Cómo adorar a Deus

 

Lecciones del Salmo 5

1Escucha mis palabras, oh SEÑOR;
         considera mi lamento.
 2Está atento a la voz de mi clamor, Rey mío y Dios mío,
         porque es a ti a quien oro.
 3Oh SEÑOR, de mañana oirás mi voz;
         de mañana presentaré mi oración a ti,
         y con ansias esperaré.
4Porque tú no eres un Dios que se complace en la maldad;
         el mal no mora contigo.
5Los que se jactan no estarán delante de tus ojos;
         aborreces a todos los que hacen iniquidad.
(Salmos 5:1-7)

En ese Salmo David hace un contraste entre los malos y los buenos. Los buenos están separados de los malos por la manera diferente en que se relacionan con Dios. Los malos están separados de Dios, y Dios está en contra de ellos. Por otro lado, el bueno puede acercarse a Dios, orar a él, cantarle alabanzas, y como recompensa recibir sus atenciones benevolentes. David se goza en el conocimiento de que él hace parte del número de los que adoran a Dios de manera aceptable a él. De veras, es el privilegio y gozo de adorar a Dios que David celebra en muchos de sus Salmos.

En nuestra época, un entusiasmo igual al de David es una raridad. Lamentablemente, el acto de la adoración es de importancia menor en la vida de la mayoría de los creyentes. La adoración es con frecuencia tratada con indiferencia. En el pensamiento perverso de nuestra sociedad, a los que van a la iglesia siempre les encasillan como personas necias o hipócritas y juiciosas. A lo mejor, pocas personas piensan que no importa como, cuando, o si se debe adorar a Dios. En esta lección quisiera enfocar en las palabras de David, sobretodo las del verso 7, y ver lo que nos enseñan acerca del significado de la adoración a Dios.

I. “Mas yo…” – David quiere que sepamos que él tomó una decisión personal de adorar a Dios. Diferente de los que se burlan de Dios y rechazan su guía, David quería estar en la casa de Dios. Quería estar presente para adorar al creador. Como dice en otra parte: “Me postraré en reverencia a ti”. La adoración verdadera es algo muy personal. Cuando nos reunimos como iglesia la adoración es más formal por ser pública. Cada persona participa a la medida que puede y que quiere. La adoración no se puede forzar ni hacerla por otra persona. Pero cuando estamos a solas con Dios estamos más tranquilos y es allí que cantamos y oramos, meditamos y le confesamos nuestros pecados y le decimos cuanto te amamos. Es en eses momentos preciosos que nos sentimos bien cerca de Dios. Todos nos recordamos tiempos como esos en que nos sentimos muy cerca al Señor.

Con frecuencia David expresa su gozo en tan solo pensar en la adoración. (Salmos 122)  Los Salmos nos estimulan a anhelar la adoración con ganas y entusiasmo (Salmos 100). Dios quiere que los que le adoran lo hagan en espíritu y en verdad (Juan 4:23). Para que nuestra adoración sea significativa debemos participar de ella con todo el corazón. Muchas personas, en la adoración, se esfuerzan por complacer a las personas presentes sin ninguna consideración al que debe recibir nuestra adoración, el Dios Todopoderoso. Cuando adoramos, Dios es nuestro auditorio. Debemos decidir que igual que David, seremos diferentes del mundo en cuanto a nuestra actitud hacia la adoración. Debemos entregarnos a la adoración y disfrutar el privilegio de la misma.

II. “…por la abundancia de tu misericordia…” – David era un hombre que no escondía sus pecados. Él entendía que no era digno de acercarse a Dios ni para adorarle. Era tan solo por su gracia que le permitía acercarse a la presencia de Dios y ofrecerle oraciones y sacrificios. David veía la adoración como un gran privilegio, un favor que Dios obsequiaba a David, y David daba las gracias por ello.

Pocos piensan en la adoración de la misma manera que David. Lo ven como un favor que hacen a Dios. Si asisten al culto unas pocas veces al año parece que están haciendo un gran sacrificio y Dios debe estar contento que le han dedicado su tiempo. Para poder corregir esta actitud equivocada, debemos pensar más en cómo serán las cosas después que partimos de esta vida. La actividad principal a que nos dedicaremos en la eternidad será la adoración, loor y servicio a Dios. El cielo será como una eterna asamblea de los santos.

Ahora, pocos de nosotros seriamos tan arrogantes como para sugerir que estaríamos haciendo un favor a Dios si fuésemos al cielo para adorarle. Reconocemos que dicha oportunidad sería un regalo de Dios de valor incalculable. ¿Entonces por qué es que la adoración aquí en la tierra es tan pesada para algunos?

