Walter Benjamin.

Tesis sobre la Historia


 

 

TESIS I

Como es sabido, se dice que existía un autómata construido en forma tal que era capaz de responder a cada movimiento de un jugador de ajedrez con otro movimiento que le aseguraba el triunfo en la partida. Un muñeco vestido de turco, con la bo­quilla del narguile en la boca, estaba sen­tado ante el tablero, posado sobre una am­plia mesa. Un sistema de espejos producía la ilusión de que esta mesa era en todos los sentidos transparente. En realidad, había adentro un enano jorobado. el cual era un maestro para el ajedrez y movía la mano del muñeco mediante cordeles. Un equiva­lente de tai mecanismo puede imaginarse en la filosofía. Debe vencer siempre el mu­ñeco llamado" materialismo histórico". Puede competir, sin más con cualquiera cuando pone a su servicio a la teología, la cual hoy, como resulta notorio, es pequeña y desagradable y no debe dejarse ver por nadie.

 

 

 

 

 

TESIS II

"Una de las características más desta­cadas del temple humano -dice Lotze – ­consiste, entre tantos egoísmos en particular, en la general falta de envidia del pre­sente respecto a su futuro". La reflexión lleva a concluir que la imagen de felicidad que cultivamos se halla por completo teñi­da por el tiempo al que el curso de nuestra propia vida nos ha limitado irremisiblemen­te. Una felicidad que podría despertar nuestra envidia está sólo en el aire que he­mos respirado, entre los hombres con quie­nes hemos hablado, entre las mujeres que podrían habérsenos entregado. En otras palabras, en la idea de felicidad late inalie­nablemente la idea de salvación. En la re­presentación del pasado, que es tarea de la historia, se oculta una noción similar. El pasado contiene un índice temporal que lo remite a la salvación. Hay un secreto acuer­do entre las generaciones pasadas y la nuestra. Hemos sido esperados en la tie­rra. A nosotros, como a las generaciones que nos .precedieron, nos ha sido dada una débil fuerza mesiánica sobre la cual el pa­sado tiene un derecho. Esta exigencia no se ve satisfecha fácilmente. El materialista histórico lo sabe.

 

 

 

 

 

 

TESIS III

El cronista que numera los acontecimientos sin distinguir entre los pequeños y los grandes tiene en cuenta la verdad de que nada de lo que se ha verificado está perdido para la historia. Por cierto, sólo a la humanidad redimida le concierne enteramente su pasado. Esto quiere decir que sólo para la humanidad redimida es citable el pasado en cada uno de sus momentos. Cada uno de sus instantes vividos se convierte en una citation à l’ordre du jour: este día es precisamente el día del Juicio Final.

 

 

-

                                                                      

TESIS IV

 

Buscad primero comida y vestimenta, luego el Reino                             de Dios os llegará por sí solo.

                                                                                                                                             Hegel, 1807.

La lucha de clases, que el historiador educado en Marx tiene siempre presente, es una lucha por las cosas burdas y materiales, sin las cuales no existen las más finas y espirituales. Pero estas últimas están presentes en la lucha de clases, y no como la simple imagen de una presa destinada al vencedor. En tal lucha esas cosas se manifiestan como confianza, valentía, humor, astucia, impasibilidad, y actúan retroactivamente en la lejanía de los tiempos. Ellas pondrán en cuestión toda victoria lograda en el tiempo por los dominadores. Así como las flores se vuelven hacia el sol, de la mis­ma forma, en virtud de un heliotropismo secreto, todo lo que ha acontecido se vuelve hacia el sol que surge en el cielo de la historia. De esta transformación, menos conspicua que cualquiera otra, es la que de­be entender el materialista histórico.

 

 

 

TESIS V

La verdadera imagen del pasado pasa súbitamente. Sólo en la imagen, que relam­paguea de una vez para siempre en el ins­tante de su cognoscibilidad, se deja fijar el pasado. "La verdad no puede escapar­nos": este lema, de Gottfried Keller, se­ñala con exactitud, en la concepción his­toricista de la historia, el punto en que ésta es traspasada por el materialismo histórico. Puesto que es una imagen irrevocable del pasado, que corre el riesgo de desvanecerse para cada presente que no se reconozca en ella. (La buena nueva que el historiador del pasado trae anhelante surge de una boca que quizás ya en el momento en que se abre habla en el vacío).

