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Comunicación

 
 
Capacidad para el lenguaje

La capacidad para expresarse oralmente aparece en los animales cuando el cerebro posee un determinado tamaño crítico, que oscila entre los 700 y 800 gramos. El ser humano alcanza este tamaño cerebral aproximadamente a los siete meses de edad y luego el cerebro continúa su crecimiento hasta llegar al tamaño definitivo, que varia entre 1.100 y 1.500 gramos. El estudio detallado de las cinco mil lenguas existentes en el planeta ha demostrado a científicos que el lenguaje es un sofisticado instrumento para el intercambio de información. El cerebro ha de tener, pues, un tamaño que le permita absorber, almacenar y recordar todos los elementos propios del lenguaje. Asimismo, es necesaria la existencia de una capacidad ordenadora para elaborar significados (en cierto modo, respuestas) a partir de la experiencia y los recuerdos y transformarlos más tarde en sonidos. Si analizamos el tamaño cerebral de los animales encontramos que los primates, los más semejantes al ser humano por su constitución física, poseen un cerebro de tamaño muy inferior al del hombre; aproximadamente entre los 350 y 400 gramos. Ahora bien, algunos mamíferos, como el elefante, la ballena, la marsopa, el delfín, ostentan masas cerebrales que sobrepasan con creces el tamaño crítico y superan en peso al cerebro humano. El de la ballena, concretamente, puede llegar hasta los nueve kilos y el delfín hasta los seis. Y, lo que es más importante, en estos cerebros se ha detectado la existencia de zonas silenciosas en la corteza cerebral (el neocórtex), que no aparecen en ningún otro animal a excepción del hombre. Estos animales han desarrollado también extraordinariamente esta capa, la más externa del encéfalo, donde reside el intelecto o la razón. Todo ello les coloca, al menos en teoría, muy por encima del resto de los animales en cuanto a su capacidad intelectual. Los delfines alcanzaron su actual tamaño cerebral entre hace quince y treinta millones de años, lo que vendría a ser entre una y diez veces antes que el hombre. Durante este tiempo su masa cerebral no ha sufrido cambios aparentes. Por tanto, si se tiene en cuenta que una de las leyes básicas de la biología afirma que los tejidos que han dejado de desempeñar una función se reducen o desaparecen durante el curso de la evolución, hay que suponer que estos animales tienen un alto grado de inteligencia gracias a su enorme cerebro. De no ser así, éste hubiera disminuido hasta alcanzar un tamaño más acorde con sus necesidades.


Sistemas de comunicación

Se ha descubierto la existencia de dos tipos diferentes de lenguaje en los delfines: el primero propiamente verbal, mediante la emisión de unos silbidos a través de sus espiráculos nasales. Este tiene lugar casi siempre en el agua, aunque en presencia de seres humanos pueden emitir sonidos a través del aire. El otro se basa en una serie de chasquidos que configuran un sistema de comunicación semejante al radar o sonar de un barco; los silbidos emitidos por los delfines resultan ininteligibles para el hombre debido a que su tono y su frecuencia son diez veces más altos que los de los lenguajes humanos. La solución, de cara a una hipotética comunicación entre ellos y nosotros, consistiría en que fuesen ellos los que aprendiesen nuestro lenguaje, ya que si son capaces de aminorar su frecuencia de emisión; mientras el ser humano no puede acelerar o elevar la suya. Durante las realizadas investigaciones, se intentó enseñar a los delfines algunas palabras en inglés, llegando a conseguir que imitasen gran número de sonidos.
 
Además, los investigadores han detectado un gran interés en los cetáceos por comunicarse con el hombre. Tanto que en ocasiones se ha comprobado que se enseñaban unos a otros los que habían aprendido por su cuenta. Cabe aclarar que según la investigadora a cargo: Lilly, cuenta que varios días después de haber enseñado a un delfín a emitir los sonidos correspondientes a los diez primeros números descubrió que el del tanque contiguo también sabía contar. Analizando las grabaciones nocturnas, se descubrieron en ellas verdaderas secuencias de entrenamiento sistemático. Otro dato a tener en cuenta es el hecho de la gran rapidez con que entienden el lenguaje humano y asocian las palabras a los objetos. La escritora Karen Pryor, muy interesada en el tema de los cetáceos, contaba que en cierta ocasión, mientras estudiaba a un delfín, sus gafas cayeron en la piscina. Casi sin pensarlo, exclamó: "Keiki, mis gafas". Rápidamente, el animal se sumergió, recogió los lentes y los depositó en la mano de la escritora. El segundo sistema de comunicación que poseen los delfines se basa en una especie de chasquidos que actúan de manera similar al radar ultrasónico. Según las más recientes teorías, se trata de una recreación de las características de reflexión de los objetos descritos por el animal: por ejemplo si quiere señalar la presencia de un tiburón no lo hace empleando un sonido o una palabra, sino que transmite una serie de chasquidos que corresponden al espectro de reflexión auditivo que se obtendría al proyectar sobre el tiburón las ondas acústicas. De esta capacidad nos ocupamos más adelante, al hablar del "oído" de nuestros marinos amigos.
Parece ser que esta forma de comunicación la emplean los delfines únicamente entre si. Aunque esté muy lejano el día en que el hombre pueda comunicarse con los cetáceos mediante este sistema, unos científicos americanos están estudiando la forma de adaptar los conocimientos adquiridos a través de los delfines para ayudar a los invidentes. Se trataría de conseguir unos aparatos que, aplicados a los reflejos cerebrales, permitieran a los ciegos obtener un tipo de visión semejante a la que se supone que obtienen los delfines mediante su sonar.


La inteligencia

El delfín tiene muchas facultades que hacen pensar al hombre en que éste posee alguna forma de inteligencia. Se ha intentado reunir pruebas objetivas de las verdaderas facultades intelectuales de los delfines; una de ellas es la de adaptarse exitosamente a nuevas situaciones. Por ello es que lograron poblar el 71% del planeta (es decir, todos los océanos).
Otra de sus facultades es su habilidad de comunicarse con su especie, como visto anteriormente. De hecho, el peso bruto del cerebro no constituye por si mismo un indicio; por el contrario, su peso relativo comparado al total del cuerpo representa un elemento importante. Desde este punto de vista, el índice cerebral de los delfines es netamente superior al de, por ejemplo, un chimpancé, y comparable al del humano. No sólo resulta elevado el peso relativo del cerebro de los delfines, sino que su encéfalo posee circunvoluciones muy numerosas, al igual que el nuestro; el neocórtex, sede de la inteligencia y de los comportamientos superiores, está sorprendentemente bien desarrollado.
Aclarando, que la inteligencia de los cetáceos parece ser un hecho real, a pesar de algunas observaciones que pueden inclinar a algunos científicos a mantener la opinión contraria.
 
 
 
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