¡Es un milagro!

 

Milagros acontecen cada día a personas normales, que viven vidas normales. ¿Pero, porque no se habla más de esos eventos increíbles? Quizás deciden guardar secreto a lo que es algo tan importante y privado a ellos. O quizás haya el temor de que le llamen de fanático, y no lo lleven en serio. O quizás como sociedad, hemos ultrapasado nuestra sensitividad a cosas que van más allá de nuestra comprensión y control. Cualquiera que sea el motivo por no revelar lo que muchos consideran un milagro, deberíamos reconsiderar y contar a todos. ¿Por qué? Deberíamos revelar los milagros para mantener viva la esperanza, la fe y también por mantener viva la creencia en las posibilidades.

¿Qué es precisamente un milagro? El diccionario de la Biblia lo define como un “evento en el mundo exterior que aconteció por la voluntad de Dios”. El diccionario Webster afirma que un milagro es “un evento extraordinario manifestando la intervención divina en la vida humana”.

Desde que conocemos lo que es un milagro, ¿Cuántos creen en su existencia? En una encuesta llevada a cabo en los Estados Unidos entre 2.201 adultos dice que 84% de las personas entrevistadas creen en milagros. Es interesante que mucha gente cree en milagros sin haber vivido uno. Basta con saber que aconteció a otros para que el sistema de creencia se manifieste como verdad adoptada.

Muchos han dicho que la ciencia y el supernatural no pueden coexistir. Hoy la medicina, saneamiento natural, oración y milagros se hace menos delineados y más incorporados en la cultura de la vida diaria. Aunque haya escépticos en nuestros medios, hay cada vez más enfermeras y médicos que reconocen que la divina intervención puede ser la razón porque hay muchas personas enfermas que se sanan de manera inexplicable.

Científicos han estudiado los efectos de la oración en el cuerpo humano por muchas décadas. La oración y la meditación pueden afectar el funcionamiento sicológico del cuerpo bajando el nivel de ansiedad, del latido del corazón, produciendo un sentido de bienestar. Personas que oran y meditan mejoran su salud por los beneficios positivos de desconectarse de un medio ambiente lleno de estrés.

¿Puede la oración y la meditación sanar una enfermedad? ¿Puede la oración y la meditación hacer con que ocurran milagros? Esto es algo que no se puede probar en ninguna circunstancia. Lo más cercano a una explicación es que algo haya pasado que interfiere con el probable curso de un evento.

El tema de los efectos de la oración está cada vez más popular entre los científicos, donde hacen estudios acerca del poder de la oración para sanar. Han habido estudios acerca de los efectos de la oración remota y el saneamiento. En esos estudios personas enfermas reciben oraciones de otras personas sin su conocimiento. Hay también evidencia considerable de esos estudios para apoyar la idea de que la oración remota causa una diferencia positiva. Estudios acerca de la oración han multiplicado en años recientes. Aun el Instituto Nacional de Salud está haciendo estudios acerca de la oración.

Cuando una oración muy importante es atendida, ¿podemos probar que fue un milagro? A los que han recibido los beneficios, no es necesario pruebas. Solo sabemos que fue lo que pasó. La experiencia es una de reconocimiento interno que es de una profundidad inexplicable que puede alterar la vida para siempre. Disfruto la creencia de he sido bendecido por muchos milagros durante el decorrer de mi vida. Cuando tenía 22 años intenté resucitar a mi padre quien de repente parecía haber muerto. Tras muchas tentativas en vano temía que estaba muerto. En la ultima tentativa grité por la ayuda de Dios. Entonces mi papá finalmente empezó a respirar nuevamente. Más adelante supe que sufrió una hemorragia cerebral y había parado de respirar. Recobró su salud dos meses más tarde sin cirugía.

Otra vez oré por la vida de mi mamá cuando su corazón estaba dañado después de sufrir muchos ataques cardiacos en un solo día. Pedí, imploré a Dios desesperadamente. Dicen que Dios escucha todas las oraciones. Algunas contesta negativamente. Aquel día la contestó positivamente. Ella vivió feliz por 22 años más. 

Después de la muerte de mi mamá, yo trabajaba como enfermera. Un día estaba sola en la sala de operaciones preparándome para el próximo paciente cuando de repente recuerdos de mi madre llenaron mi mente (ella también era enfermera). Oré a Dios para que me diera una señal de que mamá estaba feliz en el cielo y pedí que sanara una lesión en mi corazón como señal de que estaba contenta. La lesión era un orificio que tenía en el corazón desde mi nacimiento. Ese defecto hizo con que mi mamá y yo tuviéramos una amistad muy intima desde mi juventud. Después de mi solicitud por una señal, unos eventos extraños se pasaron. Varios colegas se me acercaron con otro enfermero con ellos diciendo que él también tenía la misma lesión en el corazón. Hasta le hice broma diciéndole que el ruido en mi corazón era más alto que el suyo. Cuando ponía el estetoscopio sobre el corazón se oía el ruido. Esta vez no fue así porque al poner el estetoscopio, por primera vez en mi vida no hubo ningún ruido. Solo escuchaba un latido normal del corazón. Mis compañeras me aconsejaron a que fuera al médico para ver lo que estaba pasando. El día siguiente un chequeo reveló que el hoyo en mi corazón ya no existía. Sabía que aquello era un milagro. Durante los próximos años, cuatro de los médicos con quien me consulté no pudieran darme una explicación por lo que pasó. Dijeran que en su opinión se trataba de un milagro. Para mi, el milagro era la señal de que mi mamá estaba feliz en el cielo.

Luego, hay el evento con Rosie, la mujer de California a quien diagnosticaron que tenía cáncer uterino que se había esparcido por su hígado y pulmones. Le dieron seis meses de vida. Un día lluvioso en que estaba presente el pintor Thomas Kinkade dando autógrafos, éste hizo una pausa para orar tras enterarse lo que pasaba con Rosie. Desde entonces, hace cuatro años que Rosie no tiene cáncer.

De los pacientes muriendo con cáncer 4.4% salen de los Hospitales Oncológicos Calvary y Memorial Sloan-Kettering cada año sin ningún vestigio de la enfermedad. Ni los médicos de los respectivos hospitales lo pueden explicar. Milagros suceden a cada día, grandes o pequeños, silenciosos o ruidosos, conocidos o desconocidos. No son necesarios estudios científicos para comprobar el poder de la oración o el poder de la mente para sanar el cuerpo. La oración es algo poderoso. Lo único que necesitamos es tener fe de que con Dios todo es posible.