El arma más poderosa del arsenal del predicador:

la oración

 

Cualquier obra tiene un gran número de actividades que pueden hacer con que el líder dedicado descuide el tiempo que debería pasar en oración.  Pero como la oración es absolutamente esencial a un ministerio efectivo, sobretodo en lo tocante a la predicación, no la podemos descuidar. Carlos Spurgeon, conocido predicador británico del pasado, dependía grandemente en el poder de la oración. Cierta vez, mientras predicaba en su iglesia un grupo de personas se reunía en el sótano y oraba mientras él predicaba. Spurgeon se refería al sótano como “central de fuerza” de la iglesia. 

Preparación, predicación y la oración

La oración quizás no la consideremos un recurso homilético, pero es ciertamente el algo de suma importancia en la predicación. La responsabilidad de la predicación la debemos conectar a la disciplina de la preparación, lo que debe incluir la oración. Los momentos que pasamos a solas con Dios los debemos considerar como uno de los recursos iguales a los comentarios y los léxicos. Desde la idea del sermón hasta su presentación, la oración personal y de grupo hacen posible que el mensaje adquiera vida propia. Indudablemente, la oración (o la falta de la misma) determinará el resultado final de la preparación y presentación del sermón. 

Oraciones y el pulpito – algunos ejemplos

“Hemos visto el Señor en acción desde el inicio”, dice un predicador estadounidense. “Atribuyo el crecimiento de nuestra iglesia a la oración”. Cuando empezó su obra en una iglesia en el norte del país, había como 300 miembros. “Hoy, tenemos un promedio de 1,200 en el culto, y vemos que más y más personas se rinden al Señor cada semana. La oración ha sido el factor más importante en todo eso”. Además del tiempo que pasa en oración, ha reclutado un grupo de miembros que empieza a orar a la medida que llegan al templo. “Le pido a Dios constantemente que me muestre lo que debo predicar a la gente; y también oramos para que el Señor abra su corazón de ellos para recibir el mensaje”.     

Otro predicador, aunque en una congregación menor, en la Carolina del Norte, afirma que es estimulante ver lo que Dios está llevando a cabo desde que se han dedicado a la oración. Cuando empezó su ministerio había tan solo cinco personas en la congregación. “La predicación en nuestra iglesia la debemos respaldar con la oración”, explica el predicador. “Me dijeron que las iglesias en esa área están declinando y que la predicación, las campañas e invitaciones ya no son efectivas en este lugar”. 

Entonces lo que hizo la iglesita fue dedicarse de lleno a la oración. “Dios se deleita con las oraciones y con la predicación de su palabra”, dijo el predicador. “Empezamos con una media docena de personas pero ahora, en un dado domingo hay unas 45 personas asistiendo al culto. La mayoría se ha entregado a Cristo en los últimos 12 meses”. 

La preparación del sermón empieza con la oración

“La preparación de la predicación empieza con oraciones”, dice el predicador. “El texto, el sermón, el Espíritu Santo, oraciones frecuentes, todo eso está conectado”. Esos elementos básicos han dado a la iglesita un nuevo empuje. Afirma el ministro: “Sabía que las personas reaccionarían de manera positiva si oráramos a Dios”.   

En cuanto a su membresía, la iglesia de Connecticut está entre las dos iglesias mencionadas. Pero su fundador da el mismo testimonio acerca del ministerio de la palabra de Dios cuando va bañada en el aceite de la oración. “Desde el inicio hasta ahora, nuestros valores principales han incluido la predicación expositiva, la enseñaza clara acerca de la salvación y del discipulado y, claro, la importancia a la oración”. Dios les ha llevado en consideración sus esfuerzos de manera grandiosa. “La iglesia se inició en mi casa en 1999. El primer año teníamos 85 miembros, 60 de los cuales eran nuevos conversos que contactamos nosotros mismos”. 

El predicador de esa iglesia reveló que el tiempo que pasa a solas orando a Dios le da “ganas insaciables de predicar con el fin de cambiar vidas”. Igual que las otras dos iglesias, esa también tuvo resultados visibles de crecimiento. “En un dado momento concluimos que no nos dedicábamos a la oración como deberíamos,” confesó el predicador. “Este año fue cuando redescubrimos el poder de la oración  relacionada a la proclamación de la palabra e Dios”.  

Esa es otra iglesia que empezó con el poder de la oración, y que ahora tiene un equipo de 14 personas que se dedican exclusivamente a orar por el ministerio de la predicación. Mientras predica, el ministro sabe que puede contar con las oraciones por él y por las personas que escuchan sus mensajes. “No se trata de un nuevo programa o de una nueva estrategia; tan solo hemos comprometido la iglesia a la Palabra y a la oración”. Más de 475 personas ahora asisten los domingos y el año en curso esperan bautizar a más de 100 personas. “He asignado un saloncito donde las personas que pueden se reúnen para orar. Durante la semana personas entran y salen, cada una con su lista de necesidades de la congregación” afirma el predicador. Y el resultado ha sido inmediato y significativo: “Recientemente, al terminar un culto 22 personas aceptaron a Cristo como su salvador; muchos de ellos asistían por primera vez”.  

