Él vivió dos veces

 

La vida cristiana tiene una esperanza singular: la esperanza de vivir dos veces. La primera vez la vivimos en la tierra con todos nuestros defectos e imperfecciones; y la segunda en el cielo con Dios. Mucho se ha escrito y dicho acerca de ese tema, algunos escritos por personas que les consideran clínicamente muertas y volvieron a vivir. Al regresar a la vida, esas personas dicen lo bonito que fue toda su experiencia.

Cierta vez, mientras esperaba mi turno en una sala de espera de un consultorio medico, una señor me relató parte de su vida que para ella era muy importante. Era una señora de unos 60 años que irradiaba felicidad. Había sido declarada muerta y volvió a vivir. Me dijo que ya no temía a la muerte porque sabía lo que le esperaba en el más allá. Me quedé impresionado con ese encuentro que varias décadas han pasado y todavía me recuerdo.

Interés en la eternidad
Los seres humanos siempre hemos tenido interés en la inmortalidad o en la vida que nos espera después de la muerte física. El rey Salomón, del Antiguo Testamento, lo expresó de esta manera: “..y ha puesto (Dios) eternidad en el corazón de ellos” (Eclesiastés 3:11). Dios ha capacitado al ser humano de anhelar a la eternidad, la inmortalidad; todo eso es algo natural en toda persona.

Nadie necesita enseñar a un castor cómo construir un dique. Nadie necesita enseñar a una abeja como hacer miel, como nadie necesitar enseñar a un pájaro cómo hacer su nido. Tampoco hay que enseñar a un ser humano el sentido de la inmortalidad simplemente porque esa es parte de su naturaleza. Eso es algo intuitivo o instintivo del ser humano.

No tiene sentido
Muchos se preocupan por qué las personas malas tienen éxito en cuanto las buenas padecen necesidades. ¿Por qué es que las personas buenas no reciben su recompensa y las malas su castigo? ¿Por qué es que la verdad es despreciada mientras la deshonestidad es loada? Así decían, en el primer siglo, para resumir estos pensamientos: Nerón se sienta en el trono mientras el apóstol Pablo lo encierran en un calabozo. No tiene sentido, por lo menos en el momento.

Hay en todos nosotros una inquietud nata por la justicia y por lo que es correcto. Nuestra razón se revela cuando hay injusticia en la vida. La impresión es que eso es lo único que existe en la vida de una persona y al final todo se acaba en la tumba. Pero el corazón del ser humano no se conforma con eso y busca algo que sea superior, más profundo. Y por lo tanto, lo busca en la vida por venir. No restan dudas que eso es correcto, pues, según palabras de Jesucristo, lo que se siembra se cosecha, quizás no aquí en la tierra sino en la próxima vida.

La vida inacabada
La vida terrenal es tan incompleta. Hay tantas sinfonías inacabadas u otras obras artísticas que no las han acabado por la muerte del compositor o pintor. Cuántas cosas que se planea o se sueña hacer y jamás se cumple. La vida tiene una manera rara de dejar todo por hacer. Cuántos niños se mueren en la infancia, cuántos jóvenes se mueren al terminar sus estudios universitarios sin el gusto de realizar sus sueños. Nosotros nos inquietamos y preguntamos, ¿cómo es posible que todo en la vida sea tan incompleto?

El corazón del ser humano empieza a buscar una manera de encontrar algo que trascienda a esta vida incompleta e inacabada. Imaginemos un pintor hace su obra prima. Al terminar antes de exponerla o mostrarla, toma un cuchillo y lo hace garras. O un escultor que toma un pedazo de mármol y compone una obra de arte, pero al apenas haber terminado y sin que nadie lo vea, toma un marro y la rompe totalmente. Alguien puede pensar: bueno, nadie haría eso en una lona o en una escultura. La razón humana dice que NO. Tampoco Dios, que nos ha creado, antes de perfeccionarnos nos sepulta en una tumba.

