¿Hay vida después de la muerte?

Juan 14:19

Introducción
En una entrevista por la televisión, un hombre dijo poder hablar a los muertos. Mencionó a varios actores muertos con quien había hablado y las cosas que le dijeron, que no eran nada más que tonterías. Tonterías o no, aquel hombre ha ganado una verdadera fortuna contactando a muertos para personas famosas y pudientes. He visto entrevistas con otras personas que se dedican a lo mismo en ocasiones diferentes y siempre hay una gran curiosidad. La inquietud más grande es esta: ¿Hay o no hay vida después de la muerte?

Eso no es nada nuevo pues siempre ha habido mucha curiosidad acerca de ese tema. Cuando me preguntan y quieren saber algo acerca de la resurrección les digo: La única fuente de información a ese tema es el propio Jesucristo. Él es el único que pasó por la muerte, la conquistó y regresó para asegurarnos diciendo estas palabras: “ Y porque yo vivo, también ustedes vivirán (Juan 14:19)

Jesucristo tanto conquistó la muerte para si mismo como también lo hizo para nosotros. Ese pasaje lo comprueba diciendo: “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mi vivirá, aunque muera; y todo el que cree en mí no morirá jamás. ¿Crees esto? (Juan 11:25)

El Maestro promete la resurrección a todos los que creen en él. Quisiera darles cuatro motivos muy básicos, pero profundos, por los cuales yo creo en eso:

    1. Lo que Cristo hizo hacia los demás
    2. Lo qué hizo a sí mismo
    3. Lo que sigue haciendo ahora a los cristianos
    4. Lo que hará a todas las personas
 
Todos esos puntos arriba nos dan razón suficiente, sin sombra de duda, que Jesucristo es la única fuente de información acerca de la resurrección.

1. Lo que Cristo hizo hacia los demás
Si quiero saber más acerca de la vida después de la muerte busco la información con alguien que ha pasado por la muerte y que tiene pruebas de conocer algo a acerca de ese tema. Mientras busco la respuesta en Jesucristo y veo lo que hizo por otras personas, prueba que él es la fuente de vida.

A Jesús siempre le cuestionaban los líderes religiosos, casi no buscaban una respuesta sino cómo atraparlo en las afirmaciones que haría. Pero en el proceso de contestar una pregunta se confronta con otra situación. Leamos Mateo 9:18-26:

18Mientras les decía estas cosas, he aquí, vino un oficial de la sinagoga y se postró delante de El, diciendo: Mi hija acaba de morir; pero ven y pon tu mano sobre ella, y vivirá.
    19Y levantándose Jesús, lo siguió, y también sus discípulos.
    20Y he aquí, una mujer que había estado sufriendo de flujo de sangre por doce años, se le acercó por detrás y tocó el borde de su manto;
    21pues decía para sí: Si tan sólo toco su manto, sanaré.
    22Pero Jesús, volviéndose y viéndola, dijo: Hija, ten ánimo, tu fe te ha sanado. Y al instante la mujer quedó sana.
    23Cuando entró Jesús en la casa del oficial, y vio a los flautistas y al gentío en ruidoso desorden,
    24les dijo: Retiraos, porque la niña no ha muerto, sino que está dormida. Y se burlaban de El.
    25Pero cuando habían echado fuera a la gente, El entró y la tomó de la mano; y la niña se levantó.
    26Y esta noticia se difundió por toda aquella tierra.
  
El Señor se acerca a la niña muerta y la resucita. La palabra “dormir” se encuentra en varios pasajes y significa “muerte temporaria”. La palabra muerte, al usarla en un pasaje tiene un sentido de muerte permanente. Lo que el Señor quiere decirnos es lo siguiente: “La muerte no será victoriosa en este caso. La niña despertará”. La palabra “dormir” la usan muchas veces en referencia a la muerte. Pero solo cuando se trata de la muerte de un creyente.

Encontramos en Juan 11 la historia de Lázaro que también estaba muerto. Jesucristo dijo: “Nuestro amigo Lázaro duerme”. Algo de bueno que tiene a ver con dormir es que siempre nos despertamos. Hay aquí una gran diferencia entre dormir y morir. En ese sentido podemos decir que los creyentes no mueren sino duermen. En el caso de un cristiano, la muerte no tiene victoria sobre él. Dijo Pablo: “¿Dónde está, OH muerte tu victoria? ¿Dónde está, oh muerte tu aguijón? (1 Cor. 15:55)

