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Discursos Completos

Boyd K. Packer - Lo que todo élder debe ser, y una hermana también

publicado a la‎(s)‎ 25 de sept. de 2009 13:58 por Fernando Cardozo

LO QUE TODO UN ÉLDER DEBE SABER; Y UNA HERMANA TAMBIÉN

por el presidente Boyd K. Packer, Presidente en Funciones del Quórum de los Doce
Debido a que los élderes no pueden recibir la plenitud de las bendiciones del sacerdocio sin las hermanas, se ha pensado que ellas también se podrían beneficiar con estos pasajes de un discurso que el élder Packer dio en una sesión de capacitación de las Autoridades Generales en la conferencia general de abril de 1992.

Menos de un año después de la organización de la Iglesia, el profeta José Smith recibió una revelación que decía: "Escuchad, oh élderes de mi iglesia a quienes he llamado; he aquí, os doy el mandamiento de congregaros para que os pongáis de acuerdo en cuanto a mi palabra; y por vuestra oración de fe recibiréis mi ley para que sepáis cómo gobernar mi iglesia y poner todas las cosas en orden delante de mí" (DyC 41:2-3).
Hay ciertas cosas acerca del sacerdocio que todo élder debe saber a fin de comprender cómo se gobierna la Iglesia para poner todas las cosas en orden ante el Señor. Existen principios, preceptos y leyes que frecuentemente se pasan por alto y que rara vez se enseñan. Algunos de esos principios se encuentran en las Escrituras, otros en los manuales y algunos de ellos en ninguna de las dos partes; pero sí se encuentran en la Iglesia. Ustedes pueden llamarlos tradiciones, pero son más que eso; son revelaciones que se recibieron cuando las Autoridades Generales pasadas se reunían y se ponían de acuerdo en cuanto a la palabra de Dios y ofrecían oraciones con fe.
El Señor entonces les mostraba lo que debían hacer y recibían, por medio de la revelación, "línea sobre línea, precepto tras precepto" los principios verdaderos que constituyen la manera de administrar el sacerdocio (véase Isaías 28: 13; 2° Nefi 28:30; DyC 98:12). Esta es la forma en que actuamos para poner las cosas en orden delante el Señor.

EL SACERDOCIO

El sacerdocio es la autoridad y el poder que Dios ha concedido al hombre sobre la tierra para actuar en Su nombre (véase TJS Génesis 14:28-31). Cuando ejercemos la autoridad del sacerdocio en forma apropiada hacemos lo que Él haría si estuviera presente.

EL SACERDOCIO DE MELQUISEDEC O EL SACERDOCIO MAYOR
En la Iglesia hay dos sacerdocios, a saber, el Sacerdocio de Melquisedec y el Sacerdocio Aarónico, que incluye el Sacerdocio Levítico. Al primero se le llama Sacerdocio de Melquisedec porque Melquisedec fue un gran sumo sacerdote: "Antes de su época se llamaba el Santo Sacerdocio según el Orden del Hijo de Dios" (DyC 107:1-3).
En las Escrituras se habla del Sacerdocio de Melquisedec como el "sacerdocio mayor" o el sacerdocio "según el orden más santo de Dios" (DyC 84:18-19) y el sacerdocio "según el orden de mi Unigénito Hijo" (DyC 124:123; véase también DyC 76:57). .
"Mas por respeto o reverencia al nombre del Ser Supremo, para evitar la demasiado frecuente repetición de su nombre, la iglesia en los días antiguos dio a ese sacerdocio el nombre de Melquisedec, o sea, el Sacerdocio de Melquisedec" (DyC 107:4). Es obvio por qué debe ser así. El nombre del sacerdocio se menciona con frecuencia en las reuniones y lecciones y aparece impreso en manuales. Sería por lo tanto irreverente utilizar con demasiada frecuencia ese sagrado título que lleva el nombre de Dios.
Melquisedec, el gran sumo sacerdote, se identifica en las Escrituras como el "rey de Salem", o como diríamos hoy día, Jerusalén (Génesis 14:18; Alma 13:17-18). "Y fue este mismo Melquisedec a quien Abraham pagó diezmos" (Alma 13:15; véase también Génesis 14:20).
También se hace referencia en las Escrituras a un sacerdocio patriarcal, sin embargo, este orden patriarcal no es un tercer sacerdocio (véase DyC 84:6-17; 107:40-57). Todo lo que se relaciona con el orden patriarcal está incluido en el Sacerdocio de Melquisedec. "Todas las otras autoridades u oficios de la iglesia son dependencias de este sacerdocio [de Melquisedec]" (DyC:107:5). El orden patriarcal es el aspecto del Sacerdocio de Melquisedec que permite a hombres investidos y dignos presidir sobre su posteridad por esta vida y la eternidad.


EL SACERDOCIO AARÓNICO O MENOR
"El segundo sacerdocio es llamado el Sacerdocio de .Aarón, porque se confirió a Aarón y a su descendencia... Se llama el sacerdocio menor porque es una dependencia del mayor, o sea, el Sacerdocio de Melquisedec y tiene el poder para administrar las ordenanzas exteriores" (DyC 107:13-14).
Se le llama a veces el sacerdocio preparatorio porque prepara a los varones para recibir el sacerdocio mayor. El Sacerdocio Levítico (véase Hebreos 7:11; DyC 107:6, 10) es un orden o una parte del Sacerdocio Aarónico. Moisés y Aarón pertenecían a la tribu de Leví (véase Éxodo 2:1-2, 10; 4:14). Durante el éxodo de Egipto, a los levitas se les dieron responsabilidades sacerdotales concernientes al tabernáculo y siempre acampaban cerca de él (véase Números 3:5-39). Aunque el orden levítico no ejerce sus funciones en la actualidad, los privilegios y la autoridad propios de este orden se encuentran incluidos en el Sacerdocio Aarónico para cualquier uso futuro que el Señor le indique.

LAS LLAVES DEL SACERDOCIO
Existen llaves del sacerdocio. A pesar de que la palabra llave también equivale a clave, como por ejemplo en las frases "la llave de la sabiduría" o "la llave del conocimiento", las llaves del sacerdocio son el derecho de presidir y dirigir los asuntos de la Iglesia dentro de una jurisdicción. Todas las llaves del sacerdocio están dentro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y no hay ninguna llave en la tierra que la Iglesia no posea.
LOS APÓSTOLES
Todos los hombres que son ordenados apóstoles y sostenidos como miembros del Quórum de los Doce Apóstoles poseen todas las llaves del sacerdocio, las que les han sido conferidas (véase DyC 27:13; 110:11-16; 112:30)
El Presidente de la Iglesia es la única persona en la tierra que posee el derecho de ejercer todas las llaves en su plenitud (véase DyC 132:7) Él recibe esta autoridad al ser apartado por los Doce Apóstoles.
"El poder y la autoridad del sacerdocio mayor, o sea, el de Melquisedec, consisten en tener las llaves de todas las bendiciones espirituales de la Iglesia...
"El poder y la autoridad del sacerdocio menor, o sea, el de Aarón, consisten en poseer las llaves del ministerio de ángeles y en administrar las ordenanzas exteriores, la letra del evangelio, el bautismo de arrepentimiento para la remisión de pecados, de acuerdo con los convenios y los mandamientos" (DyC 107:18,20).
Las llaves se le confieren a un hombre cuando se le aparta como presidente, como por ejemplo, presidente de una estaca, de un quórum o como obispo. Los consejeros no reciben ninguna llave.
EL SACERDOCIO NO ES DIVISIBLE

El sacerdocio es mayor que cualquiera de sus oficios. Cuando alguien recibe por primera vez el Sacerdocio Aarónico o de Melquisedec, se le confiere por medio de la imposición de manos. Luego que se le ha conferido el sacerdocio, es ordenado a un oficio dentro del mismo. Todos los oficios derivan su autoridad del sacerdocio.
El sacerdocio no puede dividirse. Un élder posee tanto sacerdocio como un apóstol (véase DyC 20:38). Cuando un hombre recibe el sacerdocio, lo recibe en su totalidad o plenamente. Sin embargo, dentro del sacerdocio hay oficios: divisiones de autoridad y responsabilidad. Un varón debe ejercer su sacerdocio de acuerdo con los derechos del oficio para el cual haya sido ordenado o apartado.
"El Sacerdocio de Melquisedec posee el derecho de presidir, y tiene poder y autoridad sobre todos los oficios en la iglesia en todas las edades del mundo, para administrar en las cosas espirituales" (DyC 107:8).
Quien posea el Sacerdocio de Melquisedec o el sacerdocio mayor posee también toda la autoridad del Sacerdocio Aarónico o menor.
LOS OFICIOS EN EL SACERDOCIO  AARÓNICO QUE REQUIEREN ORDENACIÓN
Los oficios en el Sacerdocio Aarónico que requieren ordenación son:

    Diácono
    Maestro
    Presbítero

El obispo es el presidente del Sacerdocio Aarónico. Él posee las llaves que se le confirieron cuando fue ordenado, pero delega responsabilidades a sus consejeros. Los tres forman el obispado, que es una presidencia (véase DyC 107: 15-17).

LOS OFICIOS EN EL SACERDOCIO DE MELQUISEDEC QUE REQUIEREN ORDENACIÓN
Los oficios en el Sacerdocio de Melquisedec que requieren ordenación son:

    Élder
    Sumo sacerdote
    Patriarca
    Setenta
    Apóstol

Aparte de indicar un oficio específico dentro del Sacerdocio de Melquisedec que requiere ordenación, el título de "élder" se utiliza para identificar a cualquiera que posea el sacerdocio mayor. Por consiguiente, a los setenta y a los apóstoles se les puede llamar "élderes" (véase DyC 20:38).
Mientras que a todos los que se les ha conferido el Sacerdocio de Melquisedec reciben el sacerdocio en su plenitud, algunas veces tenemos la tendencia de considerar un oficio como "mayor" o "menor" que otro. En lugar de ser oficios de mayor o menor importancia en el Sacerdocio de Melquisedec, éstos representan diferentes aspectos de servicio.
No obstante, los derechos, los privilegios y la autoridad aumentan con cada oficio subsiguiente. Por ejemplo, se considera que los oficios de maestro y de presbítero son mayores que el oficio de diácono porque un presbítero puede efectuar cualquier deber asignado a los maestros o diáconos: puede repartir la Santa Cena, un deber asignado por lo general a los diáconos. Pero, por otro lado, un diácono no puede bendecir la Santa Cena ni efectuar bautismos, porque son deberes asignados a los presbíteros.
Un élder puede efectuar cualquier deber asignado a todos los oficios dentro del Sacerdocio Aarónico, pero no puede asumir ciertas responsabilidades que pertenecen al oficio de sumo sacerdote. Estos principios del gobierno del sacerdocio se establecieron mediante revelación y no cambian.
LOS QUÓRUMES
En la dispensación del cumplimiento de los tiempos, el Señor mandó que el sacerdocio debía ser organizado en quórumes, lo cual significa asambleas selectas de hermanos a quienes se les ha dado la autoridad para que se hagan responsables de que los asuntos de Su Iglesia se lleven a cabo y Su obra siga adelante.
Un quórum es una hermandad. Con excepción de los oficios de obispo y de patriarca, los varones ordenados a los oficios del sacerdocio están organizados en quórumes. A pesar de que a un poseedor del sacerdocio se le puede llamar y apartar para desempeñar asignaciones eclesiásticas y también se le puede relevar de ellas, su condición de miembro en el quórum al cual pertenece permanece inalterable. El ser parte de la organización de su quórum es el derecho de quien ha sido ordenado a un oficio dentro del sacerdocio y el poseer el sacerdocio, incluso el asistir como miembro a su quórum, debe considerarse como un privilegio sagrado.

Los quórumes del Sacerdocio de Melquisedec son:

    La Primera Presidencia.
    El Quórum de los Doce.
    Los quórumes de los Setenta.
    Los quórumes de los sumos sacerdotes.
    Los quórumes de élderes.
   
Los quórumes del Sacerdocio Aarónico son:

    Los quórumes de presbíteros.
    Los quórumes de maestros.
    Los quórumes de diáconos.

Todo quórum es presidido por un presidente o por una presidencia. Al Quórum de los Doce lo preside un presidente, el Presidente de los Doce (véase DyC 124:127), de la misma forma que al quórum de presbíteros lo preside el obispo (véase DyC 107:87-88).
A los quórumes de los setentas los presiden siete presidentes (véase DyC 107:93) A todos los demás quórumes los preside una presidencia formada por un presidente, un primer consejero y un segundo consejero.
EL JURAMENTO y CONVENIO DEL SACERDOCIO
Existe un juramento y un convenio del sacerdocio. El convenio es hecho por el hombre y el juramento por Dios. El Sacerdocio de Melquisedec se recibe por medio de un convenio. Un hombre hace convenio con Dios de ser fiel y magnificar sus llamamientos en el sacerdocio de estar atento a las palabras de vida eterna, y vivir de toda palabra que sale de la boca de Dios (véase DyC 84:33, 43, 44)
Por su parte, Dios declara con un juramento eterno que todo varón que recibe el sacerdocio y obedece los convenios correspondientes a ese sacerdocio recibirá todo lo que el Padre tiene (véase O. y C. 84:38).
"Y esto va de acuerdo con el juramento y el convenio que corresponden a este sacerdocio.
Así que, todos los que reciben el sacerdocio reciben este juramento y convenio de mi Padre, que él no puede quebrantar, ni tampoco puede ser traspasado" (DyC 84:39-40) .
ORDENACIONES y APARTAMIENTOS
Hay dos formas en que se confiere autoridad en la Iglesia: por medio de la ordenación y el apartamiento. Los oficios dentro del sacerdocio: diácono, maestro, presbítero, élder, sumo sacerdote, patriarca, setenta y apóstol se reciben siempre por medio de una ordenación. Las llaves de la presidencia y la autoridad para actuar en llamamientos dentro del sacerdocio se reciben al ser apartados.