La Biblia apoya lo que estamos diciendo con el pasaje en Efesios 2:10, que somos obra prima de Dios y que seremos como Jesucristo. También, en Efesios 3:10 dice que seremos expuestos “a todos los poderes y autoridades en las regiones celestes”.  El hombre concluye que debe haber más que esta vida por la inacabada e incompleta que es. También debe haber más que esto por la falta de satisfacción que existe en todos nosotros de modo general.

Dios no hace nada incompleto
Dios jamás haría algo incompleto, o sea traernos al mundo y soltarnos para que disfrutáramos todo lo que pidiéramos y luego sepultarnos en una caja bajo la tierra. Algo así deja mucho a desear, continuando el gran vacío en el ser humano. Esta es la doctrina de los Testigos de Jehová y no de la Biblia.

La cadena multinacional Sears, por muchos años mantuvo tiendas en Brasil, México y otros países. Esas cadena de tiendas tiene su moto que es así: “Satisfacción garantizada”. Pero es imposible. Aunque hemos tenido placeres en la vida, esos son temporales. Tanto la persona más poderosa como la más humilde hay un gran numero de preocupaciones e inquietudes, enfermedades, disgustos, etc. Que son propios de todo ser humano vivo. Y el hombre, creado a la imagen y semejanza de Dios piensa en su potencial y posibilidades, seguramente anhela por algo mejor o superior a la frustración por las cosas y necesidades no suplidas durante su vida en la tierra.

Así como la estructura del pez incluye agua, la del pájaro el aire, la estructura del ser humano incluye la inmortalidad. Dios dijo que hay una vida mejor que esta, una felicidad que jamás hemos probado, algo como jamás hemos imaginado nos espera en el más allá. Jesucristo dijo en Lucas 19:22 que somos “siervos malos”. Debe haber algo mejor que lo que hemos probado en la tierra.

La muerte no es el fin
Al morir mi mamá, estas fueron las palabras de consuelo que dije a mi papá: “La muerte no es el fin”. Ahora me da mucho gusto anunciarles a todos que muerte no es el fin. Hay vida después de la muerte. También hay, lamentablemente, muerte después de la muerte a los que rechacen a Cristo. Pero a los que reciben al Señor hay una vida gloriosa, una vida donde encontraremos justicia, igualdad, donde no hay sufrimiento, ni lágrimas; una vida donde todo es completo y pleno, donde hay satisfacción sin limites. Es la vida eterna de Dios otorgada a todos los que confían en Jesucristo, quien murió y luego resucitó proveyéndonos la vida eterna.

Este es, en resumen, el mensaje del evangelio de Juan: Los seres humanos sí pueden heredar la vida eterna. Dios nos ofrece la vida eterna. Dijo Jesucristo en Juan 14:19: “Y porque yo vivo, también ustedes vivirán” . En el capítulo 3, del mismo evangelio, leemos acerca de la vida eterna. En el capítulo 4, también leemos acerca de la vida eterna; lo mismo ocurre en capítulos 5, 6, 8 y sucesivamente, el tema se repite. El evangelio de Juan lo escribió un seguidor de Jesucristo para presentarnos el mensaje del Espíritu Santo cuanto a la resurrección y la vida eterna.

Jesucristo limpia el templo
Mientras el apóstol Juan presenta el mensaje de la resurrección y la vida eterna, hay cuatro pasajes principales que usa como base. El primer pasaje se encuentra en el capítulo 2. En esa escena Jesucristo estaba en Jerusalén por primera vez anunciando a todos que él era el Mesías. Los treinta años que asó como desconocido había terminado, y para cumplir la profecía acerca del Mesías, Jesucristo aparece de inmediato en el templo. Al llegar no encontramos el mensajero del amor que todos anticipaban. En vez de eso, vemos a un Jesucristo airado, lleno de furia. ¿Por qué estaba enojado Jesucristo? Por lo que encontró en el templo. Grande fue su sorpresa al ver el “mercado” que existía en el templo sagrado y por saber que todo lo controlaba el sumo sacerdote. La explotación de los judíos inocentes que iban a; tempo para adorar hizo que Jesucristo se enojara y pasara a actuar con violencia. Empezando con el verso 13 leemos: “Cuando se aproximaba la pascua de los judíos, subió Jesús a Jerusalén. Y en el templo halló a los que vendían bueyes, ovejas y palomas e,, instalados en sus mesas a los que cambiaban dinero. Entonces, haciendo un látigo de cuerdas, echó a todos del templo, juntamente con sus ovejas y bueyes ; esparció por el suelo las monedas de aquellos que cambiaban dinero y derribó sus mesas. A los que vendían palomas dijo: “¡Saquen esto de aquí! ¿Cómo se atreven convertir la casa de mi Padre en mercado? Sus discípulos se acordaran de lo que estaba escrito: “’El celo por tu casa me consumirá” (Juan 2:13-17)