 

 

TESIS VI

Articular históricamente el pasado no significa conocerlo “como verdaderamente ha sido”.[1] Significa adueñarse de un re­cuerdo tal como éste relampaguea en un instante de peligro. Para el materialismo histórico se trata de fijar la imagen del pa­sado tal como ésta se presenta de impro­viso al sujeto histórico en el momento del peligro. El peligro amenaza tanto al pa­trimonio de la tradición como a aquellos que reciben tal patrimonio. Para ambos es uno y el mismo: el peligro de ser convertidos en instrumento de la clase dominante. En cada época es preciso esforzarse por arrancar la tradición al conformismo que está a punto de avasallarla. El Mesías viene sólo como Redentor, sino también como vencedor del Anticristo. Sólo tiene derecho a encender en el pasado la chispa de la esperanza aquel historiador traspasado por la idea de que ni siquiera los muertos estarán a salvo del enemigo, si éste vence. Y este enemigo no ha dejado de vencer.

 

 

 

 

 

TESIS VII

Considerad la oscuridad y el gran frío. En este valle de lágrimas resonantes.

                                                                                                                            Brecht: La ópera de tres centavos.

                              

Al historiador que quiera revivir una época Fustel de Coulanges le recomienda que se quite de la cabeza todo lo que sabe del curso sucesivo de la historia. No se po­dría definir mejor el procedimiento median­te el cual el materialismo histórico ha roto los puentes. Es un procedimiento de com­penetración. Su origen es la negligencia del corazón, la acedía, que desespera de adueñarse de la imagen histórica auténtica, que relampaguea un instante. Los teólogos medievales la consideraban el fundamento de la tristeza. Flaubert, que la había conocido, escribió: "Peu de gens devineront combien il a fallu être triste pour ressusciter Carthague". La naturaleza de esta tristeza, se esclarece cuando se pregunta con quién se compenetra el historiador historicista. La respuesta suena inevitable: con el vencedor. Pero los amos eventuales son los herederos de todos aquéllos que han ven­cido. Por consiguiente, la compenetración con el vencedor resulta cada vez ventajosa para el amo del momento. Con lo cual se ha dicho suficiente respecto al materialis­mo histórico. Quien quiera haya conducido la victoria hasta el día de hoy, participa en el cortejo triunfal en el cual los dominadores de hoy pasan sobre aquéllos que hoy yacen en tierra. La presa, como ha sido siempre, costumbre, es arrastrada en el triunfo. Se la denomina con la expresión: patrimonio cultural. Este deberá hallar en el materialista histórico un observador dis­tante. Puesto que todo el patrimonio cultu­ral que él abarca con la mirada tiene irre­misiblemente un origen en el cual no puede pensar sin horror. Tal patrimonio debe su origen no sólo a la fatiga de los grandes genios que lo han creado, sino también a la esclavitud sin nombre de sus contempo­ráneos. No existe documento de cultura que no sea a la vez documento de barbarie. Y puesto que el documento de cultura no es en sí inmune a la barbarie, no lo es tam­poco el proceso de la tradición, a través del cual se pasa de lo uno a lo otro. Por lo tanto, el materialista histórico se distancia en la medida de lo posible. Considera que su misión es la de pasar por la historia el cepillo a contrapelo.

 

 

 

TESIS VIII

 La tradición de los oprimidos nos enseña entretanto que el "estado de emergencia" en que vivimos es la regla. Debemos llegar a un concepto de historia que resulte coherente con ello. Se nos planteará entonces como tarea la creación del verdadero estado de emergencia, y esto mejorará nuestra posición en la lucha contra el fascismo. La fortuna de éste proviene desde hace bastante del hecho de que sus adversarios lo combaten en nombre del progreso como ley histórica. El estupor porque las cosas que vivimos sean "aún" posibles en el siglo veinte no es nada filosófico. No es el comienzo de ningún conocimiento, salvo del de que la idea de la historia de la cual proviene carece ya de vigencia.

 

 

 

                                                                                        

 

TESIS IX

Mi ala está pronta al vuelo,

                                                                                                                       vuelvo voluntariamente atrás,

                                                                                                                       pues si me quedase tiempo para vivir,

                                                                                                                       tendría poca fortuna.

 

                                                                                                              Gerhard Scholem: Saludo del Angelus.

