Porque es evidente que la que ahora se llama Grecia no está habitada de modo estable hace mucho tiempo, sino que antes ha habido migraciones, y todos los pueblos abandonaban con facilidad su territorio ante la invasión de gentes cada vez más numerosas. Como no había comercio y no tenían relaciones libremente unos con otros ni por tierra ni por mar, y, por otra parte, cada pueblo cultivaba su tierra sólo en la medida indispensable para vivir de ello, y no tenía sobra de recursos ni plantaba vides y olivos, ( ...) y por último, como estimaban que en cualquier parte conseguirían la comida diaria indispensable, emigraban sin dificultad, y debido a ello no eran poderosos ni por el tamaño de sus ciudades ni por sus recursos en general. Y precisamente la tierra mejor sufrió continuamente cambios de habitantes, a saber: la que ahora se llama Tesalia y Beocia, la mayor parte del Peloponeso, excepto Arcadia, y de la restante, las regiones mejores. (...) El Ática al menos, que permanecía sin discordias desde muy antiguo por la pobreza de su suelo, la habitaron siempre los mismos hombres * (…).
Es para mí otra prueba importante de la debilidad de los antiguos, lo que sigue: antes de la guerra de Troya, es claro que Grecia no hizo nada en común; y me parece que ni siquiera recibía ella entera ese nombre, sino que antes de Helen, el hijo de Deucalión, no existía en absoluto, y asimismo, que los griegos recibían el nombre de los diferentes pueblos en que estaban divididos (el más extenso, el Pelásgico); mientras que cuando Helen y sus hijos se hicieron poderosos en la Ftiótide **  y los demás los llamaban a las otras ciudades en su auxilio, comenzaron todos a llamarse ‘helenos’ debido a estas relaciones; pero, sin embargo, no pudo este nombre imponerse en mucho tiempo en todas partes. 


Tucídides, Historia de la Guerra del Peloponeso  I, 2-3
Traducción de Francisco Rodríguez Adrados



El período que comprende el tercer, segundo y primer milenio antes de Cristo fue una época de cambios continuos y radicales para Europa. Es lo que se ha definido tradicionalmente como Edad de los Metales: del Bronce (2300–700 aC) y del Hierro (700–1 aC), que siguieron a una más imprecisa Edad del Cobre (c. 3200–2300 aC). En esta época la población en Europa comienza a trabajar los metales conscientemente. Al mismo tiempo que se da este avance tecnológico se producen cambios en las costumbres y estructuras sociales. 

La revolución agrícola supuso una explosión demográfica en la comunidad indoeuropea, que comenzó a desplazarse en sucesivas migraciones en busca de áreas fértiles para el cultivo.