Por ejemplo, el oficio de élder en el Sacerdocio de Melquisedec es un oficio que requiere ordenación, pero en cambio, para recibir el oficio de presidente de un quórum de élderes, un hombre debe ser apartado en lugar de ordenado, En ambos casos, recibe una bendición para que lo ayude mientras desempeñe el servicio en el cargo o en el oficio para el cual ha sido ordenado o apartado.
Hay muchos llamamientos o cargos para los cuales es necesario ser apartado dentro de la Iglesia, tanto en el sacerdocio como en las organizaciones auxiliares, Algunos deberes son inherentes del sacerdocio no es necesario ser apartado para llevarlos a cabo. Visitar las casas de los miembros (orientación familiar) es un ejemplo.
Debido a que a las mujeres no se las ordena al sacerdocio, cuando las hermanas son apartadas para servir en un cargo, incluso para el llamamiento de presidenta de una organización auxiliar, reciben la autoridad, la responsabilidad y las bendiciones relacionadas con ese oficio, pero no reciben ninguna llave.
LÍMITES DE LA AUTORIDAD
Por lo general, los privilegios relacionados con una ordenación en el sacerdocio pueden ejercerse en cualquier parte dentro de la Iglesia. Los poseedores del sacerdocio no necesitan autorización previa para efectuar ordenanzas o bendiciones que no se asientan en los registros de la Iglesia, tales como la consagración de aceite, la administración a los enfermos y las bendiciones de padre.
El sacerdocio es regido siempre por quienes poseen las llaves, y una ordenanza debe ser autorizada por la autoridad presidente que posee las llaves y el sacerdocio pertinentes, si esa ordenanza, en cambio, va a ser asentada en los registros de la Iglesia.
La autoridad pertinente a un oficio para el cual un varón haya sido apartado tiene sus límites, entre los cuales se incluyen los límites geográficos. La autoridad de un hombre que ha sido apartado como presidente de estaca sólo rige dentro de los límites que demarcan esa estaca. Él no es el presidente de estaca de los miembros de una estaca vecina, ni un obispo lo es de otros miembros que no pertenezcan a su barrio. Cuando a un hombre se le ordena como obispo, se le aparta para presidir sobre un barrio específico y no tiene autoridad fuera de sus límites. Cuando este hombre es relevado como obispo de ese barrio, sigue poseyendo la ordenación al oficio de obispo, pero no puede prestar servicio como tal si no es apartado nuevamente para presidir un barrio.
Cuando un patriarca es ordenado, es apartado para dar bendiciones a los miembros de su estaca o a quienes van a ella con una recomendación extendida por la autoridad pertinente de una estaca donde no haya patriarca. Esos principios del gobierno del sacerdocio se han establecido por medio de revelaciones.
LA EDAD EN LA QUE POR LO GENERAL SE LLAMA A UN VARÓN A INTEGRAR UN OFICIO DEL SACERDOCIO
A fin de que haya un orden de avance dentro del sacerdocio, se ha establecido una edad mínima para recibir el sacerdocio y para la ordenación a cada oficio dentro del mismo.
A un joven de doce años o mayor se le confiere el Sacerdocio Aarónico y se le ordena al oficio de diácono. El joven pasa entonces a integrar un quórum compuesto por un máximo de doce diáconos (véase DyC 107:85). Cuando cumple 14 años, se le puede ordenar al oficio de maestro y pasa a integrar un quórum compuesto por un máximo de veinticuatro maestros (véase DyC 107:86). Cuando cumple los 16 años, puede ser ordenado presbítero e integrar un quórum compuesto por un máximo de cuarenta y ocho presbíteros (véase DyC 107:87). Cuando tiene 18 años o más, se le puede conferir el Sacerdocio de Melquisedec y ser ordenado élder y pasar entonces a integrar un quórum compuesto por un máximo de noventa y seis élderes.
Las revelaciones especifican que "el deber del presidente del oficio de los élderes es presidir a noventa y seis élderes, sentarse en concilio con ellos y enseñarles de acuerdo con los convenios" (DyC 107:89). Los sumos sacerdotes no tienen que tener una edad específica ni tampoco debe haber un número determinado de sumos sacerdotes en un quórum. Los sumos sacerdotes están organizados en grupos y dirigidos por líderes de grupo. La presidencia de estaca es la presidencia del quórum de sumos sacerdotes de la estaca.
LLAMAMIENTOS A UN OFICIO
En la Iglesia no asumimos una autoridad que sólo se recibe por medio de una ordenación o cuando se nos aparta para un oficio o llamamiento. Tenemos que ser llamados a una posición y tenemos que ser sostenidos, y ser ordenados o apartados para recibir autoridad. El quinto Artículo de Fe dice: "Creemos que el hombre debe ser llamado por Dios, por profecía la imposición de manos, por aquellos que tienen la autoridad, a fin de que pueda predicar el evangelio y administrar sus ordenanzas" (Artículos de Fe 1:5).
Todo élder debe saber que un llamamiento es más que una invitación o un pedido, incluso mucho más que una asignación. Con demasiada frecuencia escuchamos decir: "Se me ha pedido que preste servicio como consejero en la presidencia del quórum de élderes"; cuando lo más apropiado sería decir: "Se me ha llamado para prestar servicio como consejero".
No nos llamamos a nosotros mismos a un oficio o cargo dentro de la Iglesia, sino que respondemos al llamamiento de quienes presiden sobre nosotros. Es responsabilidad de quienes presiden consultar por medio de la oración para saber cuál es Su voluntad concerniente a un cargo dentro de la Iglesia. Es entonces cuando se pone de manifiesto el principio de la revelación, y el oficial presidente, quien actúa en nombre del Señor, efectúa el llamamiento.
Bajo circunstancias normales, no debemos rechazar un llamamiento ni pedir que nos releven; lo más que podemos hacer es explicar al oficial que preside las circunstancias que podrían hacer necesario el relevo.
Cuando nos dirigimos a quienes han sido llamados a presidir por el título de su oficio, tales como el de obispo o presidente, brindamos dignidad a ese oficio; le recordamos a quien lo posee su sagrada responsabilidad y hace que nosotros también recordemos la obligación que tenemos de seguir su consejo y de apoyarlo en su llamamiento.
SOSTENIMIENTO A UN OFICIO
Ni el Sacerdocio Aarónico ni el Sacerdocio de Melquisedec se confieren, y a ningún varón se le ordena ni se le aparta en un oficio de cualquiera de los dos sacerdocios a menos que esté dispuesto a vivir las normas de la Iglesia. Esas normas incluyen la pureza moral, el pago de diezmos, el cumplimiento de la Palabra de Sabiduría y las normas generales de una conducta cristiana.
Debe ser llamado por quienes poseen la autoridad pertinente y sostenido, o elegido por medio del voto, en la reunión debida y ordenado o apartado por quien posee la autoridad para hacerlo. A eso se le llama "común acuerdo", o la voz de la Iglesia (véase DyC 41:9). Esta forma de actuar cumple con las instrucciones dadas por medio de la siguiente revelación:
"Asimismo, os digo que a ninguno le será permitido salir a predicar mi evangelio ni a edificar mi iglesia, a menos que sea ordenado por alguien que tenga autoridad, y sepa la iglesia que tiene autoridad, y que ha sido debidamente ordenados por las autoridades de la iglesia" (DyC 42:11)
Adviértase que existen dos requisitos: primero, debemos recibir autoridad de alguien que la posee y ha sido ordenado por los líderes de la Iglesia; y segundo, debe saberse en la Iglesia que él posee esa autoridad.
El sostenimiento en el sacerdocio y el ser apartado a un oficio se hace públicamente, para que se sepa en la Iglesia quién posee la autoridad, tal como se estipula en las Escrituras.
El que los nombres de los que son llamados a oficios o cargos dentro de la Iglesia se presenten en la debida reunión brinda una gran seguridad a la Iglesia (véase DyC 20:65). A cualquiera que trate de aparentar o engañar se le descubrirá inmediatamente. Si alguien afirma haber sido secretamente ordenado para un llamamiento especial o para pertenecer a un orden más alto dentro del sacerdocio, se sabrá inmediatamente que lo que dice es falso.
Los nombres de los varones que van a ser ordenados al Sacerdocio de Melquisedec o a otro oficio dentro de ese sacerdocio se presentan en las conferencias de estaca o distrito. (En una misión, un distrito es como una estaca. Una rama dentro de una estaca o distrito es como un barrio) Se solicita a la congregación que apruebe la ordenación levantando la mano derecha o, si se opone a dicha ordenación, que lo manifieste de la misma forma. Ello se lleva a cabo en una reunión de estaca debido a que la presidencia de estaca preside sobre el Sacerdocio de Melquisedec.
En una emergencia, por ejemplo, en que un joven esté para salir de misión y todavía no haya sido ordenado élder, la presidencia de estaca debe presentar su nombre para que se efectúe el sostenimiento en una reunión sacramental del barrio; luego, se presentará la ordenación para su ratificación en la primera reunión pertinente de estaca. Este procedimiento se debe llevar a cabo sólo en caso de emergencia, en caso contrario, no es correcto hacerlo de esa forma.
Los avances en el Sacerdocio Aarónico se sostienen en las reuniones de barrio debido a que el obispado preside sobre el Sacerdocio Aarónico. A los miembros que son llamados a ocupar cargos dentro de las organizaciones auxiliares se les sostiene también, antes de ser apartados, en la reunión pertinente de estaca o barrio.
El obispo, como juez común, preside sobre todos los miembros de su barrio, incluso los poseedores del Sacerdocio de Melquisedec (véase DyC 107:74). Todos los miembros deben pagar los diezmos al obispo y pedirle consejo.
-El obispo debe ser un sumo sacerdote (véase DyC 68:19; 84:29; 107:17,69-73), y es designado como el sumo sacerdote presidente del barrio. En esa capacidad, él puede presidir en las reuniones del consejo de barrio y del consejo ejecutivo del sacerdocio de barrio al que asisten los oficia- les del quórum de élderes y del grupo de sumos sacerdotes.
A pesar de que un obispo puede recomendar a un hombre para que sea ordenado élder o sumo sacerdote, y verificar su dignidad, la aprobación y la ordenación están a cargo de la presidencia de estaca. Un obispo no llama ni releva a la presidencia de un quórum de élderes; esa asignación está a cargo de la presidencia de estaca.
Un obispo puede convocar un consejo disciplinario con el fin de considerar la trasgresión de un élder de su barrio; puede suspenderle los derechos de miembro si el caso lo requiere, pero no puede privarle del sacerdocio por excomunión. En ese caso, sería necesario un consejo disciplinario presidido por la presidencia de estaca, que es la que gobierna al Sacerdocio de Melquisedec.
RECOMENDACIONES PARA EL TEMPLO
El obispo tiene la autoridad para juzgar la dignidad de un miembro para recibir una recomendación para el templo; y sus consejeros tienen la autoridad para ayudarlo a entrevistar a los miembros del barrio que desean renovar su recomendación. El presidente de estaca o sus consejeros entrevistan también a las personas que desean entrar al templo, porque allí los miembros participan en ordenanzas relacionadas con el Sacerdocio de Melquisedec.
MÁS DE UN OFICIO QUE REQUIERA ORDENACIÓN
En ciertas ocasiones, un hombre puede poseer a la vez más de un oficio que requiera ordenación. Por ejemplo, tanto los obispos como los patriarcas son también sumos sacerdotes. De la misma forma, un hombre puede poseer un oficio que requiera ordenación y a la vez ser apartado para otros oficios. Por ejemplo, un élder que ha sido ordenado puede ser apartado para cargos tales como presidente de quórum, como líder de misión de barrio o presidente de la Escuela Dominical.
OBRE TODO VARÓN EN EL OFICIO PARA EL CUAL HA SIDO LLAMADO
El Señor nos ha aconsejado: "...aprenda todo varón su deber, así como a obrar con toda diligencia en el oficio al cual fuere nombrado" (DyC 107 :99). Un élder que ha sido llamado a un cargo en una presidencia debe respetar los llamamientos de las personas sobre las cuales preside. Debe permitirles, e incluso ayudarles a llevar a cabo los deberes de sus llamamientos sin usurpar sus responsabilidades.
A su vez, los poseedores del sacerdocio deben evitar pasar sobre su líder inmediato y buscar una autoridad superior pensando que recibirán mejor consejo, más sabiduría, más espiritualidad y autoridad. Es mejor respetar los llamamientos de las personas sobre las cuales presidimos y los de los que presiden sobre nosotros.
EL NOMBRE DEL SEÑOR
En lugar de decir "La Iglesia Mormona" debemos llamar a la Iglesia por su nombre: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, "porque así”, nos dijo el Señor por medio de una revelación: "se llamará mi iglesia en los postreros días" (DyC 115:3-4).
Cuando oficiamos en el sacerdocio, lo hacemos siempre en el nombre del Señor (véase 3° Nefi 27:1-10). Cuando actuamos de acuerdo con el debido orden de las cosas, actuamos en nombre del Señor y es como si Él estuviera allí en lo que respecta a la validez de la ordenanza. El Señor dijo a uno de los hombres que había sido apartado para predicar el evangelio:
"Y pondré sobre ti mi mano por conducto de las de mi siervo Sidney Rigdon, y recibirás mi Espíritu, el Espíritu Santo, sí, el Consolador, que te enseñará las cosas apacibles del reino" (DyC 36:2, cursiva agregada).
EXCEPCIONES
En ocasiones puede haber excepciones a las reglas y principios por medio de los cuales se gobierna el sacerdocio. Se debe prestar sumo cuidado para que todo lo que tenga que ver con las ordenaciones y los apartamientos se efectúe en forma apropiada. Por lo general, las excepciones debe aprobarlas la Primera Presidencia de la Iglesia.

EL REGISTRO DE ORDENACIONES y APARTAMIENTOS
En la Iglesia se llevan siempre registros de las ordenaciones y apartamientos que se efectúan en ella (véase DyC 20:63-64; 85:1-2; 127:9). Porque "he aquí, mi casa es una casa de orden, dice Dios el Señor, y no de confusión" (DyC 132:8; véase también DyC 88:119; 109:8).
ORDENANZAS
El Sacerdocio de Melquisedec "...administra el evangelio y posee la llave de los misterios del reino, sí, la llave del conocimiento de Dios.
"Así que, en sus ordenanzas se manifiesta el poder de la divinidad.
"Y sin sus ordenanzas y la autoridad del sacerdocio, el poder de la divinidad no se manifiesta a los hombres en la carne;
"porque sin esto, ningún hombre puede ver la faz de Dios... y vivir" (DyC 84: 19-22).
El sacerdocio, al cual se le asocia siempre con la obra de Dios, "continúa en la iglesia de Dios en todas las generaciones, y es sin principio de días ni fin de años" (DyC 84:17).
."Porque quienes son fieles hasta obtener estos dos sacerdocios de los cuales he hablado y magnifican su llamamiento, son santificados por el Espíritu para la renovación de sus cuerpos.
"Llegan a ser los hijos de Moisés y de Aarón, y la descendencia de Abraham, y la iglesia y reino, y los elegidos de Dios.
"Y también todos los que reciben este sacerdocio, a mí me reciben, dice el Señor;
"porque el que recibe a mis siervos, me recibe a mí;
"y el que me recibe a mí, recibe a mi Padre;
"y el que recibe a mi Padre, recibe el reino de mi Padre; por tanto, todo lo que mi Padre tiene le será dado" (DyC 84:33-38).

Gordon B. Hinckley - La Soledad del Liderazgo

publicado a la‎(s)‎ 25 de sept. de 2009 13:55 por Fernando Cardozo

La Soledad del Liderazgo
Elder Gordon B. Hinckley

4 de noviembre de 1969
Universidad de Brigham Young

Discursos del Año

PUBLICADO POR LA IMPRENTA DE LA UNIVERSIDAD DE BRIGHAM YOUNG, PROVO, UTA
Traducido por Pablo D. Garaguso
 
La Soledad del Liderazgo
Un discurso dado al cuerpo de estudiantes de la Universidad de Brigham Young
por el ELDER GORDON B. HINCKLEY
Consejo de los Doce de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Con una introducción por Ben E. Lewis
Vicepresidente ejecutivo de la Universidad de Brigham Young
4 de noviembre de 1969

 
El Elder Gordon B. Hinckley, un miembro del Consejo de los Doce de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días ha dedicado un gran parte de su vida al servicio de la Iglesia.

Además de sus responsabilidades en la Iglesia, ha sido activo en su comunidad, y en asuntos de negocios como director de KSL Inc., que opera como un afiliado en radio y televisión de CBS; director del “Deseret News Publishing Company”, dueña del mayor periódico y la mayor imprenta comercial en la “Intermountain West”, director de “Beneficial Life Insurance Company”; vicepresidente y director de “Recording Arts Inc.”; director de “Zions First National Bank”; director de “Bonneville International Corp.”; y director del “Deseret Management Corporation” de toda Lago Salado; director de KIRO televisión y radio de Seattle, Washington; y como director de las estaciones de radio WNYW y WRFM en la ciudad de Nueva York.

El Elder Hinckley nación el 23 de Junio de 1910 en Lago Salado, hijo de Bryant S. Y Ada Bitner Hinckley. Luego de asistir a escuelas locales, se graduó en la Universidad de UTAH en 1932.

En junio de 1933 fue llamado a servir en una misión regular para la Iglesia en Gran Bretaña, y en marzo de 1934 se le asignó a la misión Europea con las oficinas en Londres. En los dos años que siguieron al regreso de su misión en 1935 fue llamado a trabajar en la Mesa General de la Escuela Dominical, en donde sirvió por 9 años (desde 1937 hasta 1946).

Por dos décadas, hasta que fue llamado como asistente al consejo de los Doce el 10 de abril de 1958, el Elder Hinckley fue secretario del comité de Publicidad y Literatura Misional de la Iglesia, y en los últimos 7 años también fue secretario ejecutivo del comité Misional General. Fue llamado al Consejo de los Doce el 5 de octubre de 1961.

Tuvo numerosas asignaciones especiales de la Primera Presidencia de la Iglesia, siendo cuatro de ellas en conexión con la preparación y dedicación de cuatro templos: el Templo de Suiza, primer templo mormón en Europa (Septiembre de 1955); el Templo de Los Ángeles (marzo de 1956), el Templo de Nueva Zelanda (abril de 1958) y el Templo de Londres (Septiembre de 1958).

Es autor de cinco libros, ha editado un número de otros, y escrito numerosos manuales de la Iglesia, folletos, y guiones de radio y cine. Además de estas variadas actividades, ha servido como miembro de la presidencia de la Estaca Mill Creek Este por diez años, y fue llamado como presidente de la misma tan solo dos años antes de ser llamado como Autoridad General.

Casado con el amor de su niñez, Marjorie Peay, tienen cinco hijos.
 
VICEPRESIDENTE BEN E. LEWIS

Nuestro orador devocional hoy es el Elder Gordon B. Hinckley, miembro del Consejo de los Doce Apóstoles de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. También es un miembro de la Mesa de Administradores de la Universidad de Brigham Young.

Tengo una página completa con muchas cosas sobre este buen hermano. Al sentarme hoy aquí el me dijo “Ahora bien, si usted es el que me va a presentar, apreciaría que simplemente borrara toda la charla presuntuosa y nos permitiera empezar la batalla”.

Así que de acuerdo con su pedido, haremos eso. Queremos darle la bienvenida a él y a su buena esposa. Deben saber que tienen cinco hijos, y que uno de ellos asiste a la Universidad Brigham Young. Este hombre es uno de los grandes de nuestros días, un autor notable, orador, misionero, y un miembro ejemplar de La Iglesia de Jesucristo. Aquí tenemos a un hombre que ama al Señor y a sus semejantes, el Élder Gordon B. Hinckley del Consejo de los Doce.


ELDER GORDON B. HINCKLEY

Aprecio mucho la música de la banda [la Banda sinfónica de BYU, dirigida por Richard Ballot]. Todos ustedes están ahora bien despiertos después de eso, así que haré lo que pueda para regresarlos a su estado anterior.

He venido aquí hoy sin un discurso escrito. Tenía uno, pero lo descarté. Me desperté a las cinco de la mañana pensando en algo más, pero cuando termine supongo que ustedes dirán “debería haber seguido durmiendo”.

No estoy aquí para predicar, y no les quiero predicar a ustedes. Es fácil predicar y lo hacemos bastante a la gente joven. Simplemente quiero hablar con ustedes. Creo que valen el tiempo que pase con ustedes. Creo que valen que razonemos juntos.

Este es un servicio devocional. Tengo solo un deseo y es compartir algunos pensamientos en una manera muy informal, con la esperanza y ruego de que pueda traer alguna pequeña medida de inspiración hacia ustedes que los inspire. Pienso que lo necesitan, que todos lo necesitamos. Oré esta mañana para poder ser capaz de hacerlo, para ser guiado por el Santo Espíritu, y espero que sus oraciones acompañen a la mía.

Presidente Nixon

Supongo que muchos de ustedes al igual que yo, miraron anoche al Presidente Nixon dirigirse a la nación y ser escuchado por el mundo. Lo observé con mucho interés. Lo observé al limpiar el sudor de su rostro, dándome cuenta, estoy seguro, de la importancia de lo que decía. Al verlo así pensé en la terrible soledad del liderazgo.

La soledad del Liderazgo

Es verdad que el tiene consejeros. Los tiene a su disposición y puede llamar a cuantos hombre pueda para consultar, pero cuando todas las astillas han caído, tiene que enfrentarse solo al mundo, como debe ser. Los consejeros no enfrentan el fuego de cañón de la opinión pública. Eso recae en el líder.

Al sentir yo la soledad del liderazgo por observarlo vinieron a mi mente palabras atribuidas a la Reina Victoria: “Sin calma descansa la cabeza del que lleva la corona”.
La guerra de Vietnam

Si el Señor me inspira querría hablar brevemente sobre eso. Se me preguntó cuando alguien supo que iba a hablar aquí, que dijera algo sobre la guerra de Vietnam. Estoy no muy bien dispuesto a hacerlo, pero pensando en términos del tema en general expresaré algunos pensamientos. Tengo muchos sentimientos en cuanto a este conflicto. He estado en Vietnam del Sur un número de veces. He presenciado el crecimiento de nuestras fuerzas de ser un puñado la primera vez que fui en 1961 a los 540000 que había la última vez. Tengo un poco de sentimientos amargos sobre los aspectos del conflicto. En conversaciones privadas he hablado calmadamente, nunca en público, con cierto criticismo incisivo  por algunas cosas que observé. He estado en situaciones en donde traté de consolar a aquellos que dolían sobre la pérdida de hijos escogidos. He llorado al retirarme de la cama de aquellos que han sido mutilados de por vida. Pienso haber sentido muy agudamente los sentimientos de muchos de nuestros jóvenes concerniente a este terrible conflicto en el que estamos embarcados, pero estoy seguro que estamos allí por causa de un gran espíritu humanitario en los corazones de esta nación. Estamos ahí en el espíritu de ser guardas de nuestros hermanos. Tengo confianza en que hemos sido motivados por consideraciones de este tipo más allá de las actitudes sobre la conducta de la guerra, de nuestros sentimientos sobre la diplomacia de nuestra nación, y debemos vivir con nuestra conciencia por aquellos cuya libertad hemos luchado por preservar. Estamos allí, y nos encontramos en una posición muy solitaria como líderes en el mundo, criticados tanto en el hogar como en el extranjero.

