VIDRIERA y otros relatos, por Leonardo Landín

VIDRIERA

A los que vieron el maniquí y a los que quisieran haberlo visto…

 

Ulises J. Fenton vio en un remate un maniquí articulado de color violeta, con las cejas delineadas en dorado y las pupilas azules. Le pareció muy a propósito para decorar la vidriera de su establecimiento sanitario. La idea era presentar la nueva línea finlandesa con el muñeco sentado en el lujoso water, leyendo el diario y, tal vez, fumando en pipa.

Cuando Rosita Queirolo, la encargada de Marketing, llegó a su trabajo, era ya demasiado tarde: el muñeco estaba entronizado en el centro de la vidriera, destruyendo totalmente la armonía de las líneas tan bien diseñadas en Helsinki. Además, se notaban los hilos que habían usado para atarle el diario a las manos, y el que mantenía la pipa en su posición. Carecía de vestimenta.

 Fue a preguntarle al cadete qué clase de broma era esa, y él, haciendo un gesto de resignación, señaló hacia arriba moviendo su índice derecho, y haciendo luego la venia.

 Subió entonces a la oficina de Fenton, quien la recibió exultante. Las dudas que podría haber tenido acerca de su brillante recurso, se borraron por completo ante la visita de su abuela, la señora de Fenton, a la sazón de noventa y ocho lúcidos años, quien dijo:

 -Qué gracioso el maniquí- aplicando a la tercera toda la sabiduría que ya había sido prodigada a dos generaciones de Fenton...


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Leonardo Landín,
23 mar. 2010 19:16
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