Jesucristo predice la destrucción del templo
Imaginen miles de personas que estaban en el templo congregadas, la ciudad llena de gente, los vendedores de animales, los cambistas, y en medio de todo aquel bullicio entró Jesucristo y con un látigo sacó a todos de aquel lugar sagrado. Grande fue el poder demostrado en aquel lugar por el Hijo de Dios. Obviamente por haber Jesucristo interferido con la celebración de la pascua hubo una reacción negativa de parte de los líderes. El verso 18 (Juan 2) dice así: “Entonces los judíos reaccionaron, preguntándole: ¿Qué señal puedes mostrarnos para actuar de esta manera? Lo que quisieron decir es que si Jesucristo tenía la autoridad como para interferir con una celebración tan importante. Según ellos era necesario que Jesucristo hiciera algún milagro para probar que de veras él era un enviado de Dios. La contestación del Maestro en el verso 19 es en el lenguaje que nadie entiende por tratarse de la resurrección. Dice así: “¿Destruyan este templo – respondió Jesús -, y lo levantaré de nuevo en tres días”.

Todo depende de la resurrección
El cristianismo es la única religión en el mundo cuya veracidad depende de la resurrección de su líder tres días después de su muerte. Y Jesucristo lo hizo. Cuando murió Mary Baker Eddy, la mujer que empezó la iglesia Científica, la sepultaron con un teléfono, pues dijo antes de morir que resucitaría y se comunicaría con sus miembros. ¡Todavía están esperando su llamada!

Y con eso se acabó la credibilidad de aquella denominación. Y si Jesucristo no hubiera salido de la tumba, podíamos cerrar todas las iglesias de Cristo y olvidarnos de todo. Pero él resucitó. Después de su resurrección no hubo dudas sobre quien era Jesucristo.

La señal que les dio Jesucristo, por haber limpiado el templo, fue la de la resurrección.
Nuevamente el verso 20 nos enteramos que los judíos no entendían lo que el Señor les quiso decir: “Tardaron 46 años en construir este templo, ¿y tú vas a levantarlo en tres días?” Y desde entonces empezaron a acusarle de revolucionario y de querer destruir la religión de los judíos. Pero Jesús se refería al poder de la resurrección.

Poder probado de la resurrección
Jesucristo sabía que moriría, estaba conciente de la resurrección, pero sus discípulos no estaban todavía convencidos. En Juan 10: 18 el Maestro afirmó esto acerca de su poder o autoridad: “Tengo autoridad para entregarla y poder para volver a recibirla”. Nadie ha afirmado algo así. Nadie más ha dicho: “Que me maten; en tres días regresaré”. Pero Jesucristo lo dijo y parece que los discípulos aun no estaban completamente convencidos de ello. Luego Jesucristo demuestra su poder al levantar a Lázaro de los muertos.

Hacía tres días que Lázaro estaba muerto. Los judíos ponían especias y lienzos pero no embalsamaban a los cuerpos. Sin embargo, creían que el espíritu de la persona muerta permanecía cerca al cuerpo por tres días y luego se iba porque el cuerpo empezaba a descomponerse. Por eso el Señor esperó tres días hasta acercarse a la tumba de Lázaro. En Juan 11:17 leemos: “A su llegada, Jesús se encontró con que Lázaro llevaba ya cuatro días en el sepulcro”. Jesucristo lo tenía todo premeditado. María, una de las hermanas de Lázaro dijo que su hermano no moriría si él hubiera estado con ellos (verso 21).

