Barrabás: "Cristo murió por mí"

Leer Mateo 27:15-26

Escribe David Mickey


¿Te has fijado que en muchas catástrofes  alguien sale ganando, beneficiándose de las circunstancias? En un huracán personas pierden sus casa y sus muebles. Los constructores ganan al reconstruir la casa y los vendedores de muebles ganan al venderle nuevos mubles. ¿Te has fijado también que la persona que se beneficia es la que menos merece los beneficios?

Hubo un hombre que se benefició grandemente de las circunstancias tristes que existieron poco antes de la muerte de Cristo. Aquel día de la crucifixión que lo llaman “Viernes Santo”, no obstante, fue un día horrible para el Señor. También lo fue para Judas Iscariote porque aquel día se suicidó. Para los discípulos de Cristo fue también un día triste. Para María, la mamá de Jesucristo, fue un día horrible. Hasta para Pilato, el gobernador romano, fue un día inolvidable.

¡Pero, para Barrabás, fue un día maravilloso! Evidentemente, él estaba en el corredor de la muerte, esperando el momento en que le ejecutarían por su rebelión y homicidio. Mateo lo llama “preso famoso”. Tenemos la impresión que ese no fue su primer delito.

Barrabás escuchaba las botas ruidosas de los soldados mientras se acercaban de su celda. Escuchó el cierre de su celda que se abría, probablemente pensando que le llevarían al verdugo para ejecutarle. Tuvo mucho tiempo para pensar en todo eso. Su vida estaba para llegar al fin. Jamás vería su familia ni sus amigos. Pensaba: ¡Si tan solo le dieran otra oportunidad! Pero sabía que no le darían indulto porque había intentado derrocar el gobierno romano. Para él no había esperanza.

Nadie pudo sorprenderse más que Barrabás cuando los oficiales anunciaran que a él lo habían seleccionado para salir de la prisión. ¡Estaba libre para salir! Le costaba creer. En vez de clavarle en la cruz, a Barrabás lo soltaran. Estaba libre de la prisión y podía regresar a sus parientes y amigos.

¡Qué cambio radical en nuestra historia! Un hombre inocente que predicaba amor y compasión, lo crucificarían. Y, un hombre culpable, cuyo mensaje era la violencia y el odio, estaba libre. ¿A eso llaman justicia?

Hay muy poca información acerca del afortunado Barrabás. Podemos concluir que las acusaciones en contra de Barrabás eran verdaderas. Quizás fuese un hombre torpe, que no se arrepentía que se lucía de sus atentados en contra al gobierno romano, y los muchos soldados que fueron necesarios para arrestarle. Aunque sepamos muy poco acerca de él, Barrabás se transformó en un personaje muy importante en la historia de la gracia y de la redención de Dios.

Barrabás fue la primera persona que pudo decir literalmente: “Jesucristo murió por mi”. Cuando a la muchedumbre le dieron la oportunidad de elegir entre Barrabás y Cristo, Barrabás fue el afortunado de cuyos brazos y piernas les removieran cadenas para que pudiese regresar a la calle con sus amigos criminales.

Pero quiero preguntarles ahora: ¿Fue Barrabás la única persona liberta aquel día? ¿Fue la única persona que obtuvo la libertad? Tu conoces la respuesta. Cada uno de nosotros podemos decir que fuimos libertos, ya que Cristo murió por nosotros.

Barrabás, el ladrón, asesino e rebelde, debería morir aquel día junto a los dos ladrones. Era él el asesino. La muerte era el castigo por sus crímenes. Pocas lágrimas provocaría si a Barrabás lo apedreasen o lo crucificasen. Y jamás conoceríamos su nombre.

Barrabás, el zelote, representa a todos los criminales que merecen castigo. El ladrón que atraca a una viejita para sacarle el bolso…

… El violador que arrastra a una joven en un lugar oscuro.
… El tramposo que lleva su firma a la bancarrota
… El secuestrador que aterroriza a los pasajeros de un avión o que pide rescate por su victima
… O el pistolero que planea cómo matar a su victima.

Nuestras prisiones están llenas de hombres como Barrabás, Algunos de ellos salen con sentencias breves y libertad condicional que les permite estar de nuevo en la calle, de regreso a la vida criminal.

