al infierno. Obviamente, no fue eso lo que de veras dijo su amigo. La segunda sentencia aclara la verdad. Para entender lo que dijo, hay que entender el contexto completo.

Sería más fácil para el evangelista quitar pasajes fuera de su contexto. Pero la palabra de Dios tiene su significado. La escribió Dios a un pueblo específico que vivió en una época también específica. Hay que examinar cuál era el significado original al pueblo que vivía aquellos días para poder aplicar la palabra al pueblo de nuestra época.

En 1 Samuel 20:3, dijo David a su amado amigo Jonatán: “… vive Jehová y vive tu alma, que apenas hay un paso entre mí y la muerte”. Ya que el texto dice: “… apenas hay un paso entre mí y la muerte”, el evangelista puede ser tentado a usar ese texto con los perdidos y decir: “Hay apenas un paso entre ti y la muerte. Debes venir a Cristo esta noche”.  Pero ese no es el significado del verso. David no estaba hablando de la brevedad de la vida y la necesidad de los pecadores de arreglar su vida con Dios. Al contrario, estaba confidenciando a Jonatán el temor que tenía de Saúl, quien intentaba matarle. El contexto del pasaje no es la necesidad de un pecador de ir a Dios, sino la necesidad que tenía David de huir de la presencia de Saúl.

El evangelista expositivo predica la palabra en su contexto apropiado. Cuando el evangelista interpreta un verso, lo hace a la luz del pasaje en que se encuentra. Por esa razón, cuando empieza a predicar, el evangelista da a las palabras de la Biblia el mismo significado que le dio Dios. Él estudia la situación histórica y la posición geográfica del texto. Hasta llega a imaginar, como si estuviese parado en un camino polvoriento, ver la gente, y escuchar el Maestro afirmar: “Yo soy el pan de vida; el que a mi viene, nunca tendrá hambre; el que en mi cree, no tendrá sed jamás”. (Juan 6:35) El evangelista puede explicar lo que la palabra quiere decir al pueblo de hoy, porque entiende lo que significaba al pueblo de aquella época. Al contrario, estará predicando tan solo palabras de la Biblia, y no la palabra inspirada.

Es por eso que el evangelista debe elegir su texto cuidadosamente. No puede elegir un texto dirigido a cristianos y predicarlo como su tema principal a los no cristianos. Debe elegir un texto que es dirigido a no cristianos, como el del evangelio de Juan (3:31). Otra opción sería elegir un texto que enseñe a los creyentes cómo acercarse más a Cristo. Por ejemplo, Efesios 2:1-10 habla a los creyentes pero también comunica a los no cristianos como pueden entregarse a Cristo. El texto elegido debe ser aplicado apropiadamente a los no cristianos.

Eso no quiere decir que cada texto que usa el evangelista al predicar a los incrédulos debe contener todos los elementos del plan de salvación: que somos pecadores, la muerte redentora y resurrección, la necesidad de confiar en Cristo, bautismo, etc. Pocos son los pasajes que contienen todos los elementos. Algunos versos explican la problemática del pecado del ser humano, pero no explica que Cristo ha pagado por sus pecados. Un ejemplo lo encontramos en Romanos 3:23: “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”. Es la responsabilidad del evangelista explicar el sacrificio vicario de Cristo y la fe. Otros explican nuestra condición pecadora y la muerte redentora, pero no enfatizan la necesidad de creer. Romanos 5:9 dice: “mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aun pecadores, Cristo murió por nosotros”. La mayoría de los textos de las epístolas fueron escritos a los ya convertidos y por eso no explican todo el plan de salvación. Es la responsabilidad del evangelista predicar un texto, sin importar cuantos elementos de la salvación contiene, explicando el contexto según Dios lo escribió.

III. Predicar el mensaje en el contexto de la vida actual
Un cristiano llevó un incrédulo a escuchar un evangelista que hablaba de cómo, según Dios, todos somos pecadores. Con el texto explicó cómo cada uno ha desobedecido la ley de Dios y elegido vivir sin Dios, como personas rebeldes y egoístas. También habló acerca de cómo la gente evita a Dios, evitando que sus pensamientos sean de Dios. El no cristiano se dirige a su amigo y con una mirada convencida le susurra: “¿Le hablaste al predicador acerca de mí?”

El evangelista al predicar debe relacionar el mensaje a la vida actual. Hebreos 4:12 afirma que la palabra de Dios “discierne los pensamientos y las intenciones del corazón”. La palabra de Dios es relevante. El evangelista debe explicar cómo y dónde es relevante. El no cristiano debe sentir como si el evangelista leyó su diario, vivió en su casa, o habló con sus amigos. El evangelista tiene que identificarse con la situación del no cristiano y hacer viva la palabra donde la pone a prueba. Aclarando, el evangelista explica cómo la palabra de Dios, escrita a la gente que vivía en la antigüedad, se aplica a los que viven hoy. A través del uso eficiente de la palabra, el no cristiano debe ver su vida como un libro abierto delante de Dios.

Si así lo hace el evangelista, el incrédulo estará conciente de que la palabra de Dios demanda una reacción, una respuesta. Ya sea si responde negativa o positivamente, debe responder. Un no creyente dijo: “Mientras estaba en la iglesia, sabía que tenía tan solo dos opciones: podía confiar en Dios, o rechazarle. No había una tercera alternativa”.

Conclusión:
La predicación evangelística expositiva es predicar la palabra. El mensaje del evangelista es el mensaje del texto. Él predica la Biblia y no alrededor de la misma. Su mensaje se encuentra en su propio contexto. Él entiende el entorno histórico y conoce lo que significaba esas palabras al pueblo de aquella época. El mensaje se encuentra en el contexto de la vida misma. El incrédulo se siente como si el evangelista vivió en su casa, observándole del otro lado de un espejo de una sola dirección.

He aquí una manera de caracterizar la predicación necesaria en el evangelismo actual. Supongamos que solo dos personas están presentes en el culto: Una es Jesucristo; la otra es un no cristiano. Al concluir el mensaje, el evangelista pide que ambos la comenten. Si el evangelista hizo el trabajo según el llamamiento de Dios, Jesucristo diría: “Esa es mi palabra”. Mientras tanto, el pecador diría: “El pecador del mensaje soy yo”. Qué Dios bendiga la predicación de su palabra, en párrafos completos como él la escribió.

Preguntas para la meditación y repaso:


1.    ¿Qué tipo de predicación le gusta escuchar?

2.    ¿Cómo es que algunos predicadores manipulan la Escritura?

3.    ¿Cuál es el nombre del sermón en que explicamos las Escrituras?

4.    ¿Cuál es la diferencia entre la Palabra de Dios y otros libros?

5.    ¿En qué pasaje dice que la palabra de Dios es “viva”?

6.    ¿Cómo se debe tratar el texto de la “palabra viva”?

7.    ¿Cómo debe sentirse el no cristiano al escuchar la exposición de la Palabra de Dios?
 

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