Narco rivoluzione.
 

Cuatro condenas a muerte: el general Arnaldo Ochoa Sánchez y su ayuda de campo Jorge Martinez Valdes, Antonio de Guardia y Amado Padron, responsables de la sección MC (monedas convertibles) del MININT (Ministerio de Interior). A este macabro cálculo se añade diez penas de prisión de 10 a 30 años: no se había asistido a similar ajusto de cuenta bajo las palmeras de la gran isla desde la reducción de los últimos focos de guerrilla contra revolucionario en los años 60. Todo eso ha sido retransmitido en directo delante de las cámaras de televisión con un pleito en el más puro estilo de las purgas estalinistas. Fue un verdadero terremoto en las altas esferas de la nomenklatura que afectó tanto militares de altas filas como altos funcionarios del MININT incluido el Ministro de Interior él mismo José Abrantes (condenado a 20 años de prisión y muerte en prisión de un infarto en 1991).¿De que son acusados los culpables ? Esencialmente de haber organosado o haber escondido a distintos niveles un tráfico de cocaína por 6 toneladas y 3,5 millones de dólares entre 1987 y 1989. Revelaciones que confirman lo que intentan demostrar desde años los agentes americanos del DEA: la compromision de altos responsables cubanos en el tráfico de drogas que envenena la región desde hace mucho tiempo. En el centro de este tráfico, el servicio MC (monedas convertibles o "marijuana y cocaína" para sus detractores) del MININT, un departamento muy especial autorisado a utilisar instrumentos especiales para eludir el embargo americano y recoger dólares: un verdadero organismo oficial de contrabando al servicio del Gobierno cubano. Este servicio era dirigido por un hombre de confianza, amigo de Castro y miembro de las "tropas" (un grupo de soldados de élites cubanos) : Antonio de la Guardia, llamado Tony, operaba bajo el control de José Abrantes, Ministro de Interior. Ahora bien el nombre de Tony de Guardia aparece en el archivo de instrucción de un traficante de cocaína americano de origen cubano arrestado en los Estados Unidos algunos meses antes. Los Cubanos lo saben y apenas hay dudas que pretendieron cortar la hierba bajo el pie de los servicios americanos eliminando a Tony y a sus cómplices presuntos.Tras un pleito sin sorpresa muchas cuestiones permanecen sin respuestas. ¿Cómo más de quince vuelos procedentes de Colombia pudieron occurir sobre aeropuertos militares y civiles cubanos sin ser interceptados por el ejército del aire y sin disponer complicidades de un muy alto nivel? Como un tráfico tan importante ha sido posible sin que los hermanos Castro sean informados: es obviamente muy poco probable dentro de un país donde la información es una clase de segunda naturaleza en todo funcionario. Es la tesis que defiende el hermano gemelo de Tony, Patricio de Guardia que se encuentra siempre en las prisiones cubanas, y cuyo única culpa es de no haber denunciado a su hermano. En una carta que hizo sacar clandestinamente de prisión afirma que el tráfico de drogas fue ordenado con la aprobación de las más altas autoridades del Gobierno cubano. En cuanto a la organización del pleito, ha sido digna de las manipulaciones estalinistas más clásicas: el poder habría prometido un acuerdo "en familia" a los acusados a cambio de consentimientos destinados a protreger el honor de la Revolución.Aunque los hermanos Castro no empaparon directamente en este tráfico de drogas, el caso Ochoa- La Guardia da una luz bastante cruda sobre la amplitud de la corrupción en las altas esferas de nomenklatura cubana. ¿Qué viene a hacer Ochoa, solo militar de alto nivel implicado (con su ayudante de campo) en esta oscura historia? Nada, sino porque su ayudante de campo viajó a Colombia donde esta acusado de haberse entrevistado con miembros del cartel de Medellin. Ochoa lo sabia, o tendría que saberlo, y no dijo nada. Para hacer buena medida se le encuentra a pesar de todo una cuenta en un banco en Panamá con 200.000 dólares. Comisiones que Ochoa habría percibido sobre ventas de armas en Nicaragua y otros productos desviados en Angola. Muchas cuestiones subsisten sobre el caso Ochoa juzgado por un tribunal especial compuesto de militares: ¿una comandante militar de alto nivel como Ochoa se merece el pelotón de ejecución para 200.000 dólares? Si los tráficos de armas y piedras preciosas de Ochoa en Angola apenas hacen duda, su implicación en el tráfico de drogas queda por probar: tiene todas las aspectos del ajusto de cuenta. Un caso como tal tendría normalmente ser resuelto con la discreción habitual a este nivel en las fuerzas armadas: es decir, con una jubilación anticipada y coche de función. Pero todo el mundo conocía el carácter provocativo, el hablar fuerte, y el humor agudo del general Ochoa: desde su vuelta de Angola se creía todo permitido y había sido objeto de varios recordatorios al orden de Raul. ¿Habra pasado los límites que no se deben superarse, al organisar una fracción disidente en las fuerzas armadas? Nada permite hoy de afirmarlo, pero su pleito permitió una violenta reorganosacion de los cuadros del ejército, y una influencia mas grande de los militares "Raulistas" sobre puestos clave como el Ministerio de Interior. Una cosa queda clara: Ochoa se beneficiaba de un inmenso prestigio y de muchos apoyos en el ejército. Era necesario un pleito ejemplar para poner un frenazo a toda veleidad de protesta. No se dejará de observar que el encarcelamiento del Ministro de Interior José Abrantes tras el asunto Ochoa se traduce en su sustitución por el general Abelardo Colomé, un colaborador de Raul, que pone así la mano sobre el control de la policía. El asunto Ochoa se reactivó en 1999 con una tentativa de Ileana de Guardia (hija de Antonio de la Guardia refugiada en Francia) de presentar denuncia delante un juez francés contra Fidel Castro para "tráfico de