De veras Barrabás representa el opuesto a un ciudadano que cumple las leyes del país. Asimismo, quiero sugerir que Barrabás, en un sentido genérico representa tú y yo… representa todos nosotros porque todos hemos desobedecido las leyes morales de Dios: el idolatra, el que dice el nombre Dios en vano, el desobediente a los padres, los que son infieles a su esposa, los deshonestos, los testigos falsos, los mentirosos,  los codiciosos, el hipócrita. Él representa a los culpables, los que merecen castigo, o sea todos nosotros. “Porque todos hemos pecado y estamos destituidos de la gloria de Dios”, dijo Pablo en  Romanos 3:23.

Echemos un vistazo en esa asombrosa muestra de la gracia de Dios. Barrabás no hizo nada para merecer el perdón. No  hizo ninguna solicitud por clemencia. No le soltaron por su buena conducta. No le libertaron porque tenía abogados de defensa defendiendo su caso. Tampoco tuvo que sobornar al juez para que lo dejara salir. Asimismo, le dieron la libertad.

Los factores que contribuyeron para la libertad de Barrabás fueran todos ajenos a él. Tan solo se encontraba en la prisión en el momento oportuno, el día del año en que el gobernador regalaba el don de la libertad a un reo. También aconteció que Jesús de Nazaret estaba en juicio, y los líderes judíos querían que él recibiese la pena capital.

Algunas versiones antiguas de ese texto le pone a Barrabás como Jesús Barrabás, lo que significa, en el idioma original: “Jesús, hijo del padre”. Los presentes tuvieron que elegir entre Jesús Barrabás o Jesús, llamado el Cristo. ¿Cuál de los dos sería?

El juez aquel día era nada menos que Pilato, quien no tuvo el valor moral de imponerse contra los líderes judíos, aunque sabía que Cristo era inocente. Aun su esposa le rogó que soltara a Cristo. La muchedumbre fue manipulada por sus líderes para pedir que soltasen a Barrabás. Y de veras salió de la prisión contento de la vida. Mientras tanto, a Cristo le dieran varios latigazos y luego lo clavaran en la cruz, que era una muerte agonizante.

La historia de Barrabás es nuestra historia. Se trata de la historia del evangelio, que dice que Cristo murió en nuestro lugar. Él fue a la cruz para que yo saliera libre.  Por gracia tu y yo somos salvos. Nuestra salvación no depende de nosotros. Igual que Barrabás, nosotros no hicimos nada para merecerla. Tampoco la podemos comprar o sobornar a nadie para obtenerla. Ese gran tema de la teología cristiana lo menciona Pablo en Efesios 2:8: “…por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios”.

Así como narramos la historia de Barrabás, Dios quiere que narremos nuestra propia historia de cómo nos liberamos. No se trata de libertad de una prisión en Jerusalén, como hizo Barrabás, sino libertad de la prisión del pecado y de la vergüenza, del egoísmo, de  la ansiedad y de la culpabilidad. Es la buena nueva que la gracia de Dios nos ha alcanzado. El amor de Dios nos salvó. “Amor sin frontera, amor infinito. No puedo creer que él me ha elegido” (canto en inglés). Personalicemos la historia: Cristo murió por mí.
Dice Juan 3:16: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga la vida eterna”.

La teología lo llama la teoría de la sustitución. La Escritura dice: “Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (Marcos 10:45 itálicos agregados)

El terrorista secuestra a un diplomático americano y demanda rescate de dos millones de dólares. Normalmente pide un rescate irrazonable. ¿Cuál fue el rescate pagado por nuestra libertad espiritual? Dios estaba listo para pagar con la vida de su hijo para salvarnos de las tinieblas. Fui rebelde, fui desobediente igual que Barrabás, sin embargo, Cristo fue a la cruz por mí. Él no cometió ningún delito para merecer ni arresto ni prisión y mucho menos la muerte. Asimismo, él murió por nosotros.