Vivir con nosotros mismos

Hay una gran soledad en el liderazgo, pero repito, tenemos que vivir con nosotros mismos. Un hombre tiene que vivir con su conciencia. Un hombre tiene vivir a la altura de sus sentimientos profundos, como lo hace una nación, y debemos enfrentar la situación. Se de pocas alternativas, si hay algunas, con las que tenemos que vivir más allá de la alternativa con la que nos vemos inmediatamente enfrentados. Pienso que es eso de lo que quiero hablar hoy.

Hay soledad en cada aspecto del liderazgo. Pienso que de alguna manera lo sentimos en esta Universidad. BYU está en boca de discusión en toda la nación hoy en día por algunas de nuestras prácticas y políticas, y por nuestros procedimientos, pero quiero ofrecer el pensamiento de que ninguna institución ni ningún hombre jamás ha vivido en paz consigo mismo en un espíritu de compromiso. Debemos mantenernos por las políticas que hemos adoptado. Podremos preguntarnos [maravillarnos o cuestionarnos] en nuestros corazones, pero debemos mantener esa posición establecida ante nosotros por aquel que nos guía, nuestro profeta.

El Salvador caminó solo

Siempre ha sido así. El precio del liderazgo es soledad. El precio de adherirse a la conciencia es soledad. El precio de seguir principios es soledad. Pienso que es ineludible. El Salvador del mundo fue un hombre que caminó en soledad. No conozco de cualquier otra declaración que remarque más este hecho que esta patética [triste] oración:

...las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza. (Mateo 8:20)
No hay una imagen más solitaria en la historia que aquella del Salvador en la cruz, solo, el Redentor de la humanidad, el Salvador del mundo, llevando a cabo la exaltación. El Hijo de Dios sufriendo por los pecados de los hombres. Al pensar en ello, reflexiono en lo dicho por Channing Pollock.

“Judas con sus treinta piezas de plata fue un fracaso. Cristo en la cruz fue la mayor figura de tiempo y eternidad.”

José Smith

De la misma forma, José Smith fue una figura de soledad. Tengo un gran amor por el niño que salió de los bosques, que después de esa experiencia nunca pudo ser el mismo otra vez. Que fue ultrajado y perseguido, y visto despectivamente. ¿Pueden sentir la [tristeza] en estas palabras del niño profeta?

...Porque había visto una visión; yo lo sabía, y sabía que Dios lo sabía; y no podía negarlo, ni osaría hacerlo; por lo menos, sabía que haciéndolo, ofendería a Dios y caería bajo condenación. (JSH 1:25).

Hay pocas imágenes más penosas, no al menos en nuestra historia, que la del profeta siendo llevado a través del río Mississippi por Stephen Markham, sabiendo que sus enemigos intentaban asesinarlo, mientras que algunos de los suyos lo acusaran de huir. Escuchen esta respuesta:

Si mi vida no es de valor para mis amigos, no es de valor para mí. (DHC 6:549, junio de 1844).

La Historia de la Iglesia

Esta ha sido la historia de esta Iglesia, mis jóvenes amigos, y espero que nunca lo olviden. Vino como resultado de la posición de liderazgo impuesta sobre nosotros por el Dios del cielo que llevó a cabo la restauración del evangelio de Jesucristo. Cuando la declaración concerniente a que está es la única Iglesia viviente y verdadera sobre la faz de la tierra fue hecha, se nos puso inmediatamente en una posición de soledad, la soledad del liderazgo de la que no podemos encogernos ni huir, y la que debemos enfrentar con osadía, valor, y habilidad. Nuestra historia es una de expulsiones, de ser emplumados y embreados, o de ser perseguidos y cazados. Recientemente hemos experimentado una nueva ola de criticismo, como muchos de ustedes ya saben.

Me remito a esta palabras de Pablo:

...atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, mas no destruidos; (2 Corintios 4:8-9).

La soledad de un misionero

Anoche hablé con el padre de un misionero. El dijo “Recién hablé con mi hijo que está en otra tierra. Está derrotado. Está destruido. Está solo y tiene miedo. ¿Qué puedo hacer para ayudarlo?”

Le respondí, “¿Hace cuanto que se encuentra allí?”

El dijo, “Tres meses”

Le dije, “Supongo que esa es la experiencia de casi cada misionero que ha estado allí por tres meses. Casi no hay ningún joven o jovencita que ha sido llamado para ir al mundo en una posición de responsabilidad para representar a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días que no haya sentido en gran parte del tiempo, estoy seguro, en los primeros meses de su misión la terrible soledad de esa responsabilidad. Pero también aprende, al trabajar en el servicio del Señor, la dulce y maravillosa compañía del Espíritu Santo que suaviza y lo rescata de esos sentimientos de soledad.”

El converso solitario

Lo mismo ocurre con un converso. Estuve pensando esta mañana de un amigo que conocí cuando servía en la misión de Londres treinta y seis años atrás. Recuerdo una vez que vino hasta nuestro departamento en una noche lluviosa. Golpeó la puerta y lo invité a pasar.

El dijo, - “Tengo que hablar con alguien. Estoy solo. Estoy acabado.”

- “¿Cual es tu problema?”

- “Cuando me uní a la Iglesia poco más de un año atrás, mi padre me dijo que me fuera de su hogar y nunca regresara, y nunca he sido desterrado.”

“Hace algunos meses el club de cricket del que soy miembro me expulsó, me prohibieron la membresía los chicos con quienes crecí y con quienes fui tan cercano y amigo.”

Luego agregó, “el mes pasado mi jefe me despidió por ser miembro de esta Iglesia y por no poder conseguir otro trabajo he tenido que pedir limosna.”

“Anoche la chica con la que salí por un año y medio me dijo que nunca se casará conmigo por ser Mormón.”

Le respondí: “Si esto le ha costado tanto, ¿por qué no abandona la Iglesia y vuelve a la casa de su padre, a su club de cricket, y al trabajo que tanto significaba para usted, y a la mujer que piensa que ama?”.

El no dijo nada por lo que me pareció un tiempo muy largo. Entonces, agachando su cabeza entre sus manos lloró y lloró. Finalmente me miró y a través de sus lágrimas dijo: “No podría hacer eso. Sé que es verdad, y aunque me cueste la vida nunca podría renunciar.” Recogió su capa mojada y caminó por la puerta afuera en medio de la lluvia. Mientras lo observaba pensé de la soledad de conciencia, soledad de testimonio, soledad de fe, y en la fortaleza y consuelo del Espíritu de Dios.

La soledad de Testimonio

Quisiera concluir diciendo aquí hoy, a ustedes hombres y mujeres jóvenes que se encuentran en esta basta congregación: esta es su suerte. Oh!, están aquí todos juntos hoy, son todos de un mismo tipo, de un mismo parecer. Pero se están preparando para ir afuera a mundo en donde no tendrán diez mil, veinte mil, veinticinco mil otros como ustedes. Ustedes SENTIRAN la soledad de la fe.

No es fácil, por ejemplo, ser virtuoso cuando todos a su alrededor son los que se burlan de la virtud.

No es fácil ser honesto cuando todos a tu alrededor son los que se interesan en hacer “dinero rápido”.

No es fácil ser industrioso cuando todos a tu alrededor son los que no creen en el valor del trabajo.

No es fácil ser un hombre de integridad cuando todos a tu alrededor son los que violan los principios por conveniencia.

La Paz del Espíritu

Quisiera decirle a los que están aquí hoy, mis hermanos y hermanas, que hay soledad, pero un hombre de su tipo tiene que vivir con su conciencia. Un hombre tiene que vivir con sus principios. Un hombre tiene que vivir con sus convicciones. Un hombre tiene que vivir con su testimonio. A menos que lo haga, el es miserable, terriblemente miserable. Y aunque haya espinas, aunque haya desilusiones, aunque haya problemas y penurias, dolores del corazón, congojas, y desesperación y soledad, también habrá paz y consuelo y fortaleza.

Una promesa y una bendición

Me gustan estas grandiosas palabras del Señor dadas a aquellos que salen y enseñan este evangelio:

..iré delante de vuestra faz. Estaré a vuestra diestra y a vuestra siniestra, y mi Espíritu estará en vuestro corazón, y mis ángeles alrededor de vosotros, para sosteneros.(Doctrina y Convenios 84:88)

Yo pienso que es una promesa para cada uno de nosotros. Yo lo creo, yo lo sé. Doy mi testimonio de su veracidad ante ustedes este día.

Dios los bendiga, mis queridos jóvenes amigos, ustedes de noble nacimiento, ustedes del convenio, ustedes que son la más grande esperanza para esta generación. Hombres y mujeres jóvenes de habilidad y conciencia, de liderazgo y de tremendo potencial.

Dios los bendiga para caminar temerariamente aunque lo hagan en soledad, y para que conozcan en sus corazones la paz que viene de regir su vida por principios, la “paz que sobrepasa todo entendimiento”. Es mi humilde ruego, al dejarlos con mi testimonio de la divinidad de esta santa obra. Como un siervo del Señor, invoco sobre ustedes cada gozo a medida que avanzan en sus vidas para enriquecer y fructificar maravillosamente la experiencia de su vida, en el nombre de Jesucristo. Amen.

Thomas S. Monson - Oración dedicatoria Templo Buenos Aires

publicado a la‎(s)‎ 25 de sept. de 2009 13:09 por Fernando Cardozo

Templo de Buenos Aires Argentina
Elder Thomas S. Monson ofreció la oración dedicatoria el 17 de enero de 1986


Oh, Dios, Nuestro Padre Eterno, Gran Elohim, creador de los cielos,la tierra y todo lo que en ellos existe, venimos ante ti en este sagrado y bendito día con la cabeza inclinada y el corazón rebosante, y con espíritu sumiso.

Oramos a Ti, Padre nuestro, en el nombre de Tu Amado Hijo, Tu Unigénito en la carne, nuestro Redentor y Salvador, Jesucristo, El Señor. Nuestros pensamientos se dirigen a Ti al pensar en Tu Bondad para con nosotros, Tu infinita misericordia, Tu cuidado amoroso y el don de Tu Hijo amado. Sabemos que por medio de la obediencia a Tus mandamientos divinos podremos volver a Ti y ser bendecidos con la vida eterna en Tu sublime presencia.

Te agradecemos este momento, largamente esperado, en que Tu casa está terminada. El sacrificio de los santos a lo largo de años de paciente espera y de esfuerzo constante ha contribuido a que llegara este glorioso día de la dedicación. Permite que prevalezca la paz mientras elevamos la voz en cantos de alabanza y palabras de súplica por Tus bondadosas bendiciones para con nosotros.

Te damos las gracias por la restauración de Tu glorioso evangelio. Nos maravilla Tu doctrina salvadora y nos regocijamos con Tu plan de salvación. Elevamos a Ti nuestra voz agradecida por la vida y el ministerio del profeta José Smith y de cada uno de los presidentes de Tu Iglesia que le siguieron aquí en la tierra. Bendice con salud y sabiduría a Tu siervo, el presidente Ezra Taft Benson. A quien has llamado para dirigir la Iglesia en estos días; revélale Tu voluntad con respecto al progreso de Tu obra entre los hijos de los hombres. Nosotros lo queremos y lo sostenemos de todo corazón. Y así como Te rogamos por el Presidente Benson, también Te pedimos por sus consejeros y todas las autoridades generales y los oficiales y maestros de estacas y misiones, de barrios y ramas en todas partes.

En particular Te agradecemos, nuestro Padre, por los fieles misioneros que han servido, y los que ahora sirven, en éste y en los países vecinos, enseñando Tus verdades y guiando a Tus hijos con Tu luz sempiterna. Recordamos que en esta misma ciudad de Buenos Aires, el día de Navidad del año 1925, hace apenas sesenta años, el Elder Melvin J.
Ballard, un apóstol del Señor, dedicó toda América del Sur para la prédica del evangelio.
Hoy se verifica el cumplimiento de esa oración inspirada. La organización de estacas de Sión aumenta constantemente, se levantan templos en diversas partes de esta tierra y la vida diaria de los miembros de Tu Iglesia es un ejemplo de su fe.

Tus hijos han orado fervientemente para que pudiera terminarse ésta, Tu santa casa.
Nuestros ojos están llenos de lágrimas de gratitud al pensar en los invalorables lavamientos y unciones, en las santas investiduras y los sellamientos sagrados que esperan a los dignos. El saber que tendremos el privilegio y la oportunidad de poner al alcance de nuestros seres queridos que han partido de esta vida las mismas bendiciones, tan esenciales para la exaltación, inspira lágrimas silenciosas que hoy derramamos.

Amado Padre, bendice a todos los que han trabajado en la construcción de este templo, a los que han contribuido con sus medios y esfuerzos al adelanto de Tu obra. Bendice a los fieles pagadores de diezmos de todo el mundo, que han hecho de este sueño una realidad. Haz que cada uno de ellos reciba consuelo y bendición.

Ahora, en el sagrado nombre de Jesucristo y con la autoridad del Santo Sacerdocio en nosotros conferida, cumpliendo la asignación que hemos recibido de Tu profeta, dedicamos a Ti, querido Padre, y a Tu amado Hijo Jesucristo este templo de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en Buenos Aires, Argentina. Lo consagramos para los propósitos sagrados por los cuales se ha edificado. Te lo dedicamos a Ti como casa de oración, casa de ayuno, casa de fe, casa de instrucción, casa de gloria, casa de orden, como la casa de Dios. Dedicamos el terreno sobre el cual está construido.

Dedicamos los arbustos, las flores y demás vegetación que agregan belleza, proveen aromas, dan la bienvenida e invitan a sacra meditación y a pensamientos inspirados.
Dedicamos esta sagrada estructura desde lo más profundo de sus cimientos hasta lo más elevado de sus agujas. Dedicamos cada uno de los cuartos y pasillos, todo el mobiliario y los accesorios, todo elemento y pieza de equipo que ha pasado a formar parte de Tu casa.

Vela por este magnífico templo; protégelo, te suplicamos, de las tormentas, los terremotos, los deterioros del tiempo y de cualquier propósito malvado de los hombres.

Acepta nuestra ofrenda, santifícala con Tu Santo Espíritu y protégela con Tu poder. Y que pueda este templo elevarse siempre como un faro de justicia, indicando a todos el camino a la vida eterna.

Al dedicarlo, te dedicamos nuestra vida misma. Deseamos dejar de lado todo lo que sea mezquino o sórdido y acercarnos a Ti con oración y súplica diarias a fin de tener los pensamientos puros, el corazón y las manos limpias, y que nuestra vida esté de acuerdo con Tus enseñanzas.

Nuestro Padre, te rogamos que continúes bendiciendo a la simiente de Abraham, Isaac y Jacob y, en la misma forma, a los descendientes de Lehi y Nefi, para que las promesas que contienen la Santa Biblia y el Libro de Mormón puedan cumplirse y nuestros hogares y familias sean abundantemente bendecidos.

Que todos los que entren en ésta, Tu casa, tengan el privilegio de decir, como el Salmista de antaño: "Juntos comunicábamos dulcemente los secretos, y andábamos en amistad en la casa de Dios." (Salmos 55: 14)

Te expresamos nuestro amor constante. Deseamos honrar a Ti y a Tu Hijo todos los días de nuestra vida, y que los de nuestra posteridad sigan el ejemplo de Tu Hijo y crezcan y se fortalezcan, y se llenen de sabiduría; y la gracia de Dios esté sobre ellos. (Lucas 2:52)

Te suplicamos que aceptes nuestra ofrenda y santifiques esta casa que hemos edificado.
Bendice nuestra vida, magnifica nuestro servicio y prospera Tu obra.

Que nosotros, Tus hijos, seamos puros y santos ante Ti, mereciendo en esa forma Tus abundantes bendiciones y Tu cuidado constante, te rogamos en el nombre de Tu Hijo Amado, el nombre de Jesucristo, El Señor. Amén.

Gordon B. Hinckley - Cómo llamar a servir y como relevar

publicado a la‎(s)‎ 25 de sept. de 2009 13:04 por Fernando Cardozo   [ actualizado el 25 de sept. de 2009 13:08 ]

