Formar la voluntad en los hijos

Autor: Pedro Castañera
www.es.catholic.net

Formar la voluntad en los hijos
Es la fuerza que nos lleva a hacer algo que nos hemos propuesto; querer y buscar siempre el bien.

Donde falta la voluntad, no hay hombre. Con la voluntad se llega a la plena posesión de sí mismo, al dominio de las pasiones, a la plena liberación de las malsanas influencias exteriores. La voluntad hace al hombre libre.

Sin una firme voluntad, el hombre tiende a ser como un animal, presa de sus instintos y pasiones y sin un motor que lo lleve a lograr sus objetivos en la vida, sorteando los obstáculos y adversidades que se le antepongan.

Sin la voluntad, no hay virtudes. El éxito humano y espiritual depende de la voluntad. Los beneficios de la gracia, las demás cualidades humanas quedan gravemente comprometidas si falta el sostén de la voluntad. Un hombre sin ideal es un pobre hombre y un ideal sin formación de la voluntad es una utopía.

Si analizamos la causa de casi todas nuestras adversidades y desgracias, encontraremos que en un momento dado, al final o muy al principio, fue la debilidad de nuestra voluntad lo que nos llevó o por lo menos ayudó a que nos encontráramos en esa situación adversa. La pérdida de un empleo, la pena de un hijo drogadicto, una crisis conyugal por causa de una infidelidad, una muerte prematura por falta de cuidado en nuestras costumbres, etc.

Apatía, pereza, desidia, indolencia, morosidad, son otros tantos nombres y actitudes para designar este fondo de universal pereza que es a la naturaleza humana lo que la gravedad a la materia, una fuerza invisible pero siempre presente que nos lleva a lo mundano, lo fácil, lo sensual.

¿QUÉ ES LA VOLUNTAD?

La voluntad es la potencia del alma que nos mueve a hacer o no una cosa. Es una fuerza interna, personal, que tenemos para conseguir lo que queremos. Un querer firme y constante que nos lleva a hacer algo que nos hemos propuesto.


FORMACIÓN Y EDUCACIÓN DE LA VOLUNTAD

La voluntad debe educarse siguiendo dos sentidos en especial:

1. El querer con efectividad, es decir el que el impulso de la voluntad no se quede en un simple "yo quisiera" sin que se convierta en una acción real y continua.

2. El querer aquello que es realmente nuestro bien, es decir que nos esforcemos por conseguir lo que es provechoso y rechacemos lo que es malo. Disposición de buen ejemplo. Lo que la inteligencia iluminada por la fe dicta. Su puente es el amor.

¡Qué fácil sería si a nuestros hijos siempre les pareciera agradable lo que tienen que hacer! En muchas ocasiones encontramos que sus gustos, inclinaciones y sentimientos, no van en la misma dirección que sus deberes y obligaciones y por este motivo los conflictos se presentan a cada momento. Por esto es tan importante la educación de la voluntad.

La educación de la voluntad comienza desde los primeros días de la vida. Cuando las primeras necesidades del niño, como darle su alimento, dormirlo, asearlo, etc. van siendo satisfechas en orden y a sus horas determinadas, se forman hábitos que ahorran muchos problemas posteriores.

Más tarde, al interesarnos por sus tareas escolares, insistir en que tengan una hora fija para hacerlas, que terminen algún trabajo que empezaron, que guarden sus cosas en el lugar apropiado y en general, que tengan y cumplan responsabilidades que se les han asignado de acuerdo a su edad, estamos formando y fortaleciendo su voluntad.


CONCEPTOS BÁSICOS Y PRÁCTICOS

La formación de hábitos. Ofrece más dificultades cuando los niños son pequeños y actúan más por instinto que por razón; posteriormente requiere de un ambiente de orden, de trabajo y de esfuerzo que no se rompe por cualquier pretexto, pero siempre dentro de un entorno de cariño que lo haga diferente a una disciplina militar.

Los estímulos. Juegan un papel muy importante en el fortalecimiento de la voluntad. Todos necesitamos de ellos, sin embargo debemos tener presente que al emplear determinado tipo de estímulo, estamos también creando una escala de valores correcta o equivocada.

