Fragmento de "La sombra del ciprés es alargada"

El espacio y el tiempo en la novela

En Los santos inocentes la oposición mundo rural/mundo urbano se convierte en oposición espacio abierto/espacio cerrado. El primero representa la autenticidad del ser humano, mientras con los espacios cerrados se asocian la falsedad y la hipocresía social (discusión de René e Iván, engaño de Purita…).

No existe una concreción geográfica del lugar en que se sitúa la acción, lo relevante es que ese espacio representa la España de los latifundios, de los señoritos ociosos que  viven a cuenta de una tierra que no trabajan y en el que pervive un régimen semifeudal y patriarcal que convierte al amo en señor absoluto de los bienes materiales y los hombres. El espacio es pues la excusa para describir la organización social de un latifundio, de ahí la precisión en la descripción de las casas.

Existen dos cortijos: el de la Jara, donde vivía Azarías, y el de la Marquesa, definido como un conjunto de construcciones en torno a una explanada, el corralón. Se mencionan tres casas en el cortijo de la Marquesa: la casa junto a la verja, pequeña, hace las veces de portería y es la vivienda de la familia de Paco. La casa de Arriba, donde moran don Pedro y doña Purita y la Casa Grande, que solo se ocupa cuando se celebran festejos de cierta importancia (grandes cacerías, visitas de la Marquesa, comunión del hijo de Iván). Cabe añadir la casa en la Raya, una choza en la que habitan los sirvientes destinados a vigilar los límites de la finca, descrita de forma muy bucólica.

El campo tiene escasa importancia, apenas se alude a las labores agrícolas, frente a la naturaleza, donde se desarrolla la caza.

En cuanto al tiempo cabe aludir al “tiempo físico”, que se precisa particularmente por las referencias al Concilio Vaticano II, cuyas sesiones tuvieron lugar entre 1962 y 1965. El señorito Iván cuenta con treinta y pocos años cuando suceden los hechos y Azarías cumplirá sesenta y un años. Cabe hablar también del “tiempo de la narración”, que evidencia que a Delibes le interesa acentuar la intemporalidad de los hechos para subrayar la denuncia: utiliza el p. imperfecto para narrar hechos habituales o describir, y el presente predomina en los diálogos. En los cuatro primeros libros el ritmo es más lento y los personajes parecen vivir en un tiempo detenido en el que los mismos actos se repiten cíclicamente, mientras que en los dos últimos la acción se acelera hasta la venganza final, y la narración presenta menos rupturas temporales. En el libro V se combinan escenas singulares con elipsis temporales, que marcan el ir y venir del ánimo de Iván entre la impotencia y la prepotencia, mientras que en el VI dominan las escenas singulares, acordes con el creciente dramatismo del relato.

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