Avispa.
 

SANTA CLARA, noviembre (www.cubanet.org) - Cuando el agente especial del FBI Raúl Fernández se presentó, después de una prolongada investigación, en las cortes de Miami a mediados del mes de septiembre de 1988 para acusar a 10 individuos de "espiar a favor de Cuba", puso al descubierto el andamiaje de la inteligencia cubana dentro de Estados Unidos, y llamó la atención de la opinión pública sobre el caso, debido a que los objetivos de los espías estaban encaminados a infiltrar a sus agentes en importantes instalaciones militares de ese país.

El Comando Sur y el Comando Central de Tampa, directivo de las operaciones en el Medio Oriente y parte de Asia, así como los grupos anticastristas del sur de la Florida, fueron las áreas estratégicas que los 16 espías lograron penetrar. De ellos, ocho fueron encontrados culpables y condenados, cuatro escaparon hacia Cuba y el resto están siendo procesados.

La red de espías cubanos en Estados Unidos, en la década del 90, ha sido la más activa de las que se tenga noticias, en comparación con cualquier otro país, razón más que suficiente para que fueran expulsados 14 diplomáticos cubanos de la ONU y de la Sección de Intereses de Cuba en Washington, acusados de dañar a la seguridad del país vecino, especialmente debido al trabajo ininterrumpido de reclutamiento de espías, obtención de información y procesamiento de datos.

Sin embargo, el pueblo cubano no conoce las interioridades de todo este proceso y virtualmente es engañado, más que manipulado, sobre la existencia sólo de los "Cinco Héroes Prisioneros del Imperio".

Desde 1995 las autoridades norteamericanas estaban sobre la pista de estas personas, por lo que decidieron comenzar la vigilancia y escrutinio de sus movimientos, teléfonos y residencias. Así se detectó que mantenían comunicación directa con el gobierno de Cuba, hacia donde enviaban sus notificaciones y de donde recibían instrucciones de misiones especiales.

El uno-dos de la red eran Gerardo Hernández (Manuel Viramontes, alias Giro o Giraldo) y Ramón Labañino (Luis Medina, alias Alán), quienes mantenían identidades falsas y varios alias para favorecer sus actividades. El tercero en orden de jerarquía de la red era Fernando González (o Rubén Campa, alias Vicky), pero también fueron detenidos y procesados Antonio Guerrero (alias Lorient) y René González (alias Castor), ambos ciudadanos norteamericanos; este último agente doble, porque también informaba al FBI.

Las investigaciones arrojaron que el matrimonio formado por Nicolo Hernández (Manolo) y Linda Hernández (Judith), eran sub agentes de la red, actuando bajo la fachada de comerciantes de computadoras e instrumental médico. Josep Santos (Mario) y Amarilis Silverio (Julia) conformaban otro matrimonio que operaba bajo la tutela de Labañino. Los últimos detenidos fueron los esposos Gerardo y Marisol Garí.

Además de los equipos ultrasensibles para el envío de mensajes a Cuba utilizaban a los supuestos diplomáticos cubanos de las oficinas de Cuba en la ONU, situada en New York y la Oficina de Intereses de la isla en Washington, para esas funciones. También habían tenido acceso al departamento de Inmigración donde el agente Mariano Faget fue encontrado culpable de suministrar información clasificada a los servicios de inteligencia cubanos.

Pero el caso más sobresaliente de todos es el de Ana Belén Montes, analista del Departamento de Defensa de Estados Unidos en el Pentágono, quien fue arrestada a pocos días del ataque contra el World Trade Center y acusada de espiar al servicio de Cuba. El caso de Belén Montes fue el número 17 detectado en funciones a favor de Cuba dentro de Estados Unidos, en un período de tres años.

Belén Montes, nacida en 1957 en una base militar de ese país en Alemania, comenzó a trabajar desde 1985 en el mencionado departamento, y ya en 1992 trabajaba como espía para Cuba. En la Agencia de Inteligencia para la Defensa (DIA), llegó a ser la analista de más alta posición con respecto a Cuba. Considerada como uno de los casos que más daño provocó a Estados Unidos, Montes tenía acceso a los secretos de defensa e influencia en la política norteamericana hacia Cuba.

Aún se investigan los cientos de documentos que ella escribió durante 15 años, para evaluar la desinformación causada. Utilizó para comunicarse con los agentes cubanos un radio de alta frecuencia, por donde transmitía mensajes codificados, con números de forma arbitraria que descifraba una computadora con un programa especial. Ese era uno de los métodos que utilizaban los miembros de la Red Avispa, al igual que la entrega personal de discos de computadoras con informaciones codificadas. Otro modus operandi de la red era usar beepers para indicar el teléfono público desde donde conversaban en forma codificada.

Aunque todos los nombres de los espías no fueron revelados por el FBI, se conoce de los casos de Ricardo Villareal (Horacio) y Remigio Luna (Remi o Marcelino), quienes también ejercían actividades a favor de la Red Avispa.

Los matrimonios de Nicolo y Linda Hernández y de Joseph Santos con Amarilys Silverio llegaron a acuerdos con la Fiscalía para ser sancionados en juicios separados, a penas de tres años y medio de cárcel, mientras los segundos fueron utilizados como testigos de la Fiscalía. Igual proceder tuvieron los esposos Garí, quienes con su cooperación lograron esclarecer detalles de muchas de las actividades de la red de espionaje.

En Cuba tampoco se conoce el caso de Alejandro Alonso. Sólo se mencionan los "5 Héroes Prisioneros del Imperio", pero en realidad existen estos otros culpables condenados a entre 4 y 7 años de prisión. Tampoco se menciona el caso FAMET, condenado a cinco años de cárcel, ni el de Belén Montes, quien cumple más de 25 años de prisión en una cárcel federal norteamericana.

Joseph Santos es ingeniero eléctrico y había sido profesor de Ingeniería y director del Centro de Computación en la Universidad Central de Las Villas, y su esposa Amarilys Silverio, profesora en Cuba de Matemáticas Aplicadas a la Computación en la propia

Universidad. Llegaron a Estados Unidos en 1994, después de ser sacados secretamente del centro docente. Ante la fiscalía declararon que su misión era penetrar las redes computacionales del Comando Sur. Fueron sentenciados a cuatro y tres años de cárcel, respectivamente.

Linda y Nilo Hernández fueron sentenciados a siete años de prisión al ser encontrados culpables de espiar la base Homestead, ubicada al sur de Miami, y la base de Fort Bragg en Carolina del Norte. Ambos llegaron a Estados Unidos en 1983.

Los escapados a Cuba se nombran Juan Pablo Roque, José Rafael Brenes, Bienvenido Avierno y Virgilio Lora, los últimos, diplomáticos cubanos en Washington. El primero fue regresado a Cuba el 23 de febrero de 1996, un día antes del derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate, organización que él había logrado penetrar.

El pueblo cubano está desinformado porque sólo se le da crédito a cinco espías, sin recordar los demás. Pudieran quedar muchos más en el trabajo solapado de inteligencia, pero, con el exterminio de la Red Avispa, el FBI asestó un duro golpe al espionaje que realizaban estos personeros del régimen dentro de instituciones y organizaciones radicadas en Estados Unidos.