Entre dormir y morir
El espíritu del cristiano ya está vivo en el Señor. “Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados y muchos que duermen (1 Cor. 11:30 VR-V). algunos   Corintios habían participado de la cena del Señor indignamente, o sea, de manera no apropiada. El apóstol les escribe con el fin de recordarles que aquellos que no habían tomado la cena de manera digna estaban “durmiendo”. También escribió estas palabras refiriéndose a la muerte como un sueño: “Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho” (1 Cor. 15:20). En el verso 51 dijo: “He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados”. Si regresa Jesucristo antes de nuestra muerte física, no pasaremos por la muerte. Sin embargo, todos pasaremos por una transformación. Luego en 1 Tesalonicenses 4:14 leemos: “ Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él”. Otra vez encontramos el apóstol hablando de la muerte, usando la palabra “dormir”. Esa palabra jamás ha sido usada para describir le muerte de un incrédulo, una vez que ya no despertarán, sino morirán eternamente, en el sentido espiritual.

La historia de Esteban, el primer mártir, dijo: “ Señor no les tomes este pecado. Y habiendo dicho esto, durmió” (Hechos 7:60).

La palabra “dormir” la usan siempre los escritores sagrados para referirse a la muerte que no es eterna. Igual que la niña que mencionamos, descrita en Mateo 9:18-26, no estaba muerta sino dormía. Y la gente se burló de él. Si estamos buscando una respuesta cuanto al problema de la muerte, debemos creer solamente en aquel que la ha conquistado.

Poder sobre la muerte
Otro ejemplo de la manera en que Cristo tuvo poder sobre la muerte la encontramos en la resurrección del hijo de una viuda en Lucas 11:17-18. Con un simple toque de la mano del Maestro en el cuerpo y una palabras sencillas: Joven, a ti te digo, levántate”, Jesucristo libró de la muerte al hijo único de una viuda en la ciudad de Naín. Nuevamente vemos que para el Señor, conquistar la muerte era el equivalente a operar cualquier otro milagro.

La historia de Lázaro
En Juan 11 encontramos la historia de Lázaro, un hombre enfermo que había muerto. La costumbre era no embalsamar a los cuerpos. Una de sus tradiciones era que, al morir una persona el espíritu se quedaba cerca al cuerpo por cuatro días, mientras este se descomponía, y luego se retiraba. Mas la gente que participaba de los funerales se quedaba algunos días para manifestar su pesar y consolar a los parientes del muerto. Marta, la hermana de Lázaro, se encontraba con  Jesús  a camino del sepulcro. Le dice con pesar que él estuviera presente su hermano no habría muerto. Indudablemente Marta creía que el Señor tenía poder para sanar pero no para resucitar. Cuando Jesús le dice que su hermano resucitaría, Marta pensaba que él se refería a la resurrección de los muertos. Pero Jesucristo le dijo enfáticamente que él que le hablaba era la resurrección y la vida. Cuando llegó al sepulcro de Lázaro ordenó que quitasen la piedra. Marta estaba preocupada que el cuerpo de su hermano se hubiera descompuesto. Jesucristo hace una oración corta al Padre. Luego, con voz fuerte ordenó a Lázaro que saliese de la tumba. Aun con la vendas y sudario, que usaban para cubrir a los muertos, Lázaro salió. Jesús ordenó que se le quitasen las vendas para que se moviera. Jesucristo no solo tiene poder de hacer regresar un muerto a la vida, como puede cambiar un cuerpo muerto y podrido en un cuerpo sano.

La crucifixión
En Mateo 27 encontramos el relato de la crucifixión de Cristo, cuya tortura duró muchas horas. Finalmente llegó a su fin. Dice en el verso 50 que después de haber Cristo clamado en voz alta todo había terminado, “entregó su espíritu”. Muchos creían que tanto la resurrección como la vida habían terminado y que su poder no era suficiente como para resucitar a si mismo. Grande fue la sorpresa de todos cuando el velo, que separaba en el templo el lugar sagrado, se rasgó (verso 50). Porque ya no había más la separación entre Dios y los hombres. El sacrificio de Jesucristo fue lo suficiente para que el  hombre se presentase a Dios con confianza. Ya no necesitamos los sacerdotes ni los sumos sacerdotes. Ahora todos tenemos acceso a Dios gracias al sacrificio de Jesucristo en la cruz. El verso 50 dice también que las piedras partieron (las que tapaban las tumbas), se abrieron los sepulcros (verso 52) y muchos cuerpos salieron de ellos. !Esto representa la resurrección!

Jesucristo, mientras vivía, tenía poder para resucitar a los muertos. También al estar muerto tenía el mismo poder. Hasta un Cristo muerto en la cruz tenía poder para resucitar a los muertos.

No es posible impedir que el Señor ejerza su gran poder.