El camino más desafiante al cual se enfrenta cualquier líder de la Iglesia es el de seleccionar, llamar y capacitar a los oficiales y maestros y la tarea más delicada a la que se enfrenta es la de relevar a aquellos que no están llevando, a cabo lo que se espera de ellos. La habilidad que se tenga para manejar este tipo de responsabilidades constituye la medida de su liderazgo. Los cambios de oficiales y maestros son casi increíbles. Me crié en el Barrio 1 de la Estaca Liberty y desde el momento en que nací hasta después que regresé de la misión conocí a un solo obispo, John C. Duncan. Supongo que el tiempo promedio de servicio de un obispo en aquellos días era de por lo menos quince años. El Obispo Vandenberg recientemente señaló que fueron llamados alrededor de 800 nuevos obispos el año pasado, lo cual significa que un obispo es reemplazado, aproximadamente, cada cinco años, y este promedio de años de servicio parece decrecer día él día. El Elder Harold B. Lee dio unas cifras que indican que en 1985 tendremos alrededor de 2.300 nuevos obispos y 200 nuevos presidentes de estaca por año. ¡Qué desafío tenemos entonces en seleccionar, llamar y capacitar a aquellos cuyas responsabilidades son tan importantes para esta obra!
La situación en las organizaciones auxiliares es aún más alarmante. La Sociedad de Socorro es relativamente estable, sin embargo, tengo la seguridad que esa situación cambiará debido a que el número de madres que trabajan continúa aumentando. Las cifras de la Escuela Dominical indican que hay un gran número de cambios de oficiales y maestros cada año. Yo estuve en la mesa directiva de la Escuela Dominical por más de nueve años, pero sé que la duración de un llamamiento de los oficiales de la Escuela Dominical ha cambiado radicalmente desde que yo serví en esa posición.
La Mutual, en la organización de Hombres Jóvenes, sugiere una situación mucho más alarmante; el promedio de duración de un oficial en esta organización es de nueve meses y el de un líder de clase es de siete meses.
Creo que estos cambios rápidos son síntomas de un serio problema dentro del seno de nuestra Iglesia pues es un indicador de ineficiencia, y sin duda, la razón radica usualmente en la forma en que estos oficiales y maestros son llamados y capacitados. Todo esto apunta a la necesidad de mejorar los procedimientos utilizados al llamar a los miembros a servir en diferentes posiciones.
Cómo extender un llamamiento
Creo que el primer principio que necesitamos enfatizar es que no debemos buscar posiciones en la Iglesia. Estoy personalmente alarmado por el número de pedidos que tenemos de padres y obispos para que sus misioneros sean asignados a determinados lugares de trabajo. Creo que esto es el síntoma de una actitud que va en aumento. El Señor dijo: "No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, Él os lo dé." (Juan 15:16). No es tarea del individuo seleccionar el lugar donde servirá, o la asignación que aceptará en la Iglesia; tampoco es la prerrogativa de una persona el rechazar livianamente un llamamiento por razones insignificantes. Supongo que ninguno de los que hayamos escuchado al Presidente Clark durante la Conferencia General del 9 de Abril de 1951 podrá olvidar sus palabras. Son dignas de repetición:
"En el servicio del Señor no importa dónde se sirve, sino cómo se sirve. En  La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, uno toma el lugar adonde ha sido debidamente llamado; tal lugar no se busca ni se rechaza."
Habiendo establecido tal principio, repasaremos brevemente los errores más comunes al llamar individuos a servir en la Iglesia, errores que frecuentemente resultan en desinterés por parte de los que son llamados y la consecuente ineficacia en la tarea a realizar.
El primer error que mencionaré es la falta de consideración de talentos y actitudes  Siempre me impresiona el gran esfuerzo que hacemos en seleccionar a un nuevo presidente de estaca; se pierden muchas horas realiza1do entrevistas antes de seleccionar al nuevo presidente. Aunque no espero que un obispo realice ese tipo de esfuerzo seleccionando oficiales en un barrio, el cuidado empleado en la selección de un presidente de estaca debe servirle de ejemplo en cuanto a la manera y cuidado que se debe poner en dicho proceso. Me impresiona el relato de las escrituras respecto de la selección del profeta Mormón para ser el encargado de cuidar de las planchas.
"Y más o menos en la época en que Ammarón ocultó los anales para los fines del Señor, vino a mí (tendría yo unos diez años de edad, y empezaba a adquirir alguna instrucción en la ciencia de mi pueblo), y me dijo Ammarón: Veo que eres un niño serio, y presto para observar, " (Mormón 1:2).
Luego Ammarón relata las virtudes de Mormón y le da una asignación de acuerdo a sus talentos y aptitudes
Falta de consideración a lo sagrado del llamamiento: Hace poco un amigo me contó una experiencia que él y su esposa tuvieron cuando visitaron un barrio donde él había sido invitado a hablar. El obispo pensó que su esposa era nueva en el barrio, así que se dirigió a ella y sin mediar presentación o consideración de las circunstancias le pregunto si no le gustaría trabajar en la Primaria. Ahora bien, este es un caso extremo, pero estoy convencido de que muchos obispos manejan llamamientos con este tipo de liviandad. Cuando fracasamos en magnificar el llamamiento es probable que obtengamos falta de interés en el desempeño de las tareas en retorno.
Falta de explicación de las responsabilidades: Las estadísticas de la Escuela Dominical indican que solamente un 14% de sus oficiales y maestros asisten a las reuniones de capacitación. Supongo que gran parte del problema resulta del hecho de que al momento que estas personas fueron llamadas a servir, no se les explicó clara y específicamente cuáles serían sus responsabilidades. Estoy seguro que todos hemos escuchado a algunos oficiales y maestros decir: "Yo no sabía que debía hacer eso".
Falta de comunicación con los líderes locales: Un presidente de estaca en ocasiones llama a personas a servir sin consultar previamente con sus respectivos obispos. La queja de muchos años ha sido que los
setenta han sido llevados a trabajar en otras asignaciones sin previa discusión en cuanto al asunto con sus respectivos quórumes de setenta. Pienso que aquellos que tienen la responsabilidad de extender  llamamientos, también tienen la obligación de expresar cierto grado de cortesía para con aquellos que presiden a las personas que ellos desean llamar, en otras palabras, consultar con ellos respecto al llamamiento propuesto.
Falta de dignidad del individuo: Estoy seguro que todos nos hemos encontrado en situaciones en donde ciertos individuos har1 sido llamados a posiciones en las cuales no deberían haber estado, por causa de haberse llevado a cabo una mala entrevista donde no se evaluó correctamente la dignidad del individuo.
Demasiada insistencia y ruegos: Existe una exagerada tendencia a rogar a las personas para que acepten responsabilidades en la Iglesia. Creo que ellos deben recibir el llamamiento tal como si viniera de un siervo del Señor. Ningún obispo o líder de la Iglesia debería arrodillarse o rogarle a los miembros para que sirvan en el reino del Señor.
Estos son algunos de los errores más comunes que terminan en serios problemas. Repasemos rápidamente algunos aspectos cuando seleccionamos personas para servir:
Primero: Familiarizarse con los requisitos del llamamiento: El que está extendiendo el llamamiento debe saber los requisitos de dicha posición a fin de que pueda escoger a la persona adecuada para satisfacer dichos requerimiento. No le pidamos peras al olmo.
Segundo: Conocer la actitud del candidato: Con relación a esto, no conozco mejor declaración respecto a aquellos que sirven en el reino de nuestro Padre que la palabra del Señor tal como fue dada en la sección 64 de Doctrina y Convenios: "He aquí, el Señor requiere el corazón y una mente bien dispuesta." (DyC 64:34)
Tengo completamente claro en mi mente que la habilidad no es tan importante en la obra del Señor como es la actitud y el espíritu.
Tercero: Consultar con otros consejeros o líderes de las organizaciones: Cada obispo debe consultar con sus consejeros al llamar a cualquier persona a trabajar en el barrio. Cada presidente de estaca debe consultar con sus consejeros. Creo que hay gran seguridad en el sistema de consejos. Creo que hay demasiada tendencia con algunas organizaciones para que sea sólo uno quien selecciona a las personas que oficiarán en su organización. De hecho, creo que en el principio de que los nombres de aquellos que servirán en una estaca deben ser presentados a los miembros del sumo consejo; es seguro y también muy sabio. La semana pasada entrevisté a un joven quien había solicitado ingresar como capellán, teníamos una carta de su presidente de estaca y yo pensé que él sería un buen candidato. Él era un joven muy agradable pero yo sentí la necesidad de llamar a su obispo para hacerle una o dos preguntas. Descubrí que este joven se había visto involucrado en algunos problemas en su barrio y había sido puesto en probación por un tiempo, ciertamente no era digno de servir en una posición de capellán. El consultar sobre aquellos que tendrán responsabilidades de liderazgo nunca es exagerado.
Cuarto: Orar por la guía del Señor: Todos ustedes están familiarizados con el llamamiento de David. Samuel fue instruido por el Señor para hallar a un nuevo profeta que reemplazara a Saúl. Los hijos de Isaí fueron llevados ante Samuel y él miró primero al apuesto y varonil hijo mayor y dijo:
"Y aconteció que cuando ellos vinieron, él vio a Eliab, y dijo: De cierto delante de Jehová está su ungido. Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos" pero Jehová mira el corazón." (1 Samuel 16:6-7)
Necesitamos inspiración divina cuando llamamos a aquellos a servir en el reino de nuestro Padre.
Otros aspectos en la selección de candidatos podrían ser mencionados pero éstos bastarán para señalar la necesidad del cuidado en esta tarea.
Habiendo seleccionado al individuo, discutiremos ahora Cómo extender el llamamiento.
Primero: Siento Que aquel que preside debe extender el llamamiento: En un barrio generalmente el obispo, en la estaca generalmente el presidente de la estaca. Pueden existir algunas circunstancias excepcionales, pero corno regla general este es un buen principio, el cual dignificará el llamamiento aumentando la, importancia del oficio al cual la persona es llamada.
Segundo: El lugar de la entrevista: Éste no debe ser ni el corredor ni la vereda. Generalmente es la oficina del presidente de estaca o el obispado. Jamás olvidaré cuando el Presidente McKay me invitó a su  oficina para comunicarme de mi llamamiento; no me invitó a sentarme frente a él, sino que me hizo sentar a su lado y me miró directamente a los ojos. Sentí que él estaba mirando mi propia alma. Nunca olvidaré esa experiencia. El mismo principio debe regir para cualquier otro llamamiento. Nuevamente, creo que es sumamente importante enfatizar, que al extender un llamamiento no debemos hacerlo en forma casual y mucho menos en forma arrogante.
Tercero: Entrevistas de dignidad: Estoy convencido de que necesitamos más entrevistas mucho más cuidadosas con los futuros misioneros y con aquellos que ocupan diferentes responsabilidades en la Iglesia.
He tenido, en mi propia experiencia corno presidente de estaca, por lo menos dos casos en los cuales dos hombres habían sido nominados para determinadas responsabilidades, y luego de entrevistas exhaustivas se encontró que sus vidas no eran compatibles con las responsabilidades para las cuales se les había considerado. Pienso que debemos hacer hincapié en esto. Obviamente, debe existir cuidado y discreción, no sea que en vez de algo bueno se ocasione un daño mayor.
Cuarto: Extender el llamamiento: Me interesó estudiar la carta de Wentworth y notar la manera en que Moroni habló con José Smith:
"Este mensajero, Moroni, proclamó ser un ángel de Dios, enviado a traer gloriosas promesas de que el convenio el cual Dios había hecho con el antiguo Israel estaba a punto de cumplirse, y que la obra preparatoria para la Segunda Venida del Mesías estaba a punto de comenzar, que el tiempo estaba cerca para que el evangelio en toda su plenitud fuera predicado con poder a todas las naciones, a fin de que un pueblo pueda ser preparado para el reinado milenario."
Estoy interesado en eso porque Moroni enumeró las responsabilidades de José Smith y señaló el gran propósito de la obra luego continuó (José Smith hablando):
"Se me informó que había sido elegido para ser un instrumento en las manos de Dios para algunos de sus propósitos en esta gloriosa dispensación."
Creo que este es un ejemplo para todos nosotros.
Me gustaría citar un fragmento del llamamiento misional, el cual es un llamado escrito. Creo que es un documento muy importante el cual lleva la firma personal del presidente de la Iglesia.
"Sus líderes le han recomendado corno digno de representar a la Iglesia de nuestro Señor como un Ministro del Evangelio. Será su deber el vivir rectamente, guardando los mandamientos del Señor, honrando el santo sacerdocio el cual usted posee, aumentando su testimonio de la divinidad del Evangelio Restaurado de Jesucristo, siendo un ejemplo en su vida de todas las virtudes cristianas, y conduciéndose corno un devoto siervo del Señor a fin de que pueda ser un eficaz mensajero de la Verdad. Depositamos en usted nuestra confianza y le extendemos nuestras oraciones para que el Señor le ayude a cumplir con sus responsabilidades."
Quinto: Enumerar esas responsabilidades: Es una ocasión impresionante estar en los salones superiores del templo cuando el Presidente de la Iglesia, en la presencia de los Doce y otros, confieren un oficio solemne y sagrado a aquellos que han sido llamados respecto de sus responsabilidades, obligaciones, deberes y oportunidades en su llamamiento. Espero no olvidar nunca mi propia experiencia al respecto y creo que ninguna de las Autoridades Generales la olvidará jamás. Ahora bien, si pudiéramos cultivar en la Iglesia una  experiencia similar en la cual un obispo se sentara con un candidato a servir y le explicara sus responsabilidades Individuales, creo que entonces no tendríamos que cambiar ningún líder cada nueve meses.
Sexto: Contactar a las organizaciones correspondientes: Cuando una persona ha sido llamada, él debe ser referida a su correspondiente líder. Por ejemplo en la organización de Hombres Jóvenes, el Director de Hombres Jóvenes debe enumerarle sus responsabilidades y obligaciones. 
Séptimo: Sostenimiento dentro de la organización correspondiente: Este es un procedimiento con el cual estamos todos familiarizados, y deberíamos decir que estamos en un programa en el cual cada líder en la Iglesia, por lo general, será sostenido por una asamblea constituida por un grupo de individuos con el cual él estará asociado. La presidencia de sumos sacerdotes será sostenida por el grupo de sumos sacerdotes; los presidentes de los setenta por los quórumes de setenta, la presidencia del quórum de élderes por el quórum de élderes; la presidencia de la Escuela Dominical por la Escuela Dominical; y así sucesivamente.
Permítanme agregar algo más acerca de los llamamientos en la Iglesia. Una esposa no debe ser llamada a servir sin hablar con su esposo, y ciertamente, y por lo general, los hijos no deben ser llamados a posiciones de responsabilidad sin tener la cortesía de consultar con los padres; en algunos casos aun deberíamos entrevistarlos. Por ejemplo, cuando se llama a un nuevo obispo, primero se debe hablar con él a solas para determinar su dignidad, y luego invitar a su esposa para conversar con ambos en cuanto a las responsabilidades de su cargo, lo que significará en la vida familiar, y todos los demás asuntos relacionados con esta asignación.
Si una mujer fuera llamada a servir en una posición de responsabilidad y su esposo no fuera miembro de la Iglesia, pienso que podría ser muy apropiado el invitarlo a la entrevista. Esta sería una oportunidad para conversar con él y acercarlo a la Iglesia. De hecho, la necesidad en estos casos podría ser mucho más grande pues el esposo podría volverse antagónico a la actividad de su esposa en la Iglesia.
Cómo relevar
Creo que cada oficial de la Iglesia debería tener un cartel, invisible pero aparente a quien tiene la responsabilidad de supervisarlo, con la leyenda "¡Frágil! Tratar con cuidado". Muchas personas han sido innecesariamente ofendidas por la manera en las que fueron relevadas. De hecho, se entiende que los relevos deben suceder y que ellos suceden por diferentes razones, incluyendo las siguientes:
Rebeldía: Vuelvo a la historia de Samuel, cuando él le dijo a Saúl: "No volveré contigo; porque desechaste la palabra de Jehová, y Jehová te ha desechado para que no seas rey sobre Israel." (1 Samuel 15:26). Saúl se había rebelado.
Enfermedad: No se debe esperar que alguien permanezca en su llamamiento si está poniendo en juego su salud.
Razones familiares: No se debe esperar que alguien permanezca en un llamamiento poniendo en riesgo a su propia familia. Fue mi responsabilidad relevar a un presidente de estaca quien me explicó que su razón para ser relevado era el hecho de que sus hijos se estaban alejando de él y que eso le preocupaba muchísimo. Cuando hablamos al respecto, sentí que estaba justificado que él sugiriera su relevo dadas las circunstancias.
Ineficiencia en sus responsabilidades: Creo que no debemos apresuramos en relevar a las personas por causa de ineficiencia. Debemos esforzarnos por enseñarles, y sólo cuando estamos seguros de que ellos no pueden ser entrenados y volverse más eficaces es cuando debemos proceder a relevarlos.
Ser sabio: Creo que es una buena política determinar primero la posibilidad de otra asignación antes de proceder al relevo, de forma tal que se convierta en un cambio de asignación para la persona y no afecte negativamente a él, su familia u otros. Fui testigo de una situación donde la moral de un hombre fue destruida y la fe de su familia sacudida por causa de un relevo repentino. No debería haber ocurrido. Este hombre tenía aptitudes que no iban de acuerdo con las responsabilidades de la asignación, pero él tenía cualidades que podrían haber sido utilizadas en muchas otras posiciones. Pienso que debemos hacer un esfuerzo sincero para determinar la posibilidad de otra asignación, a fin de que el relevo sea en realidad un cambio de asignación.
El líder debe consultar con la persona que será relevada: Conozco el caso de otro hombre que se enteró de su relevo cuando fue anunciado en la conferencia de estaca, y creo que él nunca regresó a la Iglesia después de eso. Eso tal  vez fue un reflejo de su carácter, pero no debería haber ocurrido. Se le debería haber invitado a la oficina y haber conversado en una forma positiva, pero suave y amable, a fin de que recibiera el relevo con satisfacción en vez de con resentimiento. De esta forma él hubiese ido a su hogar y se lo hubiese explicado a su familia. Entonces hubiera tenido la gran oportunidad de enseñarles una lección. El líder que debe extender los relevos pierde una gran oportunidad a menos que se siente con el individuo involucrado, converse con él el asunto en forma suave, afable y generosa.
Expresar Gratitud: No hay hombre en la Iglesia, no importa su asignación, que no merezca al menos una expresión de gratitud. Conocí a un presidente de misión que decidió que nunca agradecería a nadie por cumplir con su deber. Creo que cualquier hombre que sirve fielmente merece nuestro agradecimiento; es lo mínimo que podemos hacer.
Demos a los miembros la oportunidad de levantar la mano a favor de la persona con la cual se han asociado en expresión  de gratitud por el servicio que él ha prestado.
Y cuando una persona sea relevada que podamos decirle: "Sentimos que ahora es el momento de hacer un cambio en la organización con la cual usted ha estado asociado, pero no permanecerá libre por mucho tiempo. Siento y tengo la responsabilidad personal de que usted reciba otra asignación importante en la Iglesia."
Creo que este asunto de llamar a trabajar y relevar es una de los que necesita mayor atención en la Iglesia. Que el Señor nos bendiga con sabiduría para que podamos cambiar esta tendencia de la cual hemos hablado; una tendencia que considero muy seria, lo ruego en el nombre de Jesucristo. Amén.