Un Jesús emocionado
En el verso 33 vemos la humanidad de Jesucristo mientras éste se “conmovió profundamente”. Muchas veces, cuando Jesucristo tenía un poco de tiempo libre, lo disfrutaba en compañía de Lázaro, Marta y María, en Betania, que estaba cerca de Jerusalén. En el verso 34, Jesús les pregunta adonde lo habían puesto. Luego, en el verso siguiente 935) encontramos al Maestro, otra vez emocionado. Esta vez Jesucristo llora. Otros que observaban estaban confundidos porque Jesucristo tenía poder de mantener a Lázaro vivo y no lo hizo (37).

Todavía demostrando su humanidad, en el verso 38 leemos que Jesucristo se acercó a la tumba de Lázaro “conmovido”. La tumba estaba cubierta por una piedra. Pronto el Maestro da instrucciones para que quiten la piedra. Marta, la hermana de Lázaro, creyendo que el Señor quería despedirse de su hermano, advierte el Maestro que el cuerpo de Lázaro olía mal (39). Jesús contesta (verso 40): “No te dije que si crees verás la gloria de Dios?” Luego quitaron la piedra y en seguida el Señor hizo una oración de agradecimiento al padre. El verso 43 dice que Jesús gritó: “¡Lázaro, sal fuera!” La mayoría de las personas presentes no conocían a Cristo y probablemente creían que estaba loco. Que bueno que el Señor especifica que sólo Lázaro era para salir de la tumba. Al contrario tendrían aquel momento la resurrección de los muertos. El Señor había mencionado tener poder sobre la resurrección de los muertos y estaba por probar. El verso 44 dice que el difunto se levantó y salió de la tumba, con todo y vendas. Todos estaban asombrados con lo ocurrido. Luego Jesucristo les pidió que le quitasen las vendas.

Jesús prometió la resurrección, el poder de la resurrección y en esta ocasión, al levantar a Lázaro de los muertos, el Maestro demostró el poder de la resurrección.

Jesucristo personificó el poder de la resurrección
El punto más importante del poder de la resurrección fue cuando Jesucristo levantó a sí mismo de los muertos. No cabe dudas que el Señor estaba muerto en la cruz. Los soldados romanos se aseguraron que estaba muerto y no le quebraron las piernas, como era la costumbre. Para asegurarse aun más que ya no vivía, le metieron la espada en su costado.

En Juan 20 encontramos estas palabras:
     1Y el primer día de la semana María Magdalena fue temprano al sepulcro, cuando todavía estaba         oscuro, y vio que ya la piedra había sido quitada del sepulcro. 2Entonces corrió y fue a Simón Pedro y     al otro discípulo a quien Jesús amaba, y les dijo: Se han llevado al Señor del sepulcro, y no sabemos     dónde le han puesto.

Pedro y Juan fueron corriendo a la tumba y al llegar encontraron todo: vendas, el sudario; todo excepto el cuerpo del Señor. Al entrar Juan en la tumba, verso 8 dice así: “…vio y creyó”. De aquel momento en adelante no había más dudas en la mente de Juan acerca de la resurrección. Luego el Señor apareció a mucha gente.

Otra prueba de la resurrección
Los discípulos, después de la resurrección empezaron a atestiguar acerca de la resurrección de Jesucristo y acabaron por morir por él. Eso no sería posible si a Jesucristo le hubiesen robado el cuerpo. En seguida a la resurrección vino el Espíritu Santo sobre los apóstoles y nació la iglesia de Cristo. Hubo un gran movimiento evangelístico en Jerusalén, Judea y Samaria y las partes más lejanas del mundo. El libro de Hechos es testigo del desarrollo de la primera iglesia y como resultado de la predicación de la resurrección.

