Los goliardos

 

Los poetas que cultivaron este género de poesía fueron denominados goliardos (goliardi) y clérigos vagantes (clerici vagantes). Esta segunda denominación tiene un claro origen: tales poetas eran, por lo general, o bien estudiantes que constantemente se trasladaban de una escuela a otra, ya que ello ocurre en los momentos en que se organizan las grandes universidades europeas, y que, faltos de recursos, no raramente se ganaban el sustento ejerciendo actividades más o menos juglarescas, o bien clérigos sin beneficio o monjes exclaustrados entregados a la vida errabunda e irregular. De ahí las abundantes menciones que se encuentran en autores graves y en disposiciones conciliares contra este género de gente, a los que cubren de maldiciones y de epítetos viles.

La denominación de goliardo es más difícil de explicar. Parece provenir de la costumbre de considerar al gigante Goliat como símbolo del diablo, al paso que David lo era de Cristo; aunque no es de desechar la posibilidad de que la palabra derive de gula, por la glotonería y sobre todo afición al vino que revelan varios de estos poetas. Lo cierto es que ellos mismos se aplicaban el nombre de goliardos y que incluso llegaban a afirmar, socarronamente, que pertenecían a la "orden goliárdica", ficción que no debe tomarse al pie de la letra.

Sin embargo, no todos los cultivadores de este género de poesía fueron gente de semejante jaez. Altas dignidades eclesiásticas, figuras destacadas en la cultura de la época, dedicaron momentos de su vida a la musa goliárdica, como el canónigo Gautier de Lille, o de Châtillon, el canciller Felipe, el gramático Matthieu de Vendôme, el arcediano Pierre de Blois, etc.

Algunos de los numerosos cancioneros en los que se ha conservado la poesía goliárdica revelan la existencia de focos en los que con más intensidad se cultivó este género. Mencionemos la colección denominada Carmina Catabrigensia, en la que se incluyen poesías escritas principalmente en el valle del Rin en el siglo XI, el rico cancionero llamado Carmina Burana, con poesías escritas principalmente en Alemania y, en menor proporción, en Francia e Inglaterra; la colección de poemas escritos alrededor del monasterio de Ripoll (Cataluña) en el siglo XII, etc.

Temas de la poesía goliárdica  

Como es de suponer, dada la condición especial de sus autores, en las poesías goliárdicas se halla con extraordinaria frecuencia una actitud decisivamente hostil a las altas autoridades eclesiásticas, desde el Papa y los obispos, a la corte pontificia y al clero y monacato. El anticlericarismo de esta poesía va de la reflexión moral elegíaca, en la que se lamenta la decadencia y envilecimiento eclesiástico que el autor cree ver en su época, en oposición a tiempos mejores, hasta la sátira más descarnada y mordaz, escrita pra provocar la risa gruesa, en la que caben toda suerte de obscenidades y en la que chispea constantemente el juego de palabras y el cómico equívoco al estilo de Curia Romana non querit oves sine lana ("La corte romana no busca las ovejas sin lana"). Esta actitud, incluso en sus manifestaciones más irrespetuosas, no supone en modo alguno incredulidad, herejía o discrepancia dogmática con la Iglesia; es, simplemente, un anticlericalismo incoformista, que frente a los abusos de los poderes eclesiásticos o la política de la Iglesia levanta el lamento o la burla.

No hay que olvidar que los autores de las poesías goliárdicas son por lo general clérigos o aspirantes a las órdenes religiosas. Los textos bíblicos y las fórmulas del culto y de la liturgia les son familiares en grado sumo y de ahí que los retuerzan parodísticamente en busca de recursos de expresión cómicos y malintencionados. Las fórmulas o palabras iniciales de los Evangelios, de decretos papales, de himnos litúrgicos, las expresiones del ordinario de la misa aparecen a cada paso en las poesías goliárdicas en irrespetuosa transformación (per omnia pocula; introibo ad altare Bachi; Beati qui habitant in taberna tua, etc). Ello constituye uno de los rasgos estilísticos más constantes y típicos de los goliardos.

