¿Dónde hay libertad?

 

Cuando era niño me gustaba ir al circo o al zoológico para ver a los animales salvajes. Cierta vez me impresionó la presencia de un tigre que paseaba por una gran jaula de un circo, de un lado a otro, y frenéticamente parecía buscar una manera de escapar, de huir, de correr, en fin, volver a la selva adonde le atraparon. Lo que aquel tigre buscaba era su libertad.

Desde nuestro nacimiento empezamos nuestra lucha por la libertad. Pronto pasamos de alimentación liquida a sólida, de pañales desechables a ropa regular, de las palabras que aprendemos en el hogar a la educación formal que recibimos en la escuela, de la mesada que recibimos de nuestros padres al sueldo en la firma. Luego de vivir con nuestros padres, o vamos a un dormitorio universitario o nos casamos y viviremos nuestra vida. Y así nos hacemos cada vez más libres. O por lo menos así parece ser.

El ser humano vive siempre en una gran búsqueda de la libertad, ya sea académica, financiera o espiritual. Creemos que al lograr el próximo obstáculo llegaremos a la libertad. Lastima que al transponer el obstáculo llegamos a la triste conclusión de que no es así y que todavía no somos completamente libres. Dijo el politico autor español Manuel Azaña: “La libertad no hace felices a los hombres, los hace sencillamente hombres”.

La solución de Cristo
Jesucristo, a través de sus enseñanzas maravillosas y profundas dijo sencillamente que al conocer la verdad tendremos paz (Juan 8:32). Por justaposición podemos concluir que si la verdad trae la libertad, la ignorancia esclaviza a la persona. Las personas que se han destacado a través de la historia han sido las que se han dedicado a conocer más y más sobre su mundo y eso es lo que necesitan las personas para ser realmente libres.

La mención de Juan 8:32 nos hace pensar de inmediato en la libertad espiritual que probamos al conocer “la verdad”, la bendita Palabra de Dios. Jesucristo, en su oración para los discípulos, dijo: “Santifícales en la verdad; tu palabra es la verdad” (Juan 17:17). Para empezar, el vocablo “conocer” en la lengua original bíblica no quería decir conocer en el sentido de obtener o memorizar datos o pasajes. “Conocer” representaba la relación intima en una pareja. Adán “conoció” a Eva y luego tuvieron su primer hijo. Así el conocimiento de la verdad no debe limitarse a un conocimiento académico de la Palabra de Dios sino una gran intimidad, un conocimiento profundo de la verdad divina.

Otro significado de la palabra “verdad” es uno de los “Yo soy’s” de nuestro Señor Jesucristo. Él mismo dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida, nadie viene al Padre sino por mí” (Juan 14:6). Una de las características del Señor es que él no tan solo tiene la verdad, sino que la personifica. El Dios Todopoderoso hecho hombre tanto predicaba la verdad como era el verdadero Hijo de Dios. Lo más importante para nosotros, Cristo es el único camino hacia la eternidad con Dios.

La meditación de la verdad
Al leer un libro ya sea de estudio o de ficción, no tardaremos en conocer el autor. Al leer “Don Quijote de La Mancha”, tenemos una idea de los ideales de su escritor, Miguel Cervantes. Al leer “El laberinto de la soledad”, conocemos un poco las inquietudes de Octavio Paz, su humor típico mexicano, y las idiosincrasias de su pueblo. Muchas personas que leen este libro de sermones me dicen que parecen conocerme por las anécdotas personales que siempre incluyo en mis escritos. Estas son vivencias y luchas de una persona que, igual a las demás personas cristianas sinceras, está esforzándose para crecer en la fe y en el conocimiento de la verdad. Procuro no escribir dejando la impresión que ya he llegado al conocimiento de toda la verdad. Intento comunicar que todos estamos caminando juntos hacia el conocimieneto de nuestro Dios un poco más cada día para así acercarnos más a él.

Concluimos que si queremos obtener la libertad espiritual y hasta cierto punto intelectual, debemos leer y meditar en la Palabra de Dios. Porque el resultado será una intimidad muy grande con el autor – el Dios Todopoderoso.

La búsqueda de la libertad
En la prisión de seguridad máxima donde sirvo de capellán voluntario, me encuentro todos los domingos con hombres que están encerrados atrás rejas sirviendo penas muy largas. De tan grande que son sus sentencias, muchos jamás saldrán vivos de la prisión. La mayoría dice que están encarceladas injustamente y buscan por todos los medios lograr su libertad.

Hace pocos días recibí carta de uno de los reos que estaban en mi clase en la prisión Middleton, en las afueras de Abilene, en Texas. Alberto, en su carta, me informa con un entusiasmo delirante que dentro de poco tiempo le darán libertad.