Grande fue el impacto de la resurrección pues había gente resucitada en toda la ciudad de Jerusalén (verso 53) 

2. Lo que Cristo hizo por sí mismo
En Mateo 28:2 leemos que tres días después de la muerte de Cristo hubo otro terremoto. Parece que siempre que Dios quiere llamar la atención de la gente o algo importante está por pasar hay un temblor. Luego vino el ángel, quitó la piedra y se sentó sobre la misma. Y los guardias se desmayaron (verso 4). Ese fue el trabajo de un sólo ángel. Pero con todo su poder, jamás serían comparables al poder de Dios. Sin embargo, sin conocer ese poder infinito, los hombres hasta sellaron la entrada de la tumba, intentando impedir que llevasen el cuerpo de nuestro Señor. Qué curioso que un sólo ángel hace todo el trabajo, inclusive el de dominar a los guardias. El ángel quitó la piedra, no para que saliera Jesús, sino para que las personas viesen la tumba vacía. El Señor ya había salido.

A los que dudan a la resurrección deben leer estos versos y creer. Jesucristo no solamente podía resucitar a los demás de los muertos, como también a si mismo.

3. Lo que Jesucristo hace por los cristianos
Si alguien me dijera que la resurrección jamás existió, yo le diría que sí existió porque los escritores del Nuevo Testamento testifican de ese evento. También porque nosotros adoramos a un Cristo vivo y no muerto. Nuestro Cristo ya no está colgado en la cruz sino vive; se encuentra a la diestra del Padre celestial. También vive en nuestros corazones.

La gran evidencia que tenemos de la resurrección es una vida santa y entregada al Señor. Cada vez que oramos a Dios lo hacemos a través de Jesucristo por éste estar vivo y no muerto. Su humanidad le hace accesible a nosotros que tenemos esa limitación. Él entiende nuestras pruebas y tentaciones. Igual que Pablo, nosotros debemos afirmar con mucho valor: “He sido crucificado con Cristo, y ya no vivo yo sino que Cristo vive en mí” (Gal. 2:20). Jesucristo habita en nuestros corazones. ¡Jesús vive!

Jesucristo se ocupa de varias cosas:
    a. Gobierna su iglesia. En Apocalipsis 1:12 leemos: “Me volví para ver de quien     era la voz que me hablaba y, al volverme, vi. siete candelabros de oro”. Los siete     candelabros representan la iglesia. En el verso 11 hay el nombre o ubicación de las siete iglesias asiáticas con sus gozos y pesares. Pero aquí vemos al     Señor que se mueve a través de las iglesias (verso 13). Él ministra a las iglesias     no sólo las siete, pues ese número significa perfección, entereza, integridad. Así     Cristo vive y ministra a la iglesia universal. El mismo Señor afirma en el verso 17     y 18 que: “Yo soy el primero y el último, el que vive. Estuve muerto, pero ahora     vivo por los siglos de los siglos y tengo las llaves de la muerte y del infierno”.     Jesucristo gobierna su iglesia y sus miembros. Pero algunos no le son sumisos.     Muchas veces cuando la iglesia o los miembros no damos cuenta de algo     maravilloso que acontece en nuestra iglesia, decimos: “Sólo Dios pudo haber     hecho cosa igual”. O “Sólo el Señor pudo haber resuelto nuestro problema”. Él     todavía gobierna su iglesia.

    b. Jesucristo hace intercesiones por nosotros. En este momento Jesucristo está     comunicando al Padre lo que nosotros necesitamos. Por eso que leemos en     Mateo 6 que no debemos preocuparnos con lo que hemos de comer , vestir, etc.     porque el Padre cuidará de nosotros. “Cualquier cosa que ustedes pidan en mi     nombre, yo lo haré; así será glorificado el Padre en el Hijo. Lo que pidan en mi     nombre, yo lo haré”. (Juan 14:13-14). También el escritor de Hebreos nos     amonesta diciendo que no amemos al dinero y que nos contentemos con lo que     tenemos. A continuación el verso 5 dice así: “Nunca te dejaré; jamás te     abandonaré. Jesucristo cuida a su iglesia e intercede ante el Padre por cada uno de     nosotros. ¡Que gran promesa!