En la primera infancia, los estímulos son puramente materiales (un dulce, un juguete, dinero), pero es muy importante que al crecer el niño los estímulos también evolucionen hacia otros motivos más altos, como a sentir la satisfacción del deber cumplido, el valor del trabajo como un servicio a los demás, una simple palabra de aprecio, etc. De esta forma, la escala de valores se definirá correctamente. Educa al niño fortaleciendo su voluntad

El ejemplo y testimonio de los padres. Juega un papel muy importante también, ya que a través de él, los hijos pueden aprender el amor al trabajo bien hecho, el desprecio por la vida fácil y cómoda, acostumbrarse a sortear las dificultades, el valor del sacrificio, y la alegría de una meta alcanzada.

El dominio de los instintos. Es un punto muy importante en la formación y ejercicio de la voluntad. Los hijos deben entender que aquel que es dominado por los instintos se envilece, se reduce al nivel del animal:

a) La vista. Educar al joven para que controle sus miradas, para que evite ver programas de TV indignos e irrespetuosos que atentan contra el pudor, la moral, y la vida humana. Decir un NO terminante a la pornografía.

b) El tacto. Educar a los niños y jóvenes a evitar la costumbre de "dar al cuerpo lo que pida”, la cama es sólo para dormir en la noche, la medicina para curarnos de alguna enfermedad y no para evitar cualquier molestia por pequeña que sea. (aspirina, tylenol), levantarnos al momento que suene el despertador, tener un horario sencillo pero claro de nuestras actividades y responsabilidades.

c) El gusto. Se come por necesidad, no por gusto. Se come por la boca, no por los ojos. Disciplinarnos a no comer entre comidas, controlar la gula (comer por gusto sin tener hambre). Enseñarnos a comer de todo. Ser pacientes y esperar con llegada del alimento. Bendecir los alimentos y comer todos juntos en familia, agradeciendo al Señor su Providencia.

El dominio y encauzamiento de los sentimientos. Es otro punto muy importante en esta labor, donde debemos enseñar a que el tímido se exprese, el impetuoso se frene, el eufórico se modere, el pesimista se sensibilice. El dominio se enseña dominándose (sin gritos, violencia, llanto etc.):

a) Querer y buscar siempre el bien. Fomentar en los hijos la caridad y el espíritu de servicio. Querer alcanzar cumbres altas, heroicas, santas, por amor. Buscar el bien de los demás por encima del propio.

b) Formar en la voluntad implica formar en la renuncia. Querer un bien supone renunciar a otro. Renunciar al capricho por el deber. Renunciar a mis propios planes por los de la familia. Renunciar al cansancio y al pesimismo por la exigencia y el ejemplo. Renunciar a las comodidades por la austeridad. Renunciar a lo que obstaculiza la razón.

c) Ser firme y no retractarse fácilmente de los acuerdos tomados. "Obra comenzada, obra terminada". No dejar para mañana lo que se puede hacer hoy.

d) Poner atención a los detalles, aunque parezcan insignificantes (dejar el cepillo del pelo en su lugar, apagar la luz al salir de la habitación, cerrar la llave de agua cuando no la estemos usando, poner la ropa sucia en el cesto),.un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar.

e) Obrar con un método en lugar de improvisar. Cuidar el orden y la puntualidad. Llevar una agenda y ver cómo rinde el tiempo. Ser cumplido con nuestros compromisos.


SEÑALES DE PELIGRO EN EL HOGAR

Hay síntomas que nos pueden alertar sobre problemas serios con relación a la falta de una correcta formación de la voluntad en nuestros hijos y al ejercicio y fortalecimiento de la voluntad en nosotros mismos.

a) Los padres se rinden con facilidad y habitualmente a los deseos y "apetencias" de sus hijos. A menudo permiten lo que no aprueban.

b) Los hijos muestran una baja tolerancia a las molestias e incomodidades. Tienen horror a cualquier dolor físico.

c) Los hijos disponen de demasiado dinero para gastar, mismo que despilfarran en todo cuanto quieren en el momento que quieren.