III. “Entraré…” – Cuando David dice eso no tiene un horario determinado en mente. A través de esas palabras David expresa su intención de hacer de la adoración una parte integrante de su vida. El compromiso de adorar a Dios es un compromiso de adorar continuamente, regularmente y con frecuencia. Ese compromiso está vinculado al primer punto. Si la persona disfruta y anhela la adoración, si lo desea de todo su corazón, entonces no habrá dificultades en encontrar el tiempo para hacerlo.

IV. “…en tu casa” – Con eso David designó para la adoración de la época el Templo de Dios en Jerusalén, lo que dice en seguida. David no entraría en el templo propiamente dicho sino en el atrio alrededor del mismo donde ofrecían sacrificios y oraciones, y donde cantaban cantos. Para los judíos, que vivían bajo la antigua ley, ese era el único lugar donde podían llevar a cabo todos los actos de adoración requeridos por la ley.

La lección que podemos sacar aquí es que también nosotros tenemos una casa de Dios donde debemos entrar para llevar a cabo la adoración completa requerida por Dios. La casa de Dios actual es la iglesia (Efe. 2:19-22). Mientras la persona puede cantar y orar a Dios en privado, como también puede (y debe) estudiar la Palabra de Dios en privado, el Señor también llama a su pueblo para reunirse para el culto público (Heb. 10:23-25). Somos instruidos para cantar juntos (Col. 3:16). También recibimos enseñanza que debemos orar juntos (I Tm. 2:8). De la misma manera, tenemos instrucciones de estudiar juntos las Escrituras (I Tm. 4:13), y participar de la cena del Señor juntos (I Co. 11:33). Igual que David, debemos comprometernos en entrar en la casa de Dios con regularidad para adorarle.

V. “…a tu santo templo en tu temor” – Cuando David entraba en la casa de Dios lo hacía por un propósito específico. Él iba en el Templo para adorar y honrar a Dios. David no iba para entretenerse o tan solo para saludar y charlar con sus hermanos en la fe, aunque eso sea algo importante. Para David, la casa de Dios era un lugar sagrado dedicado al servicio de Dios. Cuando él iba al Templo la única cosa que tenía en su mente era servir a Dios a través de la adoración.

Hoy la casa de Dios es la iglesia. Al decir iglesia no nos referimos tanto al edificio donde nos reunimos, aunque sea ese el lugar ideal. La iglesia es la reunión de los santos para el servicio y la adoración a Dios. Igual que David, debemos aclarar bien por qué nos reunimos en la casa de Dios. La iglesia la edifica Cristo Jesús, el Hijo de Dios (Mat. 16:18). Ha sido una compra pagada con la sangre de Cristo. (Hec. 20:28).  Lleva su nombre, (Rom. 16:16). Ha sido dedicada a la misión que Cristo la dio (Mat. 28:18-20). Mientras comprendemos que el edificio de la iglesia no es sagrado como era el Templo bajo la antigua ley, la iglesia, o sea, el cuerpo de los salvos que se reúne para hacer la obra de Dios, es sagrada. Hay muchas personas en el mundo que hacen de sus iglesias centros para obtener cosas mundanas. Van a la iglesia para llenar su estomago o para entretenerse. Dice Pablo que no debemos despreciar la iglesia de esa manera. (I Co. 11:22, 34) Lo que hacemos juntos como iglesia debemos hacerlo en reverencia a Dios. Solo se puede reverenciar a Dios siguiendo sus instrucciones para la obra y adoración de la iglesia. Igual que David, debemos comprometernos que cuando vamos a la casa de Dios es para inclinarnos en reverencia a él. Todo lo demás no es aceptable.

Conclusión:
Si queremos ser incluidos entre los justos, entonces debemos compartir el entusiasmo y el respeto de David hacia la adoración de Dios. Que cada uno de nosotros haga un compromiso personal de entrar en la casa de Dios para darle honor y adoración.

 Preguntas para la meditación:

    1. Describe un día en que sentiste que estabas de veras adorando a Dios

    2. A veces los periodos de adoración espontáneos son los más agradables. Describe una de esas adoraciones.

    3. ¿En que parte del día oraba el salmista?

    4. ¿Cómo describe a Dios el autor en este Salmo?

    5. Según este Salmo, ¿quién estará ausente de los ojos de Dios?

    6. ¿Cuál es la diferencia entre el culto publico y el culto privado?
 

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