Jesucristo conquistó la muerte y la tumba. Él dijo a Marta: “Yo soy la resurrección y la vida …¿crees esto?” (Juan 11:26). El Señor lo probó levantando a Lázaro y luego a levantarse a si mismo de los muertos. Jesucristo personificó la resurrección. Él demostró que así como él resucitó, también nosotros lo haremos.

El poder de la resurrección personalizada
La primera personalización fue para María Magdalena (Juan 20:10). Luego vio a dos ángeles que la preguntaron por qué estaba llorando. Ella les contesta que habían robado el cuerpo del Señor. Al mirar al otro lado encontró a Jesús de pie, pero no le reconoció: pensaba que era el jardinero. Jesús le preguntó por qué estaba llorando. María repite lo que dijo a los dos ángeles. Luego Jesucristo llama su nombre en arameo “María”. Los únicos que hablaban en esa lengua eran sus parientes y amigos más íntimos. Ella lo miró y exclamó: “¡Raboni!”

En ese capítulo Jesucristo personalizó a María la resurrección porque la quería mucho y la ofreció la vida después de la muerte. En seguida, el Señor apareció a los apóstoles que se encontraban encerrados en un cuarto por temor a los judíos. El verso 20 dice que Jesús los saludó con el tradicional saludo judío que es: “Shalom”, que quiere decir: la paz sea con ustedes.

Cuando estamos ausentes
Una persona de los discípulos no estuvo presente cuando Jesucristo apareció a los apóstoles. Ese es un buen motivo para ir a la iglesia: así como sucedió a Tomás, al faltar a los cultos podremos privarnos de algo muy importante, de una gran bendición. Al llegar Tomás le dijeron los discípulos: “Hemos visto al Señor” (verso 24). Tomás no pudo creer en lo que le decían y pidió pruebas. Siete días después, cuando estaban reunidos los discípulos (y Tomás entre ellos), llegó Jesucristo y entró con todo y puerta cerrada. Después de un saludo cordial pide a Tomás que ponga su dedo en su costado. Y en seguida le amonesta diciendo: “Y no seas incrédulo, sino hombre de fe” (verso 27). He aquí la reacción de Tomás: “¡Señor mío y Dios mío!” En los versos mencionados vemos a Jesucristo personalizando la resurrección.

Las ultimas palabras que dijo al apóstol Tomás fueron estas (verso 29): “Porque me has visto, has creído; dichosos los que no han visto y sin embargo creen”. Entendemos ese verso decir que nosotros, los que vivimos en este siglo y que no fuimos testigos de la resurrección, la disfrutaremos de la misma manera que los cristianos del primer siglo.

Jesucristo hizo todo para que los discípulos cementasen su fe y no vacilaran. Ojalá este mensaje haya sido de provecho a todos y que su fe se haya fortalecido al enterarse de la realidad de la resurrección de Jesucristo.

El bautismo – un símbolo de la resurrección
Cuando nos bautizamos nos sepultan en agua. Eso significa que morimos al pecado y nacemos a una nueva vida. Pero también puede demostrar que al morir la muerte física no nos quedaremos en la tumba porque Jesucristo mostró que, igual que él, resucitaremos.

El Himno 189
¿Quieres ser salvo de toda maldad?
Tan sólo hay poder
En mi Jesús.
¿Quieres vivir y gozar santidad?

Tan sólo hay poder en Jesús.
Hay poder, poder, sin igual poder
En Jesús, quien murió;
Hay poder, poder, sin igual poder,
En la sangre que él vertió.



Preguntas para meditación y repaso:

1. ¿Cuáles son las cosas de interés de los seres humanos?

2. ¿De dónde viene el interés en la eternidad?

3. ¿Por qué es que nos molesta que tengan éxito los incredulos?

4. ¿Qué mensaje dio Cristo al mundo al resucitar de los muertos a Lázaro?

5. ¿Cuál es la prueba más contundente que existe la resurrección de los muertos?

6. ¿Qué perdió Tomás por estar ausente de la reunión de los creyentes?

7. ¿Hay todavía alguien que tenga miedo a la muerte? 

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