¡Viva el rey! ¡Muera el rey!

 

En los países donde todavía hay la monarquía, como en España o el Reino Unido, siempre que aparece el rey, o reina, hay una expresión típica de la ocasión. La gente reunida, al aparecer el soberano grita: ¡Viva el rey! Al entrar Jesucristo en Jerusalén la gente lo recibió con vivas y hosannas. Luego, las mismas personas, en el día de su crucifixión gritaban: “¡Crucifícalo!” Mientras a los reyes se les desea larga vida, a Jesucristo la gente le deseaba el contrario.

También, en casi todas oraciones pedimos que Jesucristo sea loado, adorado, y que se haga su voluntad. Es Jesucristo a quien amamos, a quien adoramos, a quien predicamos y es quien esperamos ver y con él vivir para siempre. Ser cristiano significa acercarse cada vez más a Cristo. Al enfocar toda nuestra atención en él, estaremos edificando nuestras vidas sobre la piedra fundamental de nuestra fe. Hay tantas dimensiones en la persona de Cristo que es asombroso. Es difícil reunir toda la majestad de su carácter.

En este mensaje enfocaremos tan solo un aspecto del Señor: Jesucristo como rey, el rey que vino para morir.

Nos enteramos, a través de la Biblia que Jesucristo era rey. El Antiguo Testamento contiene la profecía que Cristo sería rey. En Salmos 2:6 el Padre habla del Hijo usando estas palabras:
    6Pero yo he consagrado a mi Rey sobre Sion, mi santo monte. 7Ciertamente anunciaré el decreto del     SEÑOR que me dijo: "Mi Hijo eres tú, yo te he engendrado hoy. 8"Pídeme, y te daré las naciones como     herencia tuya, y como posesión tuya los confines de la tierra.

Aquí encontramos a Dios y el Hijo en conversación acerca del reino de Jesucristo. Según la profecía Cristo sería rey. Veamos lo que dice las profecías:

•    En Isaías 9:6-8 dice así:
    Pero yo he consagrado a mi Rey sobre Sion, mi santo monte.
     7Ciertamente anunciaré el decreto del SEÑOR que me dijo: "Mi Hijo eres tú, yo te he engendrado hoy.     8"Pídeme, y te daré las naciones como herencia tuya, y como posesión tuya los confines de la tierra.

•    En 2 Samuel 7:12-16 hay una predicción acerca del reino de Cristo, quien vendrá para reinar         eternamente.

El Antiguo Testamento enseña claramente que Jesucristo sería rey. Cuando llegó Jesús al mundo lo primero que hicieron fue reconocerlo como rey. En Mateo 1 encontramos la genealogía de Cristo para que el mundo conociera que él es parte del linaje de David. También el Maestro tendría el derecho de gobernar y reinar como hacen los reyes. En Mateo 2:1-2 dice:
    1Después de nacer Jesús en Belén de Judea, en tiempos del rey Herodes, he aquí, unos magos del         oriente llegaron a Jerusalén, diciendo: 2¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque vimos     su estrella en el oriente y hemos venido a adorarle.

Ese fue un reconocimiento al nacer Jesucristo.

¡Jesús reina!
El Nuevo Testamento que Jesucristo gobierna en el corazón de sus súbditos en nuestra época. Colosenses 1:13 dice:
    3Porque El nos libró del dominio de las tinieblas y nos trasladó al reino de su Hijo amado,

En Apocalipsis Jesucristo recibe el título  de Rey de los Reyes y Señor de los Señores”. De hecho, 1 Corintios 15:25 dice:
    5Pues El debe reinar hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies.

En Hebreos 1:8 leemos que Jesucristo es rey y que reinará eternamente:
    TU TRONO, OH DIOS, ES POR LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS, Y CETRO DE EQUIDAD ES EL CETRO DE TU     REINO.

Está claro que Jesucristo es rey. Desde el punto de vista del Antiguo Testamento (el pasado), y también del nacimiento de Cristo (el presente), del Nuevo Testamento, del reino de Cristo en la iglesia y su futuro regreso, todo esto lo confirma.

Hay básicamente tres dimensiones de su reino:
1. Él es rey sobre todo el universo. Dice el Salmo 8:4
    ¿Qué es el hombre para que de él te acuerdes,
     y el hijo del hombre para que lo cuides?