 

Hay un cuadro de Klee que se titula Angelus Novus. Se ve en él un ángel al parecer en el momento de alejarse de algo sobre lo cual clava la mirada. Tiene los ojos desencajados, la boca abierta y las alas tendidas. El ángel de la historia debe tener ese aspecto. Su cara está vuelta hacia el pasado. En lo que para nosotros aparece como una cadena de acontecimientos, él ve una catástrofe única, que acumula sin cesar ruina sobre ruina y se las arroja a sus pies. El ángel quisiera detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo despedazado. Pero una tormenta desciende del Paraíso y se arremolina en sus alas y es tan fuerte que el ángel no puede plegar­Las.  Esta tempestad lo arrastra irresistible­mente hacia el futuro, al cual vuelve las espaldas, mientras el cúmulo de ruinas sube ante él hacia el cielo. Tal tempestad es lo que llamamos progreso.

 

 

 

 

TESIS X

 Los temas de meditación que la regla conventual proponía a los hermanos tenían por objeto alejarlos del mundo y sus agita­ciones. El pensamiento que desarrollamos aquí surge de una determinación análoga. En un momento en que los políticos, en que los adversarios del fascismo habían confiado, yacen por tierra y rematan la de­rrota con la traición de su causa, este pen­samiento se propone liberar al infante po­lítico mundial de las redes en que lo han envuelto. Las consideraciones surgen del hecho de que la ciega fe en el progreso de aquellos políticos, su confianza en su "base de masa" y, en fin. su servil inserción en un aparato incontrolable no eran más que tres aspectos de la misma cosa. Estas consideraciones procuran dar una idea respec­to a cuánto debe costar a nuestro pen­samiento habitual una concepción de la historia que evite toda complicidad con aquélla a la que los políticos continúan ate­niéndose.

 

 

 

 

 

TESIS XI

 El conformismo, que desde el principio ha hallado su comodidad en la socialdemo­cracia, no se refiere sólo a sus tácticas polí­ticas, sino también a sus ideas económicas. Esta es una de las razones de su ulterior fracaso. Nada ha corrompido tanto a la clase trabajadora alemana como la idea de nadar a favor de la corriente. El desarrollo técnico era el sentido de la corriente con el cual creía estar nadando. A partir de ello no había más que dar un paso para caer en la ilusión de que el trabajo en las fábricas, por hallarse en la dirección del progreso técnico, constituía de por sí una acción po­lítica. La antigua moral protestante del tra­bajo celebraba su resurrección en forma secularizada entre los obreros alemanes. En el programa de Gotha se notan ya se­ñales de esta confusión. Dicho programa define el trabajo como "fuente de toda ri­queza y de toda cultura". Alarmado. Marx respondió que el hombre que no posee otra propiedad que su fuerza-trabajo "no puede no ser esclavo de otros hombres que se han convertido... en propietarios". No obstante, la confusión continúa difundién­dose y poco después Josef Dietzgen pro­clama: "El trabajo es el mesías del tiempo nuevo. En el . . . mejoramiento... del tra­bajo. . . reside la riqueza. que podrá hacer lo que ningún redentor ha logrado". Esta idea respecto a la naturaleza del trabajo, característica del marxismo vulgar, no se detiene demasiado en el problema del efec­to que el producto del trabajo ejerce sobre los trabajadores mientras éstos no pueden disponer de él. Tal concepción no quiere ver más que los progresos del dominio so­bre la naturaleza y se desentiende de los retrocesos de la sociedad. Así muestra los rasgos tecnocráticos que aparecerán poste­riormente en el fascismo. Entre ellos se cuenta incluso un concepto de la naturaleza que se aleja funestamente del de las uto­pías socialistas anteriores a la revolución de 1848. El trabajo, tal como es concebido ahora, se resuelve en la explotación de la naturaleza, explotación que es opuesta con ingenua satisfacción a la del proletariado.  Comparados con esta concepción positiva, los fantaseos por los que tanto se ha ridiculizado a Fourier revelan un sentido maravillosamente sano. Para Fourier el tra­bajo social bien ordenado habría tenido como consecuencia que cuatro lunas ilumi­nasen la noche terrestre, que el hielo se retirase de los polos, que el agua del mar no fuese más salada y que los animales fe­roces se pusiesen al servicio de los hom­bres. Todo ello pone de manifiesto un tra­bajo que, lejos de explotar a la naturaleza, está en condiciones de aliviarla de las cria­turas que duermen latentes en su seno. Al concepto corrupto del trabajo corresponde como complemento adecuado una naturaleza que, como lo dijo Dietzgen, "existe gratis".