Dieter F. Uchtdorf - La influencia de una mujer justa

publicado a la‎(s)‎ 19 de sept. de 2009 13:14 por Fernando Cardozo   [ actualizado el 19 de sept. de 2009 19:40 ]


ELDER DIETER F. UCHTDORF
Liahona setiembre 2009, págs. 3 – 7

Fuente: www.lds.org.ar


En las Escrituras se nombra a varias mujeres que, con sus dones espirituales, han bendecido a personas y a generaciones. Siempre se honrará y recordará a Eva, la madre de toda alma viviente; a Sara, a Rebeca, a Raquel, a Marta, a Elisabet y a
María, la madre de nuestro Salvador; pero en las Escrituras también se mencionan a otras mujeres cuyos nombres nos son desconocidos, pero que nos bendicen por medio de su ejemplo y sus enseñanzas, entre ellas, la mujer de Samaria con la que se encontró Jesús junto al pozo de Sicar (véase Juan 4), la esposa y madre ideal que se describe en Proverbios, capítulo 31, y la mujer fiel que fue sanada simplemente cuando tocó la ropa del Salvador (véase Marcos 5:25–34).
Al considerar la historia de esta tierra y la historia de la Iglesia restaurada de Jesucristo, resulta evidente que la mujer ocupa un lugar especial en el plan de nuestro Padre para la felicidad y el bienestar eternos de Sus hijos.
Espero que mis queridas hermanas de todo el mundo —las abuelas, madres, tías y amigas—, nunca subestimen el poder de su influencia para el bien, ¡especialmente en la vida de nuestros preciados niños y jóvenes!
El presidente Heber J. Grant (1856–1945) dijo: “Sin la devoción y el testimonio absoluto del Dios viviente en el corazón de nuestras madres, la Iglesia se extinguiría” 1. Y el autor de los Proverbios aconsejó: “Instruye al niño en su camino; y aun cuando fuere viejo, no se apartará de él” (Proverbios 22:6).
El presidente Gordon B. Hinckley aconsejó a las mujeres de la Iglesia:
“Es de enorme importancia que las mujeres de la Iglesia defiendan de un modo firme e inquebrantable lo que es correcto y digno bajo el plan del Señor...
“Llamamos a las mujeres de la Iglesia a defender juntas la rectitud. Ellas deben comenzar en sus propios hogares. Pueden
enseñarla en sus clases. Pueden expresarla en sus comunidades” 2.
Se dice que los grandes portones se mueven con bisagras pequeñas. Hermanas, el ejemplo de ustedes en cosas aparentemente pequeñas tendrá gran influencia en la vida de nuestros jóvenes; la forma en que se vistan y su apariencia, su manera de hablar, su manera de orar, su forma de testificar, su modo de vivir día tras día, marcará la diferencia.
Ello también incluye los programas de televisión que vean, la música que elijan y cómo utilicen el internet. Si a ustedes les encanta ir al templo, a los jóvenes que valoren su ejemplo también les gustará; si su modo de vestir se adecúa al gárment del templo en lugar de a la inversa, ellos sabrán qué es lo que ustedes consideran importante y aprenderán de ustedes.
Ustedes son hermanas admirables y excelentes ejemplos; son una bendición para nuestros jóvenes, y el Señor las ama por ello.
Un ejemplo de fe
Quisiera compartir algunas reflexiones sobre mi suegra, la hermana Carmen Reich, que verdaderamente era una dama elegida.
    Ella abrazó el Evangelio en un momento sumamente difícil y oscuro de su vida, y se liberó del dolor y de la aflicción.
Cuando era joven, viuda y madre de dos niñas pequeñas, se liberó de un mundo de viejas tradiciones y entró en uno de gran espiritualidad.
Aceptó muy rápidamente las enseñanzas del Evangelio, con la fuerza intelectual y espiritual que contienen.
Cuando los misioneros le dieron el Libro de Mormón y le pidieron que leyera los versículos que habían marcado, ella leyó el libro entero en sólo unos pocos días.
Aprendió conceptos más allá de la comprensión de sus iguales porque los aprendió por medio del Espíritu de Dios.
Ella fue la más humilde entre los humildes, la más sabia entre los sabios, porque estuvo dispuesta y fue suficientemente pura para creer cuando Dios hubo hablado.
Se bautizó el 7 de noviembre de 1954. Unas pocas semanas después de su bautismo, el misionero que la había bautizado le pidió que escribiera su testimonio; él quería utilizarlo al enseñar para ayudar a otras personas a sentir el verdadero espíritu de conversión.
Felizmente, aquel misionero guardó durante más de cuarenta años el original escrito a mano, y luego se lo devolvió como un regalo muy especial y lleno de amor.
Un testimonio nacido del Espíritu
Permítanme compartir con ustedes parte de aquel testimonio escrito; recuerden que escribió estas palabras apenas unas pocas semanas después de haber escuchado el Evangelio. Antes de conocer a los misioneros, nunca había oído nada sobre el Libro de Mormón, sobre José Smith ni sobre los mormones en general. En 1954 no había templos fuera de los Estados Unidos, salvo en Canadá y Hawai.
Ésta es la traducción al inglés [retraducida al español] del testimonio manuscrito de la hermana Reich:
“Entre las características especiales de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días que no se encuentran en otras comunidades religiosas está, por encima de todo, la revelación moderna dada por medio del profeta José Smith.
“Le sigue el Libro de Mormón, con su lenguaje claro y puro, y con todas las instrucciones y promesas para la Iglesia de Jesucristo; junto con la Biblia, es verdaderamente un segundo testigo de que Jesucristo vive.
“Estamos todos unidos por la fe en un Dios personal, es decir, Dios el Padre, Dios el Hijo, y el Espíritu Santo, que abre la puerta a la oración e influye en nosotros personalmente.
“Además, la certeza de la vida premortal, de la preexistencia, del propósito de nuestra existencia terrenal y de la vida después de la muerte es sumamente valiosa para nosotros y especialmente interesante e instructiva; se expone claramente y da a nuestra vida nuevo significado y dirección.
“La Iglesia nos ha dado la Palabra de Sabiduría como una guía para mantener el cuerpo y el espíritu en el estado más perfecto
posible a fin de cumplir nuestros deseos y metas; mantenemos nuestro cuerpo sano y lo mejoramos, todo ello debido al conocimiento de que lo recibiremos de nuevo, en la misma forma, después de la muerte.
“Por supuesto, algo totalmente nuevo para mí es la obra del templo con sus muchas ordenanzas sagradas, y el tener familias unidas para siempre. Todo esto se recibió por revelación al profeta José Smith”.
Carmen Reich, mi querida suegra, falleció en el año 2000, a los ochenta y tres años.
Una identidad femenina singular
La vida de las mujeres de la Iglesia es un fuerte testimonio de que los dones espirituales, las promesas y las bendiciones del
Señor son para todos los que sean dignos de ellos, “para que se beneficien todos” (D. y C. 46:9; véanse los versículos 9–26).
Las doctrinas del Evangelio restaurado crean una maravillosa y “singular identidad femenina que alienta a la mujer a desarrollar sus aptitudes” como hija verdadera y literal de Dios 3. Al prestar servicio en las organizaciones de la Sociedad de Socorro, las Mujeres Jóvenes y la Primaria, sin mencionar sus actos privados de amor y servicio, la mujer siempre ha tenido y siempre tendrá una función importante para ayudar a “sacar a luz y establecer la causa de Sión” (D. y C. 6:6); cuida del pobre y del necesitado, cumple misiones proselitistas, de bienestar, humanitarias y de otros tipos; enseña a los niños, jóvenes y adultos; y contribuye de muchas otras maneras al bienestar temporal y espiritual de los santos.
Por ser tan grande su potencial para el bien y sus dones tan diversos, es posible que la mujer se encuentre cumpliendo funciones que varíen según las circunstancias de la vida; de hecho, algunas deben desempeñar varias al mismo tiempo. Debido a esto, se alienta a la mujer Santo de los Últimos Días a obtener una preparación académica y capacitación que la califiquen tanto para atender sus labores domésticas y criar una familia recta como para ganarse el sustento fuera de su hogar si la situación así lo exigiera.
Vivimos en una época grandiosa para todas las mujeres de la Iglesia. Hermanas, ustedes son una parte esencial del plan de nuestro Padre Celestial para la felicidad eterna y se les ha investido con un patrimonio divino. Dondequiera que vivan son las verdaderas edificadoras de naciones, porque un hogar fuerte donde reinen el amor y la paz es lo que brinda seguridad a cualquier nación. Espero que ustedes entiendan eso y que los hombres de la Iglesia también lo comprendan.
Lo que ustedes hagan hoy, hermanas, determinará la forma en que los principios del Evangelio restaurado influirán mañana en las naciones de la tierra; determinará cómo los rayos divinos del Evangelio alumbrarán toda nación en el futuro 4.
Aun cuando muchas veces hablamos de la influencia de la mujer en las generaciones futuras, les pido que no subestimen la que ustedes pueden ejercer en la actualidad. El presidente David O. McKay (1873–1970) dijo que la razón principal por la que se organizó la Iglesia es para “que hoy la vida sea agradable, para que hoy se regocije el corazón, para traer salvación hoy …
“Algunos tenemos la expectativa puesta en un tiempo futuro, la salvación y la exaltación en el mundo venidero, pero el hoy
es parte de la eternidad” 5.
   
Bendiciones que no podemos siquiera imaginar
Si viven de acuerdo con esa misión, sean cuales sean las circunstancias de la vida en que se hallen —esposa, madre casada, madre sola, mujer divorciada, viuda o soltera—, el Señor nuestro Dios les presentará responsabilidades y bendiciones que superarán lo que puedan imaginar.
Las invito a elevarse a la altura del gran potencial que llevan en su interior; pero no traten de alcanzar más allá de su capacidad;
no se fijen metas que estén por encima de su habilidad para alcanzarlas; no se sientan culpables ni sigan pensando en el fracaso; no se comparen con otras personas. Hagan todo lo posible y el Señor proveerá el resto; tengan fe y confianza en Él, y verán que en su vida y la de sus seres queridos ocurren milagros.
La virtud de su vida será una luz para los que se encuentren en tinieblas, porque ustedes son un testimonio viviente de la plenitud del Evangelio (véase D. y C. 45:28). Doquiera que se las haya colocado en esta tierra nuestra, hermosa pero a menudo turbulenta, cada una de ustedes puede ser la que “socorre a los débiles, levanta las manos caídas y fortalece las rodillas
debilitadas” (D. y C. 81:5).
Mis queridas hermanas, en su vida cotidiana, con todas las bendiciones y dificultades que trae aparejadas, permítanme asegurarles que el Señor las ama; Él las conoce, escucha sus oraciones y contesta esas oraciones, sea cual sea el lugar del mundo donde se encuentren.
    Él desea que tengan éxito en esta vida y en la eternidad.
Hermanos, ruego que nosotros, los poseedores del sacerdocio —los esposos, padres, hijos, hermanos y amigos de estas mujeres elegidas—, las veamos como el Señor las ve, como hijas de Dios con un potencial ilimitado de influir en el mundo para bien.
Al principio de la Restauración, el Señor habló a Emma Smith por medio de su esposo, el profeta José Smith, y le dio instrucciones y bendiciones: “…si eres fiel y andas por las sendas de la virtud delante de mí… no tienes por qué temer… desecharás las cosas de este mundo y buscarás las de uno mejor… eleva tu corazón y regocíjate… y recibirás una corona de justicia” (D. y C. 25:2, 9, 10, 13, 15).
Respecto a esa revelación, el Señor dijo: “…ésta es mi voz a todos” (versículo 16).
Más adelante, el profeta José Smith dijo a las hermanas de la Iglesia: “Si viven de acuerdo con estos privilegios, no se podrá impedir que los ángeles las acompañen” 6.
Testifico de estas verdades y, como Apóstol de nuestro Salvador, el Señor Jesucristo, les extiendo mi amor y mi bendición.
 
NOTAS
1. Heber J. Grant, Gospel Standards [“Normas del Evangelio”], comp. por G. Homer Dirham, 1941, pág. 151.
2. Gordon B. Hinckley, “El permanecer firmes e inquebrantables” Reunión Mundial de Capacitación de Líderes, 10 de enero de 2004, pág. 21.
3. “Women, Roles of: Historical and Sociological Development” [El papel de la mujer en el desarrollo histórico y sociológico”], citado por Daniel H. Ludlow, ed., en Encyclopedia of Mormonism, 5 tomos,1992, 4:1574.
4. Véase “La luz de la verdad”, Himnos, N° 171.
5. David O. McKay, Pathways to Happiness [“Los caminos hacia la felicidad”], comp. por Llewelyn R. McKay, 1957, págs. 291–292.
6. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: José Smith, pág. 483.



Shayne M. Bowen - Ayunar, Ofrendas de Ayuno y el Diezmo

publicado a la‎(s)‎ 19 de sept. de 2009 13:10 por Fernando Cardozo   [ actualizado el 19 de sept. de 2009 19:37 ]


ÉLDER SHAYNE M. BOWEN
Presidente del Área Sudamérica Sur

Fuente: www.lds.org.ar

Como miembros de la Iglesia, muchas veces pensamos que Dios nos ha dado mandamientos temporales. Por ejemplo, algunos pueden creer que la “Palabra de Sabiduría” es un mandamiento temporal dado para proteger nuestra salud.
Mientras que el resultado de la obediencia a la “Palabra de Sabiduría” es una mejor salud, una mejor salud no es la bendición principal de este mandamiento. Nosotros sabemos de personas que beben y fuman y tienen mejor salud que algunos de nosotros.
El Presidente Boyd K. Packer ha enseñado que la más grande bendición de obedecer la “Palabra de Sabiduría” es el derecho a recibir revelación personal. Esta es una bendición espiritual que nos permitirá escuchar los susurros del Espíritu Santo, y ser guiados en todas las cosas. Si nuestras mentes y cuerpos son prisioneros de la adicción al alcohol, drogas, u otras substancias dañinas, es imposible tener la influencia del Espíritu Santo con nosotros.
Esto es solamente un ejemplo, pero muy claramente nos enseña de los beneficios espirituales de vivir lo que aparenta ser un mandamiento temporal. Este mandamiento nos ayuda a entender mejor la escritura que encontramos en Doctrina y Convenios, Sección 29, versículos 34 y 35:
34 “Por tanto, de cierto os digo que para mí todas las cosas son espirituales, y en ninguna ocasión os he dado una ley que fuese temporal, ni a ningún hombre, ni a los hijos de los hombres, ni a Adán, vuestro padre, a quien yo creé.
35 "He aquí, yo le concedí que fuese su propio agente, y le di mandamientos; pero ningún mandamiento temporal le di, porque mis mandamientos son espirituales; no son naturales ni temporales, ni tampoco son carnales ni sensuales.”
Dios es un Dios de ley y orden. Todo lo que Él hace está basado en leyes, leyes espirituales:
“Hay una ley, irrevocablemente decretada en el cielo antes de la fundación del mundo, sobre la cual todas las bendiciones se basan;Y cuando recibimos una bendición de Dios, es porque se obedece aquella ley sobre la cual se basa.”
(DyC 130:20-21)
Quisiera compartir con ustedes tres principios que, si son entendidos y aplicados, cambiarán sus vidas para siempre.
Quiero empezar dándoles un pequeño ejemplo. Imaginen que tengo un libro en mi mano, y que lo dejo caer. ¿Qué ley están observando? Sí, la ley de gravedad. ¿Cuántas veces se va a caer este libro si yo lo suelto? ¿Está seguro? ¿Está seguro que no va a flotar? Está en lo correcto, porque esta ley fue declarada en los Cielos antes de la fundación de este mundo.
La ley de gravedad siempre funciona de la misma manera. Usted no necesita ser un miembro de la Iglesia para recibir las bendiciones o las consecuencias de respetar esta ley. Esta ley no hace acepción de personas.
Yo quiero hablarles de tres leyes espirituales que Dios nos ha dado:1) el ayuno, 2) las ofrendas de ayuno, 3) el diezmo. Estas tres leyes son espirituales. Estas tres leyes traen aparejadas bendiciones prometidas. Estas tres leyes no tienen nada que ver con dinero, pero sí tienen todo que ver con la fe.
¿Qué tal si hubiera una manera de vencer un mal hábito, una adicción o una pena que tuvieran? ¿Qué tal si hubiera una manera de ganar tal confianza en el Señor, que pudiéramos llamar los poderes de los cielos y saber que Él está allí guiando nuestros pasos? Hay una manera.
¿Qué tal si pudieran enseñar principios a nuestros jóvenes descarriados y a otros seres queridos que les permitieran vencer sus desafíos personales y acercarse más a Dios y verdaderamente sentir Su fortaleza, Su amor y Su preocupación por ellos? Ustedes pueden enseñar estos principios.
¿Qué tal de aquéllos que tienen tantas cargas sobre sí, tantos fracasos y falta de control en sus vidas, que ya se han dado por vencidos? ¿Pueden éstos ser ayudados? La respuesta es sí; según entendamos y vivamos correctamente la ley del ayuno -–la cual incluye una generosa ofrenda de ayuno-– todos estos anhelos pueden ser nuestros.
El Señor ha prometido que nunca seremos tentados con algo que no podamos vencer. La llave es el desarrollar la fortaleza espiritual necesaria para recibir el cumplimiento de esta promesa.
¿Cómo hacemos esto? Necesitamos hacer nuestra parte. Si no estamos dispuestos a ser obedientes y a trabajar, no debemos esperar el milagro. En mi experiencia, los milagros siempre suceden como recompensa por nuestra obediencia y trabajo.
Una persona que se disciplina a sí misma para ayunar con regularidad en la manera que el Señor lo ha designado puede resistir toda tentación, sobreponerse a sus pesares y ser libre del yugo que le ata.
“No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana: pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podáis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar.” (1 Corintios 10:13)
Un omnisciente Padre en los Cielos ha provisto “cada cosa necesaria” para que Sus hijos puedan clamar a Él con confianza y sentir Su amor. El provee herramientas para permitirnos vencer cada tentación y sobreponernos al “hombre natural”.
Una de las más poderosas y frecuentemente ignoradas herramientas que Dios nos ha dado es la ley del ayuno.
Según entendamos más plenamente esta herramienta que el Padre Celestial nos ha dado, nuestra vida cambiará. Seremos capaces de ir al Señor con confianza y reclamar los poderes del cielo.
Es mi deseo el poder ayudar a cada uno de sus hijos a más plenamente entender y recibir las bendiciones y el poder que Dios quiere darnos a través del ejercicio de esta poderosa herramienta.
En Isaías 58:6-11 se nos prometen bendiciones específicas y poderes si ayunamos en la manera que el Señor escogió:
6 “¿No es más bien el ayuno que yo escogí, desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, y dejar ir libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo?”
Él nos hará libres de las ligaduras de impiedad. Él levantará nuestras pesadas cargas, y Él dejará ir libres a los quebrantados. De hecho, Él promete darnos poder para vencer todo yugo. ¿Cuántas personas hay oprimidas por el pecado, por malos hábitos y adicción? Que promesa tan poderosa, que permite que rompamos todo yugo.
Si una persona ayuna apropiada y constantemente puede vencer cualquier mal hábito, pecado o adicción que aflija su vida. ¿Hay acaso alguien que no quiera ser liberado de las aflicciones personales que lleva sobre sí?
El ayuno nos permite beneficiarnos a nosotros mismos con ese poder limpiador y purificador.
Cuando bendecimos a otros, Dios nos bendice. Isaías enseñó el principio de las ofrendas de ayuno. El enseñó que en orden de recibir el poder y las bendiciones prometidas, no sólo debemos ayunar, sino que debemos cuidar de los pobres y los necesitados.
   