    “Si alguno peca, tenemos ante el Padre a un intercesor, a Jesucristo, el Justo” (1     Juan 2:1). Así como un abogado defiende a su cliente frente al juez, Jesucristo nos     defiende ante el Padre celestial siempre que nos tienta Satanás.

    c. Jesucristo da poder a su iglesia. É vive en todos los cristianos. Con tan solo     saber que él vive en nuestros corazones ya es una gran bendición. “Porque si,     cuando éramos enemigos de Dios, fuimos reconciliados con él mediante la muerte     de su Hijo, ¡con cuanta más razón, habiendo sido reconciliados, seremos salvos     por su vida!” (Rom. 5:10). ¿Cómo es posible que un Dios santo pueda unirse a     un ser humano impuro? Jesucristo lo logró a través de su muerte. ¿Puedes     imaginar lo que puede realizar con su muerte? Jesucristo en su muerte operó un     milagro mas allá de lo que el poder humano puede hacer. Romanos 5:10 dice que     si Jesucristo pudo llevar a cabo todas esas cosas cuando estaba muerto, ¿no las     hará ahora que vive?

¡El que nos auxilia vive!
A la medida que detectamos problemas en la vida, basta con que pensemos que él que nos ayuda está vivo. Al pensar en la resurrección nuestra perspectiva de la vida cambia radicalmente. Todo su poder está a nuestra disposición. Timoteo, el evangelista del primer siglo, tenía sus problemas, Unos le molestaban por ser joven, y por eso no era efectivo en el ministerio. Miembros de la iglesia que le causaban problemas por su falta de fe y otros que l perseguían. También los falsos maestros le atacaban hasta que él perdió el interés en el ministerio. Era un hombre vencido. Por lo tanto, Pablo escribió en 2 Timoteo 1:7 que Dios no le había dado un espíritu de cobardía. Finalmente Pablo le dijo que en el verso 3 (cap. 2), que soportara sus sufrimientos, “como buen soldado de Dios”. Que Timoteo fuera valiente así como eran los soldados de la época. También le comparó a un atleta (por la disciplina) y a un agricultor (por el trabajo duro). Pablo actuaba como un fanático en un partido de fútbol, animando a Timoteo a que continuase en la obra sin desmayar. Y en verso 8 Pablo le recuerda lo más importante: “No dejes de recordar a Jesucristo, levantado de los muertos”. Siempre que tengamos cualquier problema podremos apoyarnos en Jesucristo quien conquistó la muerte. Creemos en Jesucristo por lo que hizo y por lo que sigue haciendo y por continuar viviendo.

4. Lo que Jesucristo hará por todas las personas
Alguien preguntará: ¿Qué tiene a ver la resurrección de Cristo con todas las personas? Todas las personas que han vivido y están muertas pasarán por la resurrección. Algunos creen que la resurrección es monopolio de creyentes, pero no es así. También los incrédulos resucitarán. Estos se presentarán al gran trono blanco y luego les echarán al lago de fuego. Cuando Jesucristo resucitó a Lázaro tuvo que llamar su nombre: “Lázaro sal fuera” (Juan 11:43). No fuera así, en aquel momento todos los muertos saldrían de la tumba y se realizaría la resurrección de los muertos. Jesucristo tenía pleno poder para hacerlo.

Llegará el día en que todos resucitarán de los muertos: “Ciertamente les aseguro que ya viene la hora, y ha llegado ya, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la oigan vivirán” (Juan 5:25). También en los versos 26 y 27 Jesucristo dice tener poder para dar vida y para juzgar. Y en verso 28 cambia de la vida espiritual y habla de la vida física: “No se asombren de esto, porque viene la hora en que todos que están en los sepulcros oirán su voz”. Todos los que han muerto resucitarán. Unos a la vida y otros a la muerte. Así como Jesucristo en el pasado ha demostrado poder para resucitar, seguirá enseñando su poder hasta el final. Cuando necesitamos información acerca de la resurrección, Jesucristo es la fuente de verdad.

¿A cuál de las resurrecciones estará usted presente? ¿La de la vida o de la maldición? Su reacción podrá ser: ¿Cómo puedo elegir en cuál de las dos estar presente? Los que escuchan la voz de Dios y creen que Jesucristo ha resucitado de los muertos recibirán vida eterna. Los que rechazan a Jesucristo estarán presentes en la resurrección del juicio. La elección es suya. Yo y mi familia elegimos la resurrección de la vida.

Conclusión:

El Himno 193 dice en pocas palabras cuál debe ser nuestra elección:

        Vivo me amaba;
        Muerto salvóme
        Y en el sepulcro mi alma enterró
        Resucitado, él es mi justicia
        Un día él viene,
        Pues lo prometió



Preguntas para meditación y repaso:

1. ¿Conocen a alguien que dice poder hablar con los muertos?

2. ¿Conocen a personas que adoran a un dios muerto?

3. ¿Qué es lo que hace Cristo a los demás?

4. ¿Qué es lo que hizo Cristo a sí mismo?

5. ¿Qué es lo que hace Cristo a los cristianos?

6. ¿Qué es lo que hará cristo a todas las personas?

7. ¿Cuál es la garantía que tenemos de la resurrección?
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