d) Los niños se quejan constantemente por situaciones que se presentan y no se pueden satisfacer inmediatamente: retrasos, malestar físico, hambre, sed, cansancio, etc.

e) Los niños no se comportan de manera educada. Faltan al respeto a sus padres y a otras personas con las que se relacionan, como maestros, amigos de sus padres, empleadas domésticas, etc. Las palabras "por favor" y "gracias" no forman parte de su vocabulario habitual.

f) Los hijos no tienen aficiones serias fuera de ver la TV o escuchar música. Su pensamiento está dominado por la cultura televisiva, cuyos contenidos en su mayoría son totalmente inútiles y en algunos casos tendenciosamente destructivos.

g) Los hijos ven en los padres ejemplo de pereza, negligencia, comodidad, apatía y morosidad.

h) Los padres hacen los mínimos sacrificios que conlleva la práctica de la religión. Fácilmente faltan a misa y cuando acuden lo hacen "por cumplir". Ponen poca atención y no exigen a sus hijos respeto por la casa de Dios.

i) Los hijos no ven que sus padres vivan con sentido de responsabilidad, de acuerdo con principios éticos claramente definidos.

j) El padre no es una figura con fuerza moral en la casa. Delega los asuntos de "niños" y de la "educación" a su mujer. Los niños casi no lo ven y cuando está en casa se sienta a ver la TV o en alguna actividad de esparcimiento o de reparaciones caseras o de los autos.

k) El padre y la madre no muestran respeto uno por el otro. Se critican, discuten y hacen bromas y burlas uno del otro frente a sus hijos y en reuniones sociales con amigos y parientes.

l) Los padres ven TV de manera indiscriminada y se permiten ver programas exclusivos para adultos, enviando un mensaje subconsciente a sus hijos de gran fuerza y peligro" cuando seas mayor, todo será lícito". El sexo como diversión no es malo, simplemente es inapropiado para menores.

m) Los niños preguntan "¿por qué?" para desafiar las indicaciones de autoridad de sus padres. Son intelectualmente torpes y no ponen mayor esfuerzo en sus trabajos, tareas etc.

n) El peor castigo al que los hijos pueden hacerse acreedores es a un largo y aburrido sermón y a una reprimenda moderadamente desagradable.

o) Los hijos creen y sienten que se merecen todo, casi nunca han de esperar para conseguir algo y mucho menos tienen que ganárselo.

p) Los hijos no saben ni se les deja enfrentar con sus fuerzas a los problemas y atenerse a las consecuencias. Carecen de seguridad y evitan las responsabilidades.

q) No existen reglas claras en el hogar. (límites, horarios, disciplina, etc.)


CONCLUSIONES

A pesar de todo lo que hemos hablado sobre la voluntad, la formación de la voluntad no es el objetivo a perseguir, sino EL MEDIO (junto con otros más) para obtener el verdadero y más importante objetivo de nuestra vida que es la santidad. La educación de la voluntad nos llevará a nosotros y a nuestros hijos, guiados por la inteligencia, el conocimiento, la moral, etc.; por el camino de la santidad, es decir, el vencimiento de nuestra inclinación al mal y el esfuerzo por acercarnos al bien.

Esta batalla está basada en gran parte en un recto y fuerte ejercicio de la voluntad.

Una firme voluntad es el secreto para comprometernos debidamente con Dios y con nuestro prójimo.

Afortunadamente, no estamos solos en la tarea de formar la voluntad de nuestros hijos y en fortalecer la nuestra. La gracia santificante que recibimos en el bautismo junto con el Espíritu Santo y sus dones, nos llenan de una fuerza sobrenatural que nos ayuda a dominar nuestros instintos y nuestra inclinación al mal. Tenemos también los otros sacramentos y la oración, como una fuente de inspiración, fortaleza y guía.

En la medida que usemos estos canales para comunicarnos con Dios nuestro Padre, tanto en lo personal como en familia, experimentaremos el poder y la fuerza que nos llegan para trabajar en esta ardua pero importante y maravillosa tarea de formar hombres y mujeres que puedan transformar a la sociedad a la luz del Evangelio y a ejemplo de Cristo Nuestro Señor.
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