Las iglesias de América Latina

Me molesta cuando visito iglesias tanto en México como en otros países y veo las reuniones de domingo muy mal asistidas. Sin que yo  mencione la asistencia pobre de domingo, el predicador casi siempre me dice:”Hermano es que muchos están fuera ésta semana”. Eso me hace sospechar que al enterarse de que yo estoy para llegar a su ciudad, los miembros planean sus vacaciones… Pero no es así, la asistencia normalmente es baja los domingos porque la predicación es débil y no viene de encuentro a las necesidades de las personas.  

Casi siempre el predicador justifica la asistencia baja del domingo diciendo que no tiene recursos para comprar literatura para repartir, o para poner anuncios en el periódico o para tener un programa de radio con el fin de promover la iglesia. Lamentablemente todos creen que todo en la iglesia se puede resolver con más dinero. A las personas no se puede convertir al Señor sin que el Creador no participe del proceso de la conversión. Ese proceso lo debemos empezar con la predicación. 

Las iglesias de los EUA que menciono se componen de seres humanos iguales a nuestros miembros, con pocos recursos financieros, pero con una gran responsabilidad de compartir con Dios la necesidad de una predicación poderosa y su lucha por más miembros. 

La comunicación intencional con Dios y con el pueblo

La necesidad de la mano de Dios estar siempre sosteniéndonos a nosotros y a los ministerios nunca ha sido más necesaria. ¡Qué encaremos la realidad! Hay muchas entidades en el mundo actual que pueden distraer a nosotros que predicamos la palabra. Pero tenemos en la oración una fuente poderosa que no está disponible al publico en general. A nuestro alcance, a la disposición de todo creyente hay un regalo de Dios prometido y bendecido que es la oración. 

Mientras manejamos la palabra de Dios, mi corazón siempre está concentrado en el pasaje que dice así: “Abre mis ojos y miraré las maravillas de tu ley”. (Salmos 119:18) Debemos también pedir a Dios para abrir el corazón de los que escuchan el mensaje. Mientras oro pido a Dios cosas como las que siguen: 

Oración por mí mismo como predicador de la palabra de Dios

  • Que Dios me limpie, me llene, me envíe y me use
  • Que mi predicación sea ungida por el Espíritu Santo, para que suceda un movimiento genuino de parte de Dios
  • Que yo pueda discernir la guía de Dios de manera correcta, clara, y que las palabras que yo diga sean elegidas por Dios
  • Que mi voz se mantenga fuerte y clara
  • Que con la ayuda de Dios, yo comunique la verdad de la mejor manera posible
 

Oración evangelística

  • Oro para que Dios atraiga personas a él
  • Oro, mencionando nombres de personas no salvas
  • Oro para que Dios remueva mi ceguera espiritual
  • Oro para que la gente tenga sed de Dios
  • Oro para que las personas entiendan las Escrituras y crean en ellas
  • Que mientras predico, el Espíritu Santo toque el intelecto, las emociones y las ganas de cada oyente, acercándole a Dios
  • Oro para que cualquiera que esté presente que necesite nacer de nuevo, crea en Cristo como su salvador y se bautice.
  • Oro para que los nuevos conversos se hagan discípulos
 

Oración por un reavivamiento

  • Oro por todas las iglesias en toda parte, para que Dios les reavive
  • Oro para que el Espíritu mueva a los cristianos a orar con ahínco
  • Oro para que los cristianos piensen más en “quienes son” que “lo que hacen”
  • Oro para que los cristianos tengan ganas insaciables de la palabra de Dios
  • Oro para que el estudio bíblico sea una prioridad a todos
  • Oro para que Dios llame a los cristianos a toda clase de ministerios
  • Oro para que Dios levante líderes de los varones de la iglesia
  • Oro para que los cristianos no tengan “algo en contra de su hermano” (Mateo 5:23-24)
  • Oro para que los cristianos no tengan en su corazón sentimientos de rencor unos por otros
  • Oro para que los cristianos sean lo mismo en privado que en público. Que sus acciones y palabras sean congruentes.
  • Oro para que los cristianos se consuman de ganas de conocer a Dios, de adorarle y de ser salvos
  • Oro para que Dios traiga arrepentimiento, limpieza y que llene con su Espíritu al cuerpo de Cristo.
 

Conclusión

La oración el recurso más poderoso que hay a la nuestra disposición.

A través de los siglos, líderes cristianos han testificado al poder de la oración sincera y específica. Reconociendo que todo ministro necesita la mano de Dios en su vida mientras prepara y predica sus mensajes, y en la luz de los testimonios presentados aquí, creo que la parte de la oración en la predicación no podemos dejar de reconocer. Un pegador de la antigüedad lo resume bien la necesidad de los predicadores de mantener la oración como prioridad: “La única preocupación de Satanás es evitar que oren los cristianos. Satanás no teme en nada a los que no oran mientras estudian, que no oran mientras trabajan, y que oran mientras predican. Satanás se ríe de nuestra labor, se burla de nuestra sabiduría, pero el mismo Satanás tiembla cuando oramos”.

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