Atributos dignos de admiración

Hechos 14:8-18 

La admiración es algo interesante. El diccionario la define como: un sentimiento de placer, admiración y aprobación”. Creo que todos los varones quieren que sus hijos les admiren de una manera u otra. Quiero que mi hijos sientan placer en estar conmigo, que me admiren por lo que hago y sobretodo, que me den su aprobación como su papá. Ciertamente mientras crecen los niños perderán esos sentimientos de admiración, ahora que mis hijos son adultos, me agrada cuando me dicen o que me quieren o aun que admiran mi trabajo.

    Esta vez quisiera que miráramos a cuatro atributos dignos de admiración en Pablo y también en los hombres en general, sobretodo los que son padres. Todos admiran a un hombre que tiene estos atributos:

1. Admiramos a los que tratan a los demás con compasión (v.9)
Pablo miró con detenimiento al hombre cojo. Vio en sus ojos el dolor que sentía. Pero, más importante aun, vio su potencia. Podemos aprender mucho con el nivel de compasión de Pablo hacia aquel hombre. Con frecuencia seguimos la vida sin estar atento a nadie más que nosotros. Como padres nos involucramos en nuestras carreras que nos hace olvidar la razón principal porque tenemos las carreras, que es proveer para la familia. Nuestros hijos pasan por momentos difíciles estos días. Se enfrentan a presiones en la escuela y también en la sociedad. Con frecuencia tienen dificultades que a nosotros son dificiles entender. A veces sufren dolor profundo sin que nos enteramos. A ejemplo de nuestro Maestro, debemos detenernos y tratar a los niños, así como a demás personas con compasión. El Señor es nuestro ejemplo de compasión:
•    Jesucristo tuvo compasión del pueblo que parecía como ovejas sin pastor
•    Jesucristo tuvo compasión del joven rico porque no tenía correctas sus prioridades
•    Jesucristo tuvo compasión de todas las personas necesitadas que encontró
•    Jesucristo tuvo compasión de las personas hambrientas que le seguían
•    Jesucristo tuvo compasión del centurión cuyo hijo estaba enfermo
•    Jesucristo tuvo compasión de los romanos, desde la cruz, pidiendo a Dios por ellos

Todos merecían la compasión del Maestro

2. Admiramos a los que hablan con autoridad
(v.10)
Una de las cosas que distinguía a Jesucristo y a sus apóstoles de los demás religiosos de su tiempo es que ellos enseñaban con autoridad. Hablaban como si supiesen lo que estaban hablando. La autoridad se proyecta de una persona que vive lo que predica. Si tan solo enseña y no lo vive, jamás tendrá autoridad. A esa persona le falta integridad. Pero Pablo hablaba con autoridad. No era solo porque conocía ciertos secretos. Hoy muchos no entienden el concepto de la autoridad, creyendo ser como quien da órdenes a todos los que estén cerca.

    Los sicólogos han identificado, tras miles de estudios, que la mayoría de los estilos de personalidad en detrimento al padre es ser autoritario y altamente disciplinario. Eso no significa que la autoridad y la disciplina sean malas, son todo lo opuesto. Autoridad y disciplina son cosas buenas pero hay que ejercer la clase de autoridad que sea correcta. La autoridad que nosotros tenemos como padres no se origina simplemente porque con los hijos compartimos los genes. Nuestra autoridad se origina de un mandamiento de Dios. La encontramos en el quinto mandamiento, repetido en el Nuevo Testamento muchas veces y de muchas maneras. Lo que proviene de un mandamiento de Dios, deberíamos usarlo según sus instrucciones. Cuando hablamos con autoridad divina, según sus instrucciones, seremos dignos de admiración.

    Había maestros de la ley en el primer siglo que estaban siempre enseñando y explicando la Palabra de Dios. Sin embargo, aquellos mismos hombres, salvo raras excepciones, eran hipócritas porque no actuaban de acuerdo a lo que enseñaban. Eso hizo con que las personas perdiesen el respeto que tenían a los líderes religiosos. Fue por eso que Cristo les parecía tan sui generis: el Señor era maestro de la ley, pero aparte de enseñar también era obediente a la ley de Dios. Nadie se burlaba de él acusandole de hipocresía. Jesucristo hablaba con autoridad.

    Si queremos hablar con autoridad entonces debemos hacer a un lado la hipocresía y ser más autenticos. Ya que no nos es posible seguir la ley como lo hacía Cristo, que por lo menos nos presentemos como personas pecadoras, defectuosas cuya diferencia de los demás pecadores es que hemos sido perdonados.
 
3. Admiramos al que vive humildemente (v.15)
A Pablo y Bernabé, en la ciudad de Listra, les adoraban como si fueran dioses. El pueblo jamás había visto una demostración del poder de Dios y quería mostrarles respeto y admiración. Sería fácil para muchos hombres simplemente aceptar la adoración de aquel pueblo y quizás sacar provecho de la gente en aquella situación. Pablo y Bernabé sabían que no eran dioses y que tampoco eran dignos de adoración. Demostraron humildad real al confrontar aquella situación difícil con humildad. Dijeron a las personas presentes que eran hombres iguales a ellos y nada más. A veces podemos pensar que, por ser salvos o porque predicamos, somos muy importantes y nos olvidamos que toda buena dádiva viene de Dios. Cuando cerramos un negocio importante, terminamos un proyecto o recibimos una gran promoción y todos nos felicitan, es fácil creer que todo lo hemos logrado por nuestro propio esfuerzo. Sin embargo, si somos igual que Pablo y Bernabé no tardaremos en alabar a Dios como el realizador de todo lo que sucede en nuestra vida. Hay que vivir en humildad, siempre reconociendo que Dios es el que hace las cosas a través de nosotros para lograr sus propósitos y para su gloria.