Setecientos años antes de Cristo, el profeta Isaías describió lindamente lo que pasó en la cruz: algo que nos recordamos cada domingo mientras comemos el pan y tomamos la copa. Dice así:
4 Ciertamente él cargó con nuestras enfermedades
      y soportó nuestros dolores,
   pero nosotros lo consideramos herido,
      golpeado por Dios, y humillado.
5 Él fue traspasado por nuestras rebeliones,
      y molido por nuestras iniquidades;
   sobre él recayó el castigo, precio de nuestra *paz,
      y gracias a sus heridas fuimos sanados.
6 Todos andábamos perdidos, como ovejas;
      cada uno seguía su propio *camino,
   pero el Señor hizo recaer sobre él
      la iniquidad de todos nosotros. (Isaías 53:4-6)

¿Qué pasó con Barrabás después de salir de la prisión? En una obra teatral de Ghelderode, Barrabás se emborracha, va al Calvario, ve la injusticia horrible y jura venganza por la muerte de Cristo. Pero se muere en un enfrentamiento. Mientras cae al suelo levanta la mano hacia la cruz y grita: “Cristo, yo también estoy sangrando… Pero tu moriste por algo. Yo me muero por nada. Sin embargo, todo es por tí, oh Jesús”.

Otra historia acerca de Barrabás, por un novelista sueco Par Lagerkvist, de la cual hicieron una película. En esa historia Barrabás se emborracha después de recibir su perdón, va a Gólgota, mira al chivo expiatorio humano en la cruz a quien debe su vida. Entonces regresa a su vida de criminal y otra vez lo ponen en el calabozo. Esta vez lo condenan a una vida de trabajo duro en una mina de cobre en Ciprio, donde trabaja durante 20 años. Mientras tanto, Barrabás lo influencia un esclavo cristiano. Los dos van a Roma y se hacen gladiadores. Barrabás es invencible. Prende fuego en algunos edificios y luego lo arrestan y lo crucifican.

La verdad es que no sabemos qué pasó con Barrabás. ¿Volvería a lo que era? ¿Rechazaría la muerte de Cristo como han hecho muchas personas? ¿Volvería a su vida anterior? ¿Qué haría Barrabás con su segunda oportunidad? No lo sabemos. Lo más importante es preguntar: ¿Qué haces tú con tu libertad? Necesitamos que nos recuerden que sin la gracia de Dios tenemos la misma oportunidad de entrar en el cielo como tuvo Barrabás el criminal.

¿Cómo reaccionó Barrabás a las buenas nuevas? Probablemente aceptó su libertad repentina por lo que era: un regalo inmerecido. Lo aceptó sin intentar analizarla ni pagar por ella.  Hoy por la muerte de Cristo la puerta de la celda está abierta y las cadenas removidas. ¿Debemos correr en el sol de una nueva vida, o  encerrarnos en un calabozo frío? No merecemos misericordia ni perdón, pero el Señor que vino para librar a los cautivos la ofrece.

La cruz tosca del Calvario muestra hasta qué punto Dios nos ama. Muestra hasta que punto Dios estaba listo para identificarse con nosotros en nuestros sufrimientos. Dios parece haber dicho: “Puedes escupir en mi rostro, lastimar mi cuerpo, verter mi sangre, burlarte de mi, pero no puedes hacer con que yo deje de amarte”.


Conclusión:
Durante la Guerra Civil de los Estrados Unidos a un hombre llamado George Wyatt lo reclutaron para luchar en las líneas de frente. Pero, él tenía esposa y seis hijos. Un joven llamado Richard Pratt, se ofreció para tomar el lugar de George.  Lo aceptaron y él tomó el mismo nombre y numero de George Wyatt. No tardó morir en una batalla.  Literalmente, este hombre murió en el lugar de George Wyatt. Fue eso lo que hizo Cristo por nosotros. Dios, por la pluma del apóstol Pablo, así lo explica: “6 A la verdad, como éramos incapaces de salvarnos, en el tiempo señalado Cristo murió por los malvados.7 Difícilmente habrá quien muera por un justo, aunque tal vez haya quien se atreva a morir por una persona buena.8 Pero Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros. (Rom. 5:6-8)

¡Qué gran sorpresa recibió Barrabás! Y nosotros también, nos sorprendemos al recibir tanto amor de parte de Dios. Él tomó mis pecados y mis fallas como si fueran suyas. Él soportó el sacrificio que yo debería soportar.

La puerta de la celda está abierta. ¿Estás listo para aceptar la libertad que Cristo compró con su propia sangre?

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