Cómo enfrentarse a los prejuicios

Hechos 10:9-35 

Según el pasaje en Hechos 10, nos enteramos que Pedro había cambiado su vida radicalmente desde la venida del Espíritu en Pentecostés. Sin embargo, limitaba la predicación del evangelio tan solo a los judíos. Pedro no era un judío estricto como lo era un fariseo o un saduceo. No obstante, tenía sus prejuicios. Si alguien preguntara a Pedro si tenía prejuicios, él probablemente lo negaría. ¿Quiénes de ustedes cree ser prejuicioso? ¿Quiénes creen que no son? Es difícil admitirlo en público.

Primeramente veamos el significado de la palabra “prejuicio”. Viene de dos palabras latinas prae y judicium que quieren decir: antes del juicio, o sea, tener una idea preconcebida. Esa idea puede ser favorable o puede no ser, pero generalmente se entiende como algo muy negativo.

El pasaje de hoy apunta a Pedro, quien tenía algunas ideas preconcebidas que le impedían llevar las buenas nuevas de Cristo a los que fuesen de otra raza. ¿Por qué elegiría Dios a Pedro para ir a la casa de Cornelio aquel día? Es probable que le escogiera Dios para aquella misión porque Pedro, una persona naturalmente impulsiva, estaba siempre lista a hacer cosas nuevas. La mayoría resiste a los cambios, y si estamos relativamente cómodos no queremos cambiar, aunque el cambio pueda ser benéfico a nosotros.

Por hablar de cambios difíciles, quiero platicarle una anécdota: Un bombero, cada día que abría su lanchero y sacaba sus tortas, se quejaba diciendo: “¡Otra vez tortas de aguacate! Estoy tan harto de tortas de aguacate. No me gusta el aguacate y daría cualquier cosa para comer algo distinto”.

Su colega le pregunta: “Bien, ¡pídelo a tu esposa a que te prepare algo distinto!”

Le contesta el bombero: “¿Mi esposa? No. Mi esposa no los prepara. Quien los prepara soy yo”. (Pueden reírse)

Hábitos y creencias son muy difíciles cambiar. Lo fue para Pedro y lo es para nosotros. Veremos qué podemos aprender del pasaje de hoy:

1. Dios sabe cómo enseñarnos cosas nuevas
La manera que Dios habló a Pedro fue distinta, pero él con frecuencia se revela según nuestra situación humana. Si Dios hubiera dicho a Pedro de manera directa: “Pedro, vete hablar a Cornelio”. Pedro probablemente se negaría porque jamás había entrado en casa de un gentil. Dios se encontró con Pedro en la azotea de la casa de Simón, el curtidor, mientras ese oraba. Se acercaba la hora de comer y Pedro tenía hambre. Dios sabía cómo atraer su atención usando alimentos, pero no lo hizo con algo apetitoso.

Dios le muestra un gran lienzo que bajaba del cielo. En él había toda clase de animales, reptiles y pájaros. Una voz le dijo: “Levántate, Pedro, mata y come”.  Pedro responde: “Señor, no; porque ninguna cosa común o inmunda he comido jamás” (vs. 13-14)

Cierta vez llevamos unos jóvenes estadounidenses a Guadalajara y a la hora de comer, como no había coca-cola, sino otra marca de cola mexicana, no tomaron nada. Prefirieron no tomar nada que tomar algo distinto a su coca-cola. Esa es una especie de prejuicio aunque de consecuencias no graves.

Dijo Pedro: “Porque ninguna cosa común o inmunda he comido jamás”. El apóstol seguía lo requerimientos de la dieta judaica prescritos en Levitico 11, que distingue a animales limpios a los inmundos. Por eso se rehusaba obedecer aquella visión.

Dios no le dijo: “Muy bien, te enviaré algo distinto para que comas”. Dios sí le dijo: “Lo que yo he limpiado no lo llames tu común”. (v. 15) Pedro estaba perplejo con la visión, pero no conocía su significado. Dios le repite lo mismo otras dos veces. Hay situaciones en que Dios tiene que repetir sus instrucciones a nosotros varias veces hasta que captamos el mensaje. Finalmente exclamamos: “Ahora sí, lo entiendo”. Lamentablemente, algunos fingen entender cuando en la realidad no lo entienden.

