Cómo encontrar la felicidad

“... el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios”
Juan 3:3

La Biblia, en Juan 3, habla de un hombre muy importante entre los judíos, llamado Nicodemo. Éste pertenecía a los fariseos, una secta notoria por seguir fríamente la ley de Moisés, pero les faltaba compasión, amor y perdón. Les sobraba la soberbia, el prejuicio, el desprecio y la venganza. Eran legalistas, imponiendo la ley de Moisés, con todas sus minucias, tanto a ellos mismos como a los demás. La Biblia dice que Nicodemo fue a Jesucristo de noche, probablemente para no ser visto, pues los fariseos en general estaban en contra del ministerio de Cristo.

Nicodemo se acerca al Señor y le dice “Maestro” y luego empieza a elogiarle por todo lo que hacía. Jesús le interrumpe diciendo: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios”. Nicodemo le dijo: “¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios”. (Juan 3:3-5). El cristianismo se caracteriza por el nuevo nacimiento y la renovación de la vida de cada creyente.

El secreto de la felicidad
La felicidad duradera sólo la puede dar Dios. Hemos hablado de la senda hacia la felicidad eterna. Quisiera resumir aquí lo que dijo Jesucristo a aquellas personas que se reunían en el monte cuando el Maestro predicó aquel majestuoso sermón. En aquel sermón Cristo resumió los principios básicos para una vida feliz. Todas las afirmaciones de Jesucristo suenan como paradojas a nuestros oídos por ser en contra de la cultura actual así como también fue en el primer siglo. He aquí un resumen:

Cristo afirmó que los humildes, o pobres de espíritu, son los que heredarán el reino de los cielos. No son los soberbios, orgullosos y arrogantes que tendrán una herencia tan preciosa, sino los humildes.

Los que sufren, los que lloran, recibirán consuelo divino. Dios quiere mucho a los suyos para permitir que sufran sin proveer un gran consuelo, máxime a los que sufren por permanecer fieles a Dios.

La mansedumbre es preferible al machismo, según Jesucristo, pues su herencia es magnifica.

A las personas que desean justicia así como desean su alimento o su agua, Dios les satisfará.

La pureza es otro factor importante del que está buscando la felicidad. A Dios no es tan importante el exterior del ser humano sino la pureza de corazón.

Todos necesitamos una buena dosis de pacificación, según el capítulo 5 de Mateo, porque si actuamos como pacificadores seremos llamados “hijos de Dios”. Mexclar la religión con las guerras lo ha intentado otra religión y ha fallado. En la edad media los cruzados, que eran mitad sacerdotes y mitad soldados, sacrificaron a muchos inocentes en el nombre de Dios. Por eso debemos dar oídos a Cristo solamente y seguir sus principios para ser felices.

La persecución no es algo de anhelarse por ser algo duro de soportar. Sin embargo, la promesa de Dios a los perseguidos por su fe es ser propietarios del reino de Dios.

El propósito de la venida de Cristo
Jesucristo vino a un mundo en que la salvación era el anhelo de todos los seres humanos de la época. En el primer siglo, emperadores romanos tiranizaban a las personas, creando un gran anhelo: librarse de la opresión y de la injusticias a como diera lugar. Las personas se sentían victimas del sistema, creían que su destino lo decidía el gobierno o los astros bajo los cuales habían nacido. Quizás más que nada, temían la falta de significado en sus vidas y claro, la muerte física. ¿Quién podía proveer la paz y la seguridad? ¿Podía alguien solucionar los problemas de desesperanza de aquellos días?

Hace casi dos mil años un ángel anunció el nacimiento de un niño en Belén, en Palestina al declarar: “Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mateo 1:21) El mismo Dios que había creado el mundo no había abandonado al ser humano en su sufrimiento, sino vino a este mundo que él mismo creó.

Y los pastores anunciaron: “...que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador que es Cristo el Señor” ¿Por qué será que algo que pasó hace dos mil años tiene alguna relevancia con la felicidad de una persona que vive en esta época? ¿Ha venido alguna vez alguien para rescatarte del peligro, para mantener tu seguridad, para sanar tus enfermedades, salvarte de la muerte y enseñarte cómo superar una crisis? Tu preguntarías: ¿Ser feliz incluye todo eso? Si. Jesucristo nos da la salvación y todos los recursos para vivir una vida feliz, gozosa.

El proceso de redención

Jesucristo toma nuestra condenación, causada por la rebeldía hacia Dios, abre las puertas del corazón del Creador y allí la deposita. Los predicadores del primer siglo anunciaban: “por la gracia de Dios seremos salvos” (Efesios 2:8)

Todo ser humano que busca a Dios, recibe el perdón de sus pecados y fuerzas para vivir una vida abundante y se identifica con su muerte vicaria en la cruz. A un carcelero del primer siglo le dijeron: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa”. Y en seguida fue bautizado en Cristo. Marcos, uno de los escritores de los evangelios anunció: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo”. (Marcos 16:16)

¿Necesitamos de la salvación para obtener la felicidad? La contestación es afirmativa. Porque todos nosotros hemos cometido errores o pecados. Todos necesitamos la salvación que Cristo ofrece. Él nos lleva a formar amistades sanas, con personas listas para servir y amparar al nuevo creyente. Él nos lleva a la felicidad.

La nueva vida

La vida en Cristo nos capacita para empezar cada día con nuevas esperanzas. Ahora podremos abandonar hábitos y vicios que nos derrotaban y herían a nuestros seres queridos. Tendremos la libertad de perdonar a nuestros familiares una vez que hayamos probado nosotros mismos el poder del perdón de Dios. Cuando una persona sigue a Cristo, puede enriquecer sus amistades al vivir una vida según la ley de Dios. Dios enseña a la persona a amar a sus familiares, a colegas de trabajo difíciles de amar y hasta a sus enemigos. El Salvador tiene un poder asombroso de transformar la vida de cualquiera dispuesto a rendirse a él. Dios nos da sabiduría para tratar a los que todavía no creen en Cristo. A través de Cristo recibimos fuerzas para soportar, paciencia para esperar y poder para llevar a cabo las buenas acciones tan necesarias en la vida familiar.

Donde hay creyentes en Jesucristo hay esperanza. Donde hay esperanza hay vidas felices. Puedes salvar tu vida entregándote a Jesucristo y a su evangelio. El único fundamento significativo para tu vida es el Salvador, Jesucristo.

Cristo es la esperanza final para la felicidad y la salvación de tu alma. ¿Vive Jesucristo en tu vida? Si la contestación es afirmativa, entonces ¡Felicidades! Si no, no esperes más! Contacta la iglesia de Cristo más cerca y busca el camino a la salvación. Que Dios te bendiga en tu búsqueda.

 
Preguntas para meditación y repaso:

1. ¿Cuánto tiempo tardaste para sentir la felicidad después de tu conversión?

2. ¿Será la felicidad una decisión que debemso tomar diariamente?

3. ¿Cuál es la diferencia entre la felicidad basada en la circunstancia favorable y la felicidad que Cristo ofrece?

4. ¿Por qué es que sin aceptar la salvación de Cristo y someterse a su palabra no se puede ser feliz?

5. ¿Puedo yo ser más feliz al hacer feliz a otra persona?

6. ¿Por qué es que la esperanza y la felicidad están conectadas?

7. ¿Cómo se obtiene la esperanza que Cristo ofrece?

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