La autobiografía del clérigo vagante es un tema algunas veces desarrollado con gracia e incluso dramatismo. Una de las muestras más notables es la del Archipoeta de Colonia, en la que al lado de estrofas llenas de un amargo y turbador espíritu juvenil va desarrollando las dulces debilidades del goliardo, víctima completamente resignada del amor y del vino:

Res est arduissima   vincere naturam,
in aspectu virginis   mentem esse puram;
iuvenes non possumus   legem sequi duram
leviumque corporum   non habere curam.

Meum est propositum   in taberna mori,
ut sint vina proxima   morientis ori;
tunc cantabunt letius   angelorum chori:
"Sit Deus propitius   huic potatori."

["Es cosa muy difícil dominar la naturaleza y que a la vista de una doncella la mente permanezca pura; los jóvenes no podemos seguir una ley tan dura y no prestar cuidado a tan tiernos cuerpos. Es mi propósito morir en la taberna para que los vinos estén cerca de la boca del agonizante; entonces cantarán alegremente los coros de los ángeles: -Que Dios sea propicio a este bebedor."] Adviértase la parodia evangélica del último verso, donde potatori sustituye a peccatori.

El vino constituye uno de los temas favoritos de los goliardos. Su poesía, fundamentalmente báquica y tabernaria, al acercarse a este tema exulta de alegría y de optimismo, se derrama en torrentes de gracia, de ingenio y adquiere una exuberante locuacidad. En este sentido los goliardos nos han legado veraderas obras maestras y han escrito las mejores y más sinceras poesías que han sido dedicadas al vino. Una famosísima canción que con toda gravedad empieza:

In taberna quando sumus,
non curamus quid sit humus,
sed ad ludum properamus,
cui semper insudamus. 

["Cuando estamos en la taberna no nos preocupamos de lo terrestre sino que nos precipitamos al juego, en lo que siempre nos afanamos"]; tras enumerar los brindis que los borrachos dedican a todos los estamentos sociales, caracterizados con epigramática sal, acaba con esta desbordante letanía de bebedores:

Bibit hera, bibit herus,
bibit miles, bibit clerus,
bibit ille, bibit illa,
bibit servus cum ancilla,
bibit velox, bibit piger,
bibit albus, bibit niger,
bibit constans, bibit vagus,
bibit rudis, bibit magus,
Bibit pauper et aegrotus,
bibit exul et ignotus,
bibit puer, bibit canus,
bibit praesul et decanus,
bibit soror, bibit frater,
bibit anus, bibit mater,
bibit ista, bibit ille,
bibunt centum, bibunt mille.

["Bebe la señora, bebe el señor, bebe el caballero, bebe el clérigo, bebe aquél, bebe aquélla, bebe el siervo con la criada, bebe el animoso, bebe el perezoso, bebe el blanco, bebe el negro, bebe el constante, bebe el voluble, bebe el ignorante, bebe el sabio, bebe el pobre y el enfermo, bebe el desterrado y el desconocido, bebe el niño, bebe el viejo, bebe el obispo y el decano, bebe la hermana, bebe el hermano, bebe la vieja, bebe la madre, bebe ésta, bebe éste, beben cien, beben mil."]

 El himno marial Verbum bonum et suave es trasladado en un constante juego de ingenio, despreocupado e irreverente, a himno tabernario con un ritmo alegre y rápido, propio para ser entonado alrededor de una mesa de estudiantes bien provista de botellas.

El tema inocuo, descargado de toda intención, pero que se presta a la risa y al canto coreado por alegres pandillas de estudiantes, aparece también en la poesía goliárdica. Un ejemplo divertido, y al mismo tiempo buena muestra de poesía fácil y bien construida, es el planto o lamento puesto en boca de un pato asado, cuando está a punto de ser servido a la mesa:


Olim lacus colueram,
olim pulcher extiteram,
dum cignus ego fueram.
Miser, miser!
modo niger
et ustus fortiter!...
Eram nive candidior,
quavis ave formosior;
modo sum corvo nigrior.
Miser...
nunc in scutella iaceo
et volitare nequeo
dentes fredentes video
miser, miser!
modo niger
et ustus fortiter!