A veces no podemos reconocer los prejuicios que tenemos. Los vemos con facilidad en personas alrededor de nosotros. Por eso Dios tiene que confrontarnos con lo que pasa en nuestro pensamiento. Dios nos hace ver las fallas y a veces eso no es fácil y tardamos mucho admitirlas.

Un vaquero entra una cantina en Saltillo y ordena tres cervezas. Luego se sienta solo en la parte trasera, tomando un trago de cada botella. Al terminar regresa a la barra y ordena tres más. El cantinero le dice: “Sabe Ud, una cerveza pierde su presión poco después que la destapas. Sería mejor ordenar una a la vez para mantener su efervescencia”. El vaquero le contesta: “Bebo así porque tengo dos hermanos. Uno vive en Monclova y el otro en Torreón. Yo vivo en Saltillo. Antes de salir de casa prometimos que tomaríamos así para recordar los días en que tomábamos juntos. Bebo una cerveza por cada hermano y otra por mi”.

El cantinero le dijo que era una costumbre distinta. El vaquero volvía a la misma cantina todos los sábados y pedía los mismo: tres cervezas y las tomaba de la misma manera - una cada vez.

Un día el vaquero entró y ordenó solo dos cervezas. Las personas que conocían su tradición se quedaron en silencio. Como siempre se sentaba en la misma mesa, en la parte de atrás de la cantina. Al ordenar una segunda ronda el cantinero le dice: “No quiero entrometerme en su pesar, pero quisiera ofrecerle mis condolencias por la perdida de su hermano”.

“No. Todos están bien”, le explica. “Lo que pasa es que la semana pasada que mi esposa y yo nos convertimos a una iglesia evangélica y tuve que dejar de beber. Pero eso no ha afectado a mis otros dos hermanos que siguen tomando. Dos cervezas, por favor…”

2. ¿Cómo debería reaccionar Pedro ante aquella visión?

Pedro meditó en el significado de la visión y qué debería hacer. Mientras tanto, tres personas vinieron por él desde Jope, cuya distancia era de 45 quilómetros. Le explicaron que Cornelio, un centurión gentil, quería que Pedro fuera a su casa para platicar con él. Con eso le meten a Pedro en un dilema:
    a. La ley prohibía a un judío asociarse con gentiles (no judíos).
    b. La ley prohibía a un judío entrar en la casa de un gentil o tocar sus posesiones.
    c. Estaban prohibidos aceptar hospitalidad de los gentiles.

Dios estaba intentando comunicar a Pedro a que dejara sus ideas preconcebidas que le estaban limitando en la propagación del evangelio. En el lugar de Pedro ¿qué harías? ¿Presentarías alguna excusa para no ir? Por ejemplo: “Tengo que irme a la peluquería” o “Hoy viene mi suegra y necesito hacer el aseo”.

Le dirías: “No me permiten que yo vaya. Mi iglesia me lo prohíbe”. Le dirías, “No puedo ir; soy creyente”. ¿Te negarías discutir y pondrías punto final? Creo que somos muy buenos para hacer excusas o dar disculpas. Estudiamos mucho la Palabra de Dios pero la aplicamos muy poco.

¿Cuáles son los muros de división que has permitido construir entre ti y otros, simplemente por las ideas preconcebidas que has adquirido con el pasar de los años? Veamos los posibles prejuicios:

•    Raciales – Personas de color negra, amarilla, huera o indígena
•    Religioso – Personas con creencias distintas a la nuestra
•    Económico – Personas que tienen menos o más que nosotros
•    Político – Personas con ideología política distinta a la nuestra
•    Moral -  Personas que no valoran las mismas cosas
•    Denominacional – Gentes que difieren en la doctrina
•    Club deportivo – Unos son de las Chivas otros del América (en México)

3. La decisión de Pedro
Hasta aquí Pedro no sabía que tenía otra misión que la de predicar a los judíos. Quizás tampoco te enteres que tienes otras misiones. ¿Qué te comunica esa narrativa (Hechos 11) acerca de tu fe en Cristo? Pedro aceptó el mensaje como si viniera de Dios. Quizás Pedro tuviese muchos defectos pero tenía un espíritu humilde. Las personas que tienen el espíritu humilde son las que aprenden. El orgulloso y la arrogante jamás aprenden nada.

