Página principal

 



LEVANTE EMV 


MERO 675 . AÑO XVII . VIERNES, 29 DE MAYO DE 2009 Coordina Arantxa Bea levante.posdata@epi.es

Posdata

SUPLEMENTO LITERARIO


FEOS 

Narrativa 
111 páginas


Tragicomedia en 31 actos


POR J. MARTÍNEZ RUBIO



Lo cotidiano se vuelve ficción en «Feos», una recopilación de relatos
sencillos y sorprendentes de Rafael Camarasa (Valencia, 1963).

      Un relato sólo necesita dos cosas para sobrevivir: la brevedad y la explosión —otra teoría más a la teoría del género. La brevedad, es obvio, exige una ficción controlada,contenida, al contrario que la novela, que suele desbordarse en personajes, acciones y número de páginas. La explosión, tampoco es nada nuevo, debe estallar en el corazón del cuento, como un portazo, como una iluminación que dé un sentido pleno y, si puede, sorprendente a la historia. Como un producto de artesanía, el relato se caracteriza por lo mínimo y lo sugerente. Se ha dicho que un cuento bueno muestra la punta del iceberg, y el lector intuye la grandeza sumergida, y que un cuento genial te estrella contra ese iceberg. Viviendo en la fugacidad de internet y en el vértigo de los horarios, no es extraño que el cuento, el relato y el microrrelato (y la especificidad de variantes que quedan por llegar) llene blogs, páginas web, folletos de certámenes, revistas y montañas de libros. Amparados por una tradición sólida que arranca en el siglo XIX —Poe, Maupassant…—y que inunda todo el siglo XX —con colosos como Borges o Cortázar, por citar sólo en el ámbito hispánico—, el cuento en el siglo XXI goza del reconocimiento y el respaldo de editoriales, lectores y círculos académicos —cosa bastante infrecuente.
    En medio de la vorágine literaria, Rafael Camarasa nos regala 31 cuentos en Feos,una colección de relatos sencillos y sorprendentes. En ellos lo cotidiano se vuelve ficción en historias tiernas e ingeniosas, como ya hicieran en el mismo terreno Luis MateoDíez, Ignacio Aldecoa o Juan José Millás: el aprendizaje frustrado de un niño en La hora del té, el agobio incomprendido de una conductora en Pálido, la perspectiva paródica sobre las cosas de un tuerto en A medias, o, en Microcosmos, la alegría incontrolada de un viejo ante una tragaperras en el momento en que dos aviones sacuden elcorazón de Manhattan un 11 de septiembre: «—¡Vaya día! —dijo viendo las escenas de la
catástrofe. —Zí, no ha eztado mal —farfulló el anciano contando el dinero—. Ha zido un golpe de zuerte»
    El humor traspasa la mayoría de los relatos de Camarasa, ya sea forzando a la ridiculez a los personajes —Historia de terror es impagable, también El amor—,ya sea en situaciones y acciones extravagantes —¿cuánto vale el amor?, se pregunta y se responde el personaje de Chatarra—,llegando a la exageración y al chiste —Cultura clásicaMamá son buena muestra— e incluso al humor negro —el payaso de McDonalds sería incapaz de asesinar a su mujer y a su amante, como ocurre en Ketchup, con esa sangre fría y ese placer con que se narra Flor. 
    El gran tema del amor, ya losabemos, provoca una gran cantidad de carcajadas —siempre que no seamos los protagonistas de la historia— y Rafael Camarasa lo expone en relatos como Torneo, donde dos antiguos rivales, enfrentados en su juventud por el amor de una mujer, siguen siendo manteniendo su odio contra el otro, uno por haberla perdido y otro por haberse casado con ella, o en Chanson, la historia de una ruptura y del despecho de una mujer. 
    Y al subvertir los caracteres tradicionales de los personajes de los cuentos, encontramosa un Peter Pan excitado, a un Hansel abandonado por Grettel, a Lancelot sirviendo copas en un bar…, gente de lo más normal. 
    Sin embargo, y aquí viene otro gran acierto del autor, los relatos no sólo se ocupan de alegrar al lector con su carga de humor, sino que muchos de ellos abordan de una manera sutil y delicada, aunque comprometida y militante, la tragedia en mayúsculas: el tema del cáncer y la enfermedad, la guerra de Bosnia —Masacre tiene la dimensión y la profundidad de los grandes relatos—, la explotación sexual, la ocupación militar y la psicosis en regiones como la de Irak, Afganistán o Palestina —La semilla golpea al lector con la misma brutalidad con que se sobrevive allá— el abandono de animales, el abandono de ancianos, el acoso escolar o la violencia machista. 
    En definitiva Feos se llena de historias humanas, tragicómicas, ridículas y algunas veces admirables, con ese regusto a tristeza que deja la ternura o con esa perplejidad que sucede al asombro, después incluso de haberte estrellado contra el iceberg.