    La humildad es un atributo que cuesta trabajo lograrla. No nacemos humildes; al contrario, el Espíritu del Señor nos transforma, si lo permitimos. Cuando Dios nos da dones de hablar varias lenguas, cuando tenemos la oportunidad de predicar su Palabra en lugares importantes, donde varias personas nos escuchan, podemos llegar a enorgullecernos pensando que 1) la gente acude al lugar de reuniones para oír a nosotros y no al evangelio, 2) que el don de la predicación es algo nuestro, que lo hemos logrado por esfuerzo propio y nada más. Fallamos en reconocer que el don es un regalo de Dios porque tenemos dones naturales que se acoplan al don de Dios. También somos gratos por proporcionarnos Dios la oportunidad de perfeccionar esos dones dándonos un trabajo que nos permite la investigación de su Palabra, leyéndola y consultando los comentarios que la explican.

4. Admiramos a los que dan su testimonio (v. 17)
Pablo lo afirma correctamente que: “…si bien que no dejó a sí mismo sin testimonio”. Pablo compartió que Dios es el creador vivo, misericordioso y buen proveedor. El apóstol daba testimonio acerca de Dios y lo que ha hecho. Pablo no es el único llamado para dar testimonio. También nosotros debemos hacer lo mismo. Jesucristo se refirió a los creyentes como “la sal de la tierra y luz del mundo”. Eso quiere decir que debemos ser testigos de quien es Dios y lo que ha hecho y sigue haciendo.

    Lamentablemente hay poca gente, en nuestra sociedad cuyos hijos les miran con admiración. Eso es algo muy triste. No obstante, creo que es mejor tener en nuestra casa personas que los niños admiren. No podemos culpar a la sociedad por no tener tantos modelos de padres que sean dignos de admiración si fallamos en enseñarles los atributos para ser admirados.

    La realidad es que, aun con eses atributos no seremos respetados por todos. Leemos en el verso 19 y siguientes que, incitados por judíos de Antioquia e Iconio apedrearon a Pablo y le arrastraron fuera de la ciudad como si estuviera muerto. No tardó que los demás hermanos le atendieran para que pudiese recuperar su salud y seguir su viaje misionero.

    Ya he mencionado lo del testimonio en otras lecciones y seguiré mencionando. Creo que hacemos mal en no permitir testimonios en la iglesia. Hay que compartir lo que hace Dios en nuestra vida. Eso fortalece a todos los cristianos. Lastima que al mismo tiempo que no se permite el testimonio de los miembros, el predicador da testimonio cada vez que habla. ¿Por qué entonces tener dos estándares: uno para los miembros y otro para el predicador? Tenemos que cuidar para que en el testimonio mencione tan solo lo que hace Dios en nuestra vida. También que nuestros testimonios sean más a los de fuera de la iglesia que a los de dentro. Eso no es solo una sugerencia, ya que tenemos mandamiento de Cristo que nos respalda. Me refiero al tema del libro de Hechos (1:8): “…y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra”.

    Aprendemos dando testimonio dentro de la iglesia para poder dar ese magnifico testimonio de nuestro Señor Jesucristo cuando estamos con los de fuera de la misma.

Conclusión:
Los padres debemos seguir muy de cerca los principios de ese pasaje e intentar ser más como Pablo y Bernabé. Sin embargo, no debemos creer que tan solo por vivir piadosamente tendremos hijos fieles o que la sociedad nos reconocerá con una placa o un reloj de oro. Fíjense lo que pasó a Pablo: con todo su poder de sanar, la adoración de la gente de aquel lugar, etc. todo aquello parecía el final de una película que normalmente indica que “fueron felices para siempre”. Pablo casi se muere y por poco no puede terminar su viaje misionero. Qué hagamos lo que podemos y que entreguemos a lo demás en las manos de Dios. Que él decida lo que nos pasará.

Preguntas para la meditación y repaso:


1. ¿Conoces a alguien digno (a) de admiración?

2. ¿Cómo es que la manera en que recibieron a Pablo y Bernabé en Iconio contrasta con a la manera en que les recibieron en Antioquia?

3. ¿Por qué es que Pablo y Bernabé eron dignos de admiración?

4. ¿Por qué es que la humildad es un factor digno de admiración?

5. Ya que la Biblia dice que seamos testigos de Cristo y en la iglesia no nos permiten dar testimonio, ¿adonde podemos practicar ese ejercicio de la fe cristiana?

5. ¿Cuál es el peligro de permitir que den su testimonio en la iglesia?

6. ¿Qué es necesario para que nuestros hijos nos admiren?

7. ¿Cómo podemos ser personas de compasión?
 

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