Todas las cosas que existen en el universo han sido hechas para estar bajo el dominio de Jesucristo. El es el rey del universo; gobierna todo lo que existe. Jesucristo también es, según a Biblia, Señor de los cielos, o está sobre los lugares espirituales donde vive Dios. Dice en 1 Pedro 3:21-22:
    21Y correspondiendo a esto, el bautismo ahora os salva (no quitando la suciedad de la carne, sino         como una petición a Dios de una buena conciencia) mediante la resurrección de Jesucristo, 22quien         está a la diestra de Dios, habiendo subido al cielo después de que le habían sido sometidos ángeles,         autoridades y potestades.
   
Jesucristo gobierna aun donde vive Satanás. En Juan 17:24 él ora para que la iglesia vaya al cielo para estar con él y fijar su gloria, para que vean su dominio.

2. Él es el rey de los cielos: En Apocalipsis 3:21 leemos:    
    21'Al vencedor, le concederé sentarse conmigo en mi trono, como yo también vencí y me senté con mi     Padre en su trono.

También es rey del cielo, gobierna las huestes del cielo; rey del universo, controla todas las cosas creadas, las cosas materiales que existen en el espacio.

3. Él es rey de la iglesia: gobierna su iglesia, controla el espíritu, tiene dominio sobre los santos que creen en él. Él es rey también en la iglesia triunfante. En Efesios 1:22 leemos:
    22Y todo sometió bajo sus pies, y a El lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia,

Jesucristo es rey en todas las dimensiones que existen: de los cielos y de su iglesia. Él vino a la tierra para anunciar que era rey. Su precursor fue Juan el Bautista, cuyo mensaje era el arrepentimiento porque el reino de Dios estaba para llegar. El rey estaba para llegar. Cuando llegó Jesucristo dijo lo mismo. Mateo, el primer evangelio, presenta a Jesucristo como rey. Vino para declarar al mundo que era rey. ¿Cómo lo recibieron? ¿Lo recibieron como un rey?

No. Lo rechazaron, los pecados del mundo les había cegado hacia la realidad del rey y de su reino. Y vemos esa realidad al leer en el Nuevo Testamento, cómo las personas reaccionaban a la presencia de Jesucristo. Hubo un rechazo total de Cristo de parte del pueblo conocido como “el pueblo de Dios”. No lo querían como rey.
                                                                                                                                                                     Hay tres ilustraciones de cómo el mundo rechazó a Jesucristo como su rey. Les llamaremos lo siguiente:
1.    El populacho mercenario
2.    La muchedumbre equivocada
3.    El magistrado burlón
 

El populacho mercenario                                                                                              Empezaremos echando un vistazo en Juan 6:15 que dice así:
    5Por lo que Jesús, dándose cuenta de que iban a venir y llevárselo por la fuerza para hacerle rey, se     retiró otra vez al monte El solo.

Al enterarse Cristo de que estaba por hacerle rey, se marchó. Si él vino para presentarse como rey, ¿cómo fue que al estar cerca a lograr su meta, se fue? En el primer verso de ese capítulo encontramos a Cristo a la orilla del mar de Galilea. El Señor tenía mucha gente alrededor, más de 5,000 hombres. Si añadimos a las respectivas mujeres y niños, llegaremos a un total de más de 25,000 personas. Aquellas personas estaban en aquel lugar todo el día, según los demás evangelios encontramos que Cristo estuvo con ellos sanándoles las enfermedades y enseñándoles la verdad de Dios. A pesar de todo lo que hizo, no parecían estar agradecidos con su presencia, no sabían quien era el Señor. Habían sido atraídos por la curiosidad de ver a los milagros que operaba. En que pese todo eso, Jesucristo les tenía compasión y por eso les sanaba y enseñaba. Y al llegar el final del día, alimentó a todos.

Después de haber comido, según verso 14, dijeron: En verdad éste es el profeta, el que ha de venir al mundo”. Aunque no hubiese alimento en ningún lugar cerca de adonde estaban, asimismo Jesucristo les dio de comer. Al presentarse un niño con un poco de alimentos, Jesucristo repartió lo que había entre los apóstoles y alimentó a todos los que estaban presentes. El Señor tan sólo agradeció a Dios por aquellos panes y peces. Todos comieron y hubo sobras (doce canastas llenas). Jesús creó aquellos alimentos para que todos comiesen y se hartasen. Enseguida le reconocieron como “el profeta”.

El rey terrenal
La razón porque Jesucristo se fue es que le querían hacerle rey por motivos equivocados. En vez de hincarse delante del Señor. De pedirle misericordia, de reconocerle como Dios, sólo querían usarlos y nada más. Como si fuera un emprendedor que hubiese encontrado un mago. Hay que imaginar que maravillosa sería la vida con Cristo al lado: alimentos gratis, enfermedades sanadas, etc. Todo excepto el arrepentimiento, la adoración, la sumisión. Aquellas personas no pasaban de unos mercenarios que estaban presentes sólo por sus ganancias egoístas y personales. Hay muchos que actúan así en nuestra época.