No sólo debemos ayunar, sino que debemos
cuidar de los pobres y los necesitados.
Calificamos para recibir los poderes y bendiciones prometidas por Dios cuando cuidamos a todos Sus hijos.
7 “¿No es que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes albergues en casa; que cuando veas al desnudo, lo cubras, y no te escondas de tu hermano?”
El versículo 10 nos enseña el mismo principio de la ofrenda de ayuno:
10 “y si dieres tu pan al hambriento, y saciares al alma afligida, en las tinieblas nacerá tu luz, y tu obscuridad será como el mediodía.”
No solamente nos promete el Señor poder para vencer todos nuestros pecados, pero también promete luz, salud y rectitud en nuestras vidas. Y, así como con los hijos de Israel, Él promete que Su gloria nos rodeará y nos protegerá.
8 “Entonces nacerá tu luz como el alba, y tu salvación se dejará ver pronto; e irá tu justicia delante de ti, y la gloria de Jehová será tu retaguardia.”
En los versículos nueve y once, recibimos la promesa de que Él oirá nuestras oraciones. Nosotros podemos acercarnos a Él con plena fe y confianza. Nuestra hambre será satisfecha con el “pan de vida”. Nuestra sed será saciada con “aguas de vida” que nunca faltan.
9 “Entonces invocarás, y te oirá Jehová; clamarás, y dirá él: Heme aquí.”
11 "Jehová te pastoreará siempre, y en las sequías saciará tu alma, y dará vigor a tus huesos; y serás como huerto de riego, y como manantial de aguas, cuyas aguas nunca faltan”.
La tercera y última ley espiritual de la cual quiero hablarles es el pago de un diezmo justo. Esta ley fue declarada antes de la fundación de este mundo, y también lleva consigo bendiciones prometidas. El diezmo no es una nueva ley. Se encuentra en el Antiguo Testamento, y ha sido revelada nuevamente en las escrituras modernas. En Doctrina y Convenios 64, una de las bendiciones prometidas es que aquéllos que paguen un diezmo íntegro no serán quemados a la segunda venida del Señor Jesucristo.
En el libro de Malaquías, en el Antiguo Testamento, capítulo 3, versículos 8 y 9, Dios nos hace una pregunta muy seria.
“¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas. Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado.”
En el versículo 10 encontramos que la obediencia a una ley espiritual de Dios resultará en promesas específicas basadas en esa ley espiritual.
“Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde.”
Él promete: “os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde.”

Esta promesa se cumplirá cada vez que una persona obedece esta ley. Así como sé que el libro caerá cada vez que yo lo suelto, las ventanas de los cielos se abrirán cada vez que pagamos un diezmo honesto. Esta es la ley. Sin importar quiénes somos, porque Dios no hace acepción de personas.

En el versículo 11 tenemos la promesa adicional de que el Señor reprenderá el devorador por nosotros.
   
“Reprenderé también por vosotros al devorador, y no os destruirá el fruto de la tierra, ni vuestra vid en el campo será estéril, dice Jehová de los ejércitos.” Yo entiendo que esta escritura enseña que tendremos para las necesidades de nuestra vida.
Estas tres leyes son espirituales, son eternas, vienen de Dios. Él no puede mentir, y Él no hace acepción de personas. Estos mandamientos aparentemente de índole temporal, no son temporales. Son espirituales. Cada uno tiene promesas y bendiciones específicas. Si ustedes no obedecen la ley, Dios no podrá darles las bendiciones prometidas. Estas leyes no tienen nada que ver con dinero. Tienen todo que ver con nuestra fe.

Yo testifico que “Hay una ley, irrevocablemente decretada en el cielo antes de la fundación de este mundo, sobre la cual todas las bendiciones se basan; y cuando recibimos una bendición de Dios, es porque se obedece aquella ley sobre la cual se basa.”
Les invito, a cada uno de ustedes, a pagar un diezmo íntegro. Les invito, a cada uno de ustedes, a ayunar cada mes. Les invito, a cada uno de ustedes, a pagar una generosa ofrenda de ayuno cada mes.
Les prometo que tendrán para sus necesidades, que el Espíritu Santo les dará dirección para sus vidas, y que las ventanas de los cielos se abrirán para ustedes y sus familias. Él quiere bendecirles. Él les bendecirá. En el nombre de Jesucristo, Amén.

Gordon B. Hinckley - A los jóvenes y a los hombres

publicado a la‎(s)‎ 17 de sept. de 2009 18:12 por Fernando Cardozo   [ actualizado el 25 de sept. de 2009 13:10 ]

"Digo que ha llegado el momento de poner nuestra casa en orden".


Presidente Gordon B. Hinckley
Hermanos, es una gran oportunidad y una formidable responsabilidad dirigirles la palabra.

Quisiera dirigirme primeramente a los jóvenes que están aquí esta noche; gracias por su presencia, en dondequiera que estén congregados. Gracias por asistir a seminario y a las reuniones dominicales. Los respeto por su deseo de aprender el Evangelio, de profundizar sus conocimientos de la palabra del Señor. Les agradezco el deseo que llevan en el corazón de ir a la misión. Les doy las gracias por sus sueños de casarse en el templo y de criar una familia honorable.

Ustedes no son jóvenes sin futuro; no desperdician la vida vagando sin rumbo, sino que tienen un propósito y un designio; tienen planes que sólo pueden llevar al progreso y a la fortaleza.

Suceden cosas maravillosas cuando aprovechan sus energías y definen sus sueños. Hace poco recibí una proclamación de un grupo de jóvenes Santos de los Últimos Días del norte de California. Ellos provienen de diecinueve estacas, y, cuando se congregaron en las montañas, visitaron el sitio de una tragedia pionera. Al meditar los jóvenes en lo que vieron y en los recordatorios del legado que han recibido, se les invitó a firmar la Proclamación del Campamento Scout del Sendero Mormón. Me gustaría leerles ese juramento:

"Declaramos a todos que somos Boy Scouts. . . y poseedores del Sacerdocio Aarónico de Dios. Afirmamos nuestra lealtad a los valores y a los principios que guiaron a los hombres del Batallón Mormón y a los hombres y a las mujeres pioneros Santos de los Últimos Días que ayudaron a fundar este estado de California. Como agradecidos hijos de ellos, nos regocijamos en el legado de servicio que hemos recibido.

"Hoy, día 18 de julio de 1998, nos comprometemos a convertirnos al Evangelio de Jesucristo. Estudiaremos las Escrituras; oraremos para recibir fortaleza para obedecer; trabajaremos; nos esforzaremos con todo el corazón por seguir el ejemplo de Jesús.

"Mediante el servicio a los demás magnificaremos el sacerdocio que se nos ha otorgado. Nos mantendremos dignos de administrar el sacramento de la Santa Cena del Señor. Dondequiera se necesite ayuda, la ofreceremos, tal como lo hicieron nuestros antepasados.

"Demostraremos ser dignos de recibir el sacerdocio mayor: el Sacerdocio de Melquisedec. Nos comprometemos a formar parte del ejército del Señor y a salir como misioneros regulares para invitar a todos a venir a Cristo.

"Somos jóvenes del convenio. Nos prepararemos para recibir el convenio del matrimonio eterno. En oración pedimos llegar a tener esposas e hijos rectos, a los que honraremos y protegeremos con nuestra propia vida.

"Declaramos que sean cuales fueren los riesgos y las tentaciones, y el estado del mundo que nos rodea, así como nuestros antepasados fueron fieles, nosotros también lo seremos. Al igual que nuestros antecesores, evitaremos ensalzarnos a nosotros mismos y dejaremos a un lado la ganancia personal a fin de edificar una sociedad pacífica gobernada por Dios.

"En todo momento y en todo lugar, seremos leales a nuestro juramento".

Felicito a todos los jóvenes que firmaron ese juramento. Ruego que ninguno de ellos deje de cumplir las promesas que ha hecho consigo mismo, con la Iglesia y con el Señor.

Qué mundo tan diferente sería éste si todo joven pudiera firmar y firmara una declaración de promesa similar a ésa. No habría vidas desperdiciadas por las drogas; no habría pandillas de niños que matan a niños ni jóvenes encaminados a la prisión o a la muerte. La instrucción sería un premio digno del esfuerzo por adquirirla. El servicio en la Iglesia sería una oportunidad que se valoraría. Habría más paz y amor en el hogar de las personas. Nadie miraría pornografía ni leería impresos inmorales. Ustedes honrarían y respetarían a las jovencitas con quienes se relacionaran, y ellas nunca temerían estar a solas en compañía de ustedes cualesquiera fueran las circunstancias. Sería como si los jóvenes guerreros de Helamán hubieran reclutado a los jóvenes del mundo para que adoptaran el modo de vida de ellos.

Naturalmente, el plan de vida de ustedes incluiría una misión. Gustosamente irían a donde fueran enviados a fin de realizar la obra del Señor, entregándole todo su tiempo y atención, fortaleza, energías y amor.

Permítanme leerles partes de una carta de un joven que ahora sirve en la misión. La escribió a su familia, y espero no ser indiscreto al leerla ante esta gran congregación. No revelaré el nombre del autor ni la misión en donde presta servicio.

Él dice: "¡Este año pasado ha sido excelente! Después de haber trabajado en la oficina de la misión, me trasladaron a esta rama pequeña, y desde entonces mi vida ha cambiado en forma dramática. En estos últimos meses he aprendido lo que realmente es importante, lo que es de valor; he aprendido a olvidarme de mí mismo; he aprendido a trabajar eficazmente; he aprendido a amar a los demás; he aprendido que Dios me ama y que yo lo amo a Él. En una palabra, he aprendido a vivir según mis creencias. . .

"He aprendido acerca de las personas y de las cosas; he visto a personas que nunca supieron que eran hijos de Dios derramar lágrimas de gozo; he visto que las oraciones de los penitentes han sido contestadas; he visto a personas absorber el Evangelio de Jesucristo y desear cambiar y ser personas nuevas, y todo por un sentimiento. . .

"A menudo sueño en cuanto al plan de salvación; pienso en la obra maravillosa y el prodigio que han ocurrido; pienso en el poder y en la fuerza de los ángeles que están entre nosotros. A veces me pregunto cuántos de ellos están a mi alrededor para ayudarme a dar testimonio en un idioma que nunca creí alcanzar a comprender plenamente.

"Medito en las cosas pacíficas de la gloria inmortal que Enoc vio en visión. . . Estoy agradecido a Dios por ser quien soy. Mi más grande bendición en la vida es estar vivo, vivo en el servicio de nuestro Dios. En ello encuentro gran paz y regocijo".

Ahora bien, mis queridos y jóvenes amigos, espero que todos ustedes estén encaminados hacia el servicio misional. No puedo prometerles diversión; no puedo prometerles una vida desahogada y comodidad; no puedo prometerles que no tendrán desánimo, temor y a veces hasta desdicha. Pero sí puedo prometerles que progresarán como no lo han hecho en toda la vida en un período similar. Puedo prometerles una felicidad que será singular, maravillosa y duradera. Puedo prometerles que reconsiderarán su vida, que establecerán nuevas prioridades, que vivirán más cerca del Señor, que la oración llegará a ser una experiencia real y maravillosa, que andarán con fe en el resultado de sus buenas obras.

Dios los bendiga, jóvenes de ésta, Su gran Iglesia. Que cada uno de ustedes camine con un propósito más firme, con la determinación de ser Santos de los Últimos Días en todo el sentido de la palabra. Que los logros, la realización y el servicio sean su recompensa en la vida fascinante y maravillosa que tienen por delante.

Ahora, hermanos, quisiera dirigirme a los hombres mayores, con la esperanza de que también aprendan algo los jóvenes.

Quisiera hablarles de asuntos temporales.

Como fundamento de lo que quisiera decir, voy a leerles unos versículos del capítulo 41 de Génesis.

Faraón, el gobernante de Egipto, tuvo sueños que le turbaron en extremo y los sabios de la corte no pudieron interpretarlos. Entonces le llevaron a José. "Entonces Faraón dijo a José: En mi sueño me parecía que estaba a la orilla del río;

"y que del río subían siete vacas de gruesas carnes y hermosa apariencia, que pacían en el prado.

"Y que otras siete vacas subían después de ellas, flacas y de muy feo aspecto. . .

"Y las vacas flacas y feas devoraban a las siete primeras vacas gordas. . .

"Vi también soñando, que siete espigas crecían en una misma caña, llenas y hermosas.

"Y que otras siete espigas menudas, marchitas, [y] abatidas del viento solano, crecían después de ellas;

"y las espigas menudas devoraban a las siete espigas hermosas. . .

"Entonces respondió José a Faraón. . . Dios ha mostrado a Faraón lo que va a hacer.

"Las siete vacas hermosas siete años son; y las espigas hermosas son siete años: el sueño es uno mismo. . .

"Lo que Dios va a hacer, lo ha mostrado a Faraón.

"He aquí vienen siete años de gran abundancia en toda la tierra de Egipto.

"Y tras ellos seguirán siete años de hambre. . .

"y. . . Dios se apresura a hacer[lo]" (Génesis 41:17­20, 22­26, 28­30, 32).

Ahora, hermanos, quisiera decir con toda claridad que no estoy profetizando; no estoy prediciendo que vendrán años de hambre en el futuro, pero sí digo que ha llegado el momento de poner nuestra casa en orden.

Muchos de nuestros miembros viven al borde de sus ingresos; de hecho, algunos viven con dinero prestado.

Hemos sido testigos en semanas recientes de cambios grandes y alarmantes en las bolsas de valores del mundo. La economía es algo frágil, y una baja en la economía de Yakarta o de Moscú puede afectar de inmediato a todo el mundo. Con el tiempo, puede llegar a afectarnos a nosotros, individualmente. Hay un presagio de tiempo tormentoso al cual debemos hacer caso.

Espero, de todo corazón, que nunca tengamos una depresión económica. Yo viví durante la Gran Depresión Económica de la década de 1930 [de los Estados Unidos]. Terminé mis estudios universitarios en 1932, cuando el índice de desempleo de esta región excedía al treinta y tres por ciento.

En ese entonces, mi padre era el presidente de la estaca más grande de la Iglesia en este valle. Eso fue antes de que contáramos con el actual programa de bienestar. Él se pasaba las noches preocupado por los miembros y, junto con sus colaboradores, estableció un gran proyecto para cortar leña con el fin de abastecer las calderas y las estufas y mantener abrigadas a las personas durante el invierno porque no tenían dinero para comprar carbón. Entre los que cortaban leña había hombres que habían sido ricos.

Repito, espero que nunca más volvamos a ver una depresión económica como ésa, pero me preocupa la enorme deuda a plazos que pesa sobre la gente de esta nación, incluida nuestra propia gente. En marzo de 1997, esa deuda sumaba 1.2 billones de dólares, lo cual representaba un aumento del siete por ciento, comparado con el año anterior.

En diciembre de 1997, entre 55 y 60 millones de familias de los Estados Unidos debían un saldo en sus tarjetas de crédito. Esos saldos promediaban más de siete mil dólares a un costo de mil dólares anuales por concepto de intereses y cuotas. La deuda del consumidor, en comparación con el ingreso neto, aumentó del 16,3 por ciento en 1993 al 19,3 por ciento en 1996.

Todos sabemos que un peso que se pide prestado lleva consigo la pena del pago de intereses. Cuando el dinero no se puede saldar, viene la bancarrota. El año pasado hubo 1.350.118 bancarrotas en los Estados Unidos, lo cual representó un aumento del 50 por ciento comparado con 1992. En el segundo trimestre de este año, casi 362.000 personas declararon bancarrota, un número récord para un solo trimestre.

Somos engañados por la atractiva publicidad a la que estamos expuestos. Por televisión se nos comunica la tentadora invitación a pedir un préstamo de hasta el 125 por ciento del valor de nuestra casa, pero no se hace ninguna mención del interés que hay que pagar.

El presidente J. Reuben Clark Jr., dijo desde este púlpito, en la reunión del sacerdocio de la conferencia de 1938: ". . .Una vez endeudados, el interés es su compañero cada minuto del día y de la noche; no pueden huir ni escapar de él; no pueden desecharlo; no cede a súplicas, demandas ni órdenes; y cada vez que se crucen en su camino, atraviesen su curso o no cumplan sus exigencias, los aplastará" ("Conference Report", abril de 1938, pág. 103; véase también de L. Tom Perry, "Si estáis preparados, no temeréis", Liahona, enero de 1996, pág. 41).

Naturalmente, reconozco que quizás sea necesario pedir un préstamo para comprar una casa, pero compremos una casa cuyo precio esté dentro de nuestras posibilidades, a fin de menguar los pagos que constantemente pesarán sobre nuestra cabeza sin misericordia ni tregua hasta por treinta largos años.

Nadie sabe cuándo surgirá una emergencia. Estoy algo familiarizado con el caso de un hombre de gran éxito en su profesión que vivía con cierta holgura. Construyó una casa grande y, un día, fue víctima de un accidente grave. En un instante, sin previo aviso, casi perdió la vida y resultó lisiado. Su aptitud para ganarse el sustento quedó destruida; contrajo elevadas cuentas médicas además de otras que tenía que liquidar, lo cual lo dejó indefenso ante sus acreedores. En un momento pasó de la riqueza a la ruina.

Desde los inicios de la Iglesia, el Señor ha hablado en cuanto a este tema de las deudas. Por medio de la revelación, dijo a Martin Harris: "Paga la deuda que has contraído con el impresor. Líbrate de la servidumbre" (D. y C. 19:35).

El presidente Heber J. Grant habló del asunto en repetidas ocasiones desde este púlpito. Él dijo: "Si hay algo que puede traer paz y contentamiento, personales y familiares, es vivir dentro de los límites de nuestras entradas. Y si hay algo desalentador y que corroe el espíritu, es tener deudas y obligaciones que no podemos cumplir" (Gospel Standards, comp. por G. Homer Durham, 1941, pág. 111; véase también de N. Eldon Tanner, "Los cinco principios de la estabilidad económica", Liahona, mayo de 1982, pág. 42).

Estamos llevando a toda la Iglesia el mensaje de la autosuficiencia, la cual no se puede lograr cuando las deudas gravosas pesan sobre el hogar. Las personas no son independientes ni están libres de la servidumbre cuando tienen compromisos financieros con otras personas.

En la administración de los asuntos de la Iglesia, hemos tratado de dar el ejemplo. Como norma, hemos seguido estrictamente la práctica de ahorrar anualmente un porcentaje del ingreso de la Iglesia para estar preparados para un posible día de necesidad.

Me siento agradecido de poder decir que la Iglesia, en todas sus operaciones y empresas, en todos sus departamentos, funciona sin pedir préstamos. Si no nos alcanzan los ingresos, acortaremos nuestros programas, reduciremos los gastos a fin de ajustarnos a los ingresos, y no pediremos prestado.

Uno de los días más felices de la vida del presidente Joseph F. Smith fue cuando la Iglesia terminó de pagar las deudas contraídas desde hacía mucho tiempo.

Qué espléndido sentimiento es estar libre de deudas y tener ahorrado un poco de dinero en un lugar al que se pueda recurrir en caso de necesidad, para alguna emergencia.