["En otro tiempo vivía en los lagos, en otro tiempo lucía mi belleza mientras fui cisne. ¡Desdichado, desdichado, qué negro y asado estoy ahora! Era más blanco que la nieve y no existía otra ave más hermosa; ahora soy más negro que el cuervo. ¡Dedichado!.. Ahora yazgo en la bandeja y no puedo volar; veo dientes devoradores. ¡Desdichado...!"]

El amor ocupa un lugar importantísimo en la poesía goliárdica. Desde la más delicada ternura, acompañada a veces de suspiros y llantos del enamorado, hasta la más obscena alusicón coreada por las carcajadas y por el júbilo, el amor reviste toda suerte de modalidades en los versos de estos despreocupados clérigos y vagantes, que mezclan referencias bíblicas y mitológicas. La poesía amorosa de actitud no deshonesta lleva consigo en algunas composiciones goliárdicas la descripción de la naturaleza, o sea el teatro en el que se desarrolla la escena o la evocación. Algunas poesías de los goliardos son magníficas desde este punto de vista y revelan no tan sólo un bien asimilado conocimiento de la poesía latina clásica sino también un claro paralelismo con la poesía culta en lengua vulgar, principalmente la trovadoresca. El anónimo enamorado de Ripoll inicia así una de sus canciones:

Aprilis tempore, quo nemus frondibus
et pratum roseis ornatur floribus,
inventus tener fervet amoribus.
Fervet amoribus inventus tenera,
pie cum concinit omnis avicula
et cantat dulciter silvestris merula.

["En el tiempo de abril, cuando el bosque se adorna de hojas y los prados de flores rosadas, la tierna juventud hierve de amores. Hierve de amores la juventud tierna y todas las avecillas hacen un pío concierto y dulcemente canta el mirlo salvaje."]

 En este estilo hallamos las poesías llamadas "invitaciones a la amiga", en las cuales el poeta en plena naturaleza intenta convencer a una doncella de que acepte su amor. Es notable la que empieza con el verso Iam, dulcis amica, venite ("Ven ahora, dulce amiga"). Como es lógico, de esta escena se pasa fácilmente a la pastorela, enre las que destaca la de Gautier de Lille, o de Châtillon, que empieza Sole regente lora, en la que aparecen todos los elementos importantes de este género en las literaturas vulgares y en la que el vivo diálogo entre el caballero y la doncella guardadora de ovejas, culto y natural al mismo tiempo, recuerda las serranillas del marqués de Santillana.

Constituye, pues, la poesía de los goliardos un fenómeno complejo y lleno de matices y de intenciones. Surge en un ambiente en el que se unen la refinada cultura y la alegre despreocupación con unas intenciones meramente literarias, de regocijo y de burla. El repertorio de los temas es extraordinariamente variado, pues va desde la obscenidad y la irreverencia hasta la sana alegría y el tierno sentimiento de la naturaleza. Todo ello siempre salpicado de una aguda gracia estudiantil y de juegos de palabras cultos y con frecuencia pedantes, que el no iniciado no puede captar. En el fondo, en la poesía de los goliardos hay siempre cierto orgullo de superioridad intelectual y no raramente una exhibición de virtuosismo en el lenguaje, en la frase y en la versificación. Hay orgullo de clase en muchos de sus versos, en los que se habla con desprecio de los laicos, incapaces de gustar de los placeres que están reservados para ellos solos, como se advierte en la siguiente estrofa de un himno a la primavera:

Litteratos convocat
decus virginale;
laicorum excrat
pectus bestiale.

["La hermosura virginal atrae a los literatos y rechaza el pecho bestial de los laicos."]