El apóstol Pablo escribe desde la prisión de Roma a los cristianos que estaban en Corinto las siguientes palabras: “Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad” (2 Corintios 3:17).

Hay un corito que me ha ayudado a meditar en este tema y dice así:
Libertad, libertad, libertad, liberta-a-ad
Donde está el Espíritu de Dios
Hay libertad, hay libertad
Donde está el Espíritu de Dios
Allí siempre hay libertad
 

La inquietud de todo ser humano es esta: ¿Adónde estará mi libertad?
La respuesta de Dios es esta: “...donde está el Espíritu de Dios, allí siempre hay libertad”.
No importa si la persona convertida a Jesucristo esté dentro o fuera de una cárcel o prisión. Tampoco importa si está en Sao Paulo, Brasil o Matanzas, Cuba. Si está consciente que su vida está bajo gobierno del Espíritu Santo, allí mismo hay libertad.

Y aun más: “si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres” (Juan 8:36). Jesucristo es el único que puede libertar totalmente y verdaderamente al ser humano. Tanto los presos como los libres, si se han rendido a Jesucristo por el proceso de conversión que encontramos en los evangelios y siguen confiados en él, continúan en libertad total.

Presos fuera de la prisión
Hay un gran de personas que viven en plena libertad física en el mundo y sin embargo se sienten emocionalmente prisioneras. Me refiero a los super ricos, los que no pueden salir a la calle sin antes asegurarse de que sus guardaespaldas les acompañen en sus salidas, y que sus carros sean de los blindados para poder sobrevivir a un ataque. También viven en casas hermosas pero bién protegidas con sus ventanas y puertas de  hierro para mantener fuera el ladrón y el impostor. Algunas casas, que más parecen palacios que viviendas, por sus rejas en las ventanas y en las puertas se asemejan más a prisiones que el lugar donde viven personas supuestamente libres.

Tú puedes ser libre
Según Juan 8:36 solo Cristo pueda hacerte libre. Por más que intentes ser libre jamás lograrás sin tener a Jesucristo en tu vida. He aquí algunos principios sobre la libertad que te podrán ayudar a ser libre y a continuar en libertad: 

Entrégate a Cristo
Es probable que te has te has dedicado a algo que juzgas importante esperando obtener la libertad o la independencia. Hasta ahora nada ha funcionado y la libertad sigue siendo algo muy lejana de ti. Los que actúan de esa manera creen que el camino hacia la libertad lo pueden encontrar sólos y que al adquirir ciertos productos o llegar a ciertas posiciones sociales encontrarán la libertad y la felicidad. ¡Que la felicidad está en la compra de una camioneta Ford o Chvrolet es la más gran mentira que nos ha dado el mundo!

Solo si te humillas y te rindes a Cristo, creyendo que él es el Hijo de Dios unigénito y te entregas a él; si te arrepientes de tus pecados pasados y te sometes a los requisitos de Jesucristo para libertar tu alma serás realmente libre. Al comparar lo que has hecho con lo que pide el evangelio de Cristo podrás enterarte si vives de acuerdo a su santa voluntad.

La Biblia dice:                                                         Yo he hecho:
                       Resultado:

A.    Decide cambiar (arrepentimiento)

B.    Haz la confesión que Cristo es Dios

C.    Pide que te bauticen por inmersión                                                                                         para el perdón de tus pecados

D.    Comprométete leer el Nuevo Testamento

E.    Decide seguir los principios bíblicos

F.    Únate al cuerpo de Cristo haciéndote miembro
de la Iglesia de Cristo en tu ciudad.

G.    Lleva tus preocupaciones a Dios en oración

H.    Reconozca que sólo Dios puede darte la libertad

I.    Dedícate a auxiliar a los necesitados,                                                                              humildes en el nombre de Cristo.

Haz estas cosas y tendrás una vida libre y plena.

Conclusión:
Leí hace mucho tiempo una historia de un perrito salsicha cuyo nombre era Bingo. Bingo era un perrito igual a los demás: juguetón, comelón y también le gustaba dormir. La única diferencia era que Bingo sólo tenía una pata delantera. La historia por detrás de aquella deficiencia era que Bingo fue muy curioso de cachorro y se metía en los campos donde había trampas para otros animales y acabó por caer en una de las trampas. Bingo amaba tanto su libertad que, en vez de esperar hasta que alguien llegara y le librara de la trampa, hizo tanto esfuerzo que dejó parte de su pata en la trampa. Bingo se hizo libre pero a duras penas -- tuvo que pagar un alto precio por su libertad.

Nosotros, al contrario, no tenemos que pagar nada para obtener nuestra libertad ya que Jesucristo pagó con la vida nuestra libertad eterna. Sólo tenemos que aceptarla por un sistema de fe, de obediencia y él no la concederá. ¿Quieres ser libre? Entonces entrégate a Jesucristo.

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