El presidente Faust no les contaría esto, pero quizás yo sí, y más tarde él podrá arreglárselas conmigo. Él préstamo para la compra de su casa tenía el cuatro por ciento de interés. Muchas personas le habrían dicho que sería insensato liquidar ese préstamo cuando la tasa de interés era tan baja. Pero en la primera oportunidad que tuvo de obtener los recursos necesarios, él y su esposa decidieron liquidar el préstamo, y desde ese día ha estado libre de deudas. Es por eso que siempre lleva una sonrisa y silba al trabajar.

Hermanos, los insto a evaluar su situación económica. Los exhorto a gastar en forma moderada, a disciplinarse en las compras que hagan para evitar las deudas hasta donde sea posible. Liquiden sus deudas lo antes posible y líbrense de la servidumbre.

Esto es parte del Evangelio temporal en el que creemos. Que el Señor los bendiga, mis amados hermanos, para que pongan sus casas en orden. Si han liquidado sus deudas y cuentan con una reserva, por pequeña que sea, entonces, aunque las tormentas azoten a su alrededor, tendrán refugio para su esposa e hijos y paz en el corazón. Eso es todo lo que tengo que decir al respecto, pero quiero decirlo con todo el énfasis con el que me es posible expresarlo.

Les dejo mi testimonio de la divinidad de esta obra y mi amor para cada uno de ustedes. En el nombre del Redentor, el Señor Jesucristo. Amén.

Val R. Christensen - Cómo vencer el desaliento

publicado a la‎(s)‎ 17 de sept. de 2009 18:10 por Fernando Cardozo   [ actualizado el 19 de sept. de 2009 19:39 ]

"Si tenemos un poco más de paciencia en las aflicciones y depositamos más fe en el Señor, podremos encauzar nuestros problemas hacia una buena solución".

Élder Val R. Christensen

Cuando a un miembro de la Iglesia se le llama a cumplir grandes responsabilidades, es natural que reflexione en los sucesos y en las personas que le han llevado hasta ese punto en la vida. El llamamiento a prestar servicio como Setenta me presenta la oportunidad de expresar agradecimiento a amigos, a familiares --sobre todo a mi esposa, Ruth Ann-- y a los misioneros de la Misión Arizona Phoenix. Los quiero mucho a todos ustedes. También espero con ilusión prestar servicio a la maravillosa gente de las Filipinas.

Hace algunos años, se me invitó a participar en una charla fogonera en la cual expuse a grandes rasgos algunas maneras de vencer el desaliento. Al comenzar la presentación, invité a los presentes a anotar en una tarjeta algún problema serio que estuviesen enfrentando y que no les importase que yo diera a conocer en forma anónima a los demás miembros del grupo. Cuando las tarjetas llegaron a mis manos, me sentí asombrado por las serias dificultades a las que hacían frente personas que parecían tener un total dominio de su vida. He aquí algunos de los problemas que anotaron:

1. No gano ningún dinero con mi granja.

2. Mi hijo está desahuciado.

3. Desavenencias con mi hijo adolescente.

4. Mi hijo mayor está casi ciego.

5. Estoy aprendiendo a aceptar la muerte de mi hijo.

6. Mi marido ve más lo negativo que las cosas bellas de la vida.

Muchos enfrentamos problemas considerables. Aun el gran profeta Enoc sufrió profundamente al ver la iniquidad del mundo: "Y al ver esto, Enoc sintió amargura dentro de su alma, y lloró por sus hermanos, y dijo a los cielos: No seré consolado; mas el Señor le dijo: Anímese tu corazón, regocíjate y mira" (Moisés 7:44).

Hay por lo menos tres pasos que se pueden dar al esforzarse por vencer el desaliento:

1. Ustedes pueden hacer un esfuerzo por cambiar su actitud con respecto al problema. Aun cuando no puedan cambiar las circunstancias en las que trabajen o vivan, siempre pueden cambiar su actitud.

2. Pueden recibir ayuda de los que estén más cerca de ustedes: los familiares, los amigos y los miembros del barrio, las personas que los quieren más.

3. Pueden llegar a tener una confianza más potente y más completa en el Señor Jesucristo.

Cambien su actitud. Si se considera un problema de un modo diferente, puede ser posible reducir el desaliento. Me ha impresionado el relato de la pionera Zina Young. Tras haber enfrentado la muerte de sus padres, la pérdida de la cosecha y la enfermedad, se sintió animada por una experiencia espiritual que tuvo y que la hizo cambiar de actitud. Mientras intentaba buscar ayuda divina, oyó la voz de su madre que le decía: "Zina, cualquier marinero puede dirigir un barco en un mar en calma; cuando aparezcan las rocas, esquívalas". En seguida, rogó en su oración: "Oh, Padre Celestial, ayúdame a ser una buena marinera, para que el corazón no se me rompa en las rocas del dolor" ("Mother", The Young Women's Journal, enero de 1911, pág. 45). Si bien muchas veces es difícil cambiar las circunstancias, una actitud positiva servirá para aligerar el desaliento.

Acepten la ayuda de los demás. El siguiente punto importante es estar dispuestos a pedir ayuda a las personas que los rodeen. A veces la ayuda se recibe de formas inesperadas. Hace unos años, mientras hacía cola en el aeropuerto de Chicago para despachar mi equipaje en el avión, había detrás de mí un hombre mayor. Después de unos minutos, me dijo: "¿Adónde va usted?". Le contesté que iba a Salt Lake City. Y añadió: "Yo también voy allí. ¿Es usted mormón?". Le respondí que sí. Me dijo entonces que había sido Santo de los Últimos Días toda su vida y que por fin se había preparado para ir al templo. Mientras esperábamos el avión, abrió su maleta para mostrarme todas las fotografías de misioneros que había coleccionado a lo largo de los años. Al cabo de unos minutos, ya en el avión, éste despegó y tuvimos una magnífica conversación mientras volábamos hacia Utah. Al llegar, salimos rápidamente del avión. Me aseguré de que supiera con exactitud adónde iba y nos despedimos.

Unas semanas después, recibí por correo una tarjeta que decía: "Estimado hermano Christensen, había perdido su dirección, pero felizmente la hallé. Y le escribo para decirle que cuando lo conocí en Chicago, nuestro encuentro fue la respuesta a una oración. Yo nunca viajo a ningún sitio y deseaba estar con alguien. He pensado en usted muchas veces. Pasé momentos muy felices en Salt Lake City, en el templo. Espero volver a verle algún día. Muchas gracias por la ayuda que usted fue para mí". No me había propuesto ser útil aquel día, pero me siento agradecido por ese hermano que pidió ayuda extra y también me siento agradecido por haber estado yo cerca para ayudarle.

Adquieran más confianza en el Señor. Ya he hablado del cambiar la actitud y del recibir ayuda de los demás. En seguida, deseo mencionar la necesidad de poner más confianza y más fe en el Señor. Una vez hablé con una hermana que recibió ayuda en medio de su desaliento. Mientras esperaba a que empezara una sesión del templo, tomó un ejemplar del Libro de Mormón para leer un versículo. Reparó en Alma 34:3: "Y como le habéis pedido a mi amado hermano que os haga saber lo que debéis hacer, a causa de vuestras aflicciones; y él os ha dicho algo para preparar vuestras mentes; sí, y os ha exhortado a que tengáis fe y paciencia". Ese versículo de Alma fue una respuesta a su oración. El mensaje era sencillo: el problema que tenía iba a tardar largo tiempo en resolverse. Si tenemos un poco más de paciencia en las aflicciones y depositamos más fe en el Señor, podremos encauzar nuestros problemas hacia una buena solución.

En Doctrina y Convenios leemos esto: "Si estás triste, clama al Señor tu Dios con súplicas, a fin de que tu alma se regocije" (D. y C. 136:29).

Ruego que todos apreciemos los problemas que tengamos e intentemos mejorar nuestra actitud aun cuando los problemas sigan existiendo. Pidamos ayuda a nuestros amigos y a nuestros familiares. También testifico que Jesucristo vive y que Él nos ayudará en medio de nuestro desaliento si con humildad pedimos Su amor. En el nombre de Jesucristo. Amén.

Thomas S. Monson - Nuestro hoy determina nuestro mañana

publicado a la‎(s)‎ 17 de sept. de 2009 17:52 por Fernando Cardozo   [ actualizado el 25 de sept. de 2009 13:22 ]

Presidente Thomas S. Monson

Primer Consejero de la Primera Presidencia

"Que cada uno de nosotros aprenda de Él, crea en Él, confíe en Él, le siga, le obedezca. Al hacerlo, podremos llegar a ser como Él".


Es un gozo y un privilegio para mí estar ante ustedes, un auditorio tan vasto de poseedores del sacerdocio aquí y en otros lugares. Las reuniones generales del sacerdocio de la Iglesia siempre han sido un deleite para mí desde la época en que estaba en el Sacerdocio Aarónico hasta la actualidad. Escuchar lo que "Dios manda a los profetas, que predican la verdad"1, como lo expresa uno de nuestros himnos, es una preciada bendición.

Sostenemos a Gordon B. Hinckley como el Presidente de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y como el Profeta, Vidente y Revelador de la Iglesia en nuestra época. Una carta que recibí de un orgulloso padre cuenta de un incidente con su hijo que entonces tenía cinco años, del amor de ese niño por el Presidente de la Iglesia y del deseo que tenía de emular su ejemplo. El padre escribió:

"Cuando Christopher tenía cinco años, se vestía casi solo para ir a la Iglesia los domingos. Un domingo en particular, decidió que iba a usar un traje y una corbata, lo que nunca había hecho antes. Buscó en su armario una corbata usada y encontró una con nudo prefabricado, para colgársela en la camisa sin tener que hacer el nudo. Se ajustó la corbata a la camisa blanca y se puso la pequeña chaqueta azul marino que había estado colgada por años en el armario de sus hermanos.

"Luego fue solo al baño y con cuidado peinó su rubio cabello a la perfección. En ese momento, yo también entré en el baño para terminar de alistarme y encontré a Christopher con una radiante sonrisa frente al espejo. Sin quitarse los ojos de encima, dijo con orgullo: 'Mira papá: ¡Christopher B. Hinckley!'". Y el padre se dio cuenta de que un niño había estado observando a un profeta del Señor.

Nuestros hijos observan: ellos absorben las lecciones eternas y moldean su futuro. ¿Qué ejemplos les estamos dando?

Hace varios años, cuando Clark, nuestro hijo menor, asistía a una clase de religión en la Universidad Brigham Young, durante la clase el maestro le preguntó: "¿Qué experiencia con tu padre es la que más recuerdas?".

Posteriormente el instructor me escribió y se refirió a la respuesta que Clark había dado en la clase. Clark dijo: "Cuando era diácono en el Sacerdocio Aarónico, papá y yo fuimos a cazar faisanes cerca de Malad, Idaho. Era lunes, el último día de la temporada de caza. Caminamos campo abierto a través de innumerables terrenos en busca de faisanes pero sólo vimos unos pocos, y no les dimos en el blanco. Papá entonces me dijo: 'Clark, descarguemos las armas y pongámoslas en la zanja, y después arrodillémonos para orar'. Pensé que papá pediría más faisanes, pero me equivoqué; me explicó que el élder Richard L. Evans estaba gravemente enfermo y que a las doce del mediodía de ese lunes en particular, los miembros del Quórum de los Doce, sin importar dónde se encontraran en ese momento, debían arrodillarse y, de alguna manera, unirse todos en una ferviente oración de fe a favor del élder Evans. Luego de quitarnos los gorros, nos arrodillamos y oramos".

Recuerdo bien esa ocasión, pero nunca pensé que un hijo observaba, aprendía y edificaba su propio testimonio.

Al analizar los resultados estadísticos de los que poseen el Sacerdocio Aarónico como diáconos, maestros y presbíteros, nos preocupa cuando un gran número de diáconos cae en la inactividad y no se les puede ordenar maestros en el debido tiempo. Es lo mismo con algunos que son maestros y que no son ordenados presbíteros y, en particular, con los presbíteros que nunca reciben el Sacerdocio de Melquisedec. Hermanos, esto nunca debe suceder: tenemos una tremenda responsabilidad de guiar e inspirar a estos jóvenes en el sendero del sacerdocio para que ninguna avalancha de pecado o de error impida su progreso o los desvíe de sus metas eternas.

Obispos y consejeros de obispos, ¿podrían llevar a cabo un estudio del nivel de actividad de cada joven del Sacerdocio Aarónico y trazar su propio plan para asegurar el progreso y la actividad de cada uno de ellos?

Un obispo recién llamado, en su primera reunión con sus consejeros, declaró: "El Sacerdocio Aarónico es nuestra primera responsabilidad". Al segundo consejero dijo: "Le ruego que se responsabilice personalmente de que todo diácono, cuando llegue a la edad indicada, sea digno y se le ordene a maestro". Al otro consejero expresó: "¿Podría usted hacer lo mismo con respecto a los maestros, para que cuando llegue el momento sean dignos y sean ordenados presbíteros?". Luego el obispo continuó: "Yo haré lo mismo con respecto a los presbíteros a fin de que reciban el Sacerdocio de Melquisedec y sean ordenados élderes. Juntos, y con la ayuda de Dios, podremos hacerlo". Y lo hicieron.

Nuestra juventud necesita menos críticas y más ejemplos para seguir. Ustedes, asesores de los quórumes del Sacerdocio Aarónico, son maestros y ejemplos para los jóvenes. ¿Conocen el Evangelio? ¿Han preparado la lección? ¿Conocen a cada joven y determinan, con la ayuda de la oración, de qué manera pueden llegar a su mente y a su corazón, y de ese modo ejercer una influencia en sus posibilidades futuras?

Recuerden, no es suficiente el suponer que cuando ustedes enseñan el joven está escuchando lo que dicen. Permítanme ilustrarlo:

En lo que llamamos la Sala de Conferencias Oeste del Edificio de Administración de la Iglesia se halla un precioso cuadro pintado por el artista Harry Anderson. La obra representa a Jesús sentado en un pequeño muro de piedra con numerosos niños a su alrededor que saben que son el objeto de Su amor. Cada vez que contemplo el cuadro, pienso en el pasaje de las Escrituras que dice: "Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios"2.

En una ocasión, había dado una bendición del sacerdocio en esa habitación a un pequeño que pronto pasaría por una intervención quirúrgica seria. Les referí a él y a sus padres la pintura de Jesús y los niños; luego expresé unos comentarios concernientes al Salvador y Su inextinguible amor. Pregunté al niño si tenía alguna pregunta. "Sí", dijo seriamente. "Hermano Monson, ¿cómo puede un niño conseguir una cabra y una correa como las que están en el cuadro?".

Por un momento me sorprendió la inesperada pregunta, un poco preocupado por mi habilidad de enseñar, pero después respondí: "Jesús nos da a ti y a mí dones más importantes que una cabra y una correa; nos provee de un mapa a seguir para llegar al cielo. Sus enseñanzas, Su ejemplo y Su amor son dones mucho más grandes que los que se ofrecen en el mundo".

"Ven, sígueme"3, invitó Él. ¡Y somos sabios cuando le seguimos!

Hagamos que todo hombre joven que posee el Sacerdocio Aarónico aprenda y viva las enseñanzas del Salvador y se prepare para recibir el Sacerdocio de Melquisedec.

Quisiera compartir con ustedes, hermanos, la experiencia personal que tuve cuando era presidente del quórum de maestros. El miembro del obispado que tenía la responsabilidad sobre nosotros invitó a la nueva presidencia y al secretario a su casa para una capacitación de liderazgo; quería nuestras ideas con respecto a cómo llevar a cabo las nuevas tareas que se nos habían dado. Nosotros aceptamos con la condición de que pidiera a su esposa Nettie que nos sirviera un pastel de carne por el que ella era famosa, y él estuvo de acuerdo. Hermanos, ¿no les asombra cómo los hombres comprometemos a nuestra esposa a hacer cosas, muchas veces sin avisarle? La reunión fue una de las mejores a las que he asistido. Se nos enseñó acorde con nuestro nivel de comprensión y se nos inspiró a velar por los miembros de nuestro quórum.

Luego de un delicioso pastel de carne con salsa, pedimos al consejero del obispo y a su esposa que jugaran con nosotros al Monopoly. Estoy seguro que tenían otras cosas que hacer; sin embargo, aceptaron sin problemas nuestra petición.

No recuerdo quien ganó el juego, pero nunca olvidé las lecciones que aprendí esa noche con respecto al gobierno de la Iglesia y a la administración de un quórum del sacerdocio.

Durante el fervor de los primeros años de la Segunda Guerra Mundial, Fritz, miembro de nuestro quórum de maestros, quería defender nuestro país, pero no quiso esperar hasta tener la edad mínima requerida para el servicio; así, mintió en cuanto a su edad y se enlistó en la Marina de los Estados Unidos. Pronto se encontró muy lejos, en medio de las batallas del Océano Pacífico. Finalmente, el barco donde servía fue hundido y muchas vidas se perdieron. Fritz sobrevivió y más tarde apareció en nuestra reunión del quórum con su uniforme completo y con sus galardones de combate. Recuerdo haberle preguntado: "¿Tienes algún consejo para nosotros?", pues todos estábamos a punto de ser llamados al servicio militar obligatorio.

Fritz reflexionó por un momento y luego dijo: "¡Nunca mientan en cuanto a su edad ni en cuanto a nada!". Todavía recuerdo esa respuesta de una sola frase.

Los Hombres Jóvenes de 12 a 17 años se hallan en una época de preparación y de crecimiento espiritual; en consecuencia, la finalidad de los objetivos del Sacerdocio Aarónico es ayudar a cada persona ordenada a hacer lo siguiente:

1. Convertirse al Evangelio de Jesucristo y vivir de acuerdo con sus enseñanzas;

2. Magnificar los llamamientos del sacerdocio y cumplir con las responsabilidades de su oficio en el sacerdocio;

3. Prestar verdadero servicio;

4. Prepararse para recibir el Sacerdocio de Melquisedec y las ordenanzas del templo;

5. Comprometerse, prepararse y servir una misión regular honorable;

6. Prepararse para ser un digno esposo y padre4.

En todo el mundo existe una gran fuerza misional que anda haciendo el bien, como lo hizo el Salvador. Los misioneros enseñan la verdad; disipan la obscuridad; esparcen gozo y traen almas preciosas a Cristo.

En ese día especial en que se recibe el llamamiento misional, padres, hermanos, hermanas y abuelos se reúnen alrededor del futuro misionero y perciben su nerviosismo cuando abre cuidadosamente la carta del llamamiento. Hay una pausa y luego el anuncio del lugar donde el Profeta de Señor lo ha asignado a servir. Los sentimientos se desbordan, las lágrimas se derraman con facilidad, y la familia se regocija en el vínculo de amor y en la bondad de Dios.