 

 

 

                                                                 

TESIS XII

Necesitamos la historia,  pero la necesitamos no                                    como el holgazán malcriado en los jardines del saber.

                                                                              Nietzsche: Sobre las venta­jas e inconvenientes de la historia.

 

 

El sujeto del conocimiento histórico es la misma clase oprimida que combate. En Marx aparece como la última clase escla­va, como la clase vengadora. que lleva a su fin la obra de liberación en nombre de las generaciones de vencidos. Esta con­ciencia, que ha vuelto a afirmarse durante breve tiempo en el movimiento "Sparta­cus", ha sido siempre desagradable para la socialdemocracia. En el curso de treinta años la socialdemocracia ha logrado apa­gar casi completamente el nombre de un Blanqui, que con su timbre metálico hacía temblar al siglo precedente. La socialde­mocracia se complacía en asignar a la cla­se trabajadora el papel de redentora de las generaciones futuras, y así cortaba el ner­vio principal de su fuerza. En esta escuela la clase desaprendió tanto el odio como la voluntad de sacrificio. Pues ambos se nutren de la imagen de los antepasados oprimidos y no del ideal de los descendientes libres.

 

 

 

 

 

TESIS XIII

                                                                  ¿Acaso cada día nuestra tarea no es más clara y el                                                                                                pueblo más sabio?

                                                                                              Wilhelm Dietzgens La religión de la socialdemocracia.

 

 

La teoría de la socialdemocracia -y aun más su praxis- estaba determinada por un concepto de progreso que no se atenía a la realidad, sino que se fundamentaba en una instancia dogmática. Tal como se delineaba en el pensamiento de los socialdemócratas, el progreso era sobre todo un progreso de la humanidad misma (y no só­lo de sus capacidades y conocimientos). En segundo término, era un progreso sin fin (en correspondencia con una perfecti­bilidad infinita de la humanidad). En tercer lugar, era esencialmente incesante (ca­paz de recorrer espontáneamente una línea recta o espiral). Cada uno de tales predicados es controvertible Y a partir de ellos podría iniciar su tarea la crítica. Pero la crítica -si se desea ejercerla con seriedad debe ir más allá de estos predicados y buscar algo común a todos ellos. La concepción de un progreso del género humano en la historia es inseparable de la concepción del progreso de la historia misma como si recorriese un tiempo homogéneo y vacío. La crítica de la idea de este proceso debe constituir la base de la crítica de la idea del progreso como tal.

 

 

 

                                                                                       

TESIS XIV

El origen es la meta.

                                                                                                                             Karl Kraus: Palabras en versos I

 

 

La historia es objeto de una construcción cuyo lugar no es el tiempo homogéneo y vacío, sino el "tiempo-actual",[2] que es lleno. Así para Robespierre la antigua Ro­ma era un pasado cargado de "tiempo ac­tual" que él hacía brotar del continuum de la historia. La Revolución Francesa era en­tendida como una Roma restaurada. La Revolución repetía a la antigua Roma tal como la moda a veces resucita una vesti­menta de otros tiempos. La moda tiene el sentido de lo actual dondequiera que sea que lo actual viva en la selva del pasado. La moda es un salto de tigre al pasado. Pero este salto se produce en un terreno donde manda la clase dominante. El mis­mo salto, bajo el cielo libre de la historia, es el salto dialéctico, en el sentido en que Marx comprendió la revolución.

 

 

 

 

TESIS XV

La conciencia de hacer saltar el conti­nuum de la historia es propia de las clases revolucionarias en el instante de su acción. La gran revolución ha introducido un nue­vo calendario. El día en que un calendario comienza oficia como acelerador histórico. y es en el fondo el mismo día el que vuel­ve siempre bajo la forma de días festivos. que son los días del recuerdo. Los calenda­rios no miden el tiempo como relojes. Son monumentos de una conciencia histórica de tiempo como relojes. Son monumentos de una conciencia histórica de la cual en Eu­ropa, desde hace cien años, parecen ha­berse perdido los rastros. Aun durante la Revolución de Julio se registró un episo­dio en el cual se afirmó dicha conciencia Cuando cayó la noche de la primera jornada de batalla aconteció que en muchos lugares de París, independientemente y al mismo tiempo, se disparó contra los relojes de las torres. Un testigo ocular que debe acaso su adivinación a la rima, escribió entonces: .