Pedro tenía la bendición de Dios para ir a Jope para encontrarse con Cornelio, “varón justo, temeroso de Dios, y que tiene buen testimonio en toda la nación de los judíos” (v. 22)

El apóstol tomó con él a seis otros judíos conversos al cristianismo y se fue a Jope. En el camino sus pensamientos cambiaron. Sobretodo al ver como Cornelio era receptivo al evangelio y la buena actitud de los que estaban reunidos escuchando el mensaje de Pedro. Las seis personas que le acompañaron se quedaron “atónitos de que también sobre los gentiles se derramase el don del Espíritu Santo” (v. 45). Los muros de separación raciales se desmoronaban. De allí en adelante todos somos importantes a Dios.

¿Qué nuevas amistades te ha dado Dios recientemente? ¿Las has aceptado como a alguien enviado por Dios, o las has rechazado por ser diferentes a los demás amigos? A veces no somos bendecidos por Dios porque nos deshacemos de las personas con mucha rapidez. Piensa en tus principios o creencias que limitan tu habilidad de acercarte a ciertas personas. ¿Dónde se han originado y cómo es que te limitan? ¿Qué puedes hacer para ampliar tu círculo de amistades con personas diferentes? ¿Cómo sería posible conocer a esas personas?

Un día en la prisión donde sirvo como capellán voluntario un reo dijo que, cuando estaba libre, intentó ayudar a una anciana a cruzar la calle. Ella se rehusó, agarrando su bolso, creyendo que le asaltaba. “Quizás a la gente de esta ciudad no le gustan a los negros”, dijo el reo. Esa es probablemente la verdad. Ellos no se conocían ni se confiaban.

Pedro se encontraba en territorio no familiar al pararse en frente a Cornelio y los que se reunían en su casa, pero predicó un mensaje guiado por el Espíritu Santo.
“Entonces Pedro, abriendo la boca, dijo: Ciertamente ahora entiendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación el que le teme y hace lo justo, le es acepto”.
Piensa en los límites que has puesto en la gente:
•    ¿Cómo se sentirían si fueras más allá de esos límites? Los judíos consideraban personas como Cornelio paganas a menos que se sometiesen a las prácticas judaicas. ¿Serías criticado si hicieras amistad con ciertas personas? ¿Te importarías?
•    Considerando el entorno del lugar donde vives, la iglesia, o grupo pequeño, ¿será que algunas personas dirían que nuestra iglesia no es para ellos?
•    Si es así, ¿cómo podemos cambiar ese pensar?
•    ¿Qué te parece cambiar las cosas que destruyen barreras del prejuicio?
Quizás digas: “No seré yo quien las cambiaré. Otros tendrán que hacerlo”. Con esa mentalidad los muros siguen existiendo. Hay que ser más como Pedro que, por obediencia a Dios hizo a un lado sus prejuicios, abriendo así nuevas puertas para el evangelio de Cristo.
 

Conclusión:
Si somos receptivos a la guía de Dios, creo que aprovecharemos las circunstancias diarias para confrontar nuestros prejuicios. También servirán para ayudarnos a destruir los muros de división que hacen que rechacemos personas que son diferentes de nosotros. Dios nos apuntará a aquellos que están esperando las buenas nuevas que tenemos que ofrecerles.  Si nos movemos más allá de nuestros limites del prejuicio, podremos hacer con que ellos empiecen su vida nueva en Cristo. ¿Qué crees que el Señor pide que hagas esta semana, para enfrentarte a tus prejuicios y ampliar tu círculo de amistades?
 

Preguntas para meditación y repaso:
1. ¿Has tenido que tratar con alguna persona de raza o de clase social distinta a la tuya? ¿Cómo reaccionaste? 

2. ¿Cuáles son los prejuicios de nuestra sociedad actual? 

3. ¿Por qué eligió Dios a Pedro para la misión de ir predicar en la casa de un gentil? 

4. Ponte en lugar de Pedro. ¿Qué tal sería ir a predicar a un lugar que durante toda tu vida te hubieran instruido a que no fueras? 

5. ¿Puedes decir con Pedro: Dios no hace acepción de personas? 

6. ¿Por qué es que el prejuicio es tan difícil vencer?
7. ¿Cuál es el primer paso para vencer nuestros prejuicios?


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