Los misioneros regulares y todos aquellos que se embarcan en la obra del Señor han respondido a Su llamado. Estamos en Su obra. Tendremos éxito en el solemne mandato de Mormón de declarar la palabra del Señor entre el pueblo. Mormón escribió: "He aquí, soy discípulo de Jesucristo, el Hijo de Dios. He sido llamado por él para declarar su palabra entre los de su pueblo, a fin de que alcancen la vida eterna"5.

En 1926, el presidente Fred Tadje, presidente de la Misión Alemania­Austria, convocó una conferencia de misión a realizarse en Dresden, Alemania, en el mes de agosto. Los misioneros tenían que caminar a dicha conferencia desde sus lugares de trabajo, básicamente "sin bolsa ni alforja", aunque sí tenían que llevar un poco de dinero para que no los arrestaran por vagabundos.

El élder Alfred Lippold y su compañero, el élder Parker Thomas, tomaron la ruta norte. En alguna parte de su recorrido, los dos se detuvieron en una casa donde conocieron a una mujer y a sus ocho hijos. Ella dijo a los élderes que su marido los había abandonado y que no tenían dinero. Después de hacerlos pasar, la mujer dijo: "Si ustedes viajan sin bolsa ni alforja, seguramente tienen hambre. Siéntense". Entonces dio a cada uno una gran rodaja de pan con mermelada de ciruelas; los misioneros bendijeron el desayuno, y al bendecir los alimentos, pidieron al Señor que diera a la mujer lo que necesitara.

Después los misioneros partieron, pero tras haber caminado más o menos un kilómetro, el élder Thomas dijo: "Tengo que volver", hecho que procedió a hacer sin explicación.

Cuando el élder Thomas regresó, el élder Lippold le preguntó: "¿Por qué volvió allá?".

El élder Thomas explicó: "En nuestra oración pedimos que se diera a la mujer lo que necesitara. Yo tenía lo que necesitaba: un billete de 20 dólares. Estaba en mi bolsillo y regresé para dárselo; de otra manera, me hubiera quemado el bolsillo.

Hace treinta años, yo tenía la responsabilidad de supervisar gran parte de la obra el Pacífico Sur. Se llamó al hermano J. Vernon Monson, junto con su esposa, para viajar a la lejana Rarotonga, en las Islas Cook, a fin de servir como presidente de distrito.

Tiempo después me informó por carta: "Estamos muy agradecidos por el progreso realizado y me gustaría mencionar especialmente la buena voluntad y las maravillosas relaciones que se han establecido con los representantes del gobierno y de la comunidad empresarial hacia nosotros y la Iglesia.

"Dicha aceptación pública es el resultado de una cosa", escribió: "el haber tenido entre nosotros a nuestros sobrinos, el Dr. Odeen Manning y su esposa, quienes brindaron un servicio sobresaliente aquí en las Islas Cook. El Dr. Manning es oftalmólogo y le escribí para presentarle una propuesta de servicio a la gente de Rarotonga. Mi propuesta incluía lo siguiente: (1) No habría remuneración; (2) él tendría que sufragar sus propios gastos; (3) tendría que pasar su clientela a otros profesionales durante los tres meses que se ausentara; (4) les daríamos comida y alojamiento en Rarotonga; y (5) tendría que traer sus instrumentos quirúrgicos, puesto que en Rarotonga no se contaba con ellos".

La carta del hermano Vernon Monson continúa: "Los Manning enviaron por correo aéreo su respuesta de dos palabras: 'Propuesta aceptada'. Al comenzar los preparativos, el gobierno de las Islas Cook asignó a médicos competentes para que asistieran al Dr. Manning y para que aprendieran de él. En total, se examinó a 284 pacientes, de los cuales, la mayoría necesitaba anteojos; además, cincuenta y tres de esos pacientes se sometieron a cirugías de la vista, como es el caso de cataratas.

"El programa de tres meses de duración fue maravilloso y enternecedor; fuimos tremendamente bendecidos. Se ha fortalecido a los santos, pues renovaron su orgullo por ser miembros de la fe que trajo servicios médicos a estas islas". Allí terminó la carta.

Años más tarde, mi esposa y yo fuimos invitados a un crucero auspiciado por la Universidad Brigham Young para visitar la Tierra Santa. Una tarde, mientras nos encontrábamos sentados en la cubierta, el hombre sentado a mi lado me dijo: "Élder Monson, me llamo Odeen Manning; soy de Woodland Hills, California. Soy oftalmólogo de profesión y serví en una breve misión médica en Rarotonga cuando mis tíos prestaban servicio allí".

Le mencioné que sabía de su sacrificio y servicio y le pregunté: "Al reflexionar en esa experiencia, ¿le gustaría contarme algunos de los sentimientos que tuvo al respecto?".

Respondió con emoción, diciendo: "Fue la experiencia espiritual más gratificante de mi vida".

Creo que fue mucho más que una coincidencia el hecho de que mi esposa y yo estuviéramos en ese crucero, en ese momento en particular, y en esa parte de la cubierta, sentados al lado de un hombre al que nunca habíamos conocido. El cielo estaba muy cerca cuando el Dr. Manning y yo nos abrazamos y le expresé gratitud por su servicio no sólo a los ciegos que ahora podían ver, sino también al Señor y Salvador, que declaró: ". . .grandes son las promesas de Señor para los que se hallan en las islas del mar"6.

De Aquél que nos libró a cada uno de la muerte sin fin, sí, de Jesucristo, testifico que es un maestro de verdad, pero es más que un maestro; es el Ejemplo de la vida perfecta, pero es más que un ejemplo; es el Gran Médico, pero es más que un médico: Aquél que rescató al batallón perdido de la humanidad es literalmente el Salvador del mundo, el Hijo de Dios, el Príncipe de paz, el Santo de Israel, sí, el Señor resucitado, quien declaró: "Soy el primero y el último; soy el que vive, soy el que fue muerto; soy vuestro abogado ante el Padre"7.

Mis queridos hermanos, que cada uno de nosotros:

  • aprenda de Él;
  • crea en Él;
  • confíe en Él;
  • le siga a Él;
  • lo obedezca a Él.

    Si lo hacemos, podremos llegar a ser como Él. De esta verdad doy testimonio solemne, en el nombre de Jesucristo. Amén.

    NOTAS

    1. "Dios manda a profetas", Himnos, Nº 11. Letra de Joseph S. Murdock, 1822­1899.
    2. Marcos 10:14.
    3. Lucas 18:22.
    4. Véase Manual par líderes del Sacerdocio Aarónico, 1991, pág. 6.
    5. 3 Nefi 5:13.
    6. 2 Nefi 10:21.
    7. Doctrina y Convenios 110:4


  • FUENTE: .http://www.lds.org/conference/sessions/display/0,5239,89-3-15,00.html

  • Ben B. Banks - "Pastorea mis ovejas"

    publicado a la‎(s)‎ 17 de sept. de 2009 17:46 por Fernando Cardozo   [ actualizado el 19 de sept. de 2009 19:37 ]

    Élder Ben B. Banks
    De la Presidencia de los Setenta

    "Pienso que todo miembro activo de la Iglesia conoce a una oveja perdida que necesita la atención y el amor de un pastor comprensivo".


    Hace ya algunos años, mi esposa Susan y yo tuvimos la oportunidad de hacer una gira por la Misión Nueva Zelanda Christchurch con el presidente Melvin Tagg y su esposa. El presidente Tagg sugirió que en la gira que íbamos a hacer de la misión incluyéramos un día de preparación y fuéramos en autobús de excursión al hermoso estrecho Milford. El viaje incluía varias paradas en hermosos y pintorescos lugares a lo largo del camino. Durante una de esas paradas, mientras caminábamos de regreso al autobús, sentí curiosidad al ver a un grupo de pasajeros que formaban un círculo en medio de la carretera y sacaban fotografías. Al atisbar por entre la gente, vi en medio del círculo a un pequeño y asustado corderito que trataba de mantenerse de pie sobre sus temblorosas patas. Parecía haber nacido hacía tan sólo unas horas. Yo había visto muchas ovejas en mi vida, ya que mi suegro se dedicaba a comerciar con ganado ovino; por consiguiente, no tenía ningún interés en fotografiar a un solitario corderito y me subí al autobús a esperar.

    Una vez que todos los pasajeros subieron de nuevo al autobús, el conductor tomó en sus brazos al asustado corderito, lo sostuvo con ternura contra su pecho y lo llevó al vehículo. Se sentó, cerró la puerta, tomó el micrófono y nos dijo: "Sin duda, un rebaño de ovejas pasó por aquí esta mañana y este corderito se ha quedado extraviado. Pienso que si lo llevamos con nosotros podríamos encontrar al rebaño un poco más adelante y devolver este pequeño a su madre".

    Durante varios kilómetros viajamos a través de hermosos bosques y por fin llegamos a una bella pradera de alta y ondulante hierba. Como era de esperar, en medio de la pradera pacía un rebaño de ovejas. El conductor del autobús se detuvo, se excusó y salió. Todos pensamos que dejaría al corderito a un lado de la carretera y regresaría al autobús, pero no fue así. Con el animalito en brazos, caminó con mucho cuidado y sin hacer ningún ruido a través de la hierba, hacia donde estaba el rebaño. Cuando se acercó lo que más pudo al rebaño sin inquietarlos, con dulzura puso al corderito en el suelo y luego permaneció en el campo hasta asegurarse de que volvía al redil.

    Al regresar al autobús, nuevamente tomó el micrófono y dijo: "¿Pueden escuchar los balidos de la madre que dice: 'Gracias, muchas gracias por devolverme a mi corderito'?".

    Al meditar en esa maravillosa enseñanza impartida por aquel conductor de autobús, mis pensamientos se remontan a la parábola que el Señor dio sobre la oveja perdida.

    "Se acercaban a Jesús todos los publicanos y pecadores para oírle,

    "y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: Este a los pecadores recibe, y con ellos come.

    "Entonces él les refirió esta parábola diciendo:

    "¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla?

    "Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso;

    "Y al llegar a casa, reúne a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido.

    "Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento" (Lucas 15:1­7).

    Nuestro profeta actual, el presidente Gordon B. Hinckley, expresa también su preocupación por las ovejas perdidas:

    "Existen tantos jóvenes que andan sin rumbo y recorren el trágico camino de las drogas, las pandillas, la inmoralidad y todos los demás problemas que éstos traen aparejados. Hay viudas que ansían escuchar una voz amiga y ser recipientes de esa actitud de interés real que habla del amor. Además, están aquellos que una vez fueron fervientes en la fe, una fe que ahora se ha enfriado; muchos de ellos querrían volver pero no saben cómo y necesitan manos amigas que se extiendan hacia ellos. Con un poco de esfuerzo sería posible traer a muchos para que se deleitaran otra vez en la mesa del Señor.

    "Mis hermanos y hermanas, ruego que cada uno de nosotros, después de haber participado en esta grandiosa conferencia, tome la resolución de buscar a aquellos que necesiten ayuda, que estén en circunstancias desesperantes o difíciles y que los levanten, con el espíritu de amor, hasta ser recibidos en los brazos de la Iglesia, donde habrá manos fuertes y corazones tiernos que los reanimen, los consuelen, los sostengan y los encaminen hacia una vida feliz y productiva" ("Una mano extendida para rescatar", Liahona, enero de 1997, pág. 97).

    Después de escuchar la preocupación de nuestro profeta, deberíamos preguntarnos: "¿Por qué se ha enfriado la fe de aquellos que una vez fueron fervientes en la fe?".

    Para tener éxito en el mandamiento profético de perfeccionar a los santos, debemos también esforzarnos por fortalecer a aquellos cuya fe se ha enfriado. Para comenzar esa tarea, sería conveniente que estuviéramos enterados de su forma de pensar y de las razones que tienen para no asistir a las reuniones y participar en el hermanamiento de los santos.

    La mayoría de los miembros activos piensan que los que son menos activos se comportan de modo diferente porque no creen en la doctrina de la Iglesia. Un estudio que realizó la División de Investigación de la Iglesia no corrobora esa suposición. En ese estudio se demuestra que casi todos los miembros menos activos que se entrevistaron creen que Dios existe, que Jesús es el Cristo, que José Smith fue un profeta y que la Iglesia es verdadera.

    Como parte de otro estudio, a un grupo de miembros activos, que anteriormente habían estado menos activos, se les preguntó por qué no asistían a la Iglesia. Las razones más comunes que se dieron fueron las siguientes:

    Sentimientos de falta de dignidad.

    Problemas personales o familiares.

    Los padres o el cónyuge eran menos activos.

    Pereza o rebeldía de adolescentes.

    Conflictos con el horario de trabajo.

    El centro de reuniones estaba demasiado lejos o carecían de transporte.

    Después se les preguntó qué los hizo integrarse de nuevo a la actividad de la Iglesia. Las razones más comunes fueron:

    El enfrentar una crisis en la vida.

    El haber superado problemas personales.

    El ejemplo del cónyuge, de la novia o del novio.

    La influencia de los miembros de la familia.

    Deseaban tener la influencia del Evangelio en la familia.

    El hermanamiento de los miembros del barrio, el mudarse a otro barrio donde la gente se preocupaba por ellos.

    (Véase División de Comparación de Investigación de Información, septiembre de 1999.)

    Pienso que todo miembro activo de la Iglesia conoce a una oveja perdida que necesita la atención y el amor de un pastor comprensivo.

    El presidente Hinckley nos ha dicho lo que todo nuevo converso necesita para permanecer activo en la Iglesia: un amigo, una responsabilidad y ser nutrido continuamente por la buena palabra de Dios. Las ovejas perdidas necesitan de ese mismo cuidado y de esa misma preocupación para ayudarlas a volver al redil.

    Conozco una familia que perdió a su hijo durante una excursión de campamento. Cuando los esfuerzos iniciales para encontrarlo no tuvieron éxito, se pidió ayuda y cientos respondieron al llamado hasta que el niño se encontró nuevamente en brazos de su madre y de su padre. Mi súplica esta mañana es que todos tengamos esa misma preocupación y amor sincero para hacer todo lo que esté a nuestro alcance para recuperar a esos preciados hijos e hijas que están perdidos en lo que respecta a la actividad de la Iglesia.

    El cometido que se presenta ante nosotros es extraordinario; será necesario que ejerzamos mayor fe, energía y dedicación si deseamos llegar a esos hermanos y hermanas, pero es preciso hacerlo. El Señor espera que lo hagamos.

    Debemos recordar que el cambio se lleva a cabo lentamente. Todos debemos tener paciencia, brindar hermanamiento y amistad, aprender a escuchar y amar y tener cuidado de no juzgar.

    En todo barrio y rama hay hombres y mujeres buenos y honrados. Muchos no saben cómo volver a la Iglesia. Entre ellos hay buenos padres y madres. Muchos tienen algo en común: no son los líderes espirituales en su hogar. Pienso que si hombres y mujeres de fe visitan a esas personas, se convierten en sus amigos, les brindan amor y les enseñan el Evangelio, esas personas y sus familias se reintegrarán nuevamente.

    Durante los próximos minutos quisiera dirigirme a quienes se han alejado del redil. Espero que esta mañana algunos de ustedes que no están completamente activos en la Iglesia estén escuchando esta sesión de la conferencia. En muchos casos ustedes han formado nuevas amistades y ya no guardan más las normas de la Iglesia. Muchos de sus hijos van por el mismo camino que ustedes y siguen su ejemplo. Los hijos no sólo dependen en gran parte de sus padres para recibir sustento físico y emocional, sino también apoyo espiritual.

    En la parábola del Salvador
    era una oveja la que se extravió.
    Una oveja del redil
    de las noventa y nueve se apartó.
    ¿Por qué hemos de ir a buscar
    a la que está perdida y por ella orar?
    Porque si una oveja se extravía,
    a los corderos también puede extraviar.
    Los pequeños tras ella van,
    y a dondequiera vaya, ellos también irán;
    si la oveja se pierde y errante va,
    errantes los corderos tras ella andarán.
    Por eso, a la oveja ansiosos llamamos,
    por el bien de los tiernos corderos;
    pues por una oveja errante y perdida,
    un terrible precio pagarán.
    (citado por Hugh B. Brown, en The Abundant Life, págs. 166­167, "The Echo" por C. C. Miller)

    El Señor dijo: "Mis ovejas oyen mi voz" (Juan 10:27). Del mismo modo, sus hijos responden a la voz de ustedes. En realidad, nadie puede ocupar con eficacia el lugar de ustedes como padre y madre. Se cuenta que un pequeño de seis años perdió a su madre en un gran supermercado y que empezó a gritar desesperadamente: "¡Marta! ¡Marta!" Cuando localizaron a la madre y los reunieron nuevamente, ella le dijo: "Mi amor, no deberías llamarme Marta, pues para ti yo soy 'Mamá'; a lo que el pequeño respondió: 'Sí, ya lo sé, pero la tienda estaba llena de mamás, y yo quería a la mía" (véase Spencer W. Kimball, La fe precede al milagro, [Deseret Book Company, 1983], pág. 117).

    ¡Qué bendición sería para la familia si ustedes pudieran poner su vida en armonía con el Evangelio! La decisión de cambiar, de volver a ser activos [en la Iglesia] y de venir a Cristo es la más importante que puedan tomar en esta vida.

    Para terminar, una última palabra para quienes pastorean el rebaño. El Salvador mismo, en una revelación dada al profeta José Smith, nos dice en términos muy personales cuán valiosa es toda alma:

    "Recordad que el valor de las almas es grande a la vista de Dios;

    "porque he aquí, el Señor vuestro Redentor padeció la muerte en la carne; por tanto, sufrió el dolor de todos los hombres, a fin de que todo hombre pudiese arrepentirse y venir a él.

    "Y ha resucitado de entre los muertos, para traer a todos los hombres a él, mediante las condiciones del arrepentimiento.

    "¡Y cuán grande es su gozo por el alma que se arrepiente!

    "Así que, sois llamados a proclamar el arrepentimiento a este pueblo.

    "Y si acontece que trabajáis todos vuestros días proclamando el arrepentimiento a este pueblo y me traéis aun cuando fuere una sola alma, ¡cuán grande será vuestro gozo con ella en el reino de mi Padre!" (D. y C. 18:10­15).

    El Buen Pastor de buena voluntad dio Su vida por Sus ovejas, por ustedes y por mí, sí, por todos nosotros, para que podamos vivir eternamente con nuestro Padre Celestial. Ruego que todos sigamos la admonición que nuestro Salvador Jesucristo dio a Pedro tres veces: ". . .Apacienta mis corderos. . . Pastorea mis ovejas. . . Apacienta mis ovejas" (véase Juan 21:15­17). En el nombre de Jesucristo. Amén.

     

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