Esa gente ve a Cristo tan solo como un profeta o un buen maestro, sacándole lo que quieren. Pero nunca le ven como la encarnación de Dios, como tampoco sienten la necesidad de arrepentirse, de pedirle perdón. No tienen la visión de Jesucristo como deberían tener. Son mercenarios y solo se aprovechan de las bendiciones que él da. Eso está mal, pues no debemos acercarnos a Jesucristo por lo que podemos sacar, sino por quien él es. Si Jesucristo tan sólo nos salvara y no nos diera ninguna otra bendición, sería suficiente, pues no merecemos nada. Pero Jesucristo rechazó al grupo y se fue, enviando a sus discípulos de regreso al barco para que no se influenciasen por aquellos mercenarios. Luego, de noche, el Señor caminaba sobre las aguas, encontró a sus discípulos y juntos llegaron a Capernaún por la mañana. Leemos en el verso 26 que el mismo grupo de personas estaba a la espera del Señor. Jesucristo les advirtió diciéndoles: “Ciertamente les aseguro que me buscan, no porque han visto señales sino porque comieron hasta llenarse”. Le seguían solo por los alimentos y porque les sanaba. Jesucristo nunca más les dio alimentos porque solo por eso le buscaban. Tampoco le reconocían como rey.

Cuando queremos algo de Cristo, a veces nos acercamos a él por la oración y a través de su Palabra. Las otras horas cuando todo está bien en la vida, no le hacemos caso. Sólo cuando ne3cesitamos socorro en épocas difíciles entonces recurrimos a él.

Por tanto, en el verso 27 Jesucristo les exhorta diciendo: Trabajen, trabajen, pero no por la comida que es perecedera, sino por la que permanece en la vida eterna, la cual les dará el Hijo del hombre”. Debemos buscar lo que necesita el alma.

2. La muchedumbre equivocada
Leamos en Juan 12:12-18. Aquí vemos a Jesús en una celebración. Se celebraba la resurrección de Lázaro, que estuvo muerto y ahora vivía. Y todos los que se interesaban por Jesús o por Lázaro, estaban presentes para participar de la fiesta. El amor y la ternura por el Maestro llegó a un punto máximo mientras María le ungió los pies con nardo, que era un perfume muy costoso. Ungir era algo que solo se hacía a los reyes. Esa era una gran muestra de amor. También, fue durante aquellos días que Judas empezó a planear su muestra de odio.

Por la mañana, en la casa de Mata y María, había fiesta, pues todos sabían que Lázaro estaba vivo y se habían enterado también de esa resurrección increíble. Todos hablaban de Jesús, por las calles de Jerusalén y Betania, que el Señor había levantado a Lázaro de los muertos.

Temprano, el día siguiente, el Señor instruyó a los discípulos a que tomaran prestado un burrito que estaba cerca a la casa de su madre para que él entrara en la ciudad montado en él. (Eso fue para cumplir la profecía de Zacarías 9:9, citada en el verso 15).

¡Hosanna!
Mientras Jesús entraba en la ciudad de Jerusalén montado en el burrito, un gran numero de personas caminaba a su lado. Al llegar a la entrada de la ciudad mucha gente vino para recibirlo y con ramas de palma caminaban a su lado y le gritaban bendiciones y loores. En esa ocasión recibían a Cristo como un rey (Hosanna).

Para que tengamos una idea de cuantas personas se encontraban en aquella muchedumbre, podemos llevar en cuenta que una vez hicieron un censo de cuántas ovejas sacrificaban en aquella época y el resultado fue 250,000. Según la ley debería sacrificarse un mínimo de una oveja para cada diez personas. Podemos especular que había más de 2’500,000 personas en la ciudad de Jerusalén.

Peregrinos de toda la nación se encontraban presentes para la celebración de la pascua. Tanto los de la ciudad como los que acampaban a Jesús desde Betania, se unieron y todos gritaban: ¡Hosanna! Era una escena muy poderosa. El populacho de Galilea intentó hacerle a Jesucristo rey por fuerza y ahora en Jerusalén le coronaban rey por lo que había hecho.

Todos los peregrinos tiraban ramas de palma en la calles donde Jesús deberla pasar. Según Apocalipsis 7:9, eso era un símbolo de poder y de salvación. También significaba gozo y belleza. Si añadimos poder, salvación y belleza tenemos una idea de los que significaba el honor hacia Jesucristo con las ramas de palma.