 

Qui le croirait! On dit, qu’irrités contre l'heure

De nouveaux Josués au pied de chaque tour.

Tiraient sur les cadrans pour arrêter le jour.

 

 

 

TESIS XVI

El materialista histórico no puede renunciar al concepto de un presente que no es tránsito sino que es inmóvil y se halla en equilibrio en el tiempo, puesto que dicho concepto define con precisión el presente en el cual él por su cuenta escribe historia. El historicismo postula una imagen “eterna” del pasado, el materialista histórico una experiencia única como éste. Deja que los otros agoten sus fuerzas en el burdel del historicismo con la meretriz "había una vez". El permanece dueño de sus fuerzas: hombre suficiente para hacer saltar el continuum de la historia.

 

 

 

 

 

TESIS XVII

El historicismo culmina justamente en la historia universal. Desde el punto de vista metódico, la historiografía materialista se diferencia de la historia universal tal vez más netamente que de ninguna otra. La historia universal carece de estructura teorética. Su procedimiento es el de la adición: proporciona una masa de hechos para lle­nar el tiempo homogéneo y vacío. En cam­bio, en el fundamento de la historiografía materialista hay un principio constructivo. Al pensamiento no pertenece sólo el mo­vimiento de las ideas, sino también la de­tención de éstas. Cuando el pensamiento se detiene de golpe en una constelación carga­da de tensiones, le imparte un golpe por el cual la constelación se cristaliza en una mónada. El materialista histórico afronta un objeto histórico única y solamente cuan­do éste se le presenta como mónada. En dicha estructura reconoce el signo de una detención mesiánica del acaecer o, dicho de otra forma, de una chance revoluciona­ria en la lucha por el pasado oprimido. La toma para hacer saltar una época determi­nada del curso de la historia, así como pa­ra hacer saltar una determinada vida de la época o una determinada obra de la obra general. El resultado de su procedimiento reside en que en la obra se halla conserva­da y suprimida la obra general, en la obra general la época y en la época el entero curso de la historia. El fruto nutricio de lo históricamente comprendido tiene en su interior el tiempo, como semilla preciosa pe­ro carente de sabor.

 

 

 

TESIS XVIII

"Los escasos cinco decenios del homo sapiens -dice uno de los más modernos biólogos- representan, en relación con: la historia de la vida orgánica sobre la tierra, unos dos segundos en el curso de una jor­nada de veinticuatro horas. Llevada a esta escala, la historia de la humanidad civili­zada ocuparía un quinto del último segun­do de la última hora". El "tiempo actual", que como modelo del tiempo mesiánico re­sume en una grandiosa abreviación la his­toria entera de la humanidad, coincide exactamente con la parte que la historia de la humanidad ocupa en el universo.

 

 

 

 

 

A

El historicismo se contenta con estable­cer un nexo causal entre los diversos mo­mentos de la historia. Pero ningún hecho es histórico por ser causa. Llegará a serlo sólo después, póstumamente, tras hechos que pueden ser divididos por milenios. El historiador que parte de esta comprobación no permite ya que la sucesión de los hechos le corra entre los dedos como un rosario. Toma la constelación en la que ha entrado su propia época con una época anterior perfectamente determinada, y funda así un concepto del presente como "tiempo-ac­tual", en el que están dispersas astillas del tiempo mesiánico.

 

 

B

Los adivinos no consideraban el tiempo, ciertamente, como homogéneo ni vacío; trataban de extraer lo que se oculta en su seno. Quien tenga presente esto puede qui­zás llegar a hacerse una idea de la forma en que el pasado era aprehendido en la memoria, es decir, en sí misma. Se sabe que a los judíos les estaba prohibido investigar el futuro. En cambio, la Thora y la plegaria les instruían en cuanto a la memoria. Esto los liberaba de la fascinación del futuro, a la que sucumben aquéllos que buscan información en los adivinos. A pesar de esto, el futuro no se convirtió para los judíos en un tiempo homogéneo y vacío. Porque en dicho futuro cada segundo era la pequeña puerta por la que podía entrar el Mesías.



[1] Frase de la definición sobre la misión del historiador de Leopold von Ranke. (N. del T.)

[2] En el original alemán: "Jetztzeit", literalmente: "ahora-tiempo". (N. del T.)