La plata.
 

Fidel Castro, el latinoamericano más rico
Ricardo Medina Macías

 
El latinoamericano más rico no es el mexicano Carlos Slim, sino el cubano Fidel Castro Ruz, quien ha redescubierto las ventajas económicas de exportar mano de obra esclava.

Hace unos días, la valiosa investigación del periodista cubano residente en España, Víctor Llano, puso al descubierto parte de la red de explotación y exportación de mano de obra esclava que maneja el gobierno cubano a través de la empresa estatal Uneca, S. A. (Unión de Empresas Constructoras del Caribe), tanto en la gran finca de los hermanos Castro como en una veintena de países.

Llano reveló en Libertad Digital que decenas de albañiles cubanos llegaron a España para trabajar en construcciones en Alicante y en Canarias, como parte de un convenio de Uneca con inversionistas locales. Las entrevistas que realizó Llano con algunos de estos atemorizados trabajadores cubanos permitieron saber que:

• El régimen cubano (a través de Uneca) se queda con el 75% del salario devengado por los albañiles y otros trabajadores exportados.

• Estos trabajadores son obligados a laborar hasta 12 horas diarias, incluidos los domingos, y a pagar el alquiler de los barracones y los departamentos en que son hacinados en España.

• Son constantemente vigilados por los capataces de Uneca y sus documentos migratorios y de trabajo son retenidos por la empresa.

Uneca es sólo una de las decenas de fórmulas que utiliza Fidel Castro para hacerse de divisas y solventar los lujos que disfrutan él y sus allegados, así como los visitantes distinguidos que llegan a la isla.

Cuba, conocida por las víctimas de Castro como la gran cárcel, puede ser un paraíso si uno es un invitado consentido del finquero, como lo son Gabriel García Márquez y el pintor Ricardo Guayasamín. A cambio, los agasajados escriben sentidas loas propagandísticas sobre el dueño y señor de esa gran finca o lo retratan joven, apuesto y sonriente.

Fidel Castro, en sus interminables discursos, llama a derrotar el libre comercio y despotrica contra la globalización. Pero en la práctica no tiene empacho en utilizar los mecanismos de internacionalización de la economía para hacerse con divisas que mantengan con vida la finca familiar de los Castro.

Lo interesante es que Castro ofrece como ventaja comparativa en sus negocios la baratura de la mano de obra de cubanos capacitados, domesticados, vigilados y sanitos.

Los negocios permiten sostener el tren de vida de los hermanos Castro, sus allegados y sus invitados de lujo, al tiempo que sostienen en el exterior el mito de la Cuba revolucionaria. El método de enriquecimiento de Castro es sencillísimo: olvidarse de los derechos humanos, derechos laborales, derechos de propiedad, libertad de expresión, libertad de tránsito y demás. Después, socializar las pérdidas y privatizar los beneficios. Socialismo real.

En el mundo de la libre competencia cualquier negociante iluminado, que hubiese emprendido las excéntricas y absurdas aventuras económicas que ha encabezado Fidel Castro en los últimos 40 años, estaría quebrado y en la cárcel. Castro no, porque él no opera bajo los cánones del capitalismo, donde quien la hace, la paga. Despojarse del lastre de los valores burgueses permite, por ejemplo, abaratar los costos de la mano de obra a un nivel equivalente al de la antigua esclavitud.

Hay quien conjetura que Fidel Castro heredó su afición por la explotación de la mano de obra de su padre, un gallego que se quedó en Cuba y manejaba con mano de hierro una extensa finca al oriente de la isla. Puede ser. Ahora en Venezuela y Ecuador ya podemos ver a sus imitadores.

© AIPE

Ricardo Medina Macías es analista político mexicano.