Lo que empezó tan bien en Galilea ahora sucedía en Jerusalén. Le veían como rey, pero por razones equivocadas, pues buscaban a un rey político que derrumbaría el poderío y gobierno romano. Por muchos años estaban bajo opresión del gobierno romano y cansados de vivir sumisos a dirigentes que no eran el pueblo de Dios.

Y ahora veían en Jesucristo su líder revolucionario en potencia. En la pascua los judíos estaban celebrando la libertad que habían obtenido hacía muchos años, de un poderío extranjero. ¡Qué bendición encontrar un redentor enviado por Dios, que les libertaría nuevamente en aquella pascua! Sabían que una vez que Jesús podía levantar una persona de la muerte, tendría poder de libertarles del yugo romano.

El pueblo le gritaba: “¡Hosanna!” lo que significaba salva ahora. Era un grito político: ¡Hazlo ahora! Mateo lo describe aun con más detalle al decir que la gente gritaba: “¡Hosanna, Hijo de David!” Querían decir le conferían el titulo de rey, pero que él les salvase inmediatamente. Lo que dicen en el verso 13 es una cita del Salmo 118:26, el último de los Salmos (del 113 al 118 son llamados Salmos de loor a Dios).

Los judíos estaban seguros que ahora nada ni nadie loes impedía que vencieron a los romanos. Para los judíos ese era el momento esperado por centenas de años en que quitarían a los romanos del poder después de centenas de años de espera. Había llegado el Mesías y él les libertaría.

Evidencias de que “su reino no es de este mundo”
Mientras tanto Jesucristo con todo lo que hacía estaba afirmando algo pero nadie se fijaba. Jesucristo no entró en la ciudad en un caballo blanco, que es lo que representaba poder y también guerra.

Tampoco entró Jesucristo en una carroza de oro tirada por cuatro corceles. No. Jesucristo entró en Jerusalén en un burrito. Al hacerlo quiso comunicar un mensaje que nadie lo entendió.
Su corazón estaba partido e intentó explicarles que su reino no era político, pues el burrito simbolizaba la paz. Vino como el príncipe de la paz y no como el conquistador de Roma. El pensamiento de Jesucristo al acercarse a Jerusalén lo explica en Lucas 19:41: “Cuando se acercaba a Jerusalén, Jesús vio la ciudad y lloró por ella”. Mientras las demás personas celebraban, gritando, el Maestro lloraba diciendo: “¡Cómo quisiera que hoy supieras lo que te puede traer paz! Pero eso ahora está oculto de tus ojos!” Si ustedes tan solo supieran lo que Dios tiene planeado para esa ciudad y sus habitantes, por no reconocer la hora en que Dios les envió la salvación. Jesucristo, en ese pasaje estaba predicando la destrucción de Jerusalén en 70 D.C.

A Jerusalén le visitaría un conquistador pero no sería el Maestro. Ningún soldado romano jamás imaginó que aquel que venía montado en un borrico conquistaría las legiones romanas. Debería ser evidente a todos que “su reino no es de este mundo”. Los judíos estaban tan histéricos que ni entendieron lo que Jesús quiso informar al entrar en la ciudad en un burrito.

A través de los tiempos muchas personas se han equivocado igual que la muchedumbre que mencionamos, que para ellas que el Señor no pasaba de u reformista social; muchos creen lo mismo en esta época. Ven a Jesús como un revolucionario, alguien que tiene un mensaje social para anunciar. Pero se olvidan que Cristo no vino para quitar la pobreza del mundo, para remover la injusticia existente en el mundo, o para inventar otra clase de gobierno humano. Jesucristo vino al mundo por las almas de los seres humanos, y a cambiar a la sociedad pero desde el interior, cambiando a todos los que se rinden a él.

El populacho mercenario solo buscaba algo que les llenaba físicamente. La muchedumbre mercenaria solo veía en Cristo un líder político que vino para quitarles del yugo romano. Una vez que obtuvieron lo que querían, empezaron a gritar para que lo crucificaran. Y negaban que le querían como rey, diciendo: “Cesar es nuestro rey”. Al no satisfacer sus deseos, a Jesucristo lo rechazaron.

3. El magistrado que se burló de Cristo
Pilato fue el magistrado que se burló de Jesucristo. Las personas acusaban al Señor de hacer las meras cosas que no podían hacerlas. Una vez que intentaron hacerle rey, le loaran como a un rey. Pero cuando no era el rey que esperaban que fuese, estaban listos para matarlo.

Entregaron Jesucristo a Pilato. El mismo magistrado había cometido tantos errores contra los judíos que éstos le habían amenazado que la próxima vez se quejarían a Cesar. Pilato tenía miedo de perder su posición de prestigio. Una mirada en Cristo y Pilato empezó a dudar su posición: la sencillez de su ropa, la falta de ejército que le protegiera, tampoco tenía imperio visible. Y como resultado se burlaba de Cristo al preguntarle: “¿Eres tu el rey de los judíos?” Una vez que Pilato no tenía ningún concepto del reino celestial, la apariencia de Cristo no le convencía que fuera rey. En el verso 34 (Juan 18) dijo Jesucristo a Pilato: “¿Eso lo dices tú, o es que otros te han hablado de mí?” Jesucristo conoce los corazones y dijo exactamente lo que pensaba Pilato. El verso 35 la respuesta de Pilato: “¿Acaso soy yo judío? Han sido tu propio pueblo y los jefes de los sacerdotes que te han entregado a mí ¿Qué has hecho?” Pilato ni sabía quien era o lo que había hecho Jesús. Sin embargo, el Señor le contestó diciendo: “Mi reino no es de este mundo. Si lo fuera, mismo propios guardias pelearían para impedir que me arrestaran. Pero mi reino no es de este mundo”. Los libros de historia dicen que Pilato tenía 3,000 soldados a su disposición. ¿Saben cuántos soldados tenía Jesucristo si quisiese ser un líder político? Más de 3’000,000. Jesucristo no negó que era rey, pero lo explicó que su reino no era de este mundo.

Al escuchar la afirmación de Jesucristo que su reino no es de este mundo, Pilato se burló más una vez de él según leemos en el verso 37: “’¡Así que eres rey! ¿Qué clase de rey eres?”, es la pregunta del líder romano. Así que Pilato no le pudo comprender. Es interesante la contestación de Jesucristo: “Eres tu quien dice que soy rey”. En el idioma original (griego) Jesús no niega que es rey. Y continua: “Yo para esto nací, y para esto vine al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que está de parte de la verdad escucha mi voz”. En Juan 19:1, Pilato mandó que le azotaran y enseguida le pusieron en su cabeza una corona de espinas y n manto de color púrpura. Luego empezaron a gritar: “¡Viva el rey de los judíos!” y luego le abofeteaban. Continuaban a burlarse de él y a golpearle. En el verso 19 Pilato escribió un titulo y puso en la parte superior de la cruz, todavía en tono de burla, que decía: “Jesús de Nazaret, rey de los judíos”. Lo hizo para provocar a los judíos. Éstos, por su vez fueron a Pilato e imploraron que quitase el letrero. Pero el magistrado no quiso hacerlo. Pilato también estaba equivocado al escribir el letrero pues Jesucristo era y sigue siendo rey.

Sin saber los tres grupos estaban cumpliendo las profecías en cuanto a la prisión de Jesucristo. En Hechos 2:22-23 leemos que todo lo que hicieron, por más cruel que haya sido, fue plan de Dios.

Conclusión
No podemos reconocer a Jesucristo como rey si no lo reconocemos como un Cordero. El Cordero de Dios sacrificado por los pecados del mundo. En Apocalipsis vemos a Jesucristo como el Cordero y así conquista a todos los poderíos de la maldad y del pecado. En muchos países donde hay reyes siempre les alaban diciéndoles: ¡Viva el rey! Pero nuestro rey vino para morir. Él vino como un cordero que quita los pecados del mundo.

Nuestra reacción no debe ser como el primer grupo de los mercenarios, o de los equivocados, o del magistrado que se burló de Cristo. Debemos aceptarle como dice en Filipenses 2:9-11: “Por eso Dios lo exaltó hasta lo sumo y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre, para que ante el nombre de Cristo se doble toda rodilla en el cielo y en la tierra y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor para gloria de Dios Padre”.

Preguntas para meditación y repaso:

1. ¿Cómo deber ser vivir en un país donde hay monarquía?

2. ¿Qué clase de rey era Cristo?

3. ¿Cuál fue la misión fundamental de Cristo en la tierra?

4. ¿Dónde reina Cristo?

5. ¿Por qué es que los líderes de los judíos le odiaban?

6. ¿Qué podemos deducir por la afirmación del Señor que: “Mi reino no es de este mundo”?

7. ¿Cuál debe ser nuestra reacción al hecho de